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planificación de la familia

INCLUSIÓN DE LOS HOMBRES EN LA SALUD REPRODUCTIVA.

En casi todos los países y en miles de programas gubernamenta- les y de ONG, se están encontrando maneras creativas de involucrar a los hombres en los programas de salud reproducti- va. Los hombres han respondido positivamente a esas acciones. Todos los países que respondieron a la Encuesta Mundial del UNFPA (2003) manifestaron que habían adoptado medidas

para promover los métodos anticonceptivos masculinos. Se han llevado a cabo campañas para que los hombres apoyen a las mujeres en todos los países del Asia central y en la mayo- ría de los países de Asia y el Pacífico, de África y del Caribe. Más de la mitad de los países caribeños manifestaron que habían formulado planes para alentar un mayor involucra- miento de los hombres en la salud reproductiva.

L A B O R PA R A C A M B I A R L A S N O R M A S D E G É N E RO.

Un tercer enfoque se centra en los hombres como compañeros de las mujeres y trata de encontrar oportunidades para abor- dar las maneras en que las posiciones sociales limitan los papeles sexuales y reproductivos de las mujeres y los hom- bres. Algunos programas abordan explícitamente la falta de equidad en las normas de género, que menoscaba la salud de hombres y mujeres; y tratan de educar a los hombres acerca de las maneras en que el control de los recursos de la familia, la violencia en el hogar o las opiniones sobre sexualidad mas- culina o femenina, por ejemplo, pueden perjudicar la buena salud reproductiva.

Algunos programas, como el de movilización de los jóve- nes varones en Sudáfrica, el programa de mejores opciones en la vida para los niños varones en la India, el programa “Strength Campaign”, Men Can Stop Rape,el programa de concien- ciación de los adolescentes varones en Nigeria y Canteraen Centroamérica tratan de transformar los valores subyacentes a los comportamientos perjudiciales6 5

. Esos programas han demostrado que cuando se alienta a los hombres a hablar de sus creencias, pasan a cuestionar los elementos nocivos de las ideas tradicionales de masculinidad y acogen con agrado la oportunidad de actuar de manera diferente.

Algunos programas promueven la comunicación y el respeto entre hombres y mujeres en cuestiones de salud reproductiva y tratan de crear aptitudes de negociación, tanto en las mujeres como en los hombres. Muchas acciones se centran en varones jóvenes y solteros, cuyas ideas acerca de los papeles de género y la sexualidad aún están en evolución6 6

. Desde Costa Rica hasta Kenya y Filipinas, los programas están trabajando con jóvenes varones para abor- dar sus opciones de salud sexual y desarrollar sus aptitudes. Por ejemplo, la Asociación Deportiva Juvenil Mathare en Kenya, ha establecido un programa de educación de jóvenes por otros jóvenes para la prevención del VIH6 7

. La ONG brasileña ECOS destaca los vínculos entre masculinidad, paternidad y salud6 8

.

Otra estrategia importante es colaborar con hombres que ocupan funciones de liderazgo, pues ellos pueden influir sobre otros hombres y promover la salud de la mujer.

En la actualidad, en los países en desarrollo, las complica- ciones obstétricas son la causa principal de defunción de mujeres en edad de procrear y constituyen uno de los proble- mas de salud más urgentes y refractarios1

. Se reconoce que reducir las tasas de mortalidad y morbilidad derivadas de la maternidad es un imperativo moral y de derechos humanos, así como una prioridad de importancia crucial para el desa- rrollo internacional, acorde con las fijadas por el Programa de Acción de la CIPD y los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Es trágico que, pese al progreso logrado en algunos países, el número de defunciones anuales en todo el mundo—calculado en 529.000, o una por minuto—no ha cambiado sustancialmente después de la CIPD, según esti- maciones recientes efectuadas por la OMS, el UNICEF y el UNFPA2

; de esas defunciones, un 99% ocurren en países en desarrollo. Llegan a millones las cantidades de mujeres que sobreviven pero padecen enfermedades y discapacidad debido al embarazo y el parto. Aun cuando es difícil obtener datos, la Iniciativa sobre la Maternidad sin Riesgo, una coalición de organismos de las Naciones Unidas y ONG, estima que por cada defunción de una madre, hay entre 30 y 50 casos de morbilidad, tanto temporal como crónica3

. Nuevos enfoques

La CIPD reconoció que sería posible prevenir la mayoría de esas defunciones y lesiones si se proporcionara un más amplio acceso a la atención por personal capacitado antes, durante y después del embarazo; en consecuencia, la CIPD exhortó a los países a ampliar los servicios de salud materna en el marco de la atención primaria de la salud, y a formular estrategias a fin de superar las causas intrínsecas de mortali- dad y morbilidad de las madres4

.

En los últimos diez años, hubo un cambio paradigmático en las prioridades mundiales para reducir las tasas de defun- ción y enfermedad debidas a la maternidad. En el pasado, los investigadores y los profesionales pensaban que era posible detectar los embarazos de alto riesgo y proporcionarles trata- miento, y que la atención prenatal podría prevenir muchas defunciones de madres. También exhortaron a que se capaci- tara a las parteras tradicionales, a fin de reducir los riesgos de enfermedad o muerte durante el embarazo.

Pero las intervenciones de esos dos tipos no redujeron las tasas de mortalidad derivada de la maternidad5

. Actualmente, los profesionales de la salud y los encargados de formular políticas están en general de acuerdo acerca de que las defunciones de madres, en su mayoría, obedecen a problemas de difícil detección previa—cualquier mujer puede experimentar complicaciones durante el embarazo, el parto y el puerperio—pero que esas complicaciones casi siempre son susceptibles de tratamiento, a condición de que se disponga de acceso a atención obstétrica de emergencia.

Desde mediados del decenio de 1990, los gobiernos, los organismos internacionales, incluido el UNFPA, los investi- gadores y las entidades de la sociedad civil se han centrado en las intervenciones consideradas más eficaces: ampliar el acceso de las mujeres a la atención de personal capacitado en el parto; mejorar los establecimientos de atención obstétrica de emergencia y el acceso de las mujeres a los mismos para el tratamiento de las complicaciones del embarazo; y asegurar que se disponga de sistemas de remisión a establecimientos de mayor capacidad y de transporte para que las mujeres que padecen complicaciones puedan recibir tratamiento sin tardanza.

Asimismo, en la lista de prioridades mundiales, para lograr que la maternidad sin riesgo ocupe un alto lugar hay que asegurar que las mujeres tengan acceso a servicios de planificación de la familia, a fin de reducir los embarazos no deseados; y mejorar la calidad y capacidad generales de los sistemas de salud de los países, especialmente en el plano de distrito, además de fortalecer los recursos humanos.

FOCALIZACIÓN EN LOS DERECHOS. Una característica adi-

cional del período posterior a la CIPD es el reconocimiento de que las defunciones y la discapacidad derivada de la materni- dad constituyen conculcaciones de los derechos humanos de las mujeres y dependen en gran medida de la condición de la mujer en la sociedad y de su grado de independencia econó- mica6

. Varias convenciones sobre derechos humanos apoyan la opinión de que las mujeres tienen derecho a servicios de atención de la salud que aumentan la probabilidad de super- vivencia después del embarazo y el parto7

. También se está prestando mayor atención en todos los planos a otras cuestio- nes relacionadas con los derechos, entre ellas, el papel de las

de la salud materna bien equipados y adecuadamente dotados de personal, asistencia calificada durante el parto, atención obstétrica de emergencia, remisión y envío eficaces a niveles superiores de atención en caso necesario1 0

”.

En el año 2000, en la Cumbre del Milenio, también se estableció que la salud materna es una urgente prioridad en la lucha contra la pobreza. El Objetivo 5 de Desarrollo del Milenio exhorta a lograr antes de 2015 una reducción del 75% en el índice de mortalidad materna (el número de defunciones de madres por cada 100.000 nacidos vivos), en comparación con los niveles registrados en 1990.

Conquistar esas metas será difícil. En todo el mundo en desarrollo, la proporción de todas las embarazadas que reci- ben al menos algún tipo de atención durante el embarazo es de aproximadamente 65%; un 40% de los partos ocurren en establecimientos de salud; y poco más de la mitad de todos desigualdades de género en el nivel de atención de la salud

y los efectos de la violencia por motivos de género sobre los embarazos8

.

No obstante, diez años después de El Cairo, las necesida- des de las mujeres suelen no tener una alta prioridad para los gobiernos y las comunidades. Las mujeres siguen care- ciendo de facultades para escoger la atención obstétrica que quieren. La pobreza, los conflictos y los desastres naturales empeoran la salud reproductiva y agregan nuevos problemas en cuanto a asegurar la maternidad sin riesgo9

.

En la CIPD se planteó como objetivo reducir la mortali- dad derivada de la maternidad hasta la mitad de los niveles registrados en 1990 antes del año 2000 y lograr una nueva reducción a la mitad antes de 2015. También se exhortó a reducir las diferencias entre países en desarrollo y desarro- llados y dentro de un mismo país, y a reducir en gran medida el número de

defunciones y las tasas de morbilidad derivadas del aborto realizado en malas condiciones.

En el examen realizado en 1999 de la ejecución del Programa de Acción de la CIPD se destacó la conexión entre los altos niveles de mortalidad derivada de la maternidad y de pobreza y se exhortó a los Estados a “promover la reducción de la morbimortalidad materna, como cuestión prioritaria de salud pública y de derechos reproducti- vos” y velar por que “la mujer tenga fácil acceso a atención obstétrica esen- cial, servicios de atención

5 2 C A P Í T U LO 7 : S A L U D M AT E R N A

Cuadro 1: Estimaciones de mortalidad materna por región, 2000

Índice de mortalidad materna Número de Riesgo de muerte (defunciones de madres por defunciones materna a lo largo

Región 100.000 nacidos vivos) de madres de toda la vida, 1 en:

TOTAL MUNDIAL 400 529.000 74 REGIONES DESARROLLADAS 20 2.500 2.800 Europa 24 1.700 2.400 REGIONES EN DESARROLLO 440 527.000 61 África 830 251.000 20 África septentrional 130 4.600 210

África al Sur del Sahara 920 247.000 16

Asia 330 253.000 94

Asia oriental 55 11.000 840

Asia centromeridional 520 207.000 46

Asia sudoriental 210 25.000 140

Asia occidental 190 9.800 120

América Latina y el Caribe 190 22.000 160

Oceanía 240 530 83

Fuente: OMS, UNICEF, y UNFPA, Maternal Mortality in 2000: estimaciones de OMS, UNICEF, y UNFPA.2003, Organización Mundial de la Salud: Ginebra.