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V. HALLAZGOS E INTERPRETACIÓN:

5.2. Interpretación de los imaginarios sociales instituidos sobre desarrollo Socioafectivo

5.2.2. Imaginarios sociales instituidos de desarrollo social

Morin (1994) afirma: “Tenemos un sentimiento profundo de una insuficiencia del alma que solo puede llenar el otro” (p.82).

5.2.2.1. Socialización como proceso que se desarrolla por medio de la interacción

La interacción como proceso caracteriza al ser humano, ya que es básico para su supervivencia, es a través de la cual que se construye el conocimiento (emocional y racional), cimentando sus bases en las primeras experiencias que tiene el sujeto y donde la carga afectiva que las acompaña, dejara huella en la construcción de este.

Las MC identifican que el elemento afectivo de las interacciones, hace que los individuos se identifiquen o no con el “otro” con el que la experimentan, generan el deseo de repetirlas, fortalecerlas y hacerlas más vinculantes o por el contrario no repetirlas:

“Siendo seguros, de pronto evitando los miedos, de pronto evitar agresividad, que sea como una relación armónica… estable”(MC4).

A su vez, las Mc encuentran que el factor afectivo de las relaciones, genera en el otro sujeto nuevas emociones y sentimientos que se expresan en acciones o actitudes como respuesta a las recibidas.

Así, si son positivas, la respuesta será positiva, las habilidades emocionales pueden ser educadas o cultivadas mediante la realización frecuente de ejercicios que lleven a la práctica de las mismas ya sea de manera real o imaginaria, permitiéndole a los sujetos vivenciar la emoción que se genera, lo cual estimula diferentes partes del cerebro y cuando la emoción es positiva, este produce la hormona de la serotonina, que le hace sentir gratificación y deseo de volver a experimentarlas (Goleman, 2015).

Por último, las Mc identifican la interacción como elemento fundamental para el proceso de construcción de la realidad, media procesos de aprendizaje cognitivos y afectivos, que inicialmente se dan por imitación y se fortalecen por empatía, razones por las cuales se espera que estos procesos que se desarrollan en la socialización primaria institucionalizada en familia y escuela, sean positivas para un desarrollo favorable de los sujetos.

Como seres humanos, nos caracteriza la necesidad que tenemos del cuidado del otro para lograr la supervivencia como individuos, así, la naturaleza se ha encargado de hacer que los padres y/o adultos sientan también un deseo de cuidar a las crías, aunque esto no se refleje en todos los casos.

Lo anterior nos caracteriza como seres sociales, que llegan a un mundo donde ya se han instituido prácticas culturales y a las cuales los nuevos sujetos deben en alguna medida ajustarse para poder hacer parte de ella, a su vez, la misma sociedad tiene mecanismos de regulación explícitos e implícitos que posibilitan la permanencia del individuo, la continuidad de la cultura y espacios de fuga para la transformación de la misma, lugar donde los imaginarios sociales surgen como creación abriendo la posibilidad de transformación.

En relación con lo expuesto, se encontraron las siguientes significaciones imaginarias, que dan cuenta del imaginario social de la categoría de desarrollo social.

5.2.2.2. Socialización primaria como base fundamental del desarrollo social

Las madres comunitarias, reconocen que la familia como lugar de socialización primaria impacta el proceso de desarrollo de los niños, ya que las prácticas de crianza, las formas de relación e interacción, las posibilidades de apoyo, cuidado y protección que les brindan a los niños, marcan y forman en gran medida lo que será la personalidad del niño como ser.

“Pienso yo que la seguridad en las familias, el amor que se transmiten, o sea principalmente la familia como sabemos, pues la familia es el punto de partida para el desarrollo de las personas y luego viene el jardín, en el jardín nosotros seguimos jugando y formando lo que son valores”(Mc4, entrevista).

En la socialización primaria, participan especialmente dos instituciones en la actualidad la familia y las instituciones encargadas de atención a primera infancia, allí el sujeto realiza sus primeras aproximaciones a la realidad social, a través de procesos de externalización e interiorización del conocimiento afectivo y conceptual, realizando un trabajo permanente de

ajuste entre la realidad social, el reconocimiento de sí mismo y la construcción de su personalidad (Berger y Luckman, 1995).

Reconocen la importancia de la comunicación permanente entre familia y jardín, como medio para articular los procesos de socialización primaria, con el objeto de dar mayor coherencia a la realidad social y a su vez evitar generar confusiones en el niño.

“la educación con amor como primera medida para que sea una persona que no se le dificulte manejar relaciones interpersonales” (MC2, entrevista).

Identifican que uno de los principales objetivos de la socialización primaria, es ayudar al niño a construir relaciones armoniosas, favoreciendo los procesos de interacción con otros, y son los sentimientos y emociones positivos, los que marcan la pauta para ello.

No obstante, los sentimientos y emociones considerados como “negativos” también resultan ser positivos, ya que permiten a los sujetos experimentarlos, para poder recordarlos en el momento en el que sea necesario ponerse en el lugar del “otro”.

“sí se vive a todo momento en batalla digámoslo así, pues el niño tampoco va a estar bien” (MC2, entrevista).

Las madres comunitarias comparten representaciones y deseos, que se orientan al reconocimiento de que el desarrollo emocional y los aprendizajes construidos durante la socialización primaria impactan al sujeto, de tal manera que quedan fijados en el consciente e inconsciente como elementos guía en procesos posteriores por los que atraviesa el ser humano, replicándolos a lo largo de vida.

Si son positivos favorecerán su desarrollo individual y social, de lo contrario y si no logra construir recursos propios a nivel individual para transformar su realidad, se verá afectado su desarrollo, así es que en la socialización primaria la emoción fundamental que debería guiar Maturana (1992) afirma: “Es el amor como dominio de las acciones que constituyen al otro como un legítimo otro en la convivencia” (p.215).

5.2.2.3. Desarrollo social como proceso en el que el desarrollo socio afectivo de la infancia impacta en la adultez

El aprendizaje es un proceso presente a lo largo de todo el desarrollo del ser humano y los primeros años son vitales en el desarrollo del sujeto:

“ahí va a depender muchas cosas para la vida, tanto la buena como la mala educación le enseñara algo (…) desde pequeños se les puede enseñar el respeto, los buenos modales, las buenas costumbres, desde pequeños inculcarles lo bueno” (MC2, entrevista)”.

Las madres comunitarias reconocen la educación en valores como una gran alternativa, ya que esto desencadenará en sentimientos positivos de ayuda y cooperación hacia el “otro”, acciones cuya recurrencia llevan a que la ” mente del niño se desarrolle a través de los años, cultivando gradualmente una actitud compasiva” (Dalai Lama en Goleman, 2015,p.215).

En este sentido las MC expresan el anhelo de recibir y brindar un buen trato, donde se reflejen practicas afectivas positivas, se respete al otro y contribuyan a la comprensión y construcción de realidades y sociedades más justas: “para mi futuro pensaba cuando tuviera mi hogar mis hijos no tuvieran una crianza como la tuve” (Mc, Taller 1).

Las diferentes experiencias afectivas que experimenta el ser humano, al igual que los imaginarios abren la posibilidad de transformar las practicas, superar las adversidades y transformar las realidades para fortalecer los procesos afectivos positivos, Goleman (2015) afirma: “Empezando por el cambio emocional, que nos convierte en mejores vehículos de compasión, podremos reformar la educación para incluir herramientas que faciliten este cambio interior” (p.231).

Y que se refleja en el siguiente elemento afectivo de la significación imaginaria:

Tener “ese sentimiento de abandono por parte de mis padres es muy triste y yo creo que todavía uno le sigue tocando el alma a pesar de mi edad y hoy en día yo peleo mucho y yo digo mis hijos están donde yo esté” (Mc 1, Rv).

En esta significación del impacto del desarrollo socio afectivo de la infancia en la adultez, se observa como la experiencia afectiva lleva a los sujetos a desear la transformación de las realidades, pese a las adversidades y son los deseos y afectos de transformación los que permiten las acciones para lograr cambios que empiezan en lo individual y personal, para luego trascender en lo familiar y social, tal como es planteado en la teoría de los imaginarios sociales, Moreno y Rovira (2009) afirman: “Los sujetos imaginan necesidades y luego luchan por su institucionalización, tratándose de dos momentos que representan la constante transformación histórica del orden social” (p.4).

5.2.2.4. Desarrollo social como proceso en el que los procesos afectivos y emocionales construyen relaciones

Las relaciones implican un compromiso con el otro, el reconocimiento de su ser y la legitimación del mismo para hacerlo parte de su grupo social con un mayor compromiso y responsabilidad afectiva:

“todo lo que yo soy es gracias a ella [tía mamá]sí me brindaba un pan, me lo brindaba con mucho amor (…), alguna vez su propia hija dijo usted no tiene por qué hacer la ropa igual a las dos y ella le dijo: es que ella es como su hermana y yo la trato como mi hija. Me hizo sentir muy importante sí, que no era la personita arrimadita que estaba ahí” (Mc 1, Rv).

Este compromiso afectivo con el otro, que soporta las relaciones como un acto de amor, genera en quien lo recibe sentimientos de seguridad y gratitud con quien lo ha dado, a su vez, genera y promueve la empatía herramienta que permite ponerse en el lugar del otro y reconocer algunas de sus necesidades, generando expectativas para un nuevo contacto relacional.

Involucrarse con el otro como un “otro” igual a “mi”, lleva a identificar cosas en común generando identidad y compromiso con el grupo Goleman (2015) afirma: “el afecto que surge en una relación entre dos personas se amplía gradualmente a todo el grupo a pesar de las tensiones (…) y si las emociones cambian, también cambia la conducta” (p.180).

Y como es relatado por la MC:

“mi prima sí, yo la veo como una hermana pero de pronto había como ese sentimiento de rivalidad y pues yo la entiendo porque pues ella era la hija de mi tía entonces estamos compartiendo el amor” (Mc1. Rv).

Las relaciones a diferencia de las interacciones son más largas, solidas, fortalecidas por los vínculos afectivos que se construyen en la práctica continua y cotidiana entre los sujetos, si son positivas el sentimiento de empatía e identidad construye un sentimiento de responsabilidad ante el cuidado y protección del grupo al que se pertenece.

Si no son relaciones positivas generaran sentimientos de rechazo, que limitaran o disminuirán el compromiso afectivo y la responsabilidad del cuidado del otro, como parte de mi cuidado.

Así, la construcción de relaciones afectivas armoniosas contribuyen en gran medida en el desarrollo de los sujetos a nivel individual y social, en tanto son necesarias para protegerse y ayudarse entre sí, alcanzar fines individuales y comunes promoviendo ambientes sanos.

5.2.2.5. Desarrollo social como proceso de convivencia: normas y valores

“El jardín lo recibe con amor y les enseña cómo deben de compartir con los demás en ambientes diferentes y buscar que ellos tengan buena convivencia” (Mc2 entrevista).

Las Mc mencionan con frecuencia el valor de compartir, esto se debe a la etapa de desarrollo de egocentrismo por la que transitan los niños con los que trabajan, y que genera conflicto entre ellos, por lo tanto enseñarles a compartir surge como una estrategia para solucionar los conflictos, reconocer la forma en la que se reconocen las emociones, y continuar fortaleciendo la habilidad de la empatía con el otro ante su dolor, Maturana( 1992) afirma: “Los valores son distinciones de configuraciones relacionales en la convivencia, que obtienen su legitimidad desde el amor” (p.244) .

Identifican la sana convivencia como elemento que permite interacciones pacíficas, el interés en que se trabaje para solucionarlo y lograrlo, las frecuentes expresiones al respecto “valores y convivencia”, develan que este es para ellas un objetivo en la formación de los sujetos.

En estas etapas lo que uno siembra [trabaja] es una estabilidad emocional, se les brinda amor, se les brinda valores, algo más profundo qué va a servir para más adelante” (Mc4, entrevista)

Estos apartados resaltan la importancia que tienen los valores del respeto, compartir, respetar, honestidad, colaboración en el desarrollo socioafectivo de los niños, los cuales se hacen presentes en casi toda la jornada del jardín.

De esta manera la convivencia, es reconocida como un elemento esencial para propiciar y enseñar a los niños donde inevitablemente se deben vivenciar los valores, practicarlos y reconocerlos como mecanismos para mantener una sana interacción, así, como construir una realidad en la cual a partir de identificar Maturana (1992) afirma: “Donde comienza el respeto al otro, o a lo otro, comienza la legitimidad del otro, y se acaba la aceptación de las ideologías que justifican su negación y legitiman su control” (134).

Las diferentes significaciones imaginarias emergen como algunos elementos que constituyen el imaginario social de lo social, aunque se intentó puntualizar y expresar como unidades diferentes, es evidente que la vida es un todo, lo social es un todo y las dinámicas, afectaciones y transformaciones que se dan en un elemento inevitablemente incide y se relaciona con los demás elementos.

De esta manera, las significaciones imaginarias permean y se relacionan con las demás, así, lo social se constituye en un magma de significaciones que como unidad y todo participa en la construcción de todo y de realidad, por tanto, el imaginario de lo social tiene que ver con las diferentes relaciones sociales que se gestan con otros individuos sociales y objetos sociales (Castoriadis, 1989).

Es donde por medio del legein en el que se representa lo social y el teukehin a través del cual se da paso a la acción social, como se instaura, legitima y transforman las realidades, así inevitablemente lo social es interacción y relación. Como interacción dentro de lo social requiere de mecanismos de regulación de los individuos y las instituciones, que permitan la organización de los diferentes sistemas y la comprensión de los mismos, en donde las normas y los valores son parte de estos mecanismos.