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INEVITABLES COMPAÑEROS DE RUTA

In document Cuerpo saludable de Nestor Palmetti.pdf (página 168-177)

Cuerpo Saludable

INEVITABLES COMPAÑEROS DE RUTA

Si bien los mayores estudios se centran en los parásitos intestinales, se sabe que los parásitos invaden todo el cuerpo, incluso zonas consideradas "seguras" como el cerebro. Precisamente los parásitos allí se encuentran "seguros" por ser ámbitos donde no puede actuar la inmunología. Tampoco los parásitos discriminan edades o clases sociales; muchos siguen suponiendo erróneamente que los parásitos son cosas de chicos y que luego desaparecen solos, o que se los "pesca" la gente de bajos recursos o de zonas marginales. Todos los tenemos y los tendremos; la diferencia está dada por cantidades, especies y antigüedad de infestación.

El parasitismo puede ser ocasional (seres que llevan vida libre pero que accidentalmente se alojan sobre otro ser vivo) u obligado (seres cuyo ciclo vital está asociado al organismo huésped). Incluso hay parásitos que pueden ser a su vez parasitados por otro animal (parasitismo de segundo orden). Las interacciones son numerosísimas y en gran parte aún desconocidas, como también es ignorada su fuerte influencia sobre la salud humana.

Entre los animales de todas las especies, el parasitismo se encuentra muy extendido. Entre los insectos se estiman unas 50.000 especias parásitas y en total se calculan unas 68.000 formas de vida parásitas. Obviamente las condiciones

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ambientales influyen notablemente en la constitución de la fauna parasitaria, siendo mucho más extendidas las enfermedades parasitarias del ser humano en los países de clima cálido.

COMO NOS LLEGAN?

El ejemplo de la giardia, la parasitosis "nacional", es indicativo de lo fácil que resulta su difusión. Para infectarse de giardia basta con la ingesta de 100 quistes, que nos pueden llegar por agua o alimentos contaminados. Un solo niño infectado puede eliminar 900.000.000 de quistes, o sea que la materia fecal de solo 4 niños, "racionalmente" distribuida, bastaría para infectar en un día a toda la población de Argentina. Se sabe también que el 50% de la población infantil está parasitada y en el país hay unos 8 millones de niños menores de 8 años...

Alguien puede suponer que con no comer excrementos es suficiente. Sin embargo la ingesta de materia fecal es una de las causas de ingreso de quistes y huevos al organismo, sobre todo en niños o en adultos que conviven con animales. El llamado fecalismo se da por ingesta (directa, polvo aspirado o alimentos contaminados), de persona a persona ó mediante vectores (insectos, animales).

Pero las deyecciones de humanos y animales son además gran fuente de contaminación de aguas, y por ende de alimentos. O sea que la ingesta de agua, vegetales o productos cárnicos, se convierte en otra vía significativa de infestación cotidiana. Por cierto que mejoras en la calidad del agua y en la higiene general, evitan altas tasas de contaminación, pero es irreal pensar en una asepsia que pueda garantizarnos inmunidad al contagio.

Cuerpo Saludable DAÑOS QUE GENERAN

Los parásitos afectan la vida del huésped y en diferente grado alteran su normalidad. La acción nociva suele ser en algunas ocasiones tan pequeña, que resulta difícil diagnosticar que se trata de un parásito o una simple dolencia. Sin embargo, muchas veces los efectos son múltiples y por lo general, es frecuente que ellos se estimen provenientes de otro origen y no como derivación específica de esa fauna insaciable. No pocos especialistas y autores han considerado que el efecto parasitario es de poca importancia, dada la escasa cantidad de alimentos consumidos. Sin embargo, serios estudios han demostrado lo contrario.

El botriocéfalol, por ejemplo, es capaz de causar una anemia de tipo perniciosa, pues absorbe una enorme cantidad de vitamina B 12. También se ha demostrado que las tenias no solamente toman hidratos de carbono, sino también aminoácidos y otros nutrientes de importancia. Por eso es fácil suponer que si se acumulan en una persona enferma o mal nutrida, esa privación puede tener resultados negativos. Asimismo se dan los casos en que el parásito dificulta la absorción intestinal de alimentos, como ocurre con el

lamblia intestinalis, que llega a ocupar una gran parte del

intestino delgado.

Muchas son las especies de parásitos que se alimentan de la sangre del hospedador. Y aunque resulte bastante difícil determinar la cantidad de sangre usurpada por el intruso, la

1 Botriocephalus, gusano chato que llega a tener 15 metros de longitud,

cuyas larvas se enquistan en los peces y mediante su consumo llegan al intestino humano, en un ciclo similar al de las tenias.

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cantidad desviada por ese curso puede llegar a ser considerable en períodos de tiempo prolongados. Por ejemplo, hay investigadores que estiman que apenas 500

ancylostoma pueden llegar a extraer del hombre hasta

250cc de sangre por día, lo cual constituye una significativa pérdida permanente de hemoglobina, células y suero.

No todos los parásitos actúan de la misma manera. Algunos no provocan daños en los tejidos, otros los producen al penetrar y hay especies que dañan una vez dentro. Existen, además, casos intermedios y combinados en tanta variedad. Los ancylostoma provocan daños muy importantes al penetrar sus larvas infectivas a través de la piel, en tanto que otros parásitos producen inflamaciones (el caso de la conocida "sarna de los nadadores").

Parásitos provistos de garfios, pinzas y salientes como los acantocéfalos y las tenias, irritan con frecuencia las células del intestino. El daño en sí no suele ser importante, pero con facilidad permite la consolidación de una infección, ocasionada por bacterias. Asimismo, hay casos en que el hospedado digiere las células del intestino originando úlceras, a veces importantes, y que suelen infectarse.

Los parásitos tisulares, son generalmente, los responsables de una mayor destrucción de tejidos. Los esporoquistes llegan incluso a destruir totalmente el hepatopáncreas del caracol parasitado. Al enquistarse en los músculos estriados, los tdchinella espira& originan necrosis de los tejidos que circundan y se produce una posterior calcificación. Un tumor neoplásicol puede ser provocado por hiperplasia de origen

1 Neoplasia: tumor producido por multiplicación incontrolada de células.

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parasitario. Un conocido parásito del conejo, provoca en el hígado de este animal una considerable hiperplasia de las células hepáticas.

Se pueden agregar infinidad de ejemplos, como los cisticercos que en el hígado de la rata llegan a producir auténticos tumores malignos. Un nematodo que se hospeda en el tubo digestivo de los roedores, con suma frecuencia da lugar a tumores como así también a carcinomas de estómago. Se conoce un parásito que suele vivir en el estómago de los caballos y que es el provocador de tumores considerables. Incluso hay investigadores que afirman que una especie parasitaria es la causa de cáncer de vejiga en los seres humanos. Lo mismo se atribuye a los trematodos, pero en el hígado del hombre.

La actividad de este flagelo es constante. En no pocos casos las toxinas que producen los parásitos son origen y causa de numerosos trastornos. Cuando se trata de los insectos hematófagos, la hinchazón que resulta de la picadura es la respuesta del hospedador al producirse una secreción irritante del insecto.

Con frecuencia, la amibiasis intestinal se acompaña de formación de lesiones granulomatosas en el colon, que muchas veces han sido erróneamente diagnosticadas como carcinoma. Estos granulomas pueden aparecer en cualquier parte desde el ciego hasta el recto. En otros casos, el examen radioscópico puede revelar una imagen característica de un carcinoma anal con obstrucción parcial o completa. En las contadas ocasiones en que clínicos prudentes han probado el tratamiento amibicida antes de proceder a la operación, la apariencia clínica grave se aclara rápidamente.

Cuerpo Saludable LA TOXEMIA PARASITARIA

Gran número de los síntomas que presentan los organismos hospedadores, es producto de la acción tóxica proveniente de los parásitos. Los niños afectados de oxiuriasis, por ejemplo, pueden tener reacciones inflamatorias o irritativas del sistema nervioso central, incluso con carácter meningítico, ocasionado por las toxinas que desprenden los parásitos como consecuencia de su metabolismo.

Realmente, todos los parásitos se comportan como

alergenos. En ciertos casos, la alergia complica las

características de la parasitosis y de tal modo se ha comprobado que en la sarna, provocada por un ácaro parásito de la piel, la mayor parte del prurito producido tiene origen alérgico.

No olvidemos que los parásitos emiten sus numerosos

desechos metabólicos dentro de nuestra estructura

corporal, tema sobre el cual hay un amplio desconocimiento. Entre los compuestos tóxicos individualizados y conocidos que secretan los parásitos intestinales, figura la histamina. La histamina tiene efecto vasodilatador (hipotensión y migrañas), aumenta la permeabilidad capilar, incrementa la secreción gástrica (acidez), provoca taquicardia (aumento de la frecuencia cardíaca) y catalepsia (rigidez extrema y ausencia de movilidad), genera hipersensibilidad inmediata y estimula el comportamiento agresivo.

Entre los trastornos mecánicos que originan los parásitos, se encuentra la elefantiasis. Esta se produce en el hombre parasitado por una filaria o especies aproximadas, que al alojarse en los conductos linfáticos, llega a bloquearlos. A consecuencia de tal taponamiento hay un impedimento en la

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circulación de la linfa y ésta se vierte en los tejidos circundantes dando lugar a un edema. Generalmente, la circulación más afectada es la de las piernas y éstas se hinchan de un modo tal que recuerdan las patas de un elefante. De ahí la denominación de la enfermedad.

Los ascáridos intestinales pueden causar efectos mecánicos de importancia en quienes los hospedan. Existen varios trastornos, uno de ellos es la introducción de estos parásitos en los conductos biliares a los cuales bloquean en su totalidad. También pueden introducirse en la vesícula

biliar o el apéndice, con peligro de perforación.

El quiste hidatídico producido por los parásitos, a veces adquiere un volumen tan grande que llega a contener casi dos litros de líquido por lo cual se comprende que esa anormal presencia llegue a la compresión de órganos

importantes. Si se asienta sobre aquellos que no pueden

hacer desplazamientos, como sucede con el cerebro o el ojo, fácil es darse cuenta del tremendo mal que provoca. Por su parte, el cenuro, larva de otra tenia, ocasiona vértigos, peligrosos trastornos cerebrales y al fin la muerte de los corderos afectados. Esto último como consecuencia de la presión cerebral ejercida.

De manera desfavorable, en general, los parásitos afectan el metabolismo del cuerpo u órgano en el cual se han alojado. Animales jóvenes, por ejemplo, suelen alcanzar menor tamaño y robustez que aquellos libres de parásitos. Asimismo, esos animales tienen escasa vitalidad. Se da el caso de gallinas que afectadas por un ácaro parásito, dejan de poner huevos y sobreviven malamente los pollos que son atacados por el mismo ácaro.

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Cuerpo Saludable DEFENSA ORGANICA

Por supuesto que el órgano o cuerpo parasitado no resiste quietamente la agresión o presencia del intruso ya que por el contrario, asume la defensa para impedirla. En otros casos, empero, esa reacción no puede considerarse defensiva y resulta de difícil interpretación.

En cuanto a las reacciones locales, la inflamación es una de las más frecuentes, ya sea en el punto que se localiza el ataque o donde penetra el parásito. Alrededor de éste se produce una dilatación vascular y la inflamación, casi generalmente, es el inicio de una defensa que luego forma una cápsula aislante. Esta es producto del desarrollo de los tejidos próximos alrededor del parásito, aislando el resto del organismo. Generalmente esta cápsula defensiva no altera la vida del parásito, pero si el encierro se prolonga por largos períodos, pueden determinar su muerte. Estas estructuras reciben distintos nombres: agallas (vegetales), tilacias (animales), callos, lunares, verrugas, etc.

Frente a la infestación parasitaria, la inmunidad puede ser natural o adquirida. La inmunidad natural no está, de modo alguno, relacionada con la producción de anticuerpos, sino que se considera muy probable la posterior acción de las enzimas digestivas. Estos y otros mecanismos obran de tal manera que llegan a destruir al o a los parásitos antes de un definitivo alojamiento. Asimismo puede resultar inadecuado bioquímicamente el ambiente de los tejidos o el intestino, para que el parásito prospere. De allí la importancia de la alimentación como principal agente preventivo.

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atacar con éxito a todas las especies. Solamente lo hacen en perjuicio de aquellas que no imposibilitan su vida y tampoco su desarrollo. Al respecto es preciso agregar que la defensa natural sólo se presenta en alguna fase del ciclo total parasitario. Hay muchos casos en que en estado adulto se hospeda con ventajas en el hombre pero sus larvas no prosperan sino en animales como la vaca.

Además es admisible que los parásitos se desarrollen con muchas dificultades en condiciones no propicias y de tal modo difícilmente lleguen al estado de adultez. Sucede también que se registran migraciones masivas de parásitos ante condiciones adversas al tratar de huir de la acción nociva de los jugos gástricos en un período de su existencia. Una identificada larva, la del ascaris

lumbricoides, se aleja rápidamente del intestino

atravesando la pared. Luego de un proceso por vía sanguínea, pulmón, tráquea y faringe, regresa al intestino pero ya en condiciones como para resistir a los inconvenientes anteriores. Con lo cual sobreviven.

A lo antedicho hay que agregar un detalle más que da una idea de lo complejo que es la vida y reproducción de los parásitos. Algunos parásitos se desarrollan sin cambios en el intestino del perro, pero si esas mismas larvas se inyectan en un roedor, huyen buscando otro ambiente y luego de su desarrollo regresan al intestino. Evidentemente, una verdadera curiosidad de este extraño y desconocido nicho ecológico, donde se operan tantas alternativas diferentes. En cuanto a la inmunidad adquirida, ésta se desarrolla como consecuencia de la actividad del parásito sobre el hospedador, el cual produce anticuerpos. Es en el paludismo humano donde generalmente se presenta una

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inmunidad de estas características. Ello se manifiesta en la interrupción de los ataques de fiebre y con esa disminución lenta de los parásitos en la sangre. Incluso llegan a desaparecer casi totalmente. Pero los parásitos se esfuerzan por seguir su invasión a la zona afectada y luego se reproducen nuevos ataques de fiebre cuando aproximadamente unos 3.500 parásitos por mm3 logran aproximarse a la sangre circundante. Algo para tener en cuenta; en el ataque primario, apenas 15 parásitos bastan para causar fiebre si se aglutinan en un mm3 de sangre. Es muy parecida la inmunidad que se presenta en algunas aves de corral, conejos y vacas, entre otros animales. En ellos, la premunición (inmunidad débil, incapaz de eliminar al parásito, pero que evita una infestación excesiva) regula el curso de la enfermedad, disminuye los síntomas y, a veces, los evita. Sin embargo, no se produce la eliminación del parásito. El hombre, como se sabe, alberga con frecuencia una sola taenía (de ahí su denominación de solitaria) y se considera que la premunición evita el desarrollo de otros parásitos del mismo tipo.

Hay que señalar, también, la inmunización artificial que se ha logrado con vacunas y sueros. Empero, aunque a veces se logra cierta eficacia frente a determinados parásitos, generalmente es muy poco segura, no dura mucho y por lo tanto se la descarta en los tratamientos.

MANIFESTACIONES DEL DAÑO

Las manifestaciones locales son aquellas que generan los parásitos en su lugar de permanencia. En este sentido podemos citar los problemas digestivos, tales como: mal aliento, apetito inestable, constipación, diarreas, gases,

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eructos, acidez, cólicos, distención o flatulencia, hemorroides, vómitos, cuadros apendiculares, vesiculares, diverticulares o litiásicos, sintomatologías ulcerosas, pancreatitis, gastroenteritis, náuseas, somnolencia, pesadez, reflujos, etc.

Es preciso comentar que las toxinas parasitarias provocan un bloqueo de la absorción de los alimentos a nivel de la mucosa intestinal. Esto provoca en muchos casos la delgadez de los parasitados y no porque el alimento sea ingerido por los bichos, como reza el mito popular. Esto explica también lo innecesario e ilógico de suplementarles vitaminas, minerales y estimulantes del apetito; de poco servirán si persiste el origen del problema. Para que una persona recupere peso, son necesarias dos cosas: que ingiera alimentos y que los absorba. Las sintomatologías alternas y las reacciones digestivas cambiantes, responden siempre al estado de los parásitos. Tratando eficazmente la parasitosis, la persona vuelve a tolerar perfectamente todo tipo de alimento. Otro error es etiquetar al parasitado como una persona delgada; el flaco parasitado es el flaco "descompensado", pero si no lo está, puede tener cualquier peso e incluso ser un obeso.

Las manifestaciones a distancia son aquellas que se desarrollan lejos del lugar donde están alojados los parásitos y ocurren por acción de sus toxinas; es decir que no es necesaria la presencia del parásito, para que se desencadene la sintomatología. Con respecto a su magnitud, es fácil imaginar que dependerá del grado de parasitado y su antigüedad. Más añeja la parasitosis, más significativos serán los síntomas y más tiempo llevará su resolución.

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A nivel diagnóstico, generalmente los análisis convencionales se centran en detectar parasitosis intestinal; pero muchas veces un resultado negativo (escobillado anal, materia fecal) genera una peligrosa tranquilidad en médico y paciente. Sucede que el contenido de la luz intestinal es muy cambiante, hecho que perjudica a ciertas parasitosis para realizar debidamente su ciclo biológico. Entonces perforan la mucosa intestinal por medio de enzimas y se colocan en la pared del intestino. Por tanto lo que se recoge en los análisis es lo que se halla en la luz intestinal; y ellos ya no se encuentran allí. Las parasitosis antiguas (8 a 10 años de instalación) son las que generan estas acciones atípicas y no aparecen en los análisis por hallarse enquistadas en la pared de la mucosa intestinal.

SIGNOS Y SÍNTOMAS DE PARASITOSIS

En general, una persona con parasitosis intestinal de antigua data, es una persona tensa, temperamental, con altibajos emotivos (a veces triste y otras, explosivo), que no se relaja (está siempre "enchufado") y es desmemoriado. Tiene el tubo digestivo inflamado, desde la boca hasta el ano. Después de comer se siente hinchado, distendido, con somnolencia, pesadez, modorra, gases, eructos, acidez, dolores de cabeza, etc. Suele tener los miembros inferiores cansados, hormigueos, adormecimientos, pies y manos frías, calambres (sobre todo nocturnos) y problemas de piel. En general es constipado o alterna con alguna diarrea explosiva. Exhibe intolerancias "discontinuas" a algunos alimentos, que lo desconciertan. Evidencia problemas de cuero cabelludo y uñas, vista irritada y en algunos casos problemas de

agudeza visual, irritación de nariz, crisis de estornudos matinales, resfríos periódicos y alergias variadas. A veces presenta manifestaciones respiratorias y neurológicas. En

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general se despierta cansado, porque no tienen un reposo reparador: sufre pesadillas, da vueltas en la cama, patalea, grita, castañea los dientes, se orina en la cama, etc. Veamos estos aspectos en detalle, teniendo en cuenta que

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