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LA “INEVITABILIDAD DEL CAPITAL GLOBALIZADO” CONTRA LA “PRUEBA DE LA INDETERMINABILIDAD”:

UNA CRÍTICA MARXISTA

MIKE COLE

Comenzaré este capítulo discutiendo el modo en que la globaliza- ción y el capitalismo se presentan como características de vida natu- rales, inevitables y permanentes del siglo XXI. Luego, examinaré el posmodernismo y el marxismo procurando establecer sus respectivos análisis del presente y sus “visiones” de futuro.

Mientras que para los capitalistas y sus partidarios políticos y aca- démicos la globalización del capital resulta indiscutible, para los posmodernos nada es cierto, ni siquiera decidible. Por ende, ningún programa de acción, ninguna sugerencia siquiera acerca del mundo futuro opuesta al capitalismo, es posible. En tal sentido, el posmoder- nismo resulta, si bien a menudo sin intenciones, solidario con las ne- cesidades del capital. El marxismo, por otra parte, ofrece tanto un análisis y una crítica del capitalismo como una visión de un nuevo or- den mundial posible: el socialismo.

El capítulo concluye con una evaluación de la contribución de la obra de Peter McLaren a estos debates. A pesar de su breve (y en mi consideración lamentable) romance con el posmodernismo, sosten- dré que McLaren es uno de los académicos marxistas más importan- tes del mundo dentro del campo de la teoría educativa, que ha de- sempeñado, y continúa haciéndolo, un papel central en la lucha por un mundo justo y equitativo.

¿LA INEVITABILIDAD DEL CAPITAL GLOBALIZADO?

La “globalización” se ha convertido en una de las ortodoxias de los años noventa y continúa dominando el presente sigloXXI.1Se la pro- clama en los discursos de prácticamente todos los políticos conven- cionales, en las páginas financieras de los diarios y en los informes de las empresas; es moneda corriente en los boletines corporativos y en

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los encuentros de los empleados de ventas (Harman, 1996, p. 3). Su premisa es que frente a la competencia global, los capitalistas se ven obligados a competir cada vez más en el mercado mundial. Su argu- mento es que, en esta nueva época, los capitalistas sólo pueden ha- cerlo en tanto se conviertan en corporaciones multinacionales y ope- ren a escala mundial, fuera de los confines de los estados-nación. Esto, sostienen sus protagonistas, disminuye la función del estado-na- ción, siguiéndose de ello que hay poco, por no decir nada, que pue- da hacerse al respecto.

En tanto permanece abierto a discusión hasta qué punto la globa- lización representa una nueva época (véase Cole 1998a, 2005), y es debatible en qué grado trasciende el estado-nación (véase Harman, 1996; Ascherson, 1997; Meiksins Wood, 1997; Cole, 1998a), a los mar- xistas les interesa particularmente el modo en que se la utiliza ideo- lógicamente para profundizar los intereses de los capitalistas y sus partidarios políticos (para un análisis, véase Cole, 1998a), así como también el modo en que se la utiliza para desconcertar al pueblo en general y sofocar la acción de la izquierda en particular (véanse Murphy, 1995; Gibson-Graham, 1996; Harman, 1996; Meiksins Wood, 1997). Los capitalistas —y sus aliados— sostienen que en tanto la glo- balización es un hecho de la vida, corresponde a los trabajadores, da- do el mercado mundial globalizado, flexibilizar su actividad y su tiem- po de permanencia en ella, aceptar salarios más bajos y aceptar la reestructuración y disminución del estado de bienestar.2 La adop-

ción del neoliberalismo ha dado un empuje significativo a la globali- zación, tanto de facto como ideológicamente.

Promovida la globalización del capital como un hecho “inevita- ble”, se sigue de ello —necesariamente— la inevitabilidad del capita- lismo mismo. De hecho, también el capitalismo es saludado como un fenómeno natural y al mismo tiempo contiguo a la democracia y la li- bertad. El capitalismo se presenta a sí mismo como “si determinara el futuro con tanta seguridad como las leyes de la naturaleza hacen que

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2Como explica Rikowski (2001a), debido a que otras áreas de ganancia resultan

cada vez más riesgosas (por ejemplo, los negocios virtuales en internet) y a la dismi- nución de las tasas de ganancia en las áreas tradicionales, el capital corporativo bus- ca expandirse en el sector público. Por otra parte, las naciones firmantes de la Or- ganización Mundial de Comercio (OMC) y el Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios (AGCS) están comprometidas a abrir los servicios públicos al capital corpo- rativo (p. 1). Esto supone un doble ataque interrelacionado y una amenaza contra el concepto del “estado de bienestar”.

las mareas se levanten para guiar los botes” (McMurty, 2001, p. 2). El fetichismo de la vida, por medio del cual las relaciones entre las cosas o mercancías adquieren una cualidad mística, ocultando las verdade- ras relaciones (de explotación) entre los seres humanos, hace que el capitalismo parezca natural y por ende inalterable. Los mecanismos del mercado se transforman así en una fuerza natural que no guarda relación alguna con los deseos humanos (Callinicos, 2000, p. 125). El capitalismo es reverenciado:

como si hubiese sustituido al entorno natural. Se proclama a sí mismo por me- dio de sus líderes financieros y políticos como coextensión de la libertad, e in- dispensable para la democracia, de modo tal que cualquier ataque contra la explotación o la hipocresía del capitalismo se convierte en un ataque contra la libertad mundial y la democracia misma (McLaren, 2000, p. 32).

La globalización, anunciada como un fenómeno nuevo, busca ponerle el último clavo al ataúd de cualquier posible orden mun- dial distinto. Tiene por función ideológica la de mistificar lo que está ocurriendo. La tarea más importante que desempeña, al presentar el desarrollo capitalista como algo natural, es la de reforzar la falsa impre- sión de que no hay nada que pueda hacerse. El mensaje de la globaliza- ción es que el mundo de hoy es como es, y que es preciso tomar cier- tas medidas como resultado. Básicamente, es preciso que los estados muestren su aquiescencia con los requisitos del mercado global.3

Cualquier idea de lucha de los trabajadores, por no hablar de la revolución socialista, es cuanto menos “antigua” e inapropiada. Aquellos que continúan hablando de derrocar al capitalismo son prácticamente dinosaurios.4Al mismo tiempo, se canaliza la energía

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3Irónicamente, la clase capitalista y sus representantes que solían burlarse de lo

que ellos consideraban la metafísica del “determinismo económico marxista” (los pro- cesos económicos determinan todo lo demás, incluso la dirección futura de la socie- dad) son hoy los campeones de la “revolución mundial del mercado” y la consecuen- te inevitabilidad de la “reestructuración económica” (McMurtr y, 2000). Es preciso señalar que algunos de ellos sostienen que la globalización, si bien es inevitable, pue- de ser atemperada. El primer ministro británico Tony Blair, por ejemplo, defiende el capital global como “una fuerza para el bien”. Para una crítica de esta posición, véase Cole (2005).

4Si bien el socialismo no es intuido hoy como una amenaza, tal no es el caso, des-

de luego, del fundamentalismo islámico, actualmente percibido como una verdadera amenaza, al menos por el capitalismo occidental.

creativa de la mayor parte de la clase trabajadora para evitar su con- frontación con las trayectorias globales del capitalismo hacia propósi- tos culturales más seguros. Los marxistas se refieren a este fenómeno como la creación y cultivo de una falsa conciencia.5

El thatcherismo y la economía de Reagan resultaron cruciales no sólo para sentar los fundamentos de la revolución neoliberal, sino también, en el caso particular de Thatcher, para desacreditar al socia- lismo. La caída de la Unión Soviética es utilizada para apoyar la idea de la inviabilidad del socialismo.6

¿Dónde podríamos entonces encontrar interpretaciones alterna- tivas de nuestro mundo en este siglo XXI? En el resto del presente capítulo, analizaré las contribuciones de los posmodernos, por un la- do, y de los marxistas, por otro.

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5Las manifestaciones actuales de la falsa conciencia están señaladas por el desvío

de la energía creativa de la clase trabajadora hacia el alcohol y las drogas, los bares, los clubs, la música pop, los talk-show, el fútbol, las telenovelas, los juegos de video y el

DVD. De un modo significativo, laITV, el canal comercial específicamente destinado a la clase trabajadora británica, preocupado por el descenso general del público de noticias, dedica hoy más espacio a las noticias relacionadas con “el placer, el consu- mo y las noticias del mundo del espectáculo” (Wells, 2001, p. 1). Al mismo tiempo, el supremo tecnológico de nuestra era, internet, que tiene una enorme posibilidad de desempeñar un papel significativo en la liberación de la clase trabajadora y que puede ser utilizada, y a menudo lo es, de manera progresista, ha permitido también un desvío aún más sinuoso. En vez de ser utilizada como una fuente de conocimien- to para la liberación, suele utilizársela para ampliar la distribución de trivialidades. Y en otra faceta más siniestra, comienza a ser utilizada también como un lugar de opre- sión. Buen ejemplo de ello son los numerosos sitios que predican el odio racial y, en- tre hombres mayormente, los dedicados a una pornografía cada vez más violenta (Amis, 2001).

6Esto fue austeramente reiterado por el ministro de Relaciones Exteriores britá-

nico Jack Straw en un artículo intitulado “Globalization is Good for Us” [La globaliza- ción nos conviene]: “Desde el colapso del bloque soviético, no existe ya una ideología coherente en oferta” (The Guardian, 10 de septiembre, 2001). Vale la pena recordar que los voceros del capitalismo (Margaret Thatcher y Ronald Reagan, entre otros) nos dijeron que este colapso traería aparejados la libertad y la democracia. Si es cierto que lo ha hecho, ha traído también consigo la falta de techo, el desempleo, las mafias, las drogas y la pornografía infantil.

EL POSMODERNISMO Y LA PRUEBA DE LA INDETERMINABILIDAD

Sin duda alguna, el posmodernismo ofrece un antídoto contra la “na- turalidad”, la “inevitabilidad” y la “permanencia”. La posmoderna británica Elizabeth Atkinson define al posmodernismo como:

• La resistencia contra la certeza y la resolución;

• el rechazo de nociones inalterables de realidad, conocimiento o método;

• la aceptación de la complejidad, falta de claridad y multiplici- dad;

• el reconocimiento de la subjetividad, la contradicción y la iro- nía;

• la irreverencia por las tradiciones filosóficas y morales;

• el intento deliberado de desbaratar los supuestos y presuposi- ciones;

• el rechazo a aceptar límites o jerarquías en los modos de pen- sar, y

• el desbaratamiento de las oposiciones binarias, que definen las cosas en términos disyuntivos (2002, p. 74).

Criticando aquello que denomina el “marxismo economicista” (Lather, 2001, p. 187), la feminista posmoderna Patti Lather afirma que su intención es la de desafiar “la voz masculinista de la abstrac- ción, la universalización y la posición retórica ‘del que sabe’, esa que Ellsworth llama ‘la de Aquel que tiene la Historia correcta’” (p. 184). Para contrarrestar lo que ella considera la “insistencia de los marxis- tas en la ‘historia correcta’” (p. 184), propone “un pensamiento den- tro de la ‘prueba de la indeterminabilidad’ de Jacques Derrida”, con “sus obligaciones a la apertura, el desplazamiento y la no-domina- ción”, donde “las cuestiones están en movimiento constante y nadie puede definirlas, terminarlas, cerrarlas” (p. 184). La posición de De- rrida (1992) es que “una decisión que no pasara la prueba de la in- determinabilidad no sería una decisión libre” (citado en Parrish, 2002, p. 1). Richard Parrish explica:

Cualquier afirmación —posición discursiva— es una afirmación universal que para ser universal debe re-fundarse continuamente a sí misma. Cual- quier posición, incluso la posición de que las posiciones universales son imposibles, es una afirmación universal y es por ende considerada univer-

salmente reiterable. Esta reiterabilidad universal niega en su estructura la le- gitimidad de los contraargumentos que otros presenten, negando así a los otros como fuentes independientes de sentido (Parrish, 2002, p. 1).

Lather intenta vincular a Derrida con Marx trayendo a nuestra atención que en su libro Getting Smart ha cerrado la sección sobre “posmarxismo” con la profecía de Foucault según la cual “resulta cla- ro, aun si uno admite que Marx habrá de desaparecer por ahora, que algún día reaparecerá” (Foucault, citado en Lather, 1991, p. 45). No obstante, ella rechaza lo que considera, por parte de los marxistas, un “discurso de dominación, transparencia, racionalismo y el reposicio- namiento del marxismo económico como el ‘discurso maestro de la izquierda’” (Lather, 2001, p. 187). Antes que una vuelta al materialis- mo histórico (la creencia de que el desarrollo de los bienes materia- les necesarios para la existencia humana es la fuerza primaria que de- termina la vida social),7Lather se interesa por una “praxis de lo no

tan seguro” (p. 184), “una praxis que exceda la lógica binaria o dia- léctica” (p. 189). Esta “praxis posdialéctica” se centra en “el titubeo ontológico, conceptos de bajo peso ontológico, una praxis sin suje- tos ni objetos garantizados, orientados hacia las aún incompletas condiciones y potencialidades pensables de los ordenamientos da- dos” (p. 189).

En realidad, la adopción de una “praxis” de ese tipo por parte de Lather no reposiciona el marxismo; al contrario, lo abandona por completo. (Véase más adelante una discusión de la praxis dialéctica en el contexto de la Teoría del Valor del Trabajo). Para Lather, nada es cierto ni está decidido. Citando a Derrida, Lather asegura que la indeterminabilidad es “un recordatorio ético-político constante… de que la responsabilidad moral y política sólo puede ocurrir dentro del no saber y el no estar seguro” (Lather, 2001, p. 187). Los esfuerzos académicos de Lather son informados por Alison Jones (1999), quien concluye “con un llamado a una ‘política del descontento’, una práctica ‘del fracaso, la pérdida, la confusión, el malestar y la li- mitación frente a los grupos étnicos dominantes’” (Lather, 2001, p.

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7Como materialistas históricos, los marxistas analizan la evolución de la sociedad

partiendo del comunismo primitivo, pasando luego a la esclavitud y del feudalismo al capitalismo. Sólo en el capitalismo, sostienen, las fuerzas productivas de la sociedad son tales que el socialismo resulta una alternativa viable. Sólo en ese momento es téc- nicamente posible la noción de “a cada quien de acuerdo a sus necesidades”.

191). Lather y Jones sostienen ser anticolonialistas al apoyar el deseo de los estudiantes maoríes de disolver “los grupos de discusión basa- dos en la igualdad étnica” (p. 190).

Si bien resulta siempre vital desafiar el colonialismo y el racismo de los grupos dominantes (véase Cole, 2003), no queda en claro de qué modo la lista de políticas y prácticas negativas de Jones (el des- contento, el fracaso, la pérdida, la confusión, el malestar, la limita- ción) pueda contribuir en esta lucha. Además, en tanto Lather cree que “todo el conocimiento opositivo termina viéndose arrastrado dentro del orden contra el que intenta rebelarse” (Lather, 1998, p. 493), resulta difícil de advertir el potencial progresivo posible de un anticolonialismo como el que ella y Jones sostienen, o incluso en el proyecto general de Lather. ¿Están estos estudiantes maoríes predes- tinados a ser arrastrados por el orden dominante (el colonialismo)? Y mientras ¿es la indeterminabilidad todo lo que pueden ofrecerles los docentes posmodernos? De hecho, lo único que Lather ofrece, por medio de su conclusión, es la afirmación de que “hay fuerzas ac- tivas ya en el presente” y que habremos de “avanzar y experimentar la promesa que hoy resulta imprevisible desde la perspectiva de nuestros marcos conceptuales presentes” en la búsqueda de “un fu- turo que debe preservarse siempre por venir” (Lather, 2001, p. 192). Cualquier defensor de la injusticia social estará seguramente en- cantado de oír que Patti Lather, quien como tantos otros de los pos- modernos contemporáneos a principios de los ochenta sostenía que “el feminismo y el marxismo se necesitan el uno al otro” (Lather, 1984, p. 49) y que “la revolución está dentro de todos y cada uno de nosotros y no tardará en producirse” (1984, p. 58), sostiene hoy la contradictoria postura de que el futuro es un libro abierto, con cier- to potencial progresivo, y en el que toda oposición se ve arrastrada dentro del orden dominante. Esto no lleva al cambio social ni a la jus- ticia social, y es sintomático del modo en que el posmodernismo ac- túa hoy como un apoyo ideológico del capital nacional y mundial (Cole y Hill, 1995, 2002; Cole, 2003, 2004a).

UNA VISIÓN ALTERNATIVA:DEFENSA DEL SOCIALISMO

En marcado contraste con los defensores y promotores del capitalis- mo globalizado, y ofreciendo el tipo de afirmación positiva acerca del

futuro negado por los posmodernistas, Meiksins Wood ha afirmado que “la lección que podemos vernos obligados a sacar de nuestra con- dición económica y política actual es que un capitalismo humano, ‘social’, verdaderamente democrático y equitativo es una utopía más irreal que la del socialismo” (Meiksins Wood, 1995, p. 293).

La conciencia creciente de las difíciles situaciones que atraviesa la mayor parte de la humanidad luego de los sucesos del 11 de septiem- bre de 2001, abre cierto espacio para plantear una visión alternativa de socialismo. Al hacer una distinción de contraste respecto de los ar- gumentos de, por ejemplo, Thatcher y Straw, la izquierda sostiene que no es el socialismo el que se ha visto desacreditado, sino las dic- taduras del este de Europa (y otras partes del mundo) que decían ser socialistas. Como bien dice Callinicos (2000), los marxistas deben atravesar el estrafalario mecanismo ideológico dentro del cual cualquier alternativa concebible al mercado es considerada invia- ble debido a la caída del estalinismo (p. 122) o del “socialismo de estado” dictatorial antidemocrático.

Como señala Birchall (2000), en la historia moderna se han pro- ducido sólo unas pocas revoluciones notables, demasiado pocas co- mo para deducir de ellas cualquier principio absoluto. “Ningún cien- tífico que mereciese ese nombre basaría una ley científica en tan pocos experimentos” (p. 22). Según señala, “es posible que haga gi- rar una moneda y obtenga ‘cara’ cinco veces seguidas, pero eso difí- cilmente pruebe que todas las monedas caerán del mismo modo” (ibid.).

Analizando las revoluciones francesa y rusa y la guerra civil españo- la, Birchall concluye que la única lección general que puede sacarse de ellas no es que la revolución conduzca a la tiranía, según gustan afir- mar los capitalistas y sus partidarios, sino más bien que es el hecho de no completar una revolución el que abre camino a la tiranía (2000, p. 22). Entonces ¿cuáles son las oportunidades de un orden mundial socialista verdaderamente democrático, como el que imaginaba Marx? ¿Acaso el desarrollo del capitalismo global avanzado ha descartado esta posibilidad? ¿Ha triunfado definitivamente el ca- pitalismo?

En realidad, el capitalismo es un asunto bastante turbio. En él, las cosas rara vez fluyen sin problemas. De hecho, la trayectoria del uni- verso social del capital lo obliga a estrellarse continuamente contra los límites de su propia constitución y existencia. No obstante, este movimiento destructivo descansa por completo en la capacidad labo-

ral de los obreros, su fuerza de trabajo; de allí que donde quiera que esté el capital, también esté el trabajo, “contribuyendo, encubriendo y nutriendo su desarrollo… deteniéndole la mano mientras nos muerde” (Rikowski, 2001b, p. 11). El capital no puede volverse “no capital”. “Sin embargo, el trabajo puede convertirse en trabajo… des- ligado de su forma actual de valor” (p. 11). El único futuro viable pa- ra la clase trabajadora es el socialismo. “Un futuro con futuro, un fu- turo posible para nosotros basado en la implosión del universo social capitalista” (p. 11).

La teoría del valor del trabajo de Marx (TVT), por ejemplo, expli- ca del modo más conciso posible por qué el capitalismo es objetiva- mente un sistema de explotación, sean los explotados conscientes o no de ello, e incluso sea este asunto importante para ellos o no. La