• No se han encontrado resultados

b) Hogares extensos: Integrados por un hogar nuclear y una o más personas emparentadas con el jefe Los

parientes pueden ser hijos casados o cualquier otra persona en la línea de parentesco vertical o colateral, ya sea que formen o no otro núcleo familiar. Se incluyen hogares formados por un jefe y uno o más parientes.

c) Hogares compuestos: Formados por un hogar nuclear o extenso al cual se le agrega una o más personas no emparentadas con el jefe, ya sea que formen o no, otro núcleo familiar.

Se verificó también la existencia de prácticas sociales desarrolladas por las familias de la localidad que favorecen la corresidencia de grupos domésticos de diferentes generaciones en un mismo hogar. Tal es el caso de la costumbre de acoger a los hijos recién casados con sus parejas e hijos en el hogar nuclear del varón durante un periodo de tiempo que puede ser temporal o definitivo, la cual está muy extendida entre los habitantes de San Diego. Esta modalidad de corresidencia, implica la coexistencia de integrantes de diversas edades y sexos, así como el incremento de la fuerza de trabajo disponible y las modalidades de organización del grupo doméstico.

Tuirán (2001:28) señala que en coyunturas específicas, la familia –en particular la de carácter compuesto– emerge como una estructura que aporta seguridad no sólo afectiva sino de supervivencia, que permite amortiguar el impacto de las crisis económicas. Desde esta perspectiva, la corresidencia intergeneracional, entendida como una estrategia temporal que supone la convivencia de varias generaciones –emparentadas o no– al interior de un núcleo familiar, permite mitigar los efectos de un entorno económico adverso y canalizar los esfuerzos individuales a la reproducción del grupo doméstico.

Si bien esta práctica residencial carácter virilocal47 extendida no sólo en San Diego

Cuachayotla sino en el resto de las localidades estudiadas, se puede explicar a partir de la estrechez de posibilidades inherentes a las limitadas condiciones objetivas a las que se enfrenta una pareja en el momento en que decide formalizar su relación, en el caso de San Diego Cuachayotla, más que como una estrategia emergente, la corresidencia intergeneracional aparece como una modalidad que forma parte los habitus incorporados por los agentes sociales a lo largo de su trayectoria.

En efecto, dado que por lo regular la estrategia de corresidencia aparece en las etapas más tempranas de la trayectoria individual de los agentes sociales, esta práctica se ubica al nivel de las representaciones simbólicas que definen lo posible o lo pensable para ellos. De esta manera, la costumbre de que los hijos varones, al contraer matrimonio, residan junto con su pareja en su grupo doméstico de origen durante algún tiempo, forma parte de las experiencias vitales a las cuales se enfrentan los agentes sociales de la localidad de San Diego en diferentes

47 La virilocalidad se refiere a que la residencia de los recién casados se establece en el lugar en el que residía el marido antes del matrimonio.

etapas de su existencia; ya sea en la infancia, cuando se reside en la casa de los abuelos; en la juventud, cuando se vive en casa de los padres; o en la madurez, cuando se recibe a los hijos varones con sus parejas en el propio hogar.

Esto es posible porque en la mayoría de los casos, una vez que los matrimonios jóvenes logran acumular el capital económico necesario para independizarse, abandonan la vivienda de los padres para que su lugar pueda ser eventualmente ocupado por otro de sus hermanos y su cónyuge.

Mi hijo que ya está aparte, o sea está en la casa pero ya está aparte, mi yerno y mi hija también tienen su casita, pero están aparte, entonces ahorita este muchacho que trajo aquí a su esposa pues apenas tiene como dos meses [de casado], entonces ahorita terminando este año, le vamos decir sabes qué: estás con nosotros o mejor fórmate ya tu casa aparte. (Modesto Domínguez, 58 años)

Gutiérrez (1998) señala que visto en su dimensión histórica, compartir la vivienda propia con los hijos, resulta una especie de transacción económica y social; una especie de apoyo socio-económico-afectivo que se hace con los hijos, y a partir de la cual, quedan “obligados” a implementarla con sus descendientes. Al respecto habría que decir, que si bien esta transacción no es visualizada por los agentes explícitamente como tal, se vive como “obligación” en razón del conjunto de relaciones que dan cuenta de la economía de los bienes simbólicos48.

No obstante existen algunos grupos domésticos que a partir de una serie de prácticas exitosas, particularmente en el campo económico, consiguen acumular el capital suficiente para instrumentar una estrategia de neolocalidad. Tal es el caso de las familias en donde el jefe de familia migra a los Estados Unidos para conseguir los recursos necesarios que les permitan independizarse. El siguiente testimonio ejemplifica la manera en que un grupo doméstico que había permanecido integrado a la vivienda de los padres del varón, pudo independizarse a partir de la acumulación de capital económico inherente a la actividad migratoria.

La casa, tu pobre casa, cuando empecé la primera planta batallamos duro y trabajamos fuerte, fuerte, yo y mi esposa. Yo le dije: vamos a hacer unos cuartitos porque

48 El propio Bourdieu (1980) señala que para que los intercambios generacionales se persigan, a pesar de

todo, es necesario que también intervenga la lógica de la deuda como reconocimiento y que se constituya un sentimiento de obligación o de gratitud.

necesitamos salirnos ya de con mi papa. Pues órale, y empezamos a darle (…) llegó el caso de que mis hermanos más anteriormente ya se habían ido y ellos mandaban dinero y mandaban dinero y empezaron a hacer sus casas también y le digo a mi esposa: mira nosotros le estamos dando duro y como le acabo decir, metemos a la familia y te veo demasiado cansada y yo también. Le digo: sabes qué, no nos va a quedar de otra que irnos para el norte (…) muy a su pesar de ella me fui, y no te creas, también muy a pesar mío pues tengo mis hijos, y no los voy a dejar así nada más que se queden, sino que simplemente por ellos mismos, su futuro les tenía que venir mejor y sí, me decidí y me fui; deje aquí a mi familia, a mis hijos y me fui con esa idea de hacer. Gracias a dios en dos años revoque aquí la casa y levante el piso de la segunda casa (…) yo nada más les hablaba ¿Y cómo va la casa? Y me mandaban fotos y me decían: mira viejo así está la casa y ahí me platicaban, mira la casa va así y así, y yo más entusiasta le echaba más ganas. (Adolfo Almonte, 34 años)

La estrategia de corresidencia ofrece no sólo ventajas para el grupo doméstico que se integra; también el grupo doméstico de origen se ve beneficiado con la llegada de nuevos miembros. El incremento de fuerza laboral disponible que supone la integración de miembros adicionales permite no sólo redistribuir el peso de las tareas domésticas, sino emprender actividades que suponen una cuota de esfuerzo físico que el grupo doméstico de origen no estaría en condiciones de cubrir por sí mismo. Esta situación es harto frecuente en los grupos domésticos donde conviven individuos que pertenecen a tres generaciones distintas, y en donde el capital social que está dado por los lazos de consanguinidad, se reconvierte en otras especies de capital a través del trabajo.

Los testimonios de los jefes de familia de la localidad de San Diego Cuachayotla que presentamos a continuación, ilustran de manera muy clara cómo es que se dan las relaciones de reconversión entre capital social (dadas por el parentesco), capital económico (dadas por el trabajo) y capital cultural (dadas por el aprendizaje del oficio) al interior de los grupos doméstico compuestos cuya actividad principal es la alfarería.

Yo les dije a mis nietos: aquí se vienen a vivir conmigo tres años, aquí me ayudan, le trabajan en el ladrillo y ya después pueden irse a vivir a sus casas que yo ya les puse. Y así se viene uno y luego se deja venir el otro. Así aprenden el trabajo desde chicos y cuando se van, se van con su casa puesta, porque pues yo ya qué, yo ya cumplí. (Norberto Colex, 66 años)

Nos ayuda la misma familia, como le acabo de decir, es como le dije a mis nietos que ya están creciendo: vienen ahorita del colegio, y ya les decimos hagan su tarea, ya

terminaron su tarea, ahora ayúdenos a arpillar, o a enrejar el tabique, y ahora sí que entre todos nos ayudamos. (Agustín Romero, 74 años)

Pasa lo mismo con los grupos domésticos que recurren a la fuerza de trabajo familiar para desempeñar, además de las actividades vinculadas a la producción de ladrillo, todas las prácticas sociales vinculadas a la agricultura. Éste es el caso del grupo doméstico encabezado por Modesto Domínguez, el cual está integrado por 14 personas, entre padres, hijos, hijas, sus cónyuges y los nietos, y que gracias a la disponibilidad de fuerza de trabajo están en condiciones de cubrir los requerimientos físicos tanto de la actividad agrícola, como de la alfarería.

Los niños, entran a las 8:30 y salen a la una, comen, y por lo menos a las cuatro saben que, háganse uno o dos tabiquitos; y sí, o sea que eso es lo que nos ayuda ahorita harto porque ya no se paga peón como antes, antes teníamos que pagar peón y ahora ya no porque pues ya vimos que de verdad nuestro material está mal pagado y ya no nos damos ese lujo de tener quien nos ayuda, ahora lo hacemos nosotros mismos, nosotros y la familia (…) es nada más como ahorita, que ya es día de pizcar, mi esposa y yo y los muchachos y la muchacha, tempranito o en la tarde, vamos a cortar zacate, a amontonarlo. (Modesto Domínguez, 58 años)

Las entrevistas revelan que pese al avance de la urbanización y la penetración del modo de vida urbano, las familias de San Diego Cuachayotla mantienen –además de las relaciones fundamentadas en los lazos de parentesco– la red de vínculos sociales entre diferentes grupos domésticos que son propios de las comunidades campesinas. Este tipo de relaciones sociales cumplen por lo regular una función de sostén social que implica la conformación de mecanismos de seguridad, apoyo moral, solidaridad y ayuda mutua. Uno de los informantes de San Diego define de manera muy clara cómo se estructura y funciona la red social de su localidad.

Una comunidad está unida por muchas familias y todas las familias están dispersas en la comunidad y todos se conocen por familiaridad, por amistad o por compadrazgos o qué sé yo, por otros motivos, como son comunidades que nos conocemos y nos vemos constantemente, pues nos respetamos y nos apoyamos mutuamente. (Antonio Sierra, 48 años)

El capital social, en tanto conjunto de relaciones que un agente puede movilizar en un momento dado de tiempo, es el que consolida las redes sociales. Esta red surge como producto de las estrategias de inversión social que el agente conscientemente o no, despliega para crear,

reforzar, mantener acompañar, reactivar lazos de los que en cualquier momento puede tener la esperanza de extraer beneficios materiales o simbólicos. Así, la red de relaciones cumple una función clave en los mecanismos de reproducción social: transforma las relaciones contingentes (como la relación de vecinazgo, compadrazgo, de trabajo, o incluso de parentesco) en relaciones a la vez necesarias y electivas que implican obligaciones durables subjetivamente sentidas (de reconocimiento, de respeto, de amistad), simbólicamente aceptadas (de autoridad), o institucionalmente garantizadas (de derecho); todo ello gracias a la alquimia del intercambio, como forma de comunicación que supone y que produce el conocimiento mutuo (Gutiérrez, 1997 ; Chauviré y Fontaine, 2008).

La forma en que los habitantes de San Diego se refieren al resto de los pobladores que forman parte de su red social, muestra con claridad la forma en que los vínculos sociales han mudado su carácter contingente para convertirse en vínculos afectivos, con una fuerte carga subjetiva de sentido.

Le diré que me gusta más, pues cómo se comporta la gente, todos aquí nos conocemos, todos somos hermanos. (Adelina Almonte, 68 años)

Yo lo veo [al pueblo] igual de pacífico, buenas personas, a mí que no soy de acá que me hayan mal mirado o me hayan echado bronca o algo, no. (María Pérez, 66 años)

Entre las principales funciones que desempeña la red de relaciones en San Diego Cuachayotla, está la de brindar seguridad a los grupos domésticos de la comunidad. La frecuencia con que la noción de seguridad aparece en los relatos de los entrevistados, nos da la pauta para comprender hasta qué punto el crecimiento de la ciudad ha empezado a generar incertidumbre entre los pobladores locales, quienes apelan a su red social para hacer frente a la presencia cada vez más frecuente de agentes extraños. En este sentido, la red de relaciones funciona por un lado como estructura que resguarda y da certidumbre a sus integrantes, al tiempo que permite generar respuestas contundentes frente a las acciones de agentes pertenecientes a otros contextos, que son percibidas como una amenaza.

Inseguridad todavía no hay aquí, en eso sí estamos un poco más tranquilos (…) aquí tú puedes andar a las una a las doce, porque aquí todavía nos conocemos (…) todavía no

tienes que andarte cuidando de nadie, son las ventajas que tenemos aquí en la población. (Luis Colex, 59 años)

Aquí es una garantía que tenemos de las poblaciones de que, por ejemplo, si hay algún problema o hay alguna persona que quiera ocasionar algún mal, pues se juntan los vecinos y nos apoyamos y vamos a ver qué solución se le da, siempre y cuando sea lo mejor, que tampoco nos traten de que somos, ahora sí como dicen, muy arbitrarios, pero también que no somos dejados (…) en un problema fuerte pues salimos, cuatro o cinco familias, seis, siete y metemos las cosas al aro por lo que marca la ley, pero tomamos cartas en el asunto, eso es lo que es bueno de la comunidad, es muy tranquila la comunidad, pero yo creo que como todo, si alguien viene a molestarnos pues lógico tiene que llegar un momento en que la gente de acá por muy tranquila que sea pero tiene que responder. (Antonio Sierra, 48 años)

El concepto de red de relaciones, aplicado al entorno de los contactos establecidos inter o intra grupos domésticos, apunta hacia la existencia de relaciones extensas de parentesco y amistad basadas en vínculos de intercambio y normas de reciprocidad que constituyen recursos fundamentales para satisfacer las necesidades de las familias. En San Diego Cuachayotla, al igual que en el resto de las localidades de estudio, fue posible constatar que la red de relaciones de los agentes supera, por mucho, los límites geográficos y políticos de la localidad. En este sentido, existen una gran cantidad de prácticas instituidas a nivel regional que apuntan a favorecer los intercambios legítimos y excluir a los ilegítimos, vinculando a un número considerable de agentes afines con los que resulta conveniente estar en contacto, más allá de la distancia geográfica que media entre cada uno de ellos.

El sistema de compadrazgo –basado en la reciprocidad y el intercambio de favores– es un ejemplo de este tipo de prácticas, construidas a partir de la afinidad identitaria que implica la proximidad en el espacio social, que tienen como objetivo la ampliación de contactos y la construcción de relaciones duraderas a lo largo del tiempo que pueden establecerse incluso fuera del ámbito en el que se encuentran las familias y las comunidades.

Atendiendo precisamente a este tipo de prácticas, la red de relaciones de los habitantes de San Diego Cuachayotla supera los límites de la localidad y se extiende a lo largo de los pueblos que forman parte del municipio de San Pedro Cholula. El testimonio que presentamos a continuación rinde cuenta de este hecho, al tiempo que delimita con claridad las fronteras de esta red, las cuales están establecidas justo en el punto en donde comienza la interacción con la ciudad.

Nosotros tenemos buena relación porque tenemos compadres (…) hay muy buenas relaciones entre los pueblos, tenemos por ejemplo los trece pueblos que comanda San Pedro Cholula los conocemos perfectamente, conocemos aquí San Matías, San Sebastián, San Cosme, San Juan Tlautla, San Francisco Coapa, San Cristóbal Tepontla. San Gabriel Ometoxtla, Santa Bárbara Almoloya, y aunque ellos son de otro municipio, aun así nos frecuentamos, andamos por acá y por allá y no hay ningún problema (…) yo pienso que todos necesitamos de todos; nosotros, por ejemplo, necesitamos en muchas ocasiones, pues que necesitamos flor, nos vamos a Zacapechapan, o a San Gregorio Atzompa, o qué se yo, y nos unimos ahí. ¿De dónde vienen? No pues de tal parte. Ah pues nosotros también hemos ido por tabique. Y así nos vamos relacionando y hay una muy buen unión, incluso cuando hay festividades pues hasta nos frecuentamos, nos invitan al mole y los invitamos al mole y en la ciudad ya no, ahí hay mucha indiferencia, ahí en muchas ocasiones pues ya no sabe uno ni quién vive en la otra cuadra. (Antonio Sierra, 48 años)

Una de las funciones de la red de relaciones que ha cobrado importancia durante los últimos años en San Diego Cuachayotla, es la de facilitar el proceso migratorio de las familias que deciden buscar trabajo en Estados Unidos. Aspectos básicos como la planeación del viaje, el contacto con el pollero, el pago del traslado, los gastos de vivienda y sobre todo, la integración al mercado laboral de la Unión Americana forman parte de los beneficios y ventajas que ofrece la pertenencia a este tipo de red.

Nos ayudamos a encontrar trabajo, sí, exactamente, porque por ejemplo, vamos a suponer que llego. Quiubo hermano ¿que no hay trabajo? No, espérate, le hablamos a fulano y ahí está. Quiubo, ¿que no hay nada por allá? No, pues yo no tengo nada pero tal amigo tiene, el hijo de fulano, háblale, él tiene. Y ahí estamos investigando cuál es su número. Sale, ahí le llamamos, ¿qué pasó? Mira pues sabes qué, soy hijo de fulano, porque nos conocemos. Ah, qué onda, ¿también ya por aquí? No pues sí, ya estoy por aquí pero no tengo chamba. Vente por acá, que te traiga tu hermano yo aquí sí tengo, vente antes que llegue otro. Y así nos vamos acomodando. (Adolfo Almonte, 34 años)

El caso de los migrantes es muy ilustrativo ya que permite observar con claridad cómo opera la reconversión de capital social en capital económico. También permite constatar cómo el volumen de capital social de un agente en particular depende, no sólo de la extensión de la red de relaciones que él puede efectivamente movilizar en un momento determinado, sino también del volumen de capital económico o cultural o simbólico de cada uno de los agentes a los cuales está ligado por la pertenencia a esa red.

Muy vinculada al concepto de red social aparece la noción de ayuda mutua o solidaridad, entendida como una forma de prestación, y en general, de ayuda y apoyo brindado y recibido por los grupos domésticos que pertenecen a una comunidad, cuando se enfrentan a eventualidades que ponen en riesgo su reproducción. En el caso de los entrevistados, dichas eventualidades se asociaron por lo general a eventos que potencialmente se encuentran en la trayectoria vital de cualquier agente –tales como la enfermedad o la muerte–; lo que sugiere que la participación voluntaria en estas iniciativas solidarias constituye una forma de inversión a partir de la cual se pretende ser reconocido como parte de la comunidad de donantes, y por tanto, llegado el momento, ser favorecido por prácticas similares.