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Sistema de poder y dominación implementado por la empresa

PERÚ OCÉANO

C) Imaginarios urbanos e identidades de los habitantes de la ciudad empresa

4.4 Sistema de poder y dominación implementado por la empresa

La compañía aplicaba ciertos mecanismos para regular la vida cotidiana de su población dependiente. En la ciudad empresa se modernizan los medios para lograr dicho propósito: desaparece la administración civil que existía en el campamento de madera, a cargo de un funcionario extranjero denominado “Gerente del Pueblo”, que supervisaba la vida de los trabajadores petroleros, y es reemplazada por la Superintendencia Administrativa de la que formaba parte el departamento de Asistencia Social. Teniendo como escenario la organización funcional del espacio, los actores sociales que comparten la vida cotidiana en la ciudad muestran actitudes de adecuación al control social puesto en práctica por la I.P.C. porque resultaba conveniente para ellos tomar en cuenta las reglas de juego dispuestas por la compañía, para garantizar su permanencia en el trabajo petrolero y en la ciudad empresa; lo que no involucraba necesariamente renunciar a sus propias pautas culturales. El departamento de Asistencia Social de la empresa evaluaba la situación de los trabajadores involucrados en diversos tipos de problemas que tenían un impacto negativo en el desarrollo de sus labores, es decir, para garantizar la eficiencia y productividad de la fuerza laboral, la compañía desarrollaba una cultura organizacional de continua evaluación del desempeño de sus trabajadores, acompañada por una capacitación permanente.

La I.P.C. trataba de mantener el sistema de control e integración de los trabajadores petroleros y sus familias, provocando desajustes que se manifestaban en la interacción social. Es así que los actores sociales revelaban sentimientos de dependencia en relación a la empresa extranjera, y a la vez cuestionaban las exigencias impuestas por ésta para ordenar la vida urbana. La dominación como forma de expresión del poder que ejercía la compañía tenía como base una estructura burocrática jerarquizada, en la cual los niveles socio-económicos entre obreros, empleados y jefes estaban claramente delimitados, como expresión de una cultura organizacional moderna. En este marco de referencia el migrante de origen campesino convertido en trabajador petrolero experimentaba un nuevo tipo de relaciones sociales que intentaban ser impuestas por la compañía, la reacción frente a esta situación se manifestaba en actitudes de reserva, de crítica, mientras iba adaptándose a la disciplina industrial y a los valores que representaban los jefes extranjeros.

Al respecto M. Tinker (2003: 341), al analizar la cultura y las relaciones de poder en los campamentos petroleros venezolanos señala que éstos constituyen un laboratorio social, donde las empresas extranjeras promovieron un nuevo modelo de participación social y política para que los trabajadores y la sociedad en general se solidaricen con sus intereses. Según el mencionado autor:

“El discurso empresarial tendía a asociar propuestas como el “progreso”, “la

modernización” y “civilización” siempre con las acciones de la industria petrolera. Lograr el “progreso” bajo este esquema también estaba asociado a la aceptación del nuevo orden social, que surge como resultado del régimen petrolero. A su vez el rechazo a esa propuesta se correlaciona con ignorancia, o el retraso que se produciría si no es aceptaba este planteamiento. Estos conceptos encontraban expresión en las publicaciones de las empresas petroleras”

Esta política empresarial se daba también en el caso de la I.P.C. asociando en su discurso la actividad que realizaba en el país con la idea de la modernidad y el progreso, y por lo tanto sustentando la necesidad del capital extranjero en la industria petrolera. En publicaciones como la revista Fanal y los Boletines Informativos I.P.C. se resaltaban el aporte de este sector productivo al “progreso nacional” tanto a nivel económico como cultural, en la medida que esta compañía auspiciaba diversos eventos culturales en el país. De tal manera que asociaba sus objetivos políticos y económicos con elementos de la cultura nacional, a través de la participación de destacados intelectuales y artistas en la revista Fanal como un medio para lograr que su actividad empresarial tuviera cierta legitimidad.

La ciudad empresa concebida a partir de un planeamiento urbano moderno funcionaba con normas e instituciones implementadas por la compañía, en este territorio la presencia del Estado era limitada, sus habitantes participaban en una dinámica sociocultural que conservaba elementos de su propia cultura y a la vez procesaba los códigos culturales extranjeros que pretendían influenciar en la mentalidad de la gente. Dicha experiencia se mostraba en instancias fundamentales como: el trabajo, el control social y la educación que corresponden a la economía, la política y la ideología respectivamente. En la esfera del trabajo, la fuerza

laboral era capacitada sobre la marcha difundiéndose ciertos valores para garantizar la estabilidad y lealtad con la empresa, y era entrenada para utilizar una tecnología avanzada acorde con los requerimientos de la industria petrolera. De tal manera que la compañía no sólo usaba mecanismos coercitivos, sino que ponía en práctica el paternalismo en diversas formas: apadrinaba y reprendía, confortaba y controlaba, es decir, de acuerdo a sus intereses desplegaba una cualidad ambivalente del paternalismo: proteger y controlar. Al respecto resulta ilustrativa la siguiente declaración de un trabajador petrolero: "los gringos con una

mano daban y con la otra quitaban".

Figura 28: Residentes en la nueva ciudad de Talara, 1951. Estudio Ramos.

A nivel de la vida cotidiana, el control social se daba mediante el contacto del trabajador y su familia con las Asistentas Sociales de la empresa, que organizaban campañas de conservación de las viviendas e instalaciones públicas, supervisaban mediante visitas programadas el mantenimiento de las viviendas que ocupaban las familias, desarrollaban cursos de costura y repostería para las esposas de los trabajadores e intervenían como mediadoras en la solución de conflictos familiares. De tal manera que la presencia de la compañía se hacía sentir inclusive en asuntos relativos a la vida privada de los trabajadores petroleros. Asimismo la difusión de la ideología de integración social de la I.P.C. se hacía a través de diversas publicaciones como los Boletines Informativos, la revista Fanal y programas preparados por

la empresa que eran transmitidos por la radio local. En las escuelas de la I.P.C. donde estudiaban los hijos(as) de los trabajadores petroleros se inculcaban pautas de conducta individual y social acordes con los intereses de la compañía111. A partir de lo mencionado podemos observar que la compañía hizo funcionar un sistema de control social sustentado en una ideología que incorporó valores relativos a una cultura del trabajo, eficiencia, orden, que son parte del ideario del pensamiento moderno, instrumentalizando a la vez el paternalismo en función de sus intereses.

En un estudio de R. Quintero (1978: 5) referido a la cultura del petróleo en Venezuela se argumenta:

“Al estudiar la cultura del petróleo encontramos un sistema de valores creado por ella que responde a necesidades peculiares de una estructura de poder (...) La cultura del petróleo ajusta a sus normas las subculturas criollas. Coexisten estilos de vida diferentes: los tradicionales o legítimos que se nutren de adentro hacia afuera, y los artificiales que lo hacen de afuera hacia adentro. La cultura del petróleo presiona las culturas rurales para que modifiquen su escala de valores, hábitos y pautas. Provoca transformaciones que dan lugar a un estado de ansiedad colectiva y de conflicto, donde juegan sentimientos nacionalistas”

En consecuencia, en la ideología divulgada por la compañía, la idea del progreso ligada a la modernización sería uno de los signos más característicos, tratando de lograr que componentes de la mentalidad tradicional comenzaran a desencantarse y asumieran nuevos esquemas de pensamiento y acción propios del pensamiento moderno. En relación a esta experiencia, las categorías de desencantamiento (desacralización) y racionalización que M. Weber (2001: 34) incorpora en su interpretación de la modernidad, contribuyen a entender el

111 En 1940, había 11 escuelas con 112 profesores y 4,153 alumnos matriculados. Estas escuelas contaban con todo el equipamiento necesario. Un inspector normalista nombrado por la Dirección de Instrucción supervisaba la educación en estos centros. La empresa proporcionaba libros, cuadernos, y el material necesario. En estas escuelas la actividad deportiva merecía especial atención, organizándose campeonatos escolares atléticos y deportivos. En relación a este servicio de educación los representantes de la compañía declaran lo siguiente: “Es así como la International Petroleum cumple son una de sus obligaciones de buena ciudadanía, contribuyendo a la formación de los futuros técnicos y trabajadores de la industria del petróleo” (International Petroleum Company, 1942).

propósito de la compañía de intervenir no solamente en el ámbito del trabajo, sino también en la vida cotidiana y en la esfera de la cultura como tres niveles interrelacionados para difundir los principios claves del proyecto moderno. Tal como señala J. I. López Soria (2006. 3):

“Leída con atención, como lo hace Habermas en “El discurso filosófico de la modernidad”, la introducción de La ética protestante revela ya las claves weberianas para entender el proyecto moderno. En él se hace mención al proceso de desacralización que sustituye la creencia por la razón para fundamentar y autonomizar las tres esferas de la cultura (la ciencia, el derecho y la ética, y la representación artística), se identifican los subsistemas de acción racional con arreglo a fines, llamados a veces “esferas vitales”, que conforman la vida social (el estado burocrático, la industrialización, el capitalismo, el trabajo científico, la educación, la guerra), y, finalmente, se sugiere la relación de esta compleja trama de fenómenos con la psicología de las personas, las normas de comportamiento y las formas de la vida cotidiana”.

La permanencia de la I.P.C. durante varias décadas en Talara tuvo impacto en el estilo de vida de varias generaciones, la reproducción de pautas culturales extranjeras por ciertos sectores de la población era avalada por la idea de progreso como una forma de acceder a la modernidad. Aunque es pertinente precisar que la adopción de la modernidad no es necesariamente sustitutiva de sus tradiciones. Los residentes de la ciudad-empresa manifestaban, como hemos señalado, una flexible capacidad para asumir que la preservación pura de las tradiciones no es siempre lo más conveniente para mejorar su situación. Entonces los habitantes de este centro urbano orientados por una actitud pragmática aprovechaban las condiciones de vida moderna que les ofrecía la ciudad petrolera para satisfacer sus necesidades. Por su parte la compañía instrumentalizaba los recursos con los que contaba, auspiciando clubes deportivos, actividades parroquiales, haciendo donativos con gran amplitud y sin exigencia visible de retribución como una estrategia para legitimar su poder.

Los habitantes de la ciudad empresa son actores sociales que participan en un proceso de cambio de particular complejidad, recrean sus pautas culturales tradicionales y se adaptan a condiciones socioculturales urbanas que corresponden a una concepción moderna, puesta en práctica por una compañía extranjera para organizar el trabajo petrolero y que a la vez se amplía a la vida cotidiana. De tal manera que la dinámica sociocultural y las características

particulares de las relaciones entre la compañía y la población residente diferencian a la ciudad empresa de otros centros urbanos en general.

Capítulo V

Análisis comparativo del proyecto urbano moderno de los company towns en el Perú: los casos de La Oroya y de Talara, 1940-1970

En este capítulo abordamos el análisis comparativo de los casos materia de estudio, con el fin de destacar sus diferencias recíprocas, por consiguiente trataremos de interpretar la manera cómo en cada uno de los contextos se producen procesos de cambio contrastantes. Este enfoque por contraste de los contextos es un tipo de análisis comparativo estudiado por T. Skocpol y Somers112 (1980) que según D. Collier (2002: 58) ocupa un papel central en la vertiente más “interpretativa” de las ciencias sociales. Si bien se trata de poner de manifiesto las diferencias que observamos en los proyectos urbano moderno de La Oroya y Talara, la comparación que desarrollaremos toma en cuenta también atributos en parte compartidos (similares).

Consideramos que el análisis comparativo refuerza el estudio de los casos, que según la perspectiva de G. Sartori (2002: 45): “deben ser, para ser tales, implícitamente

comparativos”. En este sentido vamos a proceder al análisis sistemático de los diversos aspectos considerados en la reflexión acerca de la experiencia de la modernidad en los proyectos urbanos de La Oroya y Talara controlados por compañías extranjeras, dedicadas a la explotación e industrialización de minerales e hidrocarburos respectivamente, en dos espacios físico geográficos y socio culturales distintos del territorio peruano, para contribuir a la confrontación entre explicaciones alternativas que nos permitan profundizar el conocimiento de la problemática estudiada.

112112 El estudio de tipos de análisis comparativo realizado por Skocpol y Somers es mencionado por D. Collier en su ensayo: El método comparativo: dos décadas de cambio, 2002, p. 58.

Figura 27: Mapa del Perú: ubicación La Oroya – Talara 5.1 El proceso fundacional: de la ocupación al poblamiento

La Oroya y Talara representan dos ciudades industriales emblemáticas en la historia urbana del Perú. El territorio donde se ubican ha sido ocupado desde la época prehispánica por población que desarrolló actividades en función de los recursos disponibles en el lugar: la ganadería y agricultura en La Oroya, la pesca artesanal en el litoral y la crianza de ganado caprino en el bosque seco tropical en Talara.

Estas ciudades se ubican en espacios geográficos del territorio peruano claramente diferenciados: La Oroya en el valle del Mantaro de la sierra central (región Junín) y Talara en el litoral de la costa norte (región Piura). La trayectoria histórica de estos centros urbanos evidencia rasgos económicos, sociales y culturales que los diferencian, pero a la vez, específicamente en su evolución urbana, comparten elementos comunes al constituir ambas ciudades referentes empíricos del proceso de modernización que trajo consigo la explotación e industrialización de hidrocarburos y minerales respectivamente desde fines del siglo XIX en