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espectáculos

1.4.3 Identificar quién es el cliente

La mayor parte de la exhibición en el territorio español se hace con fondos públicos. Es complicado definir quién es el cliente y suele ser objeto de debate en las distribuidoras si es la compañía, quien programa o el público como des- tinatario final.

La compañía

El trabajo de la distribuidora tiene que servir para promocionar la marca de una compañía y que ésta pueda tener largo recorrido con sus trabajos. Hay que trabajar desde el origen del proyecto con los creadores, y creer en la excelencia del resultado artístico. Esa complicidad, el compromiso con el artista, debería dar como resultado un fortalecimiento de ambos, compañía y distribuidora que crecen a la par generando proyectos en una línea ascen- dente.

Es muy importante que cuando llegue la hora de enseñar el espectáculo, de estrenarlo, tenga una buena “factura”. Si no es así, no habrá resultados. En las artes escénicas estamos siempre sujetos a examen y “equivocarse” conlleva volver a empezar, bajar en la escala de valor.

Una buena oficina de distribución orienta en los trabajos, en los repartos, en los equipos artísticos, en la contratación, en la visibilidad, genera sinergias entre creadores, acompaña a los artistas y analiza los resultados.

Cuando se selecciona el catálogo de compañías que representas, eliges tu “producto”. La eliges porque compartes algo con ella, y cuanto más se identi- fica el distribuidor con la compañía, más agradable será la tarea. Lo mejor es sintonizar y empatizar. Ya puedes tener el mejor espectáculo del mundo que si no estás cómodo con las gentes que lo hacen, tu trabajo se resentirá.

El respeto y la confianza mutua es el fundamento de la relación. Hay com- pañías veteranas que conocen muy bien el sector y apenas tienes que explicar- les los códigos de conducta del teatro, siendo la responsabilidad el primero de ellos. Sin embargo, el desconocimiento por su parte de los tiempos y los pla- zos de distribución, de la urgencia en la respuesta, de cómo presentar y enviar la información, de los presupuestos... genera desencuentro.

Si eres una compañía emergente y vas a tratar con un distribuidor, es reco- mendable investigar antes en su página web o preguntar a tus relaciones cer- canas. No llegues con una propuesta “facilísima de vender” porque si es tan fácil, ¿por qué no te ocupas tu mismo de hacerlo?

El otro pilar importante de la relación es la lealtad. Si se quiebra no hay forma de recomponerla. Identificad bien a los compañeros de viaje.

El programador

A los programadores de los espacios públicos se les come la burocracia, ade- más de que mantienen una dependencia de los políticos o del interventor de los ayuntamientos. Con presupuestos ajustados tienen que dotar a sus teatros de la mejor y más plural programación posible. Son puestos de trabajo con una retribución pública, pero sujetos a los cambios políticos.

Hay que analizar los festivales y programaciones habituales para saber qué puedes ofrecer. Te encontrarás a veces con programaciones poco cuidadas o excesivamente comerciales, o que proceden de las productoras habituales, y se parecen mucho a las de otros teatros. Si profundizas y te relacionas con el

gestor, sabrás a qué se debe. También encontrarás programaciones pulcras y arriesgadas, que intentan dar respuesta a muchos sectores de la población, y que son un modelo de gestión.

Hay responsables de programación que acuden a un gran número de ferias, que atienden al teléfono, que responden a las invitaciones para ver trabajos en proceso y estrenos y que lideran las tendencias del sector, desarrollan pro- gramas para generar público, acompañan a los artistas en sus creaciones y a los distribuidores con formación y aprendizaje.

En los teatros privados, cada vez menos en número, la programación está relacionada con la rentabilidad económica. Sostener un espacio requiere un continuo ingreso de capital. La selección de espectáculos responde a esa nece- sidad, independientemente de subvenciones, multiprogramación, o de cual- quier actividad que se pueda desarrollar para financiar el espacio (clases, esponsorización...). El conocimiento del sector y de las personas es la base de la distribución.

El público

Es el eslabón fundamental.

Es responsabilidad de todas las partes, —artistas, distribuidoras, responsa- bles de programación...— hacer que el público que asiste a una representación en vivo lo sienta como una experiencia única, irrepetible y satisfactoria.

La comunicación de nuestros espectáculos es la herramienta: el espec- táculo que llevamos a un teatro tiene que tener calidad. El espectador tiene que saber qué va a ver y si se equivoca, que no le genere enfado, que no se sienta manipulado. De esta forma se abrirá a nuevas experiencias viendo una función que ha elegido libremente y con conocimiento. No podemos permi- tirnos una publicidad engañosa, o una comunicación confusa y que alguien se sienta defraudado y no vuelva a repetir.

En muchos teatros funcionan los abonos teatrales porque ofrecen una buena y variada programación, que atrae al espectador y le anima a investigar disciplinas por las que inicialmente no se sentía interesado. Desde la distribu- ción también esa es nuestra responsabilidad

Conocer los municipios y estar al corriente de lo que acontece en la socie- dad nos dará herramientas de venta. Dependiendo de la población, el índice de paro, o si hay escuelas municipales de alguna disciplina artística, adap- tarás tus propuestas escénicas. Conocer el teatro donde se va a trabajar con sus carencias y cualidades, y sus hábitos de público es importante. Cuanto más conozcamos el producto, el cliente, el entorno y a los agentes que par- ticipan, más habilidad tendremos para construir un relato y posicionar un espectáculo.