MARCO TEÓRICO Y CONCEPTUAL
Gráfica 1: Los mandos medios en el centro de los estamentos organizacionales
2.2.4. Sobre la identidad grupal: lo social, lo colectivo y lo profesional
Existen dos formas generales de ver la identidad desde el punto de vista social. Una proviene de la sociología, que es la Teoría de la Representación propuesta por Goffman (2010); y la otra, desde la Psicología Social Europea, representada por Tajfel (1981).
Desde esta última visión, los psicólogos que utilizan la teoría de las identidades sociales, conciben la identidad social como una herramienta cognitiva que las personas utilizan para participar, clasificar y ordenar su entorno social y el lugar que ocupan en él. Es por ello que les interesa examinar el efecto de determinados miembros de los grupos al definirse a sí mismos. Recurren a la identidad social y a la autodefinición para combinarlas, buscando explicaciones sobre los conflictos entre los grupos. De hecho, la Teoría de la Identidad Social fue desarrollada originalmente para explicar los prejuicios y la gran escala de conflictos entre grupos religiosos, étnicos, políticos y/o nacionales. Sin embargo, Tajfel (1981) utilizó la Teoría de la Identidad Social para desarrollar una psicología más social (valga la redundancia), como una manera de hacerle frente al sesgo individualista de la psicología americana (Thoits y Virshup, 1997). El disgusto se concentraba en la incapacidad para explicar las calamidades sociales a gran escala.
Por otro lado, la Teoría de la Identidad Social se incorpora a la teoría de la propia
configuración (self-categorization) (Turner, Hogg, Oakes, Reichser y Wetherell,
1987), la cual busca hacer de la identidad social no sólo la base cognitiva del comportamiento del grupo, sino también el mecanismo que hace posible ese comportamiento. Para Tajfel (1981) la identidad social es:
151
Una parte del auto-concepto del individuo que se deriva del conocimiento de un grupo(s) social(es), junto con el valor y el significado emocional que los afilia […] El supuesto es que, por muy rica y compleja que sea la visión de los individuos sobre sí mismos en relación con su mundo circundante […] muchos aspectos de esta visión son aportados por los miembros de ciertos grupos o categorías sociales. Algunas de estas visiones son más relevantes que otras, y otras pueden variar en relevancia con el tiempo en función de una variedad de situaciones sociales. (p. 255).
Por extrapolación, la identidad social puede ser vista como aquella que abarca dos dimensiones interrelacionadas: el nivel del grupo y el del individuo. Sin embargo, para Tajfel, su interés no era explicar el conflicto intergrupal y la competencia a través de lo intraindividual y del proceso interpersonal, sino explorar entre los grupos los procesos psicológicos.
Desde la Teoría de la Representación, el sociólogo y escritor norteamericano Erving Goffman (1989) estudió las unidades mínimas de interacción entre las personas, centrando su atención en grupos reducidos, diferenciándose así de la mayoría de los estudios sociológicos que se habían hecho hasta el momento a gran escala. Estudió la influencia de los significados y los símbolos de la acción e
interacción humanas. Plantea el desarrollo del self que realiza actuaciones
estratégicas dependiendo de los escenarios y recursos disponibles. La identidad, para el autor, aparece como una construcción subjetiva de los actores sociales y les aporta una capacidad de actuación frente a las estructuras del mundo social.
Goffman equipara la interacción social con el desempeño dramatúrgico. Como una obra de teatro, los actores conspiran con su audiencia para que sean testigos de su desempeño. El trabajo de Goffman sugiere que la identidad es un desempeño y que las habilidades de los actores son relevantes para controlar o manejar las impresiones que dicho desempeño deja en los otros. Goffman (1989) se aleja de
las ideas de Mead sobre el self, en particular del análisis de las tensiones entre el
yo espontáneo y el mí. Existe una tensión entre lo que las personas esperan que
se haga y lo que se quiere hacer espontáneamente. Las personas actúan para sus
152
Es así como en diferentes situaciones (escenarios) los individuos presentan imágenes distintas. Goffman se centró en la dramaturgia como un modelo social, adoptando una perspectiva de la vida social como si esta fuera una serie de actuaciones dramáticas que se asemejan a las representadas en el escenario. No
creía que el self fuera una posesión del actor; lo consideraba como el producto de
la interacción dramática entre el actor y la audiencia. Este autor analizó las situaciones como si las interacciones sociales fueran representaciones, atomizando sus distintos componentes y su efecto en la interacción entre el actor y
la audiencia. El self aparece como aquella apariencia que el actor muestra (una
máscara) y que manipula para dar cumplimiento al desarrollo de la presentación.
La identidad en relación con los grupos también se puede ver desde el punto de vista de la identidad colectiva. Este tema fue desarrollado por Alberto Melucci, un sociólogo social europeo, el cual considera la identidad colectiva como una herramienta conceptual para comprender el desarrollo de lo micropolítico, la acción colectiva y los movimientos sociales. Como tal, es un proceso mediante el cual un conjunto de individuos interactúa para crear un sistema compartido de identidad y acción, que enmarca cognitiva y emocionalmente a través de relaciones activas con los demás (Melucci, 1989). El autor la define como:
Una definición interactiva y compartida producida por un número de individuos (o grupos a un nivel más complejo) y en relación con las orientaciones de la acción y el campo de las oportunidades y limitaciones en el que la acción se llevará a cabo. Por interactiva y compartida quiero decir que estos elementos se construyen y negocian a través de un proceso recurrente de la activación de las relaciones que unen a los actores. (Melucci, 1989, p. 70).
El programa de este sociólogo tiene tres características fundamentales: (1) la colectividad tiene continuidad en el tiempo y trata de adaptarse a su entorno social y político, (2) una colectividad se diferencia y se distingue de otras colectividades, y (3) la colectividad es capaz de reconocerse y ser reconocida por otros (Melucci, 1989, pp. 70-71). En este sentido, la identidad colectiva se construye y negocia a través de una activación repetida de las relaciones que unen a todos los individuos a determinados grupos. Polleta y Jasper (2001) afirman que la identidad colectiva
153
es la conexión cognitiva, moral y emocional de una persona con una comunidad en general, la categoría, la práctica o la institución. Desde un colectivo, la identidad es una percepción de un estado compartido o en relación.
A diferencia de la identidad social, que es esencialmente un concepto a nivel individual basado en supuestas características de un grupo o una categoría a la que uno está apegado, la identidad colectiva es un distintivo a nivel de grupo.
Melucci (1989) sostiene que los movimientos sociales construyen redes
sumergidas de la cultura política que se entrelazan con la vida cotidiana y ofrecen nuevas expresiones de la identidad que desafían las representaciones dominantes
de la situación de status quo social y político. Lo que hace interesante el concepto
de identidad social, es que puede pasar a convertirse en una identidad colectiva gracias al proceso por el cual los miembros del grupo comparten mutuamente otros aspectos cognitivos y emocionales de una identidad social, que a su vez pueden movilizarse a la acción a través del surgimiento de una identidad colectiva en particular. De este modo, se puede afirmar que las identidades sociales son a los individuos como las identidades colectivas son a los grupos.
Teniendo como referente lo discutido sobre las identidades grupales, y tal como se hizo en el apartado sobre identidad personal, falta por definir el concepto de identidades profesionales. Este concepto estaría dentro de una identidad colectiva, a la vez que retoma aspectos ya discutidos de lo individual.
Así, la identidad profesional son aquellas normas identitarias que distinguen a un colectivo no sólo dentro de un sistema de acción laboral específico, sino también biográfico, de acuerdo a la trayectoria que tengan dentro de su vida laboral. Las identidades profesionales son para los individuos formas socialmente reconocidas de identificarse mutuamente en el ámbito del trabajo y del empleo (Dubar, 2002a). En este sentido, Barba, Montoya y Vásquez (2010) prefieren hablar de comunidades profesionales, distinguiendo cuatro características: autonomía, ideología, acceso a centros de poder y consolidación de una cultura profesional
154
interna. Para estos autores, estos cuatro elementos se conjugan para consolidar una comunidad profesional, en donde la identidad permite consolidar su posición social y sentido, tanto de su actividad profesional como de su misma vida.
Así pues, el estudio de la identidad profesional se puede incorporar al estudio de la identidad personal, definido por Gecas y Burke (1995) como “los diversos significados unidos a sí mismo y a los demás” (p. 42). Para estos autores, la identidad personal permite la fijación en un lugar por parte de un individuo dentro de la sociedad gracias a las relaciones con los otros, implicados en el significado que los individuos adoptan de sí mismos. Es así como la pertenencia a una profesión influye en la autodefinición y en las formas como los demás piensan en una persona. Por lo tanto, la identidad profesional se puede definir como el conjunto de atributos, creencias y valores que las personas utilizan para definirse a sí mismas en tareas y habilidades especializadas, y la educación basada en profesiones o vocaciones (Ibarra, 1999; Slay y Smith, 2011).