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Ignorar el límite y sentir el límite La muerte como temor fundamental

Capítulo III : Memoria, terror y muerte Representación contra no-presentación de la

II. Ignorar el límite y sentir el límite La muerte como temor fundamental

No pudiendo curar la muerte, la miseria, la ignorancia, a los hombres se les ha ocurrido, para vivir dichosos, no pensar en ellas. (B. Pascal; Pensamientos, 187)

Epicuro analiza la muerte desde una perspectiva primeramente física, luego afectiva y finalmente temporal, o mejor dicho, esas son las consecuencias de su pensamiento al respecto de ésta. El temor que la muerte impone es el más terrorífico, la completa imposibilidad de ser captada la oculta y nos deja bajo la amarga incertidumbre de una ignorancia imposible de salvar. Epicuro creía y fundamentaba que no era un asunto tan espinoso de explicar, pero sí imposible de superar o transgredir. La muerte en el epicureísmo es vista bajo la mirada aguda del canon fisicalista, donde los criterios de las afecciones nos invitan a inferir que la muerte en realidad no es nada en relación o para nosotros (μηθὲν πρὸς ἡμᾶς) La sentencia se puede encontrar en varias partes pero aquí expongo la de Carta a Meneceo:

Συνέθιζε δὲἐν τῷ νομίζεινμηθὲν πρὸςἡμᾶς εἶναιτὸνθάνατον·ἐπεὶπᾶν ἀγαθὸν καὶκακὸν ἐν αἰσθήσει· στέρησις δέ ἐστιν αἰσθήσεως ὁ θάνατος. [Acostúmbrate a considerar que la muerte no es nada en relación a nosotros. Porque todo bien y todo mal están en la sensación; pero la muerte es privación de sensación.] (CM 124. 6).

La muerte es el movimiento de la composición a la descomposición del cuerpo, es la desintegración del organismo y de las sustancias que lo conformaban. La desgarradora destrucción que lleva a aquel conjunto que fue dotado de sensibilidad, a aquellas piezas que por medio de su conjunción lo habían generado63. Aun sabiendo esto, Epicuro nos exhorta a acostumbrarnos o habituarnos a pensar que la muerte no es nada. La sensibilidad que se da de la participación alma y cuerpo desaparece con la muerte, la que lleva esta sensibilidad a ser una nada, un vacío. La muerte no nos puede tocar, pues en su llegada nuestro organismo sintiente la elude. Claramente dejamos de ser, morimos, pero la muerte no nos puede hacer nada, pues morir es el fin de toda sensación.

El canon nos enseña que el criterio de elección y rechazo son las afecciones de placer y dolor. Desde que nacemos nos inclinamos a todo aquello familiar a nuestra constitución y justamente aquello nos da el placer que sentimos. El dolor, en cambio, nos hace resistir y alejarnos. Si la muerte es el fin de toda senso-percepción, de nuestras facultades y nuestro organismo como tal, no hay nada ahí para nosotros, pues nuestro yo es destruido.64

63 Para ver cómo el alma recibe sensación me remito al capítulo segundo de esta tesis. Véase además: CH 63- 66.

64 Aristóteles estaba de acuerdo en que la muerte no es nada para el muerto, puesto que es el límite o fin de la vida. Pero si parece haber cosas a las cuales temerle al estar ante ella, es decir, el cómo de aquel acontecimiento. Véase EN III 1115a 25-30.

La elección y rechazo cesan y esa dicotomía tan esencial que nos llevaba a elegir desaparece y con ella también el ser que la actualizaba. Lo que no se siente no es nada para nosotros (MC II; SV 2), la muerte no deja espacio para un dolor o un placer como criterios de acción. Desde el punto de vista físico la muerte en el epicureísmo es fácilmente explicada como el fin de un organismo sintiente, pensante y capaz de facultades anímicas65. Pero a la muerte aún se le teme como el peor de los males ¿Por qué?

La muerte es el no-fenómeno por excelencia, lo que nunca aparece en persona, no obstante, como demuestran tanto mitologías como filosofías, el saberse y sentirse mortal constituye el fundamento de la experiencia que el ser humano tiene de sí mismo (Dastur; 2008: 3). Epicuro y todo ser humano comprende que va a morir y quizás sea el único ser que pueda saber que morirá. Este saber va acompañado de una disposición, que se reafirma por una creencia. La creencia que se tenga sobre la muerte puede generar el temor, la indiferencia o la aceptación de la muerte, es decir, que la creencia es la que genera una disposición acorde a lo que creemos que es la muerte y a lo que nos puede causar. La muerte como límite de la vida se nos hace presente mediante la imaginación (φαντασία) o representación. Creemos en ella de una u otra manera y según cuál sea la creencia tenemos una disposición ante ella, es decir, una relación con esta idea de la muerte. Representársela como algo malo, algo que nos hará sufrir inimaginablemente tiene entera correlación con la sentencia que Epicuro nos llama a considerar (CM 124. 6)66, pero también podemos temer a la muerte por el castigo de algún ser que nos juzga, por la puesta a fin de nuestros deseos o por el dolor que se sentirá en el momento de presentarse, todo aquello entra en los parámetros posibles del temor horrendo a morir.

Hay que enfatizar un punto que considero importante para comprender el porqué del surgimiento de las creencias que tenemos de este acontecimiento. El filósofo chileno Holzapfel ha enfatizado que la muerte como límite, y es más, como el límite absoluto, se arraiga en el ser humano bajo lo que él ha llamado la sensación de limitación; se traduce en un ahogo o estrechez bajo determinada delimitación. Y es causante de una actitud que intenta trasgredir al límite. Cuando logramos aparentemente transgredirlo bajo supuestos o creencias nos sentimos bajo la sensación de infinito, que evoca a un salto a la ilimitación. Primeramente nos vemos superados por un sentimiento que nos ahoga y nos constriñe generando un impulso de transgresión67, de translimitación que tiene como efecto el inaugurar mediante la creencia un nuevo orden (2012:8), uno que va más allá del propio y al que se puede esperar llegar después del vivido. Esta actitud se traduce y es propia de la religión. Si pensamos como lo es el ejemplo de la judeo-cristiana, que instaura un nuevo orden más allá del límite de nuestro mundo, tiempo, etc…

La muerte es el límite y para Epicuro el límite de toda sensación y vida. Pero no nos puede tocar, es un umbral a la nada absoluta del ser. Un acontecimiento que no se trasforma

65 Sentir, pensar, recordar, etc…

66 pues considerarla nada en relaciona a nosotros, hace gozosa nuestra condición mortal.

67 Holzapfel ve cuatro tipos de actitud trasgresora al límite, delimitación, demarcación, extralimitación y translimitación (2012: 9).

en algo aparecido a nosotros, pues como tal no se nos puede asomar, pues todo lo que se nos aparece lo hace por medio de la sensación. En definitiva no podemos experimentar el más allá del límite, el no-ser ya. Pero aún siendo la muerte lo no posible en prespecialidad, al estar vivos le tememos, esto quiere decir que nos la re-presentamos, nos encarnamos el límite y a este límite le tememos como el más terrible de todos. Epicuro nos exhorta por lo tanto a ejercitarnos en la actividad consciente de cambiar nuestra disposición ante la muerte, es en la repetición, el hábito y la terapia en donde seguramente se nos hará manifiesto el convencimiento de que la muerte no nos puede afectar y no debiera afectarnos en lo más mínimo. A muchas de las cuestiones que tenemos por verdad, y no lo son, les tememos, por representárnoslas de manera inadecuada, sólo mediante un cambio en la manera de representar aquel objeto del temer es donde se puede dar la posibilidad de un cambio de disposición ante aquellas cosas.

La vida es lo único que se puede dar en su radicalidad presente, mientras que la muerte solo es posible de representar; cuando esto ocurre se interpone entre la dicha y la desdicha. Pero se debe tener en cuenta que según la exhortación epicúrea la muerte no se puede presentar, solo representarse y en aquello es donde estriba el error (Molina, 1998: 114), es vacío sufrir por aquello que no nos toca en absoluto. La muerte al estar presente en nosotros no nos perturba, pues ya-no-somos. Entonces al anticiparla (representarla, traerla al presente) produce un dolor vano (CM 125. 5).

Todos moriremos y Epicuro sabe que es ineludible este acontecimiento68, pero se le debe enfrentar, con la actitud digna de un valiente, que es la aceptación absoluta del tiempo vital correspondiente.

El sabio, en cambio, no rechaza vivir ni teme no vivir, pues la vida no es para él obstáculo ni considera un mal el no vivir (CM 126)

Una creencia correcta sobre la muerte y de que aquella no es nada para nosotros, hace gozosa nuestra condición mortal. La muerte como el peor de los males, al desaparecer genera un campo de vida nuevo. Una disposición a la vida renovada. Y no porque se crea ahora que uno es inmortal, sino porque en la misma aceptación de la mortalidad se puede gozar el tiempo vital adecuado y justo. Se suprime el deseo de inmortalidad, eliminando el miedo al límite, el que cambia nuestra mentalidad frente a la muerte (MC 124.10). La muerte se espera, es un miedo proyectado al futuro y es un miedo sobre una base empírica tan segura que no cabe dentro del campo de la incertidumbre, pues todos vemos a otros morir de alguna u otra forma. Es más, uno sabe que morirá, le teme a esto y además teme por la incertidumbre de cuando morirá. Lo que intentará Epicuro es contrarrestar esta creencia, volcarla a una distinta, donde no hay miedo a la muerte, puesto que se tiene una creencia correcta sobre ésta.

68 SV 31; Us. 339: “Frente a los demás es posible procurarse seguridad, pero en lo tocante a la muerte todos habitamos una ciudad sin muros”

El temor a la muerte en definitiva es vano o vacuo, ya que se erige sobre una creencia falsa de algo que en realidad no nos afecta en presencia. Ésta creencia solo produce dolor en cuanto la muerte está por venir, no en cuento presencia. Y como se dijo: si lo que está presente no perturba, al anticiparlo produce un dolor vano. El sabio no rechaza el vivir ni teme al no vivir, puesto que no le son impedimentos. El vivir según Epicuro es algo fácil de sustentar y grato. El no vivir no nos afecta en presencia, por lo que no es un miedo mal fundado69.

La muerte es el miedo al límite y como bien recalca Molina70, su remedio tiene que

ver por tanto con la afirmación de ese límite, de la finitud de la vida, de la vida en el tiempo propio de vida. Según las afirmaciones recolectadas de Epicuro podemos entender que este miedo o sentimiento de límite se da por varias razones, las principales son

- Temor al fin de la vida

- No-aceptación del tiempo propio. - Ansias de infinitud

Epicuro entiende que se reconoce el propio límite cuando se ha entendido la naturaleza propia de éste, la que sólo se obtiene mediante la observación de aquello que nos hace bien y mal (MC XXI). La mala comprensión de nosotros mismos y de nuestro límite con la muerte nos lleva a la angustia de desear un tiempo ilimitado. Epicuro podría estar pensando en que esta angustia se genera de una mala concepción del cuerpo como receptor de necesidad o creador de estas, éste dice:

El cuerpo capta o recibe límites ilimitados para su gozo (τὰπέρατα τῆςἡδονῆςἄπειρα), y para proporcionárselos necesita de un tiempo ilimitado (ἄπειρος αὐτὴνχρόνος παρεσκεύασεν). Pero la mente al captar cuál es el fin y el límite del cuerpo (i.e. la muerte) nos destierra de los horrores del fututo, procurando una vida perfecta y completa (limitada)71 (MC XX.).

La carne es por tanto un receptor abierto, de tal manera que podrían en él entrar una infinidad de afecciones. Sus límites se extienden cada vez más, convirtiéndolo en ilimitado. Pero para poder llenar esa capacidad es necesario de un tiempo ilimitado de vida, la cual no es posible gracias a la muerte. Entender este fin de la carne nos hace conscientes del límite de la vida, sin ansias de un horizonte de vida infinito. Al entender aquello, del vivir en

69 Warren, 2004: 8: “La condena epicúrea al miedo de la muerte se basa en una falsa valoración de juicios, que se pueden exponer y erradicar por medio de un número de argumentos racionales. Es posible dejar de temerle a la muerte gracias al resultado de pensar clara y correctamente. Para Epicuro el miedo a la muerte es por tanto irracional sólo en el sentido de que la palabra es sinónimo de “equivocado” o “incorrecto”. El miedo a la muerte es un miedo racional en el sentido de que se basa, aunque mal dirigido, en una opinión o razonamiento” (traducción del inglés mía).

70 “El temor a la muerte, entonces, es el temor al límite o al presente de la vida, sería el vértigo del que, en su apertura sentiente, percibe el abismo sobre el que se equilibra. Y ese abismo es tanto el exceso como la restricción sin medida, tanto a la espera ilimitada como la nostalgia o el arrepentimiento infinitos. Por eso se necesita de un temple firme y sereno para reconquistar o mantener la dicha que brota naturalmente de la vida” (E. Molina; 1998: 10).

proyección ilimitada a cubrir deseos ilimitados desterramos el temor al futuro, a lo que acontecerá para poder satisfacer infinidad de necesidades. La conciencia del límite nos procura felicidad, pues obtenemos una vida perfecta, circular y limitada.

Siempre podemos vivir en consonancia con el mañana, deseamos lo que aún no está presente y nos perdemos en las representaciones de aquello que deseamos alcanzar; para Epicuro este estilo de vida es de quien no comprende el límite de ésta, y aquello se debe a que teme profundamente a la muerte, la cual genera en sí el sentimiento de trasgresión al límite de la vida, esta trasgresión se traduce en un vivir proyectado o como Molina lo expresa; un vivir a la espera, la del cumplimiento absoluto e ilimitado. Se reniega la muerte tratando de llenar la carne de gozos ilimitados, en la mecánica de sortear el tiempo placentero por una actitud ansiosa o angustiosa respecto a lo que se debe tener para el gozo; o nos sustraemos de nuestra condición mortal por breves lapsus de tiempo y creemos que somos inmortales, hasta que el acontecimiento abrupto de la muerte de alguien nos despierta de aquel sueño de poder ilimitado72. La angustia nace en querer tenerlo todo para un tiempo que no acepta ese todo, este es el modo en el cual nos disponemos antes la inminencia de la muerte, la que vuelve como boomerang a nuestra conciencia a auto- justificarse como vencedora de nuestras ansias de gozo infinito. Las miles de actitudes erróneas que tomamos en la vida son causadas por el miedo a la muerte, tales como la envidia, la ansias de poder, la codicias, las guerras, etc… Terror al perder, perder la vida, perder esto que la carne reclama, esto es lo que nos hace anticiparnos, a representarnos a la muerte como un presente, y nos hace actuar “como si ya estuviéramos vacilando ante las puertas mismas de la muerte” (RN III63-66), queriendo lo ilimitado en un tiempo límite.

Por esto mismo Epicuro nos invita a cambiar nuestro modo de ver la muerte, puesto que en el vivir proyectado, con miedo y angustia no se realiza la buena vida

El gozo que hay en la carne no crece indefinidamente una vez que es suprimido el dolor que nace de la falta de algo, sino que adquiere matices particulares. El gozo de la mente lo origina el análisis de todas las cuestiones que son afines a estas (al pensamiento), que son las que procuran a la mente los mayores temores (MC 18).

No hay miedo al límite, este se acepta con los brazos abiertos mientras se asume la entera presencia del ahora. El tiempo de vida siempre es justo. El ejemplo de Epicuro es mordaz, pues no se debe escoger los alimentos más abundantes sino el más placentero (CM

128). El tiempo más placentero se asoma a reclamar que lo ilimitado no tiene sentido al no poseer lo más placentero, y que irónicamente es lo más fácil. Vivirse en la espera de algo ilimitado, tratando de esconder la muerte de algún modo, es vivir o tratar de vivir abundantemente. Vivir bien y morir bien es lo mismo. Por aquello hay que tratar de concentrase en vivir bien y no en tratar de esquivar el morir, aquello es lo mismo que

72 Se puede vivir con el miedo a la muerte o se le puede evadir tratando de serle indiferente, en una mecánica de no aceptación. El olvido de la mortalidad se ve interrumpido por el recordatorio abrupto de la muerte cercana a nuestra experiencia vital (el de un amigo, pariente o conocido). En los dos casos no se la acepta, es decir, se tiende a ignorar que uno es inmoral y cuando esto se ve frustrado se realza la angustia de saberse mortal.

esquivar la vida aquí donde vida buena y buen fin es lo mismo, se trata de no vivir creyendo que hay carencia, o diciéndolo de otro modo, que la vida es ilimitada, al igual que los deseos que terminan con la muerte. La terapia epicúrea entonces apunta a aceptar la muerte, tal como lo haría un valiente, sin ser cobarde o temerario al respecto73, sino

declarando que la vida puede acabar en cualquier minuto, pero aquello no debe ser impedimento para el goce del ahora, tiempo único de la vida, el presente. Sólo teniendo esto en cuenta podemos empezar a hablar de los otros tiempos vitales, que en definitiva no son, pero que pueden desarrollarse, mediante un entendimiento correcto de la muerte al participar de una vida de presencialidad en gozo. Entendiendo esto se puede entrever el horizonte de la sentencia con la cual se comienza la Carta a Meneceo:

Que nadie, por joven, tarde en filosofar, ni, por viejo, de filosofar se canse. Pues para nadie es demasiado pronto ni demasiado tarde en lo que atañe a la salud del alma (CM 122).

El tiempo de ser feliz es el ahora, no hay que esperar una edad adecuada, se puede tanto joven como viejo, pero sobre todo, se puede en vida. El tiempo de filosofar se traduce en el estar vivo, en el que necesita hacer su existencia feliz, ya que le perturban los hechos del mundo, de los cuales desconoce sus causas y explicaciones. La filosofía epicúrea le tiende la mano y le enseña, ejercita e invita a dejar atrás los dolores del alma y del cuerpo. Todo esto habituando al discípulo a vivirse en el tiempo correcto y el miedo a la muerte aquí es una de las peores causas, de ella se desprende el deseo de querer ilimitado y de pensar que los dolores también lo son. También se entrevé una suerte de miedo a que al morir los seres supremos (los dioses) nos castigue, de esta manera se ve una unión con el temor a los dioses. Entonces la muerte y su miedo convergen en todos los miedos y acciones erróneas que tenemos, por esto el epicureísmo tiende a tratarla como el peor de los males.

Por último se debe tener en cuenta que el miedo a la muerte difiere del miedo al dolor. El miedo al dolor es justificable, puesto que se evita por ser ajeno al cuerpo, además como bien señala Warren (2004: 10) el miedo al dolor o su aberración justifica y explica cómo un