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La importancia económica y social de las remesas en México

Según Conapo (2004), para muchos países los ingresos por remesas tienen una enorme importancia económica. Destaca la de El Salvador, donde las remesas recibidas en el año 2002 constituyeron 145 por ciento del pib y 64 de las exportaciones. En cuanto a México, los ingresos por este concepto representaron en el 2002, 1.5 y 6.1% del pib y de los in- gresos por exportaciones. Según estimaciones del Banco de México, las remesas enviadas a México han pasado de 2 494 millones de dólares en 1990 a 13 396 millones en 2003 y a 16 613 millones en el 2004.

De acuerdo a las estimaciones del banco central mexicano, de seguir la misma tendencia ascendente, para el año 2005 el ingreso de remesas podría superar los 19 mil millones de dólares. Sólo en el segundo tri- mestre, la entrada de recursos al país por este concepto fue de 5 mil 214 millones de dólares, lo que implicó un incremento anual de 15. por ciento, mientras que en enero-marzo la tasa de crecimiento había sido de 20.5%. En enero-junio, México recibió diariamente en promedio, por parte de los connacionales que residen en el exterior, sobre todo en Estados Unidos, 51.5 millones de dólares (El Financiero: 28 de julio, 2005).

Durante la década de los noventa, México registró un crecimiento significativo del monto de remesas procedentes fundamentalmente de Estados Unidos, con tasas de crecimiento anuales de alrededor de diez por ciento. Los primeros años del nuevo siglo se caracterizan, según Conapo (2004), por el gran dinamismo que muestra el envío de remesas, con un ritmo de crecimiento que supera en mucho lo observado en años anteriores —las tasas de crecimiento anuales se encuentran próximas al 24%—: tan sólo entre los años 2002 y 2003 las remesas en México

aumentaron 3 582 millones de dólares, mientras que entre 2003 y 2004 lo hicieron en 3 21 millones de dólares.

México recibió remesas familiares en los últimos quince años por un monto acumulado cercano a 95 mil millones de dólares. Lo cual se explica porque las remesas han crecido en tasas muy superiores a las de la migración, en gran medida debido a una mayor cobertura de estas operaciones por parte de las instituciones financieras intermediarias, así como a la considerable reducción de los costos de las operaciones que involucran transferencias monetarias entre ambos países.

En las dos últimas dos décadas las remesas se han convertido en un flujo de divisas de suma importancia para la economía mexicana, al constituir uno de los principales rubros de la balanza de pagos y porque contribuyen a reactivar las economías regionales y locales. La compa- ración del flujo de remesas con ciertos indicadores macroeconómicos nacionales muestra la relevancia que tienen estos recursos. En el año 2003, los envíos de dinero de los migrantes a sus familiares representa- ron alrededor de 80 por ciento de las exportaciones petroleras y 3 por ciento del superávit de la balanza comercial de maquiladoras, al tiempo que superaron en 42 por ciento a los ingresos derivados del turismo. Recientemente, en el 2004, las remesas representaron el 0% de las exportaciones de petróleo y el 8% del superávit maquilador.

Respecto a la distribución regional de las remesas, ésta se ha ido diversificando y generalizando a la mayor parte de los estados del país, en la medida que las regiones de migración internacional de mayor tradición, como el Centro-Occidente, han experimentado un cambio en su patrón, de migración temporal a migración definitiva, y de todo el grupo familiar, además, en que debido a la profunda crisis del campo y de la economía nacional, la emigración internacional se ha extendido prácticamente a todo el país (R. García Z: 2003).

Cuatro estados en el 2004 —Michoacán, Guanajuato, Jalisco y Es- tado de México—, recibieron cada uno más del mil millones de dólares por concepto de remesas familiares, y en uno de ellos —Michoacán—, la cifra superó los dos mil millones de dólares. Si bien en ese año sólo seis estados concentraron más de la mitad de las remesas —Michoacán, Guanajuato, Jalisco, México, Puebla y Distrito Federal—, en el resto de los estados del país éstas han ganado creciente visibilidad e importancia. Así por ejemplo, mientras en 1995 cerca del 40 por ciento de los ingre- sos por tal concepto se dirigió a tres de los estados de mayor tradición

migratoria —Michoacán, Jalisco y Guanajuato—, en el 2004 ese valor se redujo a 31 por ciento. En contraste, los estados de Veracruz y Chia- pas, cuya participación en la migración internacional era hasta fecha reciente marginal, pasaron de ocupar las posiciones 15 y 2 en 1995, a los lugares séptimo y onceavo en el 2004. El Estado de México, a su vez, se ubicó en la cuarta posición. Con base en estas cifras, el monto promedio per cápita por concepto de remesas en Michoacán, en 2004 ascendió a 539 dólares, mientras que en Guanajuato y Zacatecas fue de 313 y 311 dólares respectivamente (Conapo: 84- 2004).

Como se indicó anteriormente, a pesar de que en los últimos años se han realizado considerables esfuerzos para mejorar la estimación de los flujos de remesas, las cifras oficiales pueden estar omitiendo algunos rubros que llevan a subestimar su magnitud —por ejemplo, las transfe- rencias realizadas mediante canales informales—, o bien a sobreestimarla, porque incluyan transferencias monetarias que no necesariamente están relacionadas con la migración. Esta última situación parece que se está dando en el registro de la entrada de remesas a México en los últimos años, cuando la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) sostiene que las remesas que ingresan al país son cuando mucho de alrededor de 50 por ciento de lo reportado de manera oficial por el Banco de México. Rodolfo Tuirán, subsecretario de Sedesol expresa: “No dudamos del in- greso de todos esos recursos —16 613 millones de dólares en el 2004—, estamos seguros de que el flujo existe y que tiene sustento en los registros contables de las empresas dedicadas a realizar transferencias de fondos y cuyas estadísticas agregadas son insumo para el Banco de México para conformar las estadísticas de las remesas familiares”. Para dicho funciona- rio, lo que Sedesol pone en duda es que la totalidad de los recursos sean remesas familiares, pues considera que una parte de ese monto incluye también otras transferencias. Es el momento, según él, de comenzar a estudiar más a fondo este tema, porque tanto en México como en Estados Unidos empiezan a derivarse conclusiones acerca de los beneficios de las remesas familiares. E incluso se depositan en ellas expectativas crecientes sobre el papel que pueden desempeñar en el futuro del país. “Comienza a decirse que son bálsamo contra la pobreza, recursos estratégicos para la estabilidad macroeconómica, política y social del país”. Por eso es necesario hacer un esfuerzo serio y riguroso para garantizar que estamos redimensionando adecuadamente ese flujo. Lo que preocupa a Sedesol es que esos miles de millones de dólares etiquetados como remesas fami-

liares encubran otras transferencias. Las remesas familiares, para Tuirán, son una transferencia entre una persona en Estados Unidos con otra en México, unidas por un vinculo familiar, y que envían ese recurso para garantizar la economía del hogar. Banxico lo que mide, que se convierte en punto central del argumento de Sedesol, es el envío de una persona física desde la Unión Americana a una persona física en México; el Banco Central presupone que existe un vinculo familiar, y que ese recurso se envía para fortalecer la economía de la familia. Por lo cual no existen elementos que aseguren que la transferencia es entre personas unidas por un parentesco (El Financiero: 14 de julio, 2005).

Sobre el cuestionamiento anterior, Jesús Cervantes, director de Medición Económica del Banxico, expresa que si se hacen bien las cuentas que tiene anotadas Estados Unidos sobre remesas, no hay di- ferencias con las que reporta el Banco Central. Si se leen bien las cifras de Estados Unidos, hay dos renglones en su cuenta corriente —uno es el de remesas privadas, que en el 2004 fueron 9 mil 653 millones de dólares, y otro llamado compensación de trabajadores que son mil 15 millones de dólares, lo cual suma 16 668 millones de dólares, cantidad que se aproxima a la cifra de Banxico, que fue de 16 mil 613 millones de dólares (El Financiero: 28 de Julio, 2005).

Previo al debate anterior sobre el monto de las remesas familiares que ingresaron a México en los últimos años, el mismo Conapo destaca que al considerar otras fuentes de información, como las que provienen de encuestas de hogares, el monto de las remesas disminuye sensible- mente. Con base en la Encuesta Nacional de Ingreso Gasto de los Hogares (enigh), se estima que las percepciones por remesas familiares provenientes del extranjero se incrementaron de 1 mil 394 millones de dólares a 3 mil 631 millones de dólares entre los años 1992 y 2002. En ese periodo, el número de hogares receptores de remesas duplicó su tamaño, al pasar de 600 mil a 1.4 millones, lo que benefició de manera directa a un total de 5.6 millones de personas en ese último año. Este incremento se explica por el impacto de la crisis económica mexicana de 1995, que obligó a un mayor número de hogares a recurrir a la migración internacional como alternativa ante el deterioro en sus condiciones de vida. Tan sólo entre 1994 y 1996, el número de hogares receptores de remesas creció en más de 400 mil unidades, al pasar de 665 mil a 1.06 millones. Un rasgo a considerar sobre tales hogares es que poco más de la mitad (52%) se ubica en las localidades rurales menores de 2500

habitantes. En ellas, alrededor de 34 mil unidades domésticas reciben recursos por esta vía, lo que representa el 12.6% del total de unidades domésticas en localidades de este tamaño. Por su parte, los hogares que reciben transferencias monetarias del exterior en las localidades de 2500 o más habitantes, semiurbanas y urbanas, suman cerca de 60 mil, que representan el 3.5% (Conapo: 8-2004).

La tendencia anterior de ascenso en los hogares receptores de remesas se registra en todos los estados del país. Zacatecas, Michoacán, Durango, Nayarit, Guanajuato y San Luis Potosí, pertenecientes a la región de alta tradición migratoria internacional, destacan por presentar las mayores proporciones de hogares que reciben remesas, con valores que oscilan entre 8 y 13 por ciento. Asimismo, resulta bastante significativo el peso relativo de los hogares receptores de esos recursos en los estados de Gue- rrero y Morelos, ubicados, respectivamente, en las regiones Sur-Sureste y Centro, los cuales se caracterizan por una incorporación más reciente en la dinámica migratoria a Estados Unidos. En la región del país con la mayor tradición migratoria, nueve por ciento de los hogares recibe remesas; le sigue en importancia la región Norte, con 3.5%, la región Sur-Sureste con 2.9%, y la región Centro con 2.6 por ciento.

En cuanto al monto promedio anual del ingreso por concepto de remesas de los hogares que reciben estos recursos, ascendió a 2590 dólares en el año 2002; en lo hogares radicados en las localidades con menos de 2500 habitantes fue de 233 dólares, mientras que en los de las localidades con 2500 o más habitantes se elevó a 2830 dólares.

Respecto al uso de esos recursos, los hogares destinan la mayor parte de su ingreso a la satisfacción de necesidades básicas y otros tipos de con- sumo doméstico, incluidos aquellos gastos que en realidad constituyen inversiones en capital humano como educación y salud. Se estima que las remesas también aportan recursos importantes para el desarrollo de las comunidades con tradición migratoria internacional, con significa- tivos efectos multiplicadores en la actividad económica regional y local. Se calcula que al menos un 10% de las remesas se dedica al ahorro y la inversión productiva.

No hay duda de que las transferencias de remesas de los migrantes a su familias cumplen un papel determinante en el sostenimiento de los hogares que las reciben, ya que en promedio representan el 35.6% del ingreso corriente total y casi la mitad del ingreso corriente monetario (46.9%). La importancia relativa de estos recursos es mayor en las locali-

dades con menos de 2500 habitantes, cuyo monto equivale en promedio al 53 por ciento del ingreso monetario de los hogares. La proporción correspondiente en los hogares de las localidades con 2500 o más habi- tantes asciende al 43 por ciento. Es importante considerar que para uno de cada cinco hogares receptores, las remesas constituyen la única fuente de ingreso monetario, lo que los hace altamente vulnerables ante una eventual interrupción de esos recursos (Conapo: 90-2004).

Por todo lo anteriormente expuesto, es indudable la importancia que asume la migración internacional y las remesas familiares para el funcio- namiento de la economía y la sociedad mexicana desde los años ochenta hasta la fecha, ante la falta de resultados positivos de las políticas de esta- bilización macroeconómica en términos de crecimiento económico y del empleo, como lo muestra el hecho de que entre los años 1982 y 2002, el Producto Interno Bruto per cápita creció a un ritmo de 0.35%, mientras que en los 50 años previos a 1982 lo hizo a una tasa del 3.1% anual (R. García Z: 2004). Ello ha propiciado que con frecuencia en los discursos gubernamentales se sobreestimen los impactos y el potencial de las remesas familiares como instrumento de financiamiento de proyectos productivos y detonante del desarrollo regional, en ausencia de políticas públicas para tales objetivos. Este discurso, que también ha sido reiterado en los últi- mos años en varis publicaciones del Banco Interamericano de Desarrollo (Fomin: noviembre, 2003), hablando de un “río de oro” de remesas para América Latina y las remesas como “palanca para el desarrollo”, ha gene- rado una respuesta critica por parte de varios investigadores en México, como Fernando Lozano (2004), quien señala que ha ido surgiendo un nuevo “paradigma” del desarrollo que ve en la migración y las remesas la salvación a los problemas económicos y sociales de los países de origen de los migrantes, olvidando que las remesas son recursos esencialmente privados que expresan una relación íntima entre el migrante y su familia. Los migrantes y los recursos generados por ellos, no pueden ser llamados con las responsabilidades que le corresponden al Estado mexicano.

En el mismo sentido, Alejandro Canales (2004) cuestiona el supuesto potencial productivo de las remesas e intenta situar en su justa dimensión el aporte de las remesas y los migrantes al desarrollo local y regional. Estos no deben ser vistos como héroes posmodernos que cargan sobre sus espaldas la tarea de impulsar el desarrollo de sus comunidades, pero tampoco como sujetos desamparados, inmersos en un síndrome migra- torio, según el cual se crearía una dependencia perversa en torno a las

remesas y los migrantes. Canales señala que quienes ven en México a los 13 mil millones de dólares de remesas captadas en el 2003 como fuente potencial de financiamiento para un vigoroso proceso de crecimiento en las comunidades de origen si se reduce su uso familiar, y en obras sociales y familiares improductivas, confunden el verdadero significado económico de las remesas. Éstas en realidad no representan un tipo de ahorro migrante, sino que constituyen un fondo salarial que suele des- tinarse a los mismos usos y gastos que cualquier otro salario.

Por su parte, Jesús Arroyo (2004), destaca los siguientes impactos de la migración internacional y las remesas en la economía mexicana:

1. Ambas contribuyen al equilibrio macroeconómico del país.

2. Estimulan la economía de las comunidades de origen y destino.

3. En el caso de las comunidades de origen, el impacto principal es en el mantenimiento familiar y el financiamiento de la educación de los miembros de la familia.

4. Los impactos económicos de las remesas se concentran en las gran- des ciudades de las regiones de larga migración. El impacto de tales recursos se da donde se gastan, no donde se reciben.

5. El potencial productivo de las remesas familiares es muy reducido.

6. La población de las comunidades de origen con alta migración está consciente del papel de las remesas en sus economías locales.

7. Perciben a la migración internacional como un factor esencial en su economía.

8. Consideran a esa migración como única opción de desarrollo familiar, así como un riesgo.

9. Es posible que la bancarización sea una de las alternativas para reducir el costo de envío de las remesas.

Finalmente, Virgilio Partida (2004) considera que a partir de las ten- dencias demográficas de México en los últimos años, es de esperar en los próximos unas tasas de migración hacia Estados Unidos cercana a los 400 mil migrantes anuales. Sin embargo, la variación de la tasa de migración a nivel económico dependerá, según él, de los siguientes factores:

1. La tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto de México.

2. La razón del promedio de los salarios no agrícolas entre ambos países.

3. La razón de las tasas de desempleo entre México y Estados Uni- dos.

4. El monto de las remesas per cápita como una aproximación al ac- cionar de las redes sociales y de la intensidad del vínculo entre los lugares de origen y destino.

El impacto de las remesas sobre los hogares