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IV. Dimensiones de análisis

IV.1. a Identidad subjetiva de género

Scott ([1986] 2013; [2010] 2011) postula la identidad subjetiva como uno de los elementos del género; y en consonancia con su afán teórico, enuncia la necesidad de explorar cómo construyen su identidad de género las personas reales en contextos determinados, y en relación a qué expectativas sociales (del statu quo). Ahora bien, las personas “no satisfacen siempre o literalmente las prescripciones de la sociedad” (Scott, [1986] 2013:291), sino que ofrecen variaciones, subversiones, disidencias. Como hemos mencionado más arriba, la construcción identitaria nunca es acabada, se realiza a través de suturas entre discursos y prácticas discursivas que van fijando (siempre de manera temporal) posiciones de enunciación. De ahí que la filosofía contemporánea postule un “ser humano constituido y alterado por las estructuras históricas, sociales y linguísticas” (Taylor y Winquist, 2001:411-12). A través de la exploración de la variable “identidad subjetiva” procuramos acercarnos a esas posiciones de enunciación de las dirigentes respecto de qué es ser mujer y qué dirigente sindical (mujer). Así, nos hemos permitido escindir analíticamente esta variable, a fin de dar cuenta de la identidad intersectada de las dirigentes entrevistadas: de género (mujeres) y de clase (dirigentes sindicales). Por supuesto, estas aristas no se encuentran escindidas en la realidad, pero proponemos el ejercicio para intentar aislar elementos específicos de cada una.

Para ello, hemos relevado a lo largo de las entrevistas, las frases, figuras, sustantivos, adjetivos, ejemplos, frases hechas y otros elementos que las entrevistadas emplean para definirse de manera espontánea. Nos interesa rastrear la percepción que las dirigentes sindicales tienen de sí mismas en tanto que mujeres, por fuera de su actividad sindical. Así, las escuchamos decir: “Yo tengo un

carácter fuerte”; “Soy de armas tomar”; “Soy directa, no voy a rodeos, voy de frente nomás”; “Yo siempre he tenido una personalidad un poco provocadora”; “Me gusta discutir”; “Yo no me dejo intimidar, maltratar”; “Mi carácter a veces es muy fuerte, yo voy de frente al choque”; “Algunos dicen que soy muy drástica, muy chocante”, todas expresiones que dan cuenta de seguridad,

decisión, espíritu de lucha y/o confrontación. Una entrevistada lo sintetiza: “de cojuda no tengo un

pelo”. En casi todos los casos, las mujeres entrevistadas advierten en ellas algún rasgo que las ha

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ya poseían. Es decir, de acuerdo a su percepción, se trata de características que han podido influir en su decisión de ser dirigente sindical, pero si bien han sido desplegadas en el marco del ejercicio de la libertad sindical, eran previas.

Lejos del estereotipo de la mujer débil y dependiente, la identidad subjetiva de género que enhebran las entrevistadas las ubica en una posición, sino de subversión, al menos de cuestionamiento o confrontación con la subalternidad de las mujeres que las relaciones de género en la sociedad proponen.

Otra arista de la definición subjetiva de género está constituida por las referencias a las relaciones de pareja. No ha habido ninguna pregunta específica sobre el tema, más allá de la pregunta inicial sobre estado civil. Recordemos que de las 13 entrevistadas, 7 están casadas o en pareja, 1 es viuda y 5 divorciadas o separadas. Así, de manera espontánea, en algún momento de la entrevista surgen consideraciones sobre las relaciones de pareja. Por ejemplo, una de las entrevistadas cuenta:

“Ahorita estoy viviendo como mujer un momento un poco difícil, estoy tratando de superar mis problemas personales de pareja. Ojalá que lleguen a bueno porque emocionalmente a veces me debilita, me pongo sensible...” La entrevistada utiliza el fraseo “como mujer” como maniobra para

escindir eso que le ocurre y le afecta, de su labor profesional y sindical. Otra, nos cuenta “hace 6

años yo estoy sola” en referencia a la ausencia de una pareja. Y también: “ya en lo personal en algún momento, bueno tendré que ocuparme de mi persona, tendré que ocuparme un poquito más de la cuestión personal, de la soledad que a veces…, bueno no me da mucho tiempo…” Como si lo personal fuera algo que en algún momento se deja a un lado para calzarse el traje de dirigente. En

el lado opuesto a los testimonios anteriores pero en el marco del mismo discurso, una entrevistada declara: “Soy una mujer felizmente casada”. Como se infiere, en la identidad subjetiva de género las relaciones de pareja ocupan definitivamente un lugar de relevancia. Ello ancla en el imaginario social sostenido en la idea de la complementariedad del hombre y la mujer.

En otro orden de cosas, un rasgo identitario que señalan varias entrevistadas y que nos ha sorprendido por lo explícito es su religión. De hecho, no había en el cuestionario de entrevista ninguna pregunta dirigida a indagar acerca cuestiones relativas a la religión. “Yo soy muy católica,

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manifiesta una de las entrevistadas. Otra expresa: “esto es de Dios, me dije”. Y también: “Yo soy

muy creyente.” De hecho, algunos de los valores del catolicismo están presentes en los relatos de

las entrevistadas como sosteniendo la actividad sindical. “Dios es grande y es justo”, sentencia una dirigente entrevistada. En la identidad subjetiva de género, cuentan los valores de justicia, desinterés y trascendencia procedentes en muchos casos del imaginario religioso católico-cristiano; valores que impactan también en su identidad subjetiva de dirigente sindical. Sin embargo, como sabemos, la Iglesia Católica y las Iglesias Cristianas expresan también orientaciones (morales) acerca de las relaciones “buenas” entre hombres y mujeres y acerca de cómo es (odebe ser) una “buena mujer”. Como veremos más adelante, ello tracciona algunas otras ideas y orienta decisiones de las dirigentes entrevistadas.

A grandes rasgos, las posiciones de enunciación acerca de la identidad de género que las entrevistadas perfilan son las de mujeres dispuestas a defender lo que creen justo, que con recursos (de carácter) para ello; apoyadas en valores que emanan de discursos religiosos, y convencidas de que estar en pareja (heterosexual) es un valor; y por tanto, no estarlo es un deficit.