En los últimos años se han desarrollado algunas teorías que han tratado de explicar algunos de los cambios señalados en el capítulo 1, y que son relativamente comunes a un buen número de países. A continuación se van a identificar brevemente las distintas teorías que compiten, a fin de ubicar al lector. La exposición es somera, pues se ha considerado más interesante discutir puntos concretos con el detenimiento necesario a lo largo de la tesis, cuando la lógica de la investigación haga pertinente comparar las fortalezas y debilidades de cada una. Así mismo, se justificará la elección de la teoría de la penalidad neoliberal, que será expuesta ampliamente.
John Pratt1 ha continuado la aplicación de las tesis de Norbert Elias alestudio del
castigo que en su día iniciase Peter Spierenburg2. Éste, que explicaba el surgimiento de
1 Pratt, [2002], 2005. 2 Spierenburg, 1984.
la cárcel y la desaparición de los castigos públicos como parte de un proceso civilizatorio, ponía el correspondiente énfasis en la transformación de las sensibilidades y la formación del Estado. Esta aproximación, por cierto muy distinta a la desarrollada por Foucault en Vigilar y castigar, es retomada por Pratt, pero para explicar un proceso aparentemente contrario.
La explicación reside, para este autor, más bien en un proceso descivilizatorio. Así explicaría tanto cambios cualitativos (endurecimiento de las condiciones de encarcelamiento) como cuantitativos (incremento en el uso del encarcelamiento), y además daría sentido a la vuelta de castigos públicos (como la vuelta de los uniformes para los penados que realizan trabajos para la comunidad, por ejemplo). Además, permite dar cuenta de la presión popular para un mayor castigo, y que choca con el largo proceso de burocratización e invisibilización del castigo.
Por otro lado, David Garland3, en un aclamado libro, habla del desarrollo de una
cultura del control, propia de la modernidad tardía. Ésta aparecería caracterizada por el riesgo y la inseguridad, y habría tenido influencia en la percepción pública sobre el delito y su control. Debido a cambios culturales amplios, se producen fuertes cambios en aspectos esenciales del funcionamiento de la penalidad. Esta situación provoca una respuesta estatal ambivalente, que repercute en una acción penal más emotiva y guiada por intereses electorales, más que por un conocimiento de expertos. Es muy destacable la descripción que realiza de los cambios en la respuesta social a la delincuencia, que se habría endurecido por el asentamiento de una sensación de vivir en una sociedad con altos niveles de delincuencia.
Una tercera aproximación teórica destacable es la efectuada por Alessandro De Giorgi4. De influencia eminentemente marxista y foucaultiana, su análisis se centra principalmente en los movimientos migratorios, si bien como área donde analizar mejor los mencionados cambios punitivos. Así, la transformación de la economía requeriría una forma de castigo acorde a ella. Esta primacía de las estructuras económicas se vería reforzada por una gestión biopolítica de las poblaciones, en la que la aplicación de una lógica del riesgo y el cálculo estadístico reconfiguraría el castigoen términos más propios a los de una sociedad de control que tiene que gestionar multitudes.
3 Garland, 2001.
Aquí se va a adoptar la tesis desarrollada por Loïc Wacquant5, que pone el énfasis en las políticas neoliberales. A continuación se explicará en detalle, y a lo largo de la tesis se pondrá en discusión con otras teorías. No obstante, se pueden adelantar aquí algunos de los motivos que, a priori, parecían suponer una ventaja frente a, por ejemplo, los autores recién mencionados.
El propio Wacquant se encarga de señalar que la explicación del neoliberalismo
tiene algunas ventajas con respecto a otras tesis6. Por ejemplo, para Garland, la cultura
del control abarca todo, a excepción de la economía (algo que no sabe muy bien cómo explicar), mientras que el modelo neoliberal explica el “descontrol” que vive la economía. Otro aspecto que es capaz de explicar la tesis wacquantiana es la selectividad del aparato penal. Garland no toca para nada el aspecto de la etnia, a pesar de que una cantidad totalmente desproporcionada de “objetivos” del sistema penal sean afroamericanos. Para esto, como para el sesgo de clase, Wacquant sí tiene una explicación. Además, recuerda, la permisividad y el laissez-faire se restringe a los estratos altos de la población, mientras que la relación estatal con las clases bajas se caracteriza por un fuerte moralismo autoritario.
El autor francés también defiende que su tesis del neoliberalismo es capaz de explicar la difusión de la nueva doxa penal a países subdesarrollados o en vías de desarrollo que difícilmente se pueden encuadrar como países que han llegado a la “modernidad tardía”, como pueden ser ciertos países africanos, Brasil o Turquía. Además, añade luz para entender por qué estos modelos punitivos se han esparcido antes y más rápido por países de la Commonwealth que por los países de la vieja Europa. Si bien aquí la similitud cultural sin duda es importante, Wacquant enfatiza el hecho de que el neoliberalismo está muy relacionado con su difusión internacional, a través principalmente de modelos políticos, aunque con repercusiones culturales (por ejemplo, la cultura individual).
También destaca que ni la “cultura del control” de Garland ni la “sociedad disciplinaria” de Foucault dan cuenta del momento histórico, ni de la forma concreta en que este giro punitivo ha tenido lugar. En concreto, señala que elementos que caracterizan la modernidad tardía de Garland no son especiales de los últimos treinta
5 Wacquant, [1999a], [2009]. 6 Wacquant, [2009]: 428-429.
años; que son cambios lentos y graduales mientras que el encarcelamiento de los últimos años ha sido drástico y súbito; y que los países que mejor responden a los rasgos de la modernidad tardía, los escandinavos, son de los países que “han resistido mejor el giro hacia la contención punitiva de la marginalidad urbana”7.
No obstante, la asociación que hace Wacquant entre neoliberalismo e hiperencarcelamiento se encuentra con algunas excepciones que será necesario estudiar más en profundidad, como puede ser el caso canadiense o el italiano, en cuanto a países neoliberales que no han visto aumentar vertiginosamente su población carcelaria, y otros que hayan podido aumentar sus presos sin adoptar políticas neoliberales, o que
las adoptaron después de haber iniciado el aumento de presos8.
Otra ventaja con respecto a otras explicaciones es que no recurre a conceptos demasiado abstractos (como pueden ser los mentados “sociedad disciplinaria”, “cultura del control”, “biopoder” o “modernidad tardía”) y que, por lo tanto, es posible comprobar empíricamente. Así puede superar problemas como los que tiene el desarrollo teórico de John Pratt, el cual recurre a conceptos como “proceso descivilizador” o las “sensibilidades”9. El problema de este tipo de explicación no reside en que no sirva para dar cuenta del cambio adoptado por las sociedades en su forma de castigar, sino que lo mismo explica un endurecimiento del castigo (con procesos descivilizador) como da cuenta de una suavización del mismo (con procesos civilizadores). Esta explicación se mueve en un continuum que va de descivilizado a civilizado, dependiendo de los desarrollos penales. Si bien se puede estudiar empíricamente, como el propio Pratt lo ha hecho, en principio parece que su capacidad predictiva es limitada (es difícil predecir, por ejemplo, cuándo o bajo qué condiciones van a cambiar las sensibilidades, salvo en un análisis a posteriori), o simplemente explicar por qué o de qué depende que se dé un proceso u otro. Por otro lado, tanto Pratt como Garland parecen moverse en explicaciones que requieren un tiempo de cambio amplio, mayor que las dos o tres décadas en las que se inició y asentó el cambio que estudian en los países anglosajones.
7 Wacquant, [2009]: 426.
8 Parece ser el caso de Grecia, ver Cheliotis y Xenakis, [2010].
9 Pratt, 2005. Wacquant ha usado el marco de Elias y el proceso descivilizador para interpretar, “en
Por último, la centralidad en su argumentación del Estado (del campo burocrático) ha suscitado críticas desde un punto de vista genealogista, inspirado principalmente en Nietzsche y Foucault. Se le critica que la transformación y reconfiguración del Estado es un efecto, y no el inicio, de las políticas y la gobernanza, por lo que habría que estudiar estas prácticas, así como todas las dificultades, azares y reversos que este proceso conlleva. Partir de un análisis meticuloso de las prácticas y
estudiar la transformación del Estado como resultado de éstas sería el camino a seguir10.
Resulta cuanto menos curioso que siendo esta, a mi juicio, una de las críticas de más peso y más a tener en cuenta de las realizadas hasta ahora a Wacquant, haya autores que puedan calificarlo de foucaultiano, cuando es una diferencia de base importante (y
a pesar de que la aproximación de ambos autores a neoliberalismo no es excluyente11).