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EL HOMBRE DE LA BOINA NEGRA 1 I( ) MITRE DE LA BOINA NEGRA

trabajadores de derechos humanos, y otros, Kissinger le dijo a Pino- chet: "Como usted sabe, en Estados Unidos simpatizamos con lo que usted trata de hacer aquí" (Kornbluh, 1999, p. 5). También señaló:

"Mi evaluación es que usted es ví ;tima de todos los grupos del ala izquierda de todo el mundo, y que su más grave pecado fue el haber derrocado a un go- bierno que iba hacia el comunismo" (p. 5. Las cursivas pertenecen al ori- ginal). Kissinger concluyó: "Queremos ayudar, no socavarlo. Usted le prestó a Occidente un enorme servicio al derrocar a Allende. De otra manera, Chile habría seguido los pasos de Cuba. Entonces deja- ría de haber derechos humanos" (p. 5). Esos comentarios contradi- cen directamente la tercera parte de las memorias de Kissinger, Years of Renewal, en donde en el relato de su entrevista con Pinochet aña- de un insulto a las injurias al retratarse a sí mismo como un defensor de los derechos humanos. Kissinger omitió mencionar el régimen de Pinochet de torturas, desapariciones y terrorismo internacional, y su estratégico silencio pudo haber allanado el camino para el asesi- nato, por medio de un coche-bomba, del antiguo embajador chileno en Estados Unidos, Orlando Letelier, y de su asociado, Ronni Moffit. Kissinger no dijo una palabra cuando, en dos ocasiones, Pinochet acusó a Letelier de proporcionarle al Congreso de Estados Unidos información falsa.

La izquierda educacional de Estados Unidos se está encontrando a sí misma despojada de firmeza revolucionaria o desprovista de una agenda revolucionaria orientada a desafiar a los truhanes que dirigen al país y cuyas manos están bañadas de sangre inocente, en tanto que las estrategias de esa izquierda para desafiar al currículum capitalista en las aulas de la nación permanecen en estado de detumescencia. Nos hallamos en un tiempo que es testigo de la progresiva absorción de la pedagogía para el provecho de los procesos productivos del ca- pitalismo avanzado. La educación se ha visto reducida a un subsector de la economía, y es diseñada para crear "ciberciudadanos" en el seno de una teledemocracia de imágenes vertiginosas de representa- ción y elección de estilos de vida. Al capitalismo se le ha dado carta de naturaleza en calidad de realidad del sentido común —e incluso como algo que forma parte del orden natural en sí—, y el término cla- se social se ha visto remplazado por uno que resulta menos antagóni- co y más domesticado, a saber: estatus socioeconómico. Es imposible examinar la reforma educacional en Estados Unidos sin tomar en cuenta las continuas fuerzas de la globalización y la progresiva diver- sificación del capital en canales financieros y especulativos libres de

obstáculos —a los que también se conoce como "capitalismo rápido", "t tirbocapitalismo", "capitalismo nepote", "capitalismo magnate", "ni- hilocapitalismo", "capitalismo alcahuete", "capitalismo Klondike" o "capitalismo de casino a escala mundial".

El Che, quizá en mayor medida que ningún otro revolucionario I olítico, se percató de los peligros del capital y de la exponenciali- dad de su expansión en todas las esferas de la vida en el mundo. lloy en día, el capital dirige el orden mundial como nunca antes lo había hecho a medida que los nuevos circuitos de mercancías y la creciente velocidad de la circulación del capital trabajan para ex- tender y para garantizar de manera global el reinado de terror del capitalismo.

Es importante reconocer que, a menos que acabemos con la con- t voladora presencia del capital —el fundamento socioeconómico de la sociedad— nos encontraremos gravemente limitados en nuestra ca- pacidad para hacer frente y superar el racismo, el sexismo y la horno-

Joel Kovel (1997), siguiendo el consejo que da Marx en los

Grundrisse, recalca la importancia de "encontrar el nivel adecuado de abstracción con objeto de comprender la naturaleza concreta de las cosas" (p. 7). El punto en el que confluyen las determinaciones con- cretas de la industrialización, las corporaciones, los mercados, la co- dicia, el patriarcado y la tecnología —el centro en el que la explota- ción y la dominación se encuentran fundamentalmente articuladas— "está ocupado por esa elusiva entidad que se conoce como capital"

(p. 7). Kovel señala que "el capital es elusivo porque no puede distin- guirse en su singularidad de ninguna otra cosa". Es una relación so- cial que se funda en la mercantilización de la fuerza de trabajo, en donde el trabajo está sujeto a la ley del valor —una relación que se ex- presa por medio del trabajo asalariado, la extracción de plusvalía y la

ranstbrmación en capital de todos los medios de producción" (p. 7). 1,a insinuación de la coherencia y de la lógica del capital en la vida

idiana es algo que ha ocurrido sin oposición seria, y la reestructu- ración económica de la que hoy somos testigos ofrece, a la vez, nue-

ve

›s temores por lo que se refiere a la inevitabilidad del capital y algu- itas nuevas posibilidades para organizarse en su contra. La educación (I( los maestros es, desde luego, una posibilidad necesaria (aunque no suficiente).

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EL CAPITALISMO AVANZADO COMO PARANOIA

Tomo nota del reclamo homomórfico de que el capital es paranoico sobre la base de que posee, en la actual coyuntura histórica, una iden- tidad que es distinta de la del resto de la humanidad, desplazándose mucho más allá de la subjetividad humana. Thomas T. Sekine (1998) ha logrado darle expresión a esa relación en el aserto según el cual la lógica coincide con la economía, y las características de la economía que representan a las características del capitalismo son el reflejo de los motivos económicos de la humanidad "al infinito" (1998, p. 437). En otras palabras, la lógica del capital no es sino una extensión de la nues- tra. Dicho de diferente manera, "somos admitidos en la subjetividad del capital. Nuestra subjetividad finita y la subjetividad infinita del capi- tal son diferentes y, no obstante, se encuentran relacionadas por lo que Marx llamó 'la fuerza de la abstracción'. [...] Debido al hecho de que estamos comprendidos en el capital y transformándonos en sus agentes, es por lo que podemos pensar como capital" (1998, p. 437).

El capitalismo avanzado —ese tren sin frenos que siembra la destruc- ción entre todos los que se cruzan en su camino— presenta un escalo- friante parecido con las formas clínicas de las psicosis conocidas como

paranoia y megalomanía. Los hábitos y los flujos del capitalismo transna- cional inscriben una lógica fantástica, una lógica que es amenazadora- mente inestable, por no decir imposible. En ese contexto, el fetichis- mo de la mercancía, tal como Marx lo analiza, se convierte en la eficaz contraparte de los mecanismos perceptivos paranoicos en los que se considera al ciudadano en relación con su valor como consumidor.

La oposición binaria entre capitalismo y socialismo crea una lógi- ca para la intervención capitalista a escala global, debido a que con- figura una visión del capitalismo en la que éste es el antídoto del so- cialismo. El capitalismo se convierte así en un significante para toda una gama de atributos, entre los que figuran los derechos humanos, la libertad, la democracia, la justicia y la igualdad. El socialismo se transforma en el "otro" por cuyo medio Estados Unidos acentúa sus rasgos superiores de civilización. El poder del capitalismo para defi- nir el significado del socialismo se encuentra enmascarado por un discurso de racionalidad que se difunde por todo el mundo indos trializado y postindustrializado a través de las redes de los medios de comunicación de largo alcance. Esas redes le permiten al capitalis- mo crear las condiciones para volver a aprender y plantear una ve/ más la herencia representativa del Estado imperial.

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De acuerdo con una recensión de la bibliografía que versa sobre la paranoia, cuyo autor es Paul Smith (1988), la paranoia es una psicosis, II° una neurosis. Esta última puede curarse, debido a que incluye re- sistencias internas que el psicoanalista puede derribar. Sin embargo, los paranoicos ya han exhibido esos síntomas que en la neurosis aún están por "descubrirse" con objeto de lograr la cura. Es decir, en el ca- so de la paranoia deja de ser necesario el tener que descubrir esos sín- lomas, toda vez que ya se les ha dado carta de naturaleza como algo q t te forma parte de la realidad cotidiana del paranoico. Debido a que (.1 paranoico carece de resistencias internas a las que deba superar, re- cita/2 la lógica de las estrategias interpretativas del psicoanalista. No es posible razonar con un paranoico porque, como lo hace notar Lacan, la paranoia existe ya como una interpretación (Smith, 1988).

La economía interna del paranoico —las identificaciones imagina- rias que se forjan a partir del narcisismo primario del sujeto— estruc- tura una perturbación libidinal entre el sujeto y la realidad que éste percibe. La libido se proyecta sobre el ego, de manera que lo que sea que provoque displacer en su propio ego es proyectado sobre los objetos externos. Al mundo exterior se le atribuyen las peores cuali- dades y características del propio sujeto. Semejante proceso sostiene en pie la ilusión o la ficción de la economía interna del sujeto o "yo". Ya que el "yo" se percibe como bueno, todo lo que se halla fuera de él —lo que se percibe como externo a ese "yo"— se considera como el vertedero de la destrucción, y es donde el sujeto expele su propia in- adecuación y vomita sus confusiones. Lo mismo puede verse que su- •ede en el seno del capitalismo predatorio, en la reducción del ciu- dadano a su fuerza de trabajo, y en los recientes ataques del gobierno contra los inmigrantes, los receptores de la riqueza y los trabajadores indocumentados, a los que se les acusa de robar el dinero de los con- tribuyentes. Las controvertidas proposiciones 187, 209 y 227 de California están redactadas en términos de paranoia de grado cero, al rojo vivo y rebosan odio, y fue una especie de paranoia colectiva la que activó los votos a su favor. Además, los consejos de regulación (1(.1 gobierno que supervisan el mercado y el comercio se consideran como si fuesen el enemigo. Lo que sea que obstruya a las fusiones, a las utilidades y a la acumulación se transforma en una barrera para "la libertad y la democracia". El ego del paranoico debe engrande- cerse, en tanto que el mundo exterior debe ser satanizado de conti- 11110. Semejante separación de lo interno y lo externo exige interpre- taciones engañosas o una forma de ignorancia voluntaria que evite