turismo vivencial
IMAGEN N° 05 El Huacrayo
Fuente: Registro Gráfico de Manuel Silva Rabanal. Celendín. 04 de enero, 2016
1.1.1.7. Cuento “El Muerto Resucitado”:
Cuando éramos niños, algunas de nuestras tías nos contaban hechos espeluznantes para evitar que salgamos del cuarto donde estaba reunida toda la familia. Uno de esos es el siguiente.
Don Juan Sánchez se enfermó gravemente y murió. Los familiares que eran de bajos recursos lo enterraron al día siguiente. Pero el guardián del cementerio escuchó ciertos ruidos extraños en la tumba y corriendo como gamo fue a dar cuenta a los familiares. Todos fueron a ver lo que pasaba y decidieron abrir la tumba y casi todos
caen de espaldas: ahí estaba don Juan vivo y coleando. Todos corrieron de miedo y don Juan por tras de ellos hasta llegar a la casa. Pasado el susto empezó la interrogación. “El muerto resucitado", como empezaron a llamar a don Juan, contó con lujo de detalles cómo pudo regresar de donde nadie, a excepción de Cristo, lo pudo hacer. Decía que San Pedro revisando la lista de los llamados por el Señor, no encontró su nombre y por ello lo mandó de regreso. La extraña noticia se extendió por toda la ciudad como reguero de pólvora y de todas partes acudían a la casa para conocer al “muerto resucitado". Don Juan complacido, contestaba a todas las preguntas sobre los parientes que ya se habían adelantado en el viaje final. Don Juanita, ¿ha visto a doña Nico? Claro, la pobre está atiza que atiza su perol para hervir la chicha, la cual nunca hierve. ¿Y ha visto a don Antonio? ¡Ah! Sí, está siempre remendando sus zapatos. Como doña Nico había sido chichera en vida y don Antonio zapatero, todos entendían que en el más allá seguiremos haciendo lo que hacemos en esta vida. Y algunos hasta pensaron cambiar de oficio para no hacer lo mismo toda una eternidad. Sin embargo sólo seremos juzgados por Dios, por nuestras obras en bien de los
demás. (Ver Imagen N° 06) (Ver Cuadro N° 01)
1.1.1.8. Cuento “El Penitente”:
Cuando Celendín tenía aún vestigios de laguna crecían en su perímetro plantaciones de totora. El río Grande era caudaloso, de allí
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Bach. Naldi Shudit Delgado Rodriguez
su nombre. En la parte alta del barrio de Colpacucho, hoy el Rosario, vivía don Julio, que junto a su familia se dedicaba a la fabricación y venta de canastas y petates de totora. Don Julio tenía por esposa a Rosa, una mujer muy hermosa y corpulenta. Don Julio viajaba al oriente llevando sus productos dejando sola a Rosa. Al ir a dormir ésta a media noche fue sorprendida por un hombre que se había escondido debajo de la cama. Al ser descubierto confesó que se había prendado de su belleza. Esta sin inmutarse fingió aceptarlo y le ofreció un cafecito. Al ir a la cocina se armó de un filudo cuchillo y cuando el hombre se quedó dormido, le clavó una cuchillada en el cuello, dejándolo sin vida. Para deshacerse del cadáver llamó a una sobrina suya, con la cual cosieron al muerto dentro de una frazada y lo arrojaron al río; pero tras el muerto fue la viva. ¿Qué había pasado? Temerosa Rosa de que la sobrina la delatase, sin que ésta se dé cuenta, le había cosido el pañolón con la frazada, de modo que al arrojar el cadáver, jaló a la sobrina.
Pero la "conciencia no dejaba dormir a la criminal''. Llegaron a la ciudad unos misioneros, los cuales con su diaria prédica lograron mover el duro corazón de Rosa. Entre lágrimas confesó su crimen ante el sacerdote, quien le impuso como penitencia visitar por las noches al Campo Santo, donde recitaría "los maitines” en honor a las almas.
Así que Rosa todas las noches vestidas de negro y con un manto que le cubría la cabeza iba al cementerio para cumplir su penitencia.
Algunos de los pobladores descubrieron estas singulares y raras visitas y corrieron la noticia de que “un alma negra” rondaba en el cementerio. Todos se llenaron de temor y hasta mandaron hacer una Misa por ella. Todo quedó aclarado cuando encontraron a Rosa muerta en el Camposanto. Tanto fue su dolor que consumida dejó de existir. Lo bueno es que algunos varones "conquistadores” desde entonces frenaron sus ímpetus y lo pensaron dos veces antes de
“aventarse”. (Ver Imagen N° 07) (Ver cuadro N° 01)
1.1.1.9. Cuento “La Casa De La Muerte”:
Cuando en Celendín no existía carretera, Lo viajeros tenían que usar acémilas y viajar a Cajamarca en grupos o caravanas, defendiéndose así de los asaltos, en especial en la zona de Sendamal (llamado así casualmente por la frecuencia de ladrones en esa zona), A la mitad del camino tenían que hacer alto, ya que la noche se les venía encima. Y precisamente en esta mitad, existía una casa hecha para hospedaje, pero de los que se quedaban allí, por lo menos uno amanecía muerto. Lo curioso del caso era que ni el compañero de cama sabía la causa. Como esto se hacía ya frecuente, nadie quería hospedarse en la llamada “casa de la muerte”. Todos especulaban, ¿sería el criminal un fantasma o alguien que entraba a hurtadillas?
Hasta que Carlos, un hombre valiente, se dispuso a averiguar el misterioso caso. Compró una linterna de mano y al menor ruido
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encendía la luz. La primera noche no sucedió nada. Pero la siguiente pudo divisar que del cuadro de una imagen que colgaba de la pared, aparecían unas pequeñas arañas, que al contacto de la luz se escondían. Al día siguiente contrató a varios para quitar el mencionado cuadro y para sorpresa de todos, tras del cuadro había un agujero habitado por enormes arañas, las cuales silenciosamente bajaban hasta el infeliz viajero de turno y le inyectaban su ponzoña que lo mataba. Sólo atinaron a echar gasolina al nido y prenderle fuego. Desde ese día ya no hubo más muertes y el dueño pudo reanudar su negocio, con la experiencia que no sólo de
especulaciones vive el hombre. (Ver Imagen N° 08) (Ver Cuadro N°
01)
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