Geográfico
Subcategoría 5.1 Imágenes y modelos culturales en la representación de violencia
A la luz de esta subcategoría se presentan las imágenes evocadas a partir del uso de figuras de pensamiento en los discursos a con el fin de identificar las asociaciones representativas de los referentes implicados, partiendo del hecho de que las imágenes reflejan matices propios de las percepciones, las representaciones y los imaginarios sociales que interpretan, procesan y proyectan
110 deseos y creencias. La imagen que para este caso es inmaterial en la medida en que refiere al campo ideacional, es una forma de cohesión social que sirve para vincularse y organizarse de forma particular en la realidad en donde se adquiere un lugar y un nombre en lo social. Por medio de la interacción y activación de las imágenes figuradas en el pensamiento y materializadas en el lenguaje, se construyen o destruyen imaginarios y sensibilidades comunes.
A partir de esto, se recogieron las imágenes que fueron evocadas durante la producción de los textos y fijadas en los discursos con relación al proceso de violencia y CAC, con relación a los modelos culturales, entendidos de acuerdo a Pardo Abril (2013) como estructuras sociocognitivas compartidas que pueden materializar formas de conceptualizar objetos sociales en función de las convenciones establecidas y del modo específico en que los individuos interactúan con el entorno. A continuación en la figura 23, se relaciona las imágenes encontradas en los discursos en relación con los posibles modelos culturales de representación. En total se extrajeron del corpus cuarenta y tres imágenes fijadas en los discursos de los estudiantes, donde los referentes asociados que aparecen con más recurrencia son: El país, La sociedad. La guerra, La violencia, El Gobierno, La Paz, Sangre, Tristeza, Amargura, Odio y Heridas.
En la tabla se puede observar que la evocación de imágenes se llevó cabo a través del establecimiento de unas figuras de pensamiento, entendidas como los recursos lingüísticos utilizados para modalizar y darle expresividad, pero principalmente para afectar el significado de las palabras con la intencionalidad de realzarlos y dotarlos de sentido dentro del discurso; en este aspecto se evidenció el uso recurrente de figuras de conceptualización donde se dio predilección en las imágenes al uso de metáforas ontológicas, las cuales son metáforas de sustancia y entidad por medio de las cuales se crean formas conceptuales que consideran acontecimientos, actividades, ideas y emociones como entidades y sustancias concretas, buscando entender las experiencias sociales y abstractas, en términos de formas materializables y comprobables; es decir que por medio de su uso se permite dar sentido a fenómenos sociales del mundo en términos humanos. Tal es el caso con la imagen que más se repite “el desangramiento del país”, en la cual se recurre a fijar una metáfora ontológica donde se le da vida a una instancia inanimado atribuyéndole características humanas (Sangre), no solo para conceptualizar sino para resemantizarlo (dotarlo de un nuevo sentido), en este caso para representar el país en un estado de agonía que lo debate entre la vida y la muerte.
111 A partir de la identificación de las figuras de pensamiento y las referencias asociadas se pudo reconstruir cinco modelos culturales implicados que direccionan los campos de representación para el concepto de violencia en los discursos que conformaron el corpus:
1. La violencia como enfermedad degenerativa 2. La violencia como esclavitud
3. La violencia como industria
4. La violencia como conflicto familiar 5. La violencia como espectáculo 6. La paz como irrealidad anhelada
Bajo el espectro del primer modelo cultural, se puede afirmar que los fenómenos sociales y los dispositivos que los encarnan fueron representados en los textos como organismos vivos con poder de acción y sentimiento; tal es el caso de la representación que se elaboró del país y la sociedad como entidades animadas. Ahora bien, constatando las imágenes evocadas se presentó que esa característica atribuida de vitalidad tiene unos matices que particularizaron la representación en tanto que estas entidades no sólo se representan por el hecho de estar vivas, sino se les adjudicó la especificidad de estar heridas, sufriendo dolor, tristeza y amargura a causa de la enfermedad que la aflige, la violencia (ej. img.21, 24), partiendo de esta afirmación implica entender que los organismos como entidades vivas pueden ser afectados por agentes biológicos que desencadenan en posibles enfermedades, para este caso esos agentes biológicos en los que se incubó la violencia están presentes en la “atmosfera de desacuerdo” (Img.4).
Desde esta misma perspectiva, se representó a la Guerrilla y a la Guerra como una enfermedad, pero en este caso no cualquier tipo de enfermedad, sino una de carácter degenerativo, la cual de acuerdo a su definición médica es una “afección generalmente crónica mediante un proceso continuo basado en cambios degenerativos en las células, en la cual la función o la estructura de los tejidos u órganos afectados empeoran con el transcurso del tiempo. Se puede manifestar por procesos normales de desgaste del cuerpo, elecciones relacionadas con el estilo de vida tales como ejercicio o hábitos alimenticios” , esta asociación se evidencia en expresiones tales como “La guerrilla es un cáncer en nuestro día a día” y “la guerra interna en nuestro país se ha convertido en la enfermedad más antigua y duradera que carcome cada rincón” (Img.21, 22), estas expresiones aluden a un proceso , lento, letal y gradual de destrucción que no distingue a quien afecta y que al
112 ser instaurado históricamente (img.25) y originado en este caso por el ejercicio de la guerra y el alimento del odio (Img. 30 y 41), se ha convertido en un proceso corrosivo y deteriorativo en estado crónico que en este caso se lleva la vida del país y empeora con el tiempo. Adicionalmente, en esta representación se encontró que al igual que esta enfermedad se asocia no sólo a consecuencias físicas sino también psicológicas en tanto que perturba o daña a una persona en lo moral o en lo espiritual, afectando el sistema nervioso; en el mismo sentido pasa con la violencia la cual produce en su afectado un deterioro anímico y su psiquis , de esta forma se representa un pueblo con el dolor anclado al corazón (órgano culturalmente asociado al sentimiento) que por su enfermedad se acostumbró a sentir a través del dolor, la amargura, el resentimiento y la venganza (Img.1,3, 7.) e inclusive ha llegado a perder la memoria Img.20).
En el segundo modelo cultural se marcó en los discursos la asociación de la violencia como proceso de dominio y sometimiento, donde se caracteriza como una entidad que en compañía de sus aliados, el dolor, la amargura, la pobreza, el odio y la venganza fustiga, azota y castiga al pueblo hasta el punto tal de enfermarlo, herirlo y matarlo; en este punto se evidencia una asociación entre violencia y esclavitud (Img. 5, 11, 17) donde se alude a las imágenes de “cadenas” y “espirales” de venganza con la facultad de encerrar, dominar y oprimir al pueblo en hechos cíclicos que se repiten, atrapándolo en un estado de deterioro que no le permite sanar y cicatrizar sus heridas. En este sentido se puede afirmar que los referentes asociados en las imágenes representan a la guerra como el amo, los grupos armados como los fustigadores y al país/ sociedad como un sujeto esclavo (Img.27, 28, 33, 37), vivo pero herido y flagelado, adjudicándole e este un estado entre la vida y la muerte, un estado onírico que se debate entre la irrealidad de lo real, producto de un estado agónico que le ha desangrado casi hasta la última gota de sangre.
En el tercer modelo cultural se representa la violencia y la guerra como una industria (Img. 26), partiendo de este término se le compara a la actividad que tiene como finalidad transformar materiales en productos elaborados o semielaborados utilizando una fuente de energía.. Este proceso requiere de materiales para su desarrollo, donde se necesita maquinaria como compuesto de piezas calculadas, ajustadas y alineadas entre sí que se usan para facilitar o realizar un trabajo determinado de acuerdo a una finalidad (Img.31). Ahora bien, se puede evidenciar en esta representación que se matiza la particularidad de la industria a través de rasgos que permiten
113 especificar que se trata de una industria agrícola encargada de sembrar muertos y víctimas a su paso, donde maquinaria es la guerra, sus insumos las armas y balas, el abono la sangre y el sudor del pueblo y su producto los muertos que se cosechan (Img.15 y 36).
Con respecto al modelo cultural de la violencia como un conflicto familiar, se evidenció que el Gobierno y los miembros de la sociedad fueron representados en torno a la evocación de la imagen de familia, figura que denota un conjunto de personas que comparten la misma sangre, conviven y forman un proyecto en común. Aquí se halló que el Gobierno fue ubicado mayoritariamente bajo la figura del Padre, padre de familia, padre de la Patria, a quien se le proporcionaron tres matices principales: es figura de autoridad, es el encargado de la convivencia y es el encargado de la formación de sus hijos (Img.9), cabe resaltar en este punto que en el corpus a través de la caracterización dada en los discursos, se le atribuyo un carácter negativo a su papel como padre, en la medida en que no se ocupa de sus hijos, traiciona su familia y abandona sus responsabilidades, adjudicándole la cualidad de ser un padre egoísta (Img.32) . Deónticamente, es decir desde su deber ser como padre de familia, no puede dar muestras de debilidad o de ser manipulable, por lo tanto debe manejar su principio de autoridad, control y formación es a través del castigo, lo cual se evidencia en la siguiente expresión “Reducir las penas es igual a cuando una madre castiga a su hijo, y luego doblegada ante la ternura del infante o su terrible conducta, retira el castigo sin que el infante lo haya cumplido, entregándole así el control”; en este sentido se evidencia una asociación directa entre educación y castigo en la representación elaborada. Por su parte la sociedad es representada como los miembros de la familia, un familia en conflicto, amargura y tristeza donde los hijos atentan los unos contra los otros.
Con referencia al marco del modelo de violencia como espectáculo se puede ver la representación de la violencia como un juego sanguinario, donde generaciones de colombianos se han matado entre sí y el proceso de paz como un show de circo donde la guerrilla manipula al gobierno el cual es representado como una marioneta; ambas representaciones comparten el rasgo de que su finalidad es el entretenimiento y la diversión con la particularidad implícita de que en el juego se entretejen unas normas y códigos en función de ganar o perder, mientras que en el show de circo maneja un tono burlesco donde prima cierto tipo de incoherencia, irreverencia y situaciones extáticas.
114 Finalmente, se evidenció la representación de la imagen de la paz como una irrealidad anhelada,
esta se dio a través de tres connotaciones: las dos primeras como entidades abstractas, la paz como milagro y la paz como sueño, en la tercera la paz es asociada al hecho de poder viajar por las carreteras. La paz como milagro y sueño comparten una característica común y es su carácter de irrealización es decir que nunca podrá gestarse en el campo de la materialización, ya que en la paz como milagro, se comprende a esta misma como acción de los dioses y no como producto creativo de los hombrees. Por su parte, en la segunda se asimila la paz al anhelo, la ilusión y la dimensión de ficción que alberga el sueño; si bien estos tienden a movilizar las personas, son los individuos mismos las encargados de materializar las formas que quiere construir en la realidad, mientras tanto en su esencia pura los sueños sólo restan en la utopía.
Por último, la paz bajo la imagen de viajar por las carreteras hace referencia al interdiscurso que alude a la campaña de propaganda política “Vive Colombia, Viaja por ella” originada durante el Gobierno de Uribe , por medio de la cual se promovía su política de “seguridad democrática”, la cual buscaba devolver la seguridad en las carreteras para reactivar el turismo, esta seguridad era garantizada combatiendo militarmente a los grupos de las FARC; bajo esta figura se asocia a la paz como seguridad y libertad al momento de movilizarse y conllevó una gran influencia en los imaginarios de guerra y de paz que se dieron a partir de ese momento.
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