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EL HOMBRE DE LA BOINA NE( ;RA ) M BRE DE LA BOINA NEGRA

do en la frontera a lo largo de 12 años descubrió que existía una correlación entre el crecimiento de las maquiladoras y graves fallas congénitas. La tasa de defectos en el tubo neural de los bebés recién nacidos en el área de Brownsville, Texas-Matamoros, México, se ha elevado a 19 por cada 10 000 bebés, lo que equivale casi al doble del promedio nacional. (1999, p. 7.)

Además, los autores hacen hincapié en los brutales efectos que el

TLC ha tenido en la progresión geométrica de la pobreza para los tra- bajadores mexicanos y en la generación de una riqueza inimagina- ble para unos cuantos:

Aun cuando el TU', ha elevado la productividad 36.4 por ciento, los salarios han caído 29 por ciento. En efecto, en cinco años de vida del TI4 los trabaja-

dores de las maquiladoras mexicanas ganan, en promedio, 55.77 dólares se- manales, lo que no es suficiente para vivir. Entre 1984 y 1994, a través de las di- versas devaluaciones de la moneda, la tasa de pobreza mexicana se mantuvo en 34 por ciento. Al presente, 60 por ciento de la fuerza de trabajo mexicana vive por debajo del límite de pobreza; ocho millones de mexicanos han sido desalojados de la clase media e ingresado a la pobreza durante los primeros cinco años de vida del TLC, en tanto que 28 000 pequeñas empresas mexicanas fueron incapaces de competir con las multinacionales del TIC. (p. 7.)

CAPITALISMO AVANZADO DE RETROAVANCE: LA GLOBALIZACIÓN DE LA MISERIA

La situación de América Latina se está haciendo más espantosa en la actual era de la globalización. Por ejemplo, Blanca Heredia señala que "hoy en día, los países en desarrollo constituyen un grupo mu- cho más heterogéneo de lo que era a principios del periodo de la posguerra. La globalización no está contribuyendo a que esos países logren igualarse entre sí. Los más pobres de ellos no están alcanzan- do a los más rápidos. En cambio, la globalización está logrando que las diferencias existentes entre los países en desarrollo sean cada vez más amplias y más profundas" (1997, p. 385).

Es probable que el crecimiento de la pobreza en términos absolu- tos desde la época del Che habría sorprendido incluso al más cínico crítico del capitalismo, incluido el Che. Como lo destaca Heredia: A partir de los años ochenta, la pobreza ha aumentado en términos absol ti tos en los países en desarrollo, y ha crecido en términos tanto absolutos

( ()tilo relativos en gran parte de África y de América Latina. En esta última, después de una brusca elevación en los ochenta, la proporción de personas 1)(›bres comenzó a decrecer lentamente a partir de los primeros años noven- ta en adelante, pero eso sólo sucedió en dos países: Chile y Colombia. En el testo de la región la pobreza ha ido aumentando y, en el caso de que persis- tan las tendencias actuales, seguirá haciéndolo así durante los próximos 10 años a una tasa de dos personas pobres más por minuto. (1997, p. 386.)

Debido a toda la fatigada y manida retórica a propósito del éxito (1(•1 Ti,c, tanto en Norte como en Sudamérica, que estamos acostum- brados a esperar de los políticos de Estados Unidos en virtud de su servil veneración por el nuevo orden económico internacional, pare- ce trágicamente irónico que, en 1995, 15 de los 17 países de Sudamé- rica tuvieran niveles de desigualdad en los ingresos que excedieron a los que, por lo normal, se encuentran asociados con su nivel de des- arrollo (Heredia, 1997, p. 386). Más aún, las condiciones sociales en muchos países latinoamericanos se han deteriorado dramáticamente a lo largo de la pasada década, y se han convertido, para muchos lati- noamericanos de la clase trabajadora, en un persistente horror que ofrece pocos motivos para el optimismo en un futuro previsible. I ((Tedia escribe lo siguiente: "en una parte considerable de la región, los globalizantes años ochenta y noventa han traído consigo más mer- cados y más niños sin hogar en las calles; también han traído más sal- món noruego, más jóvenes involucrados en la criminalidad, más tenis N ike con los cuales soñar y más violencia dentro y fuera del hogar. En medio de las crecientes pobreza y desigualdad, la vida, incluso para quienes se encuentran plenamente atrapados en la galería global, se ha tornado mucho más dolorosa" (1997, p. 386).

¿ Qué sucede cuando los países en lucha del tercer mundo le soli- citan a Estados Unidos que los ayude en su pugna por la democrati- zación? ¿Qué sucede cuando esos países buscan ayuda para competir en la economía mundial? A muchos de ellos se les obliga a aceptar los regímenes que les impone el Fondo Monetario Internacional, el cual les requiere que reduzcan drásticamente las tarifas, el cese de 1( ›s e mpleados estatales, y la venta de las más redituables de las indus- t rias del Estado a las corporaciones extranjeras. Si el país en cuestión accede a ser "rescatado" por el mercado, no tardaremos en ser testi- gos (le agresivos intentos de tomar el poder por parte de las corpora- (i( mes multinacionales.

Resnick advierte lo siguiente: "Cuando las corporaciones multi- ttationales pagan salarios más bajos, sacan del país las utilidades y apo-

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yan a gobiernos opresores y cleptocráticos, entonces sus inversiones sólo se traducen en miseria y en la destrucción de los recursos nacio- nales" (1997, p. 12). Lo que a menudo hacen las corporaciones multi- nacionales (como es el caso de Nike en Indonesia) es negarle al país huésped la autoridad para regular los flujos de capital o la inversión extranjera, así como prohibir el requerimiento de que los inversionis- tas le transfieran a sus socios nacionales "tecnología y habilidades". Más aún, la ayuda del extranjero y los préstamos bancarios deberán utilizarse para respaldar el capital privado y los fondos locales priva- dos, debilitando con ello la administración pública de la economía, en tanto que las utilidades privadas se incrementan. Las corporacio- nes también amenazan con abandonar las ciudades o los estados ex- tranjeros a menos que obtengan privilegios fiscales y regulatorios, in- cluyendo concesiones ambientales por parte de los gobiernos, y concesiones salariales por parte de los trabajadores (pp. 13-14). Resnick nos hace saber que en el supermercado global, el Banco Mun- dial y las políticas del "libre" comercio desalientan profundamente los subsidios para alimentos, de modo que los productores de todas par- tes venden a los precios del mercado mundial y todos los países deben competir por arroz, granos y leche al mismo precio (p. 13).

También resulta en exceso irónico que durante los últimos

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años los países capitalistas avanzados hayan presenciado el surgimien- to de "empleos de forzados" en ciudades como Nueva York y Los Angeles, al tiempo que las (llamadas) poblaciones de la clase trabaja- dora del primer mundo experimentan la erosión constante del po- der social que, como sea, alguna vez hubieran podido tener, así como la drástica degradación de su estándar de vida. También vale la pena hacer notar que las percepciones de Estados Unidos de los "empleos de forzados" latinoamericanos son administrados profesionalmente por "doctores en confusión mental" y por la administración de las no- ticias, quienes a menudo plantean que el criticismo de esos "empleos de forzados" lesiona a los desempleados, y que lo que en Estados Unidos consideramos ser la explotación de los trabajadores en real i- dad es movilidad ascendente en el país huésped (Fairchild, 1997).

En Malasia, 80 por ciento de los operarios de taller en las FTZ son

mujeres. En Filipinas, la mayor parte de la fabricación se realiza fue- ra de esas zonas y recae en las costureras domésticas de la ciudad. Ananta Kumar Giri (1995) hace saber que, afuera de la zona maqui- ladora mexicana, las amas de casa operan una industria doméstica como parte del segmentado mercado laboral de bajo nivel que se

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encuentra indirectamente controlado por el capital industrial. En Malasia y en México, las compañías prefieren emplear a mujeres sol- teras, a las cuales se pone a trabajar bajo la custodia administrativa de supervisores masculinos. Por rutina, a los operadores exhaustos M. les remplaza por nuevas cosechas de estudiantes desertores. Además, Giri hace notar que a los obreros a los que se les asigna la fabricación de microscopios, sus prematuros agotamiento y deterio- l ► de la visión han tenido como resultado el que las compañías se li- miten a emplearlos sólo durante la primera etapa de su vida adulta, (k. modo que se pueda garantizar un trabajo de refresco capaz de rea- lizar en forma sostenida una labor intensiva con un salario bajo. A los nuevos trabajadores a menudo sólo se les ofrece un contrato de empleo por seis meses, de modo que se les pueda dejar ir y recontra- t a:. con la misma tasa baja de salarios.

1,,N1( ;AÑOSOS ACTOS DE EQUILIBRIO

julio de 1993 las organizaciones izquierdistas y progresistas de todo el mundo se congregaron en una asamblea conocida como los Foros de Sáo Paulo (el foro se inició en 1990; la asamblea más reciente tuvo 'Ligar en agosto de 1997), y publicaron una declaración en la que ex- llortaban a la creación y la puesta en práctica de modelos de desarro- ll o encaminados al crecimiento económico sostenido, independiente y ecológicamente equilibrado y, además, con una distribución equita- ■ iva de la riqueza. El grupo también hizo ver la necesidad de que al desarrollo económico lo acompañara el fortalecimiento de la demo- cracia. Tanto Daniel Ortega, del partido sandinista de Nicaragua, como Cuauhtémoc Cárdenas, figura prominente del Partido de la Revolución Democrática y gobernador de la ciudad de México, hicie- 1011 ver la necesidad de políticas económicas que tomaran en cuenta I.1 historia, la cultura y las circunstancias de cada país en particular (San Pan, 1998b). Un grupo ecléctico de políticos y de intelectuales lat inoamericanos, conocidos con el nombre de "consenso de Buenos Aires" (con el fin de oponerse al infalible grupo económico que lleva el nombre de "consenso de Washington", y del cual forman parte los zares de las finanzas internacionales que prescriben las reformas del b- lue iltercado como panacea para los problemas de América Latina) se ir' ti r ieron, no hace mucho y por quinta vez, en Buenos Aires, Argenti- 58