Como se recordará del capítulo 3, Wacquant entendía que el proceso de penalización neoliberal
no se había dado exclusivamente en EE.UU. Con diferencias en cada país, esta forma concreta de entender la gestión de la pobreza (o de la delincuencia, según como se conceptualice) habría viajado por casi todos los países occidentales, y especialmente por América Latina3. Esta exportación de la gama de conceptos que condicionan el tratamiento de un problema, así como de las políticas públicas que dan una respuesta a los mismos, se habría producido principalmente a través de los think tanks estadounidenses. Éstos habrían difundido sus ideas a Europa mediante su influencia en los think tanks de cada nación y mediante la promoción de sus ideas entre los políticos, presumiblemente mediante la invitación a congresos y reuniones en los que se explican las bondades del modelo aplicado en Nueva York4. Así, los think tanks se erigen en su modelo teórico como instituciones con una gran influencia en la exportación e importación de la penalización neoliberal.
Si bien, como se verá a continuación, esta hipótesis no parece gozar de mucho apoyo empírico en España, es destacable que su modelo teórico incluye variables exógenas en el desarrollo de la expansión de la penalidad, y no recurre sólo a causas endógenas, como hacen la mayoría de las explicaciones contemporáneas. Además, el hecho de que hable de transmisión de políticas internacionales enfatiza que son políticas, y que son internacionales, frente a aproximaciones menos concretas que hablan de una “cultura” propia de la “modernidad tardía” (Garland) o a desarrollos en las racionalidades de poder y en la gubernamentalidad (Foucault). Como se defendió en el capítulo anterior, su concreción y, por lo tanto, mayor exposición a la crítica son
3 Wacquant, 2012; Müller, 2012. 4 Wacquant, [1999a]: 53.
elementos meritorios. De hecho, uno de los aspectos más criticados a Wacquant ha sido que su hipótesis de que la penalidad neoliberal está siendo importada a Europa es muy simple, unidireccional y que merece ser desarrollada y especificada5. Incluso, que es contradictoria con los trabajos de Wacquant que alertan contra los peligros de
transponer culturalmente los conceptos6.
La exportación de estas políticas a Europa es uno de los aspectos menos trabajados por Wacquant. El papel de los think tanks en este continente es mucho menor7, especialmente en España, donde ni la delincuencia ni las políticas penales suponen un área de estudio para ellos. Falta, sobre todo, explicar los procesos de adopción de estas políticas en otros países. Más allá de apuntar que para que éstas se adopten las élites políticas tienen que estar interesadas y receptivas8, y que se trata de
una “transposición cultural”, no una imitación9, no queda claro si las políticas penales
neoliberales surgen siempre que se dan condiciones sociales parecidas a las de los EE.UU. de los 70, si algunas condiciones ya son suficientes, o si la importación bruta basta, independientemente de las condiciones sociales.
Este es un aspecto importante, y explica por qué he tratado esta hipótesis, menor, antes que la tesis central de Wacquant (la relación causal entre el desarrollo del neoliberalismo y la expansión del aparato penal). La cuestión, hasta cierto punto, es sencilla. Debido a que no aclara los mecanismos causales, cabría la posibilidad de interpretar, como de hecho varios pasajes de sus escritos sugieren, que la penalidad en los países europeos reviste ciertas características porque los think tanks han importado la concepción penal estadounidense. Si esto fuese así, si la hipótesis de este capítulo se confirmase, podría no ser necesario estudiar la siguiente hipótesis, pues ya estaría establecida la causa. Esto es consecuente con la búsqueda de parsimonia en las ciencias sociales y con la recomendación de empezar por las explicaciones más simples, y sólo cuando éstas se muestran insuficientes, ir complejizando el problema.
Parece lógico pensar que hacen falta un mínimo de condiciones materiales y de procesos sociales para que cuajen, y que no es suficiente sólo con la actuación de los
think tanks. La transferencia de políticas es compleja y es muy raro que se desplieguen tal
cual, sino que es de esperar que interactúe con la cultura en la que se incrusta y que se
5 Nelken, 2010a: 335; Newburn, 2010: 342.
6 Daems, 2008: 210-211; ver Wacquant, 2010a:25-46; [2006]: 165-228; Bourdieu y Wacquant, 2005: 222-
224.
7 Weaver, 1989: 570. 8 Wacquant, [1999a]: 52. 9 Wacquant, [2009]: 50.
ajusten mutuamente10. Al menos para Brasil, Wacquant sí parece contemplar que las ideas importadas se concretan de manera distinta dependiendo de la estructura social y la historia propia de cada país11, y que sería partidario de una especia de “matriz” de la penalidad neoliberal que se introduce y desarrolla en cada contexto cultural. No obstante, es un aspecto que no ha desarrollado y, por lo tanto, es casi imposible evaluar si en este sentido sus escritos sirven para analizar un país europeo. Más allá de los mecanismos concretos de funcionamiento de la importación de políticas penales, algo que es un objeto de estudio en sí mismo, el trabajo de Wacquant invita a prestar atención a los think tanks y a rastrear el origen de las ideas con las que el campo político define las cuestiones de criminalidad y propone un tipo de respuestas. Dado el escaso conocimiento que existe en España sobre los think tanks, fruto de su aún incipiente desarrollo, se va a introducir mejor a qué se refiere este capítulo.