Capítulo I. La prensa y la agricultura en España en el siglo XVIII
E) Prensa nacionalista
12.3. Las revistas ilustradas
Mesonero Romanos fue el primero en España en publicar una revista ilustrada de divulgación científica y literaria, Semanario Pintoresco, que introdujo su primer grabado el 1 de julio de 1838. Este nuevo género fue mejorado por La Ilustración con la incorporación del dibujo de actualidad, pero el periodismo gráfico no se popularizó hasta 1869, gracias a La Ilustración Española y Americana y a La Ilustración de
Madrid, fundada por Eduardo Gasset y Artime en 1870.
Estas revistas no tenían afiliación política y combinaban la información de actualidad con la divulgación de conocimientos artísticos, literarios, históricos y científicos. Este tipo de prensa experimentó una revolución con la aparición de Blanco y
Negro en 1891, que ofrecía un estilo más ágil y más periodístico a un precio más
asequible.
En unos meses, Blanco y Negro consiguió una tirada récord de 70.000 ejemplares, un liderazgo que mantuvo, pese a la aparición de competidores como Nuevo
Mundo de José del Perojo, durante el siglo XX.
Las escenas de campo fueron en muchas ocasiones motivo de los grabados de estas publicaciones y hasta se crearon publicaciones gráficas especializadas en la vida en el campo y en la cinegética, que eran parte del ocio para la burguesía. Entre estos títulos se encuentran El Campo y La Ilustración Venatoria.
12.3.1. El Campo
El Campo era una publicación quincenal de gran formato (40x28 centímetros) de
12 páginas a tres columnas con grabados y anuncios, que se publicó desde el 1 de diciembre de 1876 hasta el 1 de junio de 1892. Se imprimía en la Imprenta, estereotipia y galvanoplastia de Aribau y Compañía (sucesores de Rivadeneyra) en la calle Villanueva, 6 de Madrid. La suscripción a esta publicación, dirigida por el Conde de la
Cinco Torres, primero, y posteriormente, Julián Settier, costó durante sus 17 años de vida 20 pesetas al año.
Los propietarios de El Campo, que apareció con el subtítulo “Agricultura, Jardinería y Sport”, eran J. Luis Albareda y Abelardo de Carlos, quienes tenían como objetivo difundir en el mundo urbano las bondades del trabajo agrícola y las posibilidades de ocio y salud que ofrecía el medio rural.
El precedente de este tipo de revistas eran las publicaciones inglesas sobre “sport”, ejercicios y ocupaciones entretenidas fuera de las ciudades para descansar de la agitación urbana y favorecer la salud.
El Campo se propuso divulgar entre la burguesía este saludable sistema de
descanso que hasta ese momento sólo podían disfrutar los grandes señores o los que poseían cotos, fincas, granjas y casas de recreo232. La publicación proponía a la burguesía pasar los domingos en el campo frente a la costumbre habitual de celebrar “soeces merendonas y borracheras”233 el día de descanso.
Para difundir estos conceptos, el periódico contó con firmas de prestigio como Benito Pérez Galdós, quien fue el encargado de presentar la obra en su primer número. Además, escribieron para la revista J. Ferreras, F. Canellas Secades, Estanislao Malingre, Alfredo Weil, el Duque de Veragua, y sus propietarios, entre otros.
La publicación comenzaba con un artículo sobre la agricultura y las necesidades del campo. A éste le seguían otros sobre toros, caballos, caza y pesca. Posteriormente, aparecían las siguientes secciones, aunque no todas se insertaban en cada número:
o “Novela”, en la que se publicaba por capítulos una novela y que comenzó con “El Comendador Mendoza” de J. Varela.
232
Según el artículo de Benito Pérez Galdós “El Campo” en El Campo, número 1, tomo I, 1876, página 2.
233
o “Noticias Generales”, con información nacional e internacional sobre conferencias agrícolas, hípica, carreras de galgos, libros y publicaciones periódicas de interés agrícola.
o “Noticias de la Sociedad”, en la que se informaba de los enlaces matrimoniales, fiestas y banquetes de la alta sociedad.
o “Floricultura” en la que indicaban las variedades de plantas más adecuadas para el jardín, y cuándo y cómo cultivarlas.
o “Noticias gastronómicas”, en la que se informaba sobre los productos de temporada, recetas para su preparación y de restaurantes donde degustarlos.
o “Correspondencias”, una sección de cartas al director que se incluyó a partir del número ocho de la publicación.
o “Mercado de Madrid” en la que daba los precios, existencias y recomendaciones de los alimentos a la venta en los principales mercados madrileños. Ofrecía también un comentario sobre la fluctuaciones de los precios en la capital.
o “Cuadrado de Palabras”, un juego de palabras como la sopa de letras.
o “Anuncios” de horarios y precios del tren, compra-venta de caballos, casas, armas de caza y lugares donde comprar productos para el jardín, bancos hipotecarios y medicamentos veterinarios, entre otros.
La publicación abordó temas agrícolas como el riego, los créditos agrarios, la instrucción de los agricultores y la propiedad, sobre la que recogió un artículo firmado
por José Navarrete en el que defendía la división de las grandes propiedades para multiplicar el número de propietarios234.
El Imparcial acusó a El Campo de tener como objetivo “los salones y el
tocador” y de querer, antes que informar sobre la agricultura, fomentar los gustos a la caza, la pesca y la equitación. El Campo respondió a esta crítica diciendo que los “elegantes artículos” a lo mejor no eran necesarios para los campesinos, pero sí para que los ciudadanos urbanos entendieran que en el campo no sólo habían toscos labradores. Además, El Campo defendía que, de esta manera, animaba a los habitantes de la ciudad a veranear en lugar de en Biarritz, donde se gastaban caudales de dinero, en sus posesiones campestres, cuyos colonos ni siquiera solían conocer al propietario235.
Con el paso del tiempo, la publicación se fue especializando en caza y pesca y en hípica, aunque continuó incluyendo algunos artículos sobre agricultura y ganadería. También siguió publicando información gastronómica, cuya sección se denominó “Cocina venatoria”, aunque prescindió de las noticias de sociedad y de los consejos sobre el jardín.
12.3.2. La Ilustración Venatoria
La Ilustración Venatoria, subtitulado “Periódico de caza y pesca, sport, recreo
campestre, de aclimatación y cría de animales domésticos y de cuanto tenga relación con la agricultura y con los deleites de la vida del campo” era una revista en formato de lujo que se comenzó a publicar el 10 de enero de 1878.
Esta publicación contó con una periodicidad trimensual (se publicaba el 10, 20 y 30 de cada mes). Su director y propietario fue José Gutiérrez de la Vega. Se imprimía, al igual que El Campo, en Aribau (Sucesores de Rivadeneyra) en la calle del Duque de
234
El Campo, número 15, tomo II, 1877, página 194.
235
Osuna, número 3 de Madrid, a 24 columnas de gran formato (38x27 centímetros). Contaba con ocho páginas en las que el texto estaba distribuido en dos columnas y costaba dos pesetas al mes. Su redacción y administración estaba en la calle de Espoz y Mina, número 3 de Madrid.
La publicación incluía numerosos grabados en los que se mostraban las artes de caza y pesca de la época y de siglos anteriores y relatos de caza y pesca del momento firmados por colaboradores de sociedades de cazadores. Entre los redactores habituales se encontraban: Félix María Samaniego, I. López de la Torre Ayllón y otras firmas con las siglas C.V., F.C. y J.M.C.
La publicación imprimió en 1878 el Álbum de la Ilustración Venatoria con 100 láminas en el que incluyó grabados de las escenas cotidianas de pesca y caza popular como sistema de producción agrario y de la vertiente deportiva de estas actividades, que la burguesía comenzaba a disfrutar.
La Ilustración Venatoria contaba con secciones como “Cocina venatoria y
piscatoria” en la que incluyó las recetas de los siguientes platos: “faisán con trufas”, “croquetas a la yankee”, “orejas de venado a la milanesa”, “mero frito”, “pastel de anguila”, “emparedados de corzo”, “bacalao a la celestina”, “riñones de corzo en pepitoria”, “anguila a la holandesa”, “huevos revueltos con setas colmenillas”, “salsa para ánades asados”, “huevos revueltos con espárragos”, “merluza a la española”, “pastel de tocino de jabalí”, “pescado a la marinera”, “higadillos de tordo”, “pastel de lenguado”, “perdices con coles” y “tordos a la walona”236.
236
12.4. La prensa informativa y la agricultura
El primer diario informativo que se publicó en España fue la Carta Autógrafa, fundado por Manuel María de Santa Ana a mediados del siglo XIX237. Este diario funcionó como una agencia de noticias, ya que el propietario recogía la información en los Ministerios o centros de negocio, la escribía a mano y, una vez reproducida a mano, la vendía a otros periódicos.
La Carta Autógrafa, tras diferentes cambios de cabecera, en 1858 se convirtió en un diario informativo impreso y asequible, con el nombre de La Correspondencia de
España238. Este periódico, el primero que se vendió en la calle, publicaba, sin titulares, las informaciones que recibía por orden de llegada.
Durante la Década Moderada, Ángel Fernández de los Ríos creó Las Novedades, diario informativo que le hizo la competencia a La Correspondencia de España. Sin embargo, nunca logró desbancarlo, pues no alcanzó la tirada récord de La
Correspondencia de España de 25.000 ejemplares.
Otros diarios, como Las Noticias, también intentaron superar a La
Correspondencia de España, pero sólo El Imparcial, tras su unión con la agencia Fabra
en 1870, lo consiguió.
Fabra fue la primera agencia española de noticias, creada por Nilo María Fabra en 1865, siguiendo el ejemplo de Charles Louis Havas, Julius Reuter y Bernhard Wolf,
237
Anteriormente el donostiarra Ignacio R. Baroja puso en marcha la Papeleta de Oyarzun, un intento de agencia de noticias.
238
La Carta Autógrafa pasó a llamarse Correspondencia Autógrafa en 1854 y, en ese mismo año, volvió a cambiar por Correspondencia Confidencial Autógrafa de España. En 1858 se llamó La
Correspondencia Autógrafa (tipográfica desde agosto de 1858). Diario Universal de Noticias, tomadas de los hombres y las comunicaciones y de los periódicos de todos los partidos. El 3 de octubre de 1859
redujo la cabecera a La Correspondencia de España. Diario Universal de Noticias, y el 25 de mayo de 1925, un mes antes de su cierre, se denominó La Correspondencia de España y Extranjero.
creadores de las grandes agencias mundiales, aunque, finalmente, terminó convirtiéndose en una filial de la francesa Havas239.
Entre 1870 y 1879 surgieron otras agencias de noticias en España como el Centro Telegráfico Español, la Agencia Franco Española, la Agencia Española y Americana, la Agencia Almodóvar, la Asociación Literaria, la Agencia Madrileña y la Agencia Universal, pero ninguna consiguió siquiera hacer sombra a Fabra.
12.4.1. La Correspondencia de España
La Correspondencia de España, subtitulado “Diario Universal de Noticias”, se
comenzó a publicar en 1858, como continuación de La Correspondencia Autógrafa, fundada por Manuel María de Santa Ana en 1848.
La Correspondencia de España contaba con cuatro páginas de gran formato a
cuatro columnas y su tirada diaria en 1860 superaba los 20.000 ejemplares.
Su estructura inicialmente estaba definida por el orden de llegada de las noticias y no por secciones, de manera que en sus primeros años el periódico se componía de “Primera Edición”, “Segunda Edición” y “Tercera Edición”, además de los apartados finales de “Partes Telegráficos”, “Fondos Públicos”, “Comunicado”, “Diario de las familias” (con información del santoral, los horarios del culto en Madrid, el servicio de correos y algunas notas curiosas) y “Anuncios”, además del espacio del folletín.
El diario informó principalmente de política y de sociedad, aunque en los momentos en que el precio del pan subía recogía noticias sobre el trigo y sobre la cotización de productos agroalimentarios.
239
Ver María Antonia Paz Rebollo. El colonialismo informativo de la Agencia Havas en España (1870-
En la década de los 80 del siglo XIX, el periódico, que costaba cinco céntimos el ejemplar, incluyó la información de la “Bolsa de Madrid” y “Estado del Tiempo”, además de numerosos despachos procedentes del exterior y crónicas políticas y sociales. La crisis agraria de 1887, provocada por las inundaciones y el granizo que destrozó la cosecha de cereal, fue tema de La Correspondencia de España. Sin embargo, estas noticias no fueron elaboradas por enviados especiales propios, como hicieron otros periódicos, sino que se tomaron de publicaciones como El Industrial de Jaén240.
El tratamiento de estas crisis agrarias por parte del periódico, fue además tendencioso, ya que apoyó al Gobierno en su labor propagandística de restar importancia a la situación que vivía el campo241.
Por este motivo, durante esta crisis dedicó en ocasiones sus páginas a noticias superfluas y más acordes a la crónica social, como fue la celebración del certamen de la Sociedad Central de Horticultura242.
En la década de los 90 del siglo XIX, el periódico pasó a subtitularse “Diario Político y de Noticias. Eco Imparcial de la Opinión y de la Prensa”. Modificó su estructura e incluyó las siguientes secciones fijas:
o “Edición de la mañana”, un apartado clásico con informaciones de la mañana, pero que eran destacadas con palabras en tipografía distinta.
o “Comentarios de la redacción”, a modo de editorial.
240
La Correspondencia de España, 13 de agosto de 1887, Madrid, número 10.735, año XXXVIII, página 1.
241
Entre otras informaciones se puede destacar la de la buena cosecha de trigo en Gandía en La
Correspondencia de España, 16 de agosto de 1887, Madrid, número 10.738, año XXXVIII, página 2.
242
La Correspondencia de España, 22 de agosto de 1887, Madrid, número 10.744, año XXXVIII, página 2.
o “Telegramas de Nuestros Corresponsales”, que se subdividía en “Extranjeros”, “Nacionales” y “De la Agencia Fabra”.
El periódico continuó dando una mayor importancia a la información política y a la internacional, aunque comenzó a recoger más información agraria. Así, el corresponsal en Francia, Huertas, elaboró muchas noticias sobre los vinos españoles243.
La publicación reforzó además su labor informativa en las crisis agrarias con corresponsales en provincias, aunque evitó, nuevamente, implicarse en la denuncia de la situación. En 1898 se produjo una importante subida del precio del pan, pero La
Correspondencia de España se limitó a reseñar la preocupación del Gobierno ante la
subida del trigo244.
El diario incluyó durante esta época un apartado especial que tituló “El Pan” o “La Subida de los Trigos”. Estas secciones se publicaron esporádicamente durante el año 1898 y, de forma periódica, con el nombre “El Pan” a partir de la subida del trigo en 1899.
El periódico, sin embargo, nunca dedicó un apartado especial a la información agraria, a excepción de la “Página Campestre” en 1898, una sección firmada por Juan Labriego, en la que se ensalzaba el paisaje y los productos del campo y de la mar245.
12.4.2. El Imparcial
El Imparcial se comenzó a publicar el 16 de marzo de 1867 con el subtítulo
“Diario político de la tarde”. En su “Declaración de Principios” se consideraba liberal y
243
Ver “Nuestros Vinos en Francia”, La Correspondencia de España, 4 de enero de 1898, Madrid, número 14.578, año XLIX, página 2.
244
La Correspondencia de España, 4 de enero de 1898, Madrid, número 14.578, año XLIX,, página 3.
245
Ver “Página Campestre”, “A orillas del Miño”, La Correspondencia de España, 2 de marzo de 1898, Madrid, número 14.633, año XLIX, página 1.
reclamaba la libertad de imprenta246. Dos meses más tarde, el periódico fue suspendido durante once días.
El precio de suscripción era de ocho reales al mes para Madrid y de diez para las provincias. Contaba con cuatro páginas de gran formato a cuatro columnas y contenía, además del folletín y apartados más ligeros como “Sección Científica”, “Sección Criminal”, “Sección Amena” y “Variedades”, las siguientes secciones:
o “Cuestiones del día”, con artículos de opinión sobre la actualidad.
o “Las Cámaras” con información del Parlamento.
o “Despachos telegráficos”, con noticias breves de todo el mundo.
o “Sección Oficial” con las normativas aprobadas y publicadas en la Gaceta.
o “Sección de Noticias” con noticias “breves, aisladas desnuda de reflexiones”, pero sacadas principalmente de otros periódicos.
o “Exterior” con los que publicaban los periódicos del extranjero.
o “Intereses Materiales” con la cotización de la Bolsa de Madrid, noticias y precios de materias primas en los principales mercados nacionales, además de las tarifas de los ferrocarriles.
A partir de su tercer número, El Imparcial inauguró la sección “Agrícola” en la que recogía análisis del comportamiento comercial de los principales productos de importación y exportación, como la harina, el trigo, el maíz, el azúcar, el café, el cacao, el aceite, el aguardiente y el algodón. Informaba además sobre experimentos agrícolas, sobre la producción animal y vegetal y difundía conocimientos científicos y decisiones políticas sobre la agricultura, tanto en España como en otros países.
246
También publicaba el precio medio de los artículos de consumo, un cálculo elaborado por el propio Gobierno247, el volumen de importación y exportación de productos agroalimentarios y otras estadísticas de interés para el sector.
En la sección “Agrícola” se incluyeron los precios corrientes en los mercados nacionales de los cereales y legumbres y se ocupó de dar a conocer la marcha de las cosechas de cereal en países como Francia y de elaborar análisis de mercado248.
El periódico también mostró su gusto por la gastronomía con la publicación de artículos satírico-gastronómicos firmados con el seudónimo “V”, que alternaba con el folletín.
El Imparcial demostró además su interés en la información agraria en sus
artículos de opinión e información general. El periódico utilizó como tema de portada temas agroalimentarios como el incremento del precio de la sal en 1867, una cuestión especialmente preocupante para los ganaderos, ya que era un complemento habitual para engordar el ganado249.
A partir de junio de 1867, la declaración de falta de cosecha de trigo fue el tema de principal preocupación para el periódico. El 21 de junio El Imparcial publicó en primera página “Cuestión de Subsistencias”, una crónica en la que informaba de que los labradores y comerciantes de Valladolid se habían declarado incapaces de atender las necesidades de trigo en el resto de España, debido a la mala cosecha prevista.
247
Ver El Imparcial, número 52, año I, 8 de mayo de 1867, Madrid, página 3.
248
El Imparcial, número 159, año I, 17 de septiembre de 1867, Madrid, página 1.
249
Entre estos artículos está “El precio de la sal”, firmado por A. Lassala, El Imparcial, número 50, año I, 6 de mayo de 1867, Madrid, página 1. También se puede citar “Sal a precio de Gracia”, El Imparcial, número 286, año II, 8 de febrero de 1868, Madrid, página 1.
Desde este momento, El Imparcial inició una campaña de liberalización del comercio del grano, como forma de evitar una crisis de subsistencias250. El periódico apostó además por el librecambio251.
No obstante, entre los temas más habituales de El Imparcial, también se encontraban los siguientes:
• Crédito agrario. El periódico insistió en que la falta de inversión
en el campo era la principal causa del estancamiento productivo, por ello apostó por la creación de créditos agrarios justos y denunció la especulación de los prestamistas252. También criticó la especulación de los propietarios agrícolas que, en lugar de reinvertir sus beneficios en el campo, los destinaron al ferrocarril253. El Imparcial defendió el valor de los pósitos, aunque propuso que se reestructuraran y se convirtieran en entidades de préstamo de dinero254.
• Formación. También apostó por la formación y por la
investigación255, para salir del atraso en el que estaba inmerso la producción agrícola256.
• Política hidráulica. Este periódico dedicó además mucho
espacio al debate sobre los riegos257, a lo que contribuyó el
250
Ver más adelante sección dedicada al enfrentamiento en la prensa entre proteccionistas y librecambistas del mercado de cereal.
251
Este punto se aborda con más profundidad en el capítulo dedicado a proteccionistas y librecambistas