un nuevo subcamPo de estudio
2.4. El impacto de la participación del público en las rutinas productivas
Antes de cerrar este capítulo, pasaremos a reseñar tres trabajos que si bien no se inscriben directamente en el subcampo de estudios sobre las lógicas de participación en la prensa online –sino, más bien, se ubican en el área de estudios sobre las alteraciones acaecidas tanto en el proceso de producción de la noticia como en la práctica periodística–, han sido de interés para nuestra investigación.
En el último tiempo, el trabajo del equipo dirigido por Pablo Boczkowski en la Universidad de Northwestern se
ha orientado a examinar las relaciones que se establecen entre la selección y jerarquización de la información que realizan, por un lado, los periodistas, y por otro, el públi- co de los diarios Clarín y La Nación (Cfr. Boczkowski y Mitchelstein, 2010). Dicho estudio se asienta en una me- todología “mixta” que articula el análisis de contenido de las noticias ponderadas por los periodistas en las interfaces de clarín.com y lanacion.com y del ranking de noticias –en el que se materializa la elección de la audiencia–, con una serie de “entrevistas en profundidad” realizadas tanto a periodistas como a lectores de los periódicos estudiados. Estos investigadores pretenden así advertir si existe o no “a gap between the news choices of mainstream journalists
and consumers” (Boczkowski y Mitchelstein, 2010: 421).
A partir de las evidencias que les suministra su trabajo de campo, llegan a la conclusión de que efectivamente la brecha existe, pero que esta no es estática sino dinámica: “First, during periods of relatively normal political activity,
journalists choose public affairs news substantively more than consumers. Second, during periods of heightened po- litical activity, consumers increase their interest in public affairs news, and the gap with the choices of journalists either disappears or narrows” (Ibíd.). Como es posible
inferir, esta investigación tiene para nosotros un particular interés, porque nos proporciona datos relevantes sobre la actividad de lectura que se cristaliza en uno de los espa-
cios de intervención del lector: el ranking de noticias más
leídas. Por ejemplo, la pesquisa revela que el porcentaje de distancia –entre la selección de los periodistas y la de los consumidores– de La Nación es el doble que en Clarín, lo cual nos brinda ciertas pistas acerca de las distintas relaciones que podrían establecerse, en cada caso, entre la línea editorial del medio y el perfil de su audiencia, ya que como afirman Mitchelstein y Boczkowski: “This gap is
editorial and audience profiles” (2010: 426). La información
procurada por esta investigación ha sido posteriormente comparada con los datos que arrojó otro estudio que el mismo grupo efectuó, en este caso, sobre un corpus de once diarios de América Latina y Europa Oriental (Cfr. Boczkowski, Mitchelstein y Walter, 2010) –Clarín y La
Nación de Argentina, Folha de Brasil, Welt y Tagesspiegel
de Alemania, El Universal y Reforma de México, El Mundo y El País de España, y The Guardian y The Times del Reino Unido–, para corroborar que los datos obtenidos en torno a los casos de los periódicos argentinos no obedezcan a las condiciones particulares del ecosistema mediático local. A partir de ese último estudio, los autores sostienen que “there
is a sizable and significant thematic gap between the news choices of journalists and consumers that cuts across the 11 media of six countries included in this study” (Boczkowski,
Mitchelstein y Walter, 2010: 12).
El trabajo emprendido por Edgardo García, en el mar- co de sus estudios doctorales en el Communication and
Research Institute de la University of Westminster de Londres,
es también un valioso antecedente en el tema. García llevó a cabo un estudio etnográfico de los diarios Clarín y La
Nación, cuyo interés se centró en analizar el proceso de
producción de la noticia, los lazos entre las salas de redac- ción del diario impreso y online,27 y el lugar que la última
ocupaba en la estructura general de las organizaciones de medios mencionadas.
En un artículo publicado en la revista Zer en el año 2007, García analiza las formas en que los periodistas de clarín.com conciben la interactividad, y su investigación revela tres obstáculos con respecto a su aplicación: las con- diciones de trabajo, el escaso contacto entre los productores
27 García llevó a cabo su estudio en el año 2004, momento en que aún las
del medio y los lectores, y ciertos aspectos culturales y organizacionales. Como afirma el autor, “just like many
new technological inventions, this one requires adoption adjustments that are not limited to organisational charts and routines. It also needs a cultural change” (2007: 8). En
cuando a las restricciones impuestas por las condiciones de trabajo, García sostiene que estas no favorecen la inte- racción, dado que, por ejemplo, la lógica temporal que rige la publicación del diario online les impide a los periodistas tener el tiempo suficiente para responder los correos que llegan de la audiencia o para leer lo que el público opina en los foros. El contacto vía e-mail con los lectores queda, a su vez, reducido a un grupo particular de periodistas, generalmente pertenecientes a las secciones de “warm
content”.28 Por último, en relación con el modo en que la
cultura de la organización pone límites a la interacción con el medio, sobresale la manera negativa en que los perio- distas conciben a las posibilidades de coproducción con la audiencia: “The co-production not only forces, according to
the interviewees, the journalistic quality and objectivity, but it would also put at risk the professional identity of online journalists and their own ambitions and egos” (2007: 22).
Según el autor, quien llevó a cabo su investigación antes de que los diarios abrieran las notas a los comentarios de los lectores, es posible que las organizaciones periodísti- cas, motivadas por criterios de rentabilidad,29 permitan 28 García explica que las notas en que se publica el e-mail del autor son
aquellas que presentan producción propia u opinión personal. Las noticias que son construidas casi exclusivamente a partir de un parte de agenda, como generalmente ocurre en la sección de “Último momento”, no son firmadas y, por lo tanto, no hay manera de que el lector acceda al correo de los periodistas involucrados en ellas.
29 Tal como se señala en Masip et al. (2010: 570), las investigaciones em-
píricas sobre redacciones online –usualmente del tipo de la socioan- tropología del trabajo–, generalmente concluyen que la incorporación de los espacios de participación ha sido motivada por los intereses
cierta coproducción en algunas secciones “soft” –como Turismo–, pero “will hardly do the same in hard news sec-
tions like National news or Economy&Business, because in those sections the editorial line and interests of newspapers as political actors, block the access of those who could hardly reproduce these editorial lines and their incidental changes”
(2007: 20). Todo esto le lleva a concluir que la relación entre productores y consumidores de la información no debe ser, al menos por el momento, puesta en duda.
Como puede fácilmente comprenderse, el impacto de las nuevas lógicas de participación del público tanto en las rutinas de la prensa como en la práctica periodística no solo ha despertado la atención de la academia, sino también el turbado interés de los responsables de medios que in- tentan tomar la mayor distancia posible para comprender qué está sucediendo y hacia dónde van los cambios, antes de que el naufragio sea irremediable. En este contexto, Pablo Mancini, periodista con trayectoria en la dirección de medios digitales y gerente de Servicios Digitales en Clarín
Global –unidad de negocios que administra los sitios web
del grupo, entre ellos, clarin.com– hace una interesante lectura de situación en su reciente libro Hackear el perio-
dismo (2011). Allí formula la tétrada “tiempo / audiencia
/ valor / organización”, que le permite pensar la mutación actual de la prensa online, deteniéndose en los cuatro factores que considera clave. La mutación del tiempo de consumo –la decadencia del tiempo de atención exclusi- vo y la preeminencia del atomizado in between time– y la conformación de audiencias “híbridas, aleatorias, fluidas y participativas” (2011: 55) que ahora también cumplen la función de agentes de distribución de noticias requieren, ineludiblemente, repensar la cadena de valor de los medios
económicos del medio, “e intentan minimizar su incidencia en los procesos de producción informativa” (Ibíd.).
y sus modelos organizacionales. Mancini afirma que en la nueva coyuntura, la calidad “desborda al producto y al productor, y empieza a explicarse a sí misma en tanto y en cuanto agrega valor a la experiencia de postconsumo” (2011: 66), ámbito en el que comienzan a jugar un rol central los
paratextos que forman parte de las “propuestas periféricas
a los relatos madre” (2011: 67), y entre los cuales podríamos ubicar también la producción del público. Así, “la cadena de valor se desplaza hacia afuera de las redacciones. La gestión de contenidos y la emergencia de prácticas participativas desbordan las plataformas y soportes de las marcas de los medios” (2011: 123).
3.1. Sistema y producción de sentido: