El inglés Thomas Hobbes (1588-1679) compartió la visión materialista de La Mettrie de la psi- cología humana, pero adoptó una postura bastante más pesimista de sus repercusiones. Nacido en Malmesbury, Inglaterra, estudió en la Universidad de Oxford y fungió como secretario de Francis Bacon durante un breve periodo. Se empleó bajo las órdenes de William Cavendish, tercer conde de Devonshire, y durante la mayor parte del resto de su vida fungió como secreta- rio y tutor de la familia. Esto lo puso en cierto peligro durante el periodo que condujo a la guerra civil inglesa, por lo que huyó a Francia en 1640 y no regresó hasta 1651. Hizo varios viajes por Europa en los cuales conoció a muchos de los principales teóricos de su época, como Galileo y Descartes, con quienes entablo amistad. Elaboró traducciones de la Iliada y la Odisea de Homero a los 87 años. Vivió hasta los 91 años de edad.
Sus intereses fundamentales fueron de orden político, y su principal obra Leviatán (1651) es básicamente un argumento en favor de la monarquía absoluta. Su objetivo era idear un sis- tema político capaz de evitar los horrores de la guerra, pues quedó muy afectado por la guerra civil inglesa, aunque la vivió a la distancia. Sus teorías psicológicas se encuentran principal- mente en Sobre la naturaleza humana (1640) y los capítulos preliminares del Leviatán.
Afirmaba que sus intereses por la psicología se exacerbaron tras haber leído los Elementos de Euclides a los 40 años de edad, obra que indujo su reverencia por los sistemas axiomáticos autocontenidos de la geometría. En consecuencia, trató de deducir sus afirmaciones sobre la psicología humana y la sociedad a partir de diversos axiomas evidentes en sí mismos, con base en los principios de la nueva ciencia mecanicista. Aunque Hobbes siguió a Descartes al adoptar un método de explicación deductivo, rechazó la explicación racionalista cartesiana del conoci- miento y negó la existencia de ideas innatas.
En cambio, fue un empirista psicológico que argumentaba que todas nuestras ideas o con- ceptos se derivan de la experiencia sensorial:
El elemento primordial de todo ello es lo que llamamos sensación; pues no hay concepción en la mente del hombre que antes no se haya engendrado, totalmente o en partes, en los órganos de los sentidos. El resto se deriva de ese elemento primordial.
—(Leviatán, p. 1)
Hobbes también estaba comprometido con la homogeneidad de la cognición y la per- cepción sensorial: afirmaba que la diferencia entre ambas es una cuestión de grado (de inten- sidad), pero no una diferencia fundamental de clase. Sobre esta explicación, pensar en un árbol en flor es como ver y oler un árbol en flor, sólo que en forma apenas perceptible. Hobbes coin- cidía con Descartes en que las ideas son como imágenes pictóricas, pues afirmó, junto con los empiristas posteriores, que nuestras ideas son copias o imágenes apenas perceptibles de las impresiones sensoriales de los objetos:
Porque después de que se elimina el objeto, o si cerramos los ojos, aún retendremos una imagen de la cosa vista, aunque más oscura que cuando la veíamos [...]; por consiguiente, la imaginación no es otra cosa más que una sensación que se debilita.
—(Leviatán, p. 4) Derivó sus primeros principios del materialismo de la nueva ciencia mecanicista. Adop- tando un método explicativo reduccionista sobre la psicología humana, afirmó que los estados
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y procesos mentales no son “nada, realmente, sino movimiento en cierta sustancia interna de la cabeza”:
que el movimiento no se detiene ahí, sino que procede al corazón, por necesidad debe ayudar o entorpecer el movimiento que se llama vital; cuando ayuda se llama gozo, satisfacción o placer, lo cual no es nada más que movimiento sobre el corazón, como la concepción no es nada más que movimiento en la cabeza; y los objetos que lo generan se dice que son placenteros o agrada- bles.
—(Sobre la naturaleza humana, p. 31) Hobbes también adoptó una forma de hedonismo psicológico, según el cual todo el compor- tamiento humano está determinado por el deseo de alcanzar el placer y evitar el dolor:
Este movimiento, en el que consiste el placer o el dolor, también es una petición o provocación, ya sea para acercar la cosa que complace o para retirarse de la que disgusta; y esta petición es el esfuerzo o comienzo interno del movimiento animal, el cual, cuando el objeto agrada, se llama apetito; y cuando desagrada, se llama aversión.
—(Sobre la naturaleza humana, p. 31)
Con respecto a la búsqueda desenfrenada del interés egoísta, Hobbes aseveró que conduci- ría inevitablemente a la guerra “de cada hombre, en contra de cada hombre” y que en tal
“estado de naturaleza” la vida humana sería “solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta” (Leviatán, p. 113). Consideraba que los seres humanos adoptan sistemas de gobierno civil por interés personal, a fin de evitar estas consecuencias anticipadas. Afirmaba que una monarquía absoluta, en la cual los individuos abandonan sus dere- chos a un poder soberano, es la forma de gobierno más justa y eficiente, aunque argumentaba que cualquier forma de gobierno es mejor que ninguna.
Su reduccionismo explicativo también queda de mani- fiesto en su individualismo, el cual formaba la base de su explicación de la comunidad social en Leviatán. Según Hobbes, las sociedades o los grupos sociales no son nada más que conjuntos de individuos humanos, y el comporta- miento social no es nada más que el comportamiento agre- gado de conjuntos de individuos, determinados por su bús- queda del placer y elusión del dolor. Esta concepción individualista de lo social fue característica de los concep- tos empiristas posteriores sobre lo social, desde Adam Smith (1723-1790) hasta Floyd Allport (1890-1978), quien deter- minó el curso de la psicología social estadounidense a prin- cipios del siglo XX (Katz, 1991).
Al proponer estas explicaciones materialistas y mecani- cistas de la psicología y el comportamiento humanos, Hob- bes negó que los seres humanos tuviesen libre albedrío. Postulaba que la voluntad es el apetito más poderoso, o causa eficiente, y es igual en animales y hombres. Por tanto, redujo la causalidad final en los dos ámbitos a la causalidad eficiente:
Una causa final no tiene lugar en cosas como tener sentido y voluntad, y esto también […] pruebo […] que es una causa eficiente.
—(De la materia, p. 132)
Frontispicio del Leviatán de Hobbes (1651). Cuerpo del estado representado como la agregación de personas individuales.
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Como a La Mettrie, Hobbes también fue condenado por el aparato religioso debido a sus puntos de vista materialistas. Se le negó la entrada en la recién formada Royal Society, lo cual quizá no resulte sorprendente pues, a pesar de que era un defensor vigoroso de la nueva ciencia mecanicista, no hizo ninguna aportación sustantiva a ésta. No obstante, sí fue el primero en extender claramente las formas de explicación mecanicistas a los procesos mentales. Ofreció explicaciones tentativas de “series de pensamientos”, vinculando la “coherencia” del pensa- miento con la de la materia. Propuso que las ideas derivadas de la experiencia sensorial se conectan en nuestra memoria al conjuntarse en tal experiencia:
La causa de la coherencia o consecuencia de una concepción a otra es su primera coherencia o consecuencia en el momento en que se producen por la sensación.
—(Sobre la naturaleza humana, p. 15) A Hobbes se le considera, a veces, como el padre del empirismo británico y el fundador de lo que posteriormente llegaría a conocerse como psicología asociacionista. Sin embargo, aun- que fue el primero en establecer de manera clara muchos de los principios distintivos del empi- rismo británico, como los del empirismo psicológico y la homogeneidad de la cognición y la percepción sensorial, y propuso un tratamiento mecanicista de la asociación del pensamiento, su aportación fue más programática que sustantiva. Fue Locke quien detalló el origen de las ideas complejas en la experiencia sensorial; mientras que David Hume y David Hartley (1705- 1757) fueron quienes desarrollaron los principios de asociación que sentaron las bases del desarrollo posterior de dicha psicología.