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Implicaciones de Bretton Woods para el desarrollo y las relaciones Norte-Sur

2 LOS ORÍGENES DEL BANCO MUNDIAL

2.2 Implicaciones de Bretton Woods para el desarrollo y las relaciones Norte-Sur

En Bretton Woods apenas pudieron expresarse las necesidades e intereses de los países en desarrollo, en su mayoría territorios aún

12 Los fondos del Plan Marshall, además, eran en su mayoría donaciones y tenían condiciones financieras mucho más ventajosas que las del Banco Mundial.

sujetos a dominio colonial. Sin embargo, el orden surgido de esta Conferencia determinó el rumbo de las economías postcoloniales y de las relaciones Norte-Sur. Para ilustrar esta cuestión, varios autores relacionados con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) han señalado que las perspectivas de desarrollo del Sur podrían haber sido otras si se hubieran aplicado las imaginativas propuestas del «Plan Keynes». Es cierto que Keynes mostró en su tiempo poco interés por los problemas del subdesarrollo, y no pudo anticipar cuestiones contemporáneas como la crisis ambiental, la revolución tecnológica o el proceso de globalización. Los «tres pilares» del sistema económico internacional previstos por Keynes, sin embargo, respondían a las demandas expresadas por los países en desarrollo desde los años sesenta, y representaron tal avance desde el punto de vista teórico e institucional, que han servido de inspiración a muchas de las propuestas posteriores de reforma del régimen del comercio mundial y del sistema monetario internacional.

En el discurso de clausura de la Conferencia, el Secretario del Tesoro de Estados Unidos, Henry Morgenthau, afirmó que Bretton Woods había sido convocado «para expulsar a los prestamistas usureros del templo de las finanzas internacionales». Respecto a la anárquica situación de entreguerras, de hecho, Bretton Woods representó un gran avance del multilateralismo y la cooperación internacional. Se trataba, sin embargo, de un «multilateralismo hegemónico», muy alejado de la visión keynesiana, y cuyo origen y características deben casi todo a la proyección global del poder de Estados Unidos. En ese diseño se daba una clara primacía al mercado como principio regulador de la economía internacional y, como objetivo primordial, se intentaba crear y mantener un mercado internacional abierto a las operaciones de las corporaciones estadounidenses.13 Por esa

13 En este argumento han insistido las denominadas «Teorías de la Estabilidad Hegemónica», que afirman que la cooperación internacional sólo es posible si existe una potencia hegemónica capaz de crear y sostener instituciones y regímenes internacionales capaces de proporcionar los «bienes públicos» internacionales en los que se basa la estabilidad del sistema. La crisis de entreguerras es, en esta perspectiva, la consecuencia del declive de la hegemonía británica y de la renuencia de Estados Unidos a asumir el papel de «hegemon» a

razón, el nuevo esquema institucional nacía sin la capacidad reguladora ni los medios financieros para sostener, como pretendió Keynes, un sistema orientado al equilibrio con crecimiento y pleno empleo, y con capacidades para canalizar el ahorro global hacia las necesidades de inversión de los países emergentes.

Los vacíos y limitaciones de Bretton Woods no pudieron ser colmados por otros mecanismos de financiación del desarrollo, como la ayuda externa, la inversión extranjera directa o los préstamos de la banca privada. Desde que hizo su aparición con el «Plan Marshall», la ayuda externa ha tenido un marcado carácter bilateral, depende de la liberalidad del donante, y se ha asignado en función de los intereses nacionales de éste, que casi siempre se definen en términos de ventajas diplomáticas, políticas o comerciales ajenas a las necesidades de desarrollo del receptor. Se trata de un mecanismo muy alejado, por lo tanto, del fondo de inversiones previsto por Keynes, que hubiera asegurado un mecanismo de financiación bajo control multilateral y un flujo de recursos relativamente estable y predecible hacia los países en desarrollo (Singer y Griffith-Jones 1994: 3-5).

Respecto a los flujos de capital, la primacía del mercado y la ausencia de un marco internacional responsable y bajo control público para la regulación de los flujos de inversión y los movimientos financieros fueron algunos de los factores determinantes en la gestación del problema de la deuda externa y la crisis de los años ochenta, la denominada «década perdida» para el desarrollo (Wood 1986; Griffin 1991: 645- 647). Esos problemas, que la globalización ha hecho más patentes, también contribuyen a explicar los pánicos bursátiles y las crisis financieras que en los años noventa han golpeado tanto a las economías industrializadas como a los «mercados emergentes» de Asia y de América Latina

causa de su aislacionismo. Según estas teorías, el surgimiento de las instituciones y regímenes de Bretton Woods se explica por el ascenso de Estados Unidos al rango de primera potencia, tras la II Guerra Mundial. Ver al respecto los trabajos clásicos de Kindleberger 1986, Krasner 1983 y 1989, y Gilpin 1989.

Estas situaciones de crisis y el riesgo «sistémico» de que se propaguen a escala global pondrían de manifiesto que, pese a los deseos de Henry Morgenthau, los especuladores han vuelto a adueñarse del «templo» de las finanzas internacionales. La necesidad de establecer un marco regulador de los mercados financieros a escala global, y hacer frente a las exigencias de un mundo en el que se agrava la desigualdad y la pobreza, son algunas de las razones que aconsejarían la convocatoria, en palabras de Stuart Holland, de «un nuevo Bretton Woods» (Holland 1994: 7-35) que permita ir más allá de iniciativas regionales como la Unión Monetaria Europea, y abordar la reforma del sistema monetario y financiero internacional. Esa reforma, como planteó la visión keynesiana original, debería orientarse a establezcan instituciones con suficiente capacidad de regulación y gobernación del mercado global y, sobre todo, que puedan contribuir a orientar la economía global hacia un modelo de desarrollo más equitativo. Esto supondría también reformar el viejo sistema internacional de ayuda al desarrollo, y en particular instituciones como el Banco Mundial, en cuya estructura y funciones aún pesan más los condicionantes de Bretton Woods y las inercias de la guerra fría, que las demandas y necesidades de los países en desarrollo y las exigencias de gobernación económica y de financiación del desarrollo de la era de la globalización (Holland 1994: 246-259, Sanahuja 2000: ).

2.3 Ortodoxia financiera y «apostolado» del desarrollo:

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