3. Industria editorial y el mercado del libro mundial, y el caso de México 29
3.2. La industria editorial 36
El Acuerdo de Florencia de 1950 sobre la importación de objetos de carácter científico, educativo o cultural, tenía como objetivo establecer una libre circulación de libros y una mayor difusión de la cultura, con la posibilidad del intercambio sin pago de aranceles (Gómez- Escalonilla, 2007). La regulación pública del mercado del libro en los países europeos ha permitido la consolidación de unas industrias nacionales fuertes que se imponen en el mercado
internacional. La supuesta liberalización del mercado ha generado una estructura mundial asimétrica donde las industrias fuertes, las europeas y norteamericanas controlan el mercado mundial, la producción, la facturación y por lo tanto el público lector.
Según Escalante Gonzalbo (2007), el mundo editorial cambia drásticamente en los años sesenta del siglo pasado, cuando se rompe con el viejo sistema de pequeños editores con prestigio personal, que eran a la vez libreros y distribuidores, y las editoriales pasan a ser propiedad de grupos de accionistas. Ese cambio, Escalante Gonzalbo (2007) define como paso del momento clásico al momento monopólico. La primera que marcó el cambio era la editorial estadounidense, Random House, cuyas acciones empezaron de cotizarse en la bolsa de Nueva York en el año 1959. Durante los años 1970 en España muchos bancos adquirieron acciones de prestigiosas editoriales, como Taurus o Espasa Calpe que llegó a pertenecer 100% al Banco Bilbao (Schavelzon, septiembre de 2013). Los bancos y otras empresas, poseedores del poder económico, entraban en el mundo editorial sin otro motivo más que acumular todavía más poder y ganar más dinero. Otro ejemplo es el mexicano Carlos Slim, el segundo hombre más rico del mundo, que cada año adquiere otro porcentaje de The New York Times; o Jeff Bezos, el dueño de Amazon, que compró el diario Washington Post por 250 millones de dólares (Schavelzon, septiembre de 2013). De este modo, la edición pasa a ser una actividad más, dentro de grandes corporaciones multinacionales, muchas de ellas dedicadas a la comunicación (Random House, Bertelsmann, Pearson, La Martinière, Planeta, Holtzbrinck, Reed Elsevier, PRISA) y otros negocios de distinta naturaleza como la fabricación de misiles y aviones, la producción de automóviles o la construcción (Hachette, Vivendi, Mondadori, Macgraw Hill, RCS, entre otros) (Schavelzon, septiembre de 2013). En otras palabras, la edición deja de ser un negocio familiar, casero y con grandes adquisiciones empiezan a formarse consorcios y grupos editoriales.
En un primer momento se formaron conglomerados heterogéneos, juntando empresas dedicadas a la producción de diferentes cosas, pero con tiempo se puso la lógica de buscar sinergias, lo que llevó a la formación de las empresas “multimedia”; es decir integración de la industria editorial con otras empresas dedicadas a la industria de espectáculo (música prensa, cine, radio, televisión). Es un mecanismo de producción y publicidad que se retroalimenta, donde los productos son a la vez mercancía, capital y publicidad de otras mercancías (Escalante Gonzalbo, 2007). En España los siguientes grupos tienen el control del mercado y son los que predominan en el mercado del libro en el resto de los países del habla hispana:
1) Grupo Planeta – el mayor de los grupos en la lengua española, con más de 30% del mercado (Paidós le pertenece).
2) Grupo Santillana – división editorial del Grupo Prisa (El País, Itaca, Nuevo México).
3) Grupo Anaya – tiene la mayor cadena de revistas en España.
Random House / Mondadori – la filial española del consorcio alemán Bertelsman (Escalante Gonzalbo, 2007).1
Los grandes grupos empresariales representan el 80% de la producción de libros en todo el mundo y son los que marcan las tendencias del negocio: oferta, distribución y consumo; es decir deciden lo que se podrá leer (Schavelzon,septiembre de 2013). En otras palabras, imponen los criterios generales de operación como: línea editorial, tirajes, comercialización, etc. Se favorece la contratación de las obras que, sea por su temática o por el autor, tengan garantizada una cierta cuota de mercado. Esta dimánica de los best sellers,o los libros más vendidos mata a
1 Hay que recordar que se dio a finales de 2013 la adquisición de parte del Grupo Santillana por el consorcio Penguin-Random House.
la diversidad cultural en el sentido de que sólo ciertos libros elegidos llegan a todo el mundo y muchos otros ni siquiera salen del almacén (Gómez-Escalonilla, 2007).
La producción de nuevos títulos al año en los países europeos está entre 60 y 70 mil. En 2003, la producción editorial en conjunto en América Latina era 76 627, frente a los 65 824 que se produjo sólo en España (Gómez-Escalonilla, 2007). Los factores son económicos (piratería) tanto como de pésima distribución a nivel territorial. Muchas zonas remotas, con menos densidad de población se quedan totalmente excluidas. También existe un desequilibrio en cuanto a los lectores: en España la media de lectura se sitúa en 10 libros al año y en México apenas superan dos libros al año. El por ciento de la población que lee es más alto en Francia – 74%, en Suecia – 72%, en España – 58 % y en Italia – 40% (Gómez-Escalonilla, 2007).
En México, los años noventa marcaron la expansión de la nueva industria reflejada en la concentración en grandes grupos y la destrucción de las editoriales pequeñas. Las industrias editoriales es este país no son grandes, no venden mucho y no son mexicanas. En 1990 las editoriales en México en conjunto publicaron 21 500 títulos y 142 millones de ejemplares y de allí el numero empezó a disminuir. En 1992 el número cayó casi en la mitad- 13 400 títulos y siguió en ese nivel el resto de la década. Lo que influyó era el dólar barato (1992-94) que convirtió la importación en un negocio más lucrativo que la edición. La oferta externa desplazó la interna (Escalante Gonzalbo, 2007). Más adelante, en el año 2001 se publicaron 16 000 de títulos y 102 millones de ejemplares y en el año 2003, 17 000 de títulos y 121 millones de ejemplares. Según los datos más reciente que proporciona la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (CANIEM), la totalidad de la producción editorial del sector público, tanto como el privado, en el país en 2013, corresponde a un número de 340 millones de ejemplares (CANIEM, 2014).