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Capítulo I. La prensa y la agricultura en España en el siglo XVIII

3. El impulso cultural de la Ilustración

3.1. Los hombres de las luces

Las ideas ilustradas cuajaron entre los intelectuales y hombres de Estado españoles, quienes apoyaron y desarrollaron las líneas regalistas marcadas por los Borbones.

Entre estos políticos, escritores y pensadores destacan Melchor Rafael Macanaz, Pedro Rodríguez de Campomanes, Pablo de Olavide y Gaspar Melchor de Jovellanos, gracias a sus logros, la mayor parte de ellos vinculados con el desarrollo agrícola español, en pos del ideario ilustrado.

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Díaz, Lorenzo. Diez siglos de cocina en Madrid. De los mesones de ayer a los restaurantes de hoy. Ediciones Folio, Madrid, 1994, página 71.

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La agricultura fue un tema recurrente del pensamiento ilustrado, por ello, se puede encontrar hasta en obras literarias como Teatro Crítico Universal de Benito Jerónimo Feijoo, quien, además de abordar la producción apícola, vitivinícola y triguera y la utilización de maquinaria en el campo en diversos capítulos, dedicó el número XII, titulado “Honra y provecho de la Agricultura”, a disertar sobre los beneficios de esta actividad para la sociedad.

Estos hombres ocuparon puestos importantes en la Corte y tuvieron gran influencia en las decisiones reales hasta que la Revolución Francesa hizo temer una reacción similar y se inició su persecución. Sin embargo, esta situación también fue conocida por políticos ilustrados anteriores que sufrieron el acoso de la Inquisición.

a) Melchor Rafael Macanaz

El precursor de los hombres de las luces en España fue Melchor Rafael Macanaz, el funcionario de Felipe V que llevó a cabo la política de regalía requerida por este Rey. Además, Macanaz fue también el ejemplo de lo que ocurriría con otros políticos ilustrados, ya que por su “atrevimiento” en un documento elaborado a petición del Rey para sus negociaciones con la Santa Sede - Pedimento de los cincuenta y cinco

párrafos- sufrió la persecución, el procesamiento y el encarcelamiento.

El párrafo más provocador de este documento para la iglesia y el que motivó su persecución fue el 46, en donde criticaba el exceso de clérigos y monjes y solicitaba que el Estado se hiciera con la gestión de hospitales y hospicios:

“el número de religiosos y de conventos (…) es tan excesivo que casi igualan sus individuos a los legos y han acabado con las haciendas, inmtroduciendo (sic) tales modos de sacar dinero, frutos y todo género de bienes que casi todo de la monarquía por uno u otro medio va a parar a ellos; y al mismo tiempo se ven niños o niñas huérfanos morir sin tener donde recogerse ni quien los alimente, los hospitales en tan suma miseria que no pueden curar enfermos, las parroquias tan pobres y despiertas que casi están yermas, la república llena de vicios, escándalos y pedaso (sic) por falta de fondos para recoger mujeres pobres perdidas, personas miserables y pobres, y los eclesiásticos relajados por falta de seminarios”39.

39

Recogido por Martín Gaite, Carmen. Macanaz, otro paciente de la Inquisición. Ediciones Destino, Destinolibro. Barcelona, 1982, página 264.

Macanaz, pese a lo que pudiera parecer su acentuada política regalista, era profundamente católico, al igual que el resto de los ilustrados españoles40, e intentó luchar por su inocencia remitiendo al Santo Oficio todos sus escritos. Entre ellos se encontraba el bando de 1707 que hizo público como juez de confiscaciones, cargo inventado por él para aplacar y poner orden entre los valencianos rebeldes por la abolición de los fueros. En este bando, destinado a la reconstrucción de una de las ciudades asediadas durante la Guerra de Sucesión, se decía lo siguiente:

“cito, llamo y emplazo a todos los eclesiásticos y religiosos y religiosas que en dicha ciudad vivían o habitaban (Játiva) o en sus términos tenían y poseían cualesquiera rentas perpetuas o vitalicias y otros derechos o acciones para que dentro de 30 días (…) comparezcan por sí o sus procuradores con bastante poder en este Juzgado a justificar su fidelidad (al rey Felipe V): que haciéndolo se les mandará a sus iglesias o conventos. Y, asimismo, dentro de dicho término haya de justificar las rentas, capellanías, beneficios, memorias, aniversarios, casos, juros y otros cualesquiera derechos o acciones que tenían y poseían y los daños que en ellos hubiesen experimentado, que así hecho se les mandará igualmente restituir”41.

Este texto, que también se anunció en Teruel, Albarracín, Zaragoza, Murcia, Cuenca, Córdoba, Cádiz, Sevilla, Madrid, Toledo y Villa de Pastrana, fue considerado desafiante por parte de la Iglesia.

Macanaz se retractó, pero el rehabilitado inquisidor general, el cardenal Del Giudice, se vengó de su alejamiento político durante el gobierno de su valedora, la Princesa de los Ursinos, y lo encarceló. Con los años, su decrepitud le permitió mantener prisión domiciliaria en su pueblo natal, Hellín, en donde murió el 5 de diciembre de 1760.

40

Ver Sarrailh, Jean. La España Ilustrada de la segunda mitad del siglo XVIII. Fondo de Cultura Económica, Madrid, 1974.

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b) Pedro Rodríguez de Campomanes

El asturiano Pedro Rodríguez de Campomanes, como la mayoría de los ilustrados, fue jurista, historiador y economista, pero, sobre todo, un político comprometido con el programa de la Ilustración española42.

Campomanes estudió Leyes en Oviedo y Sevilla, donde trabajó como director de Correos y Postas hasta que llegó, durante el reinado de Carlos III, a ser miembro del Consejo de Castilla, en el que permaneció desde 1762 hasta 1782. Además, consiguió ser presidente del Consejo de la Mesta y director de la Real Academia de la Historia.

El programa de Campomanes apoyaba el poder real sobre el del clero y el control central sobre la administración municipal o señorial. Apostaba por la creación de hospicios, la extensión de cultivos y la estabilización en el campo de los pequeños y medianos arrendatarios. También cuestionaba el elevado número de actividades económicas del clero regular.

Este ilustrado fue el responsable de impulsar reformas económicas como la liberalización del comercio de granos43, el fomento de la pequeña propiedad agrícola, la supresión de algunos privilegios de la Mesta, la introducción de mejoras técnicas en la agricultura y la educación de los campesinos. Además, fomentó la creación por todo el país una red de Sociedades Económicas para la divulgación de conocimientos útiles y de la iniciativa empresarial.

Campomanes tuvo una frenética actividad en el Consejo de Castilla, desde donde impulsaba reformas –pese a la oposición habitual de los miembros de la institución-, muchas veces inspiradas por otros miembros del gabinete de Carlos III.

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Castro, Concepción de. Campomanes. Estado y Reformismo Ilustrado. Alianza Universidad, Madrid, 1996.

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Esquilache encargó al Consejo de Castilla que estudiara la liberalización del comercio de granos en 1761, iniciativa que Campomanes apoyó plenamente en Respuesta fiscal sobre abolir la tasa y establecer

Un fiscal del Consejo de Hacienda, Francisco Carrasco, pidió en junio de 1764 al rey la apertura de un expediente en el Consejo de Castilla sobre la conveniencia de limitar legalmente la adquisición de tierras por el clero. Campomanes presentó su alegación el 26 de junio de 1765 al tiempo que salía su obra Tratado de la regalía de

amortización (1765), en donde vinculaba el progreso del país con la llegada del

campesinado a la propiedad de la tierra y la desamortización de los bienes eclesiásticos. Sin embargo, este proyecto de desamortización se perdió en el olvido y, aunque, Carlos III apostaba por el fortalecimiento del poder de la Corona, prefirió la reforma de las órdenes religiosas una a una para frenar su crecimiento y adquisiciones de tierra, en vez de acometer una reforma completa.

Campomanes coincidió con Olavide en una tertulia ilustrada en Madrid en la que se apostaba por las nuevas poblaciones. Campomanes, inspirado por Olavide y alentado por un viaje a Extremadura en el que comprobó las grandes extensiones de tierra desaprovechadas, expuso sus ideas particulares sobre la colonización, el reparto de tierras y su trabajo en Instrucciones sobre las nuevas poblaciones de Sierra Morena y

fuero de sus pobladores (1767). Éstas propuesta se llevaron a cabo y, de hecho,

Campomanes se ocupó personalmente de la colonización de Extremadura, que comenzó con Encinas del Príncipe en el término municipal de La Mata.

Con la marcha de Aranda, Campomanes ganó libertad de acción en el Consejo, donde propuso el 31 de mayo de 1774 el Discurso sobre el fomento de la industria

popular, del que se imprimió, tras su aprobación, 30.000 ejemplares que se

distribuyeron entre autoridades civiles y eclesiásticas. Este documento, que consideraba necesario el impulso de la industrialización del medio rural y en el que dedicaba un importante espacio a las Sociedades Económicas de Amigos del País como divulgadoras

de los conocimientos necesarios para su puesta en práctica, tuvo un gran eco y fue traducido al alemán, italiano y holandés.

Este estudio lo completó con Discurso sobre la educación de los artesanos y su

fomento, aparecido en 1775, que dedicó a la manufactura urbana de géneros finos o de

lujo, y en el que fomentaba la formación profesional y dignificaba el trabajo manual. En 1779 Campomanes fue nombrado presidente del Concejo de la Mesta, cargo reservado, desde que en 1500 los Reyes Católicos crearan la Presidencia de la institución, al miembro más antiguo del Consejo de Castilla, que en este caso recaía en su persona. Este nombramiento tenía una duración de dos años, pero pidió una prórroga que le fue concedida por dos años más, con lo que ostentó la presidencia hasta 1782.

Durante estos cuatro años de presidente del Consejo de la Mesta, Campomanes consiguió recortar los privilegios de esta institución y reducir su personal, objetivos que ya había expuesto años antes en Respuesta fiscal en el expediente consultivo sobre los

privilegios del Consejo de la Mesta escrita a petición del diputado extremeño Vicente

Paino, en donde analizaba los perjuicios que causaban a la agricultura los privilegios de los ganaderos trashumantes44.

c) Pablo de Olavide

Pablo Antonio José de Olavide y Jáuregui (Lima, 1725-Baeza, 1803) fue nombrado oidor a los veinte años de la Real Audiencia del Perú, pero su enemistad con el patriciado limeño le llevó a España. En Madrid, se relacionó con Aranda y Campomanes y en 1767 fue nombrado asistente de Sevilla e intendente de Andalucía, además de encargado de la colonización de Sierra Morena.

Con el paso del tiempo, su programa ilustrado le comenzó a granjear enemigos como el cabildo de Sevilla, las corporaciones gremiales, las órdenes religiosas, las

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cofradías y hermandades de la ciudad, que finalmente le costaron la cárcel y un proceso inquisistorial, que desató una sonada protesta protagonizada por los intelectuales europeos Voltaire y Diderot, entre otros.

A raíz del proceso, en 1778, Olavide fue inhabilitado para ejercer cargos públicos, llevar espada, montar a caballo o vestir trajes de seda y desterrado de Madrid y Sevilla, por lo que se marchó a Francia, en vísperas de la Revolución. La muerte de Luis XVI y el cariz que tomaron los acontecimientos causaron una honda impresión en el ánimo de este ilustrado que terminó escribiendo El Evangelio en triunfo, en defensa del catolicismo y en contra del proceso revolucionario francés.

Olavide en sus años en España aportó su visión a la situación agrícola del momento con su Informe sobre la ley agraria remitido al Consejo de Castilla antes de que éste encomendara a Jovellanos la labor de aglutinar todos los documentos enviados desde las diferentes regiones. Además, demostró cómo llevar a cabo la teoría ilustrada en la colonización de Sierra Morena, en la que llevó a la práctica las ideas fisiócratas. No obstante, el proyecto de colonización en Andalucía no encontró el apoyo esperado por parte de los campesinos españoles, por lo que gran parte de los colonos fueron extranjeros. Gaspar Thurriegel fue el encargado de enrolar en el proyecto a estos colonos alemanes, franceses, suizos, belgas e italianos.

Cada campesino recibió 50 fanegas de tierra una casa con huerta de regadío, aperos de labranza y animales domésticos (dos vacas, cinco ovejas, cinco cabras, cinco gallinas, un gallo y una cerda preñada). La propiedad, aunque era hereditaria, quedaba en manos del Estado, que las cedía en arriendo con un canon en especie que se

empezaría a pagar al cabo de diez años de explotación, por lo que estaban exentos del pago de impuestos durante una década45.

Los primeros colonos alemanes, aproximadamente 3.500, llegaron a Sierra Morena en 1767, y al valle del Guadalquivir un año después, a los que se añadieron otras personas de La Peñuela (Jaén), La Parrilla (Sevilla) y La Moncloa (Córdoba). El 5 de julio de 1767 se publicó el Fuero de las Nuevas Poblaciones y la Instrucción, que estuvo en vigor hasta 1835.

Este Fuero determinaba la fórmula de elección del concejo y de los alcaldes y la construcción de cárceles. Recomendaba que se casaran extranjeros y españoles e indicaba la obligación de los pobladores de permanecer en los asentamientos. Además, prohibía a los nuevos pueblos la construcción de escuelas superiores, conventos, misiones, residencias o comunidades religiosas.

En 1769, y según el recuento del Estado General de las colonias, en las nuevas poblaciones vivían cerca de 6.500 habitantes, una cantidad que subió a los 10.500 en el censo de 1776, pero once años después el censo cae a los 8.000 habitantes y en 1797 disminuyó a 6.000. No obstante, esta experiencia supuso la difusión de un ideario poblacionista, que se mantuvo vigente hasta el siglo XX.

d) Gaspar Melchor de Jovellanos

Gaspar Melchor de Jovellanos fue publicista, académico, magistrado y político, y estuvo a medio camino entre la Ilustración del siglo XVIII y el liberalismo del XIX. Fue un autor muy prolífico que abordó los asuntos más diversos y en los estilos más dispares, ya que además de escritos oficiales dejó escritas poesías y obras de teatro.

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Santos, Raquel. “El ideal ilustrado de prosperidad llega al Campo”. Revista del Ministerio de Fomento, número 141, 2002, Madrid, páginas 54-61.

Nació en Gijón (Asturias) el 5 de enero de 1744 y, tras estudiar y ejercer Cánones (leyes), se trasladó a la Corte, donde permaneció desde 1778 hasta 1790, una época de impulso reformista en la que Jovellanos participó activamente.

Tras la muerte de Carlos III, se produjo un considerable cambio en la situación política interna, que afectó a los círculos ilustrados, que perdieron prestigio e influencia. En este contexto, Jovellanos intentó ayudar a su amigo Francisco de Cabarrús, director del Banco de San Carlos, que había sido encarcelado, por lo que fue desterrado a Asturias durante ocho años. En esta época apareció, pese a la oposición de la Inquisición, su obra más importante: Informe de la Sociedad Económica de esta Corte

Real y Supremo Consejo de Castilla en el Expediente de la Ley Agraria de 1795.

En este documento, dejaba clara su postura liberal desde el comienzo al afirmar con rotundidad:

“nuestra agricultura se halla en una extraordinaria decadencia (…) que se remonta a la época de la dominación romana, ya que después de aquel tiempo España estaba sujeta a tasas y levas, (...) por lo que no se debía de tratar de multiplicar las leyes sino de disminuirlas: no tanto de establecer leyes nuevas como de derogar las antiguas”46.

En el Informe, cuya repercusión se prolongó durante años47, Jovellanos enumeraba los estorbos al fomento de la agricultura en España, que para él eran:

 Políticos, por “la muchedumbre de leyes dañosas o inútiles a su fin”,

como los baldíos, las tierras concejiles, la abertura de las heredades, las

46

Informe de la Sociedad Económica de esta Corte Real y Supremo Consejo de Castilla en el Expediente

de la Ley Agraria extendido por su individuo de número Gaspar Melchor Jovellanos a nombre de la Junta

encargada de su formación y con arreglo a sus opiniones. Barcelona, 1795.

47

“que todos conocen siquiera de oídas, aun los menos doctos, y que ha valido a su autor grandes alabanzas y amargas censuras, al compás de las diversas opiniones que han subdividido a nuestra patria en variados grupos y partidos encontrados andando luego los tiempos”. Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano, Montaner y Simón Editores, Barcelona, 1892, tomo 11, páginas 202-204

protecciones de ciertos cultivos, la Mesta, la amortización civil con los mayorazgos y la del clero regular y secular, así como las trabas al comercio. Por ello, recomendaba la enajenación de propiedades y la disolución de la Mesta.

 Morales o derivados de la opinión, por el desprestigio de la actividad.

Destacaba además que el propio Gobierno desprestigiaba la agricultura en favor del comercio y de la industria, pese a que “sin la primera no se puede subsistir”. Recomendaba, por ello, fomentar la instrucción de agricultores y propietarios y la investigación en las ciencias útiles. Además, proponía difundir los conocimientos entre los labradores a través de “cartillas rústicas”, escritas en estilo llano. También incluía como medios de difusión de conocimientos a los párrocos48 y a las Sociedades Económicas del País.

 Físicos o derivados de la naturaleza, por el clima seco de España y por la

falta de comunicaciones.

En 1797, después de un primer nombramiento como embajador en Rusia, Godoy nombró a Jovellanos ministro de Gracia y Justicia, pero su visión reformista de los problemas legislativos estaba enfrentada a las nuevas orientaciones políticas, por lo que fue destituido al cabo de pocos meses.

La persecución contra los ilustrados desencadenada a partir de 1800 terminó finalmente con su arresto. Jovellanos fue detenido en su casa y hecho reo de Estado en marzo de 1801. Luego, fue trasladado hasta la isla de Mallorca, en la que permaneció

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Jovellanos esbozó en esta obra la idea que, posteriormente, Godoy tomó para la puesta en marcha del

Semanario de Agricultura y Artes dirigido a los Párrocos, que se comenzó a publicar tres años después

encarcelado, primero en la cartuja de Valldemossa durante un año y después en el castillo de Bellver hasta 1808.

Tras ser puesto en libertad, Jovellanos continuó su labor política en la Junta Central hasta 1810. Con la instauración de la Regencia, el 31 de enero de 1811, Jovellanos pidió permiso para retirarse a Asturias. De regreso a Gijón, falleció en el puerto asturiano de Vega.

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