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Distinto a la información incompleta tenemos a la información sesgada con el objetivo de manipular. Como ya observaba Joseph Schumpeter (1950: 324-338) la propaganda y los medios de comunicación son elementos que entorpecen la acción racional en política aunado a que, suponiendo que el ciudadano logre discernir sus propios intereses, los actores individuales actuarán para beneficiarse a sí mismos y estarán lejos de conformar el bien común. El problema que aquí Schumpeter plantea es el problema de la manipulación que puede darse entre particulares y del Estado hacia los particulares. Analicemos en este inciso la primera relación y en el siguiente la segunda.

Afirma Downs que “en un mundo incierto, los sujetos racionales de decisión adquieren únicamente una cantidad limitada de información antes de efectuar sus elecciones... [y de la información obtenida] Toda comunicación de información es sesgada, ya que el informador ha de seleccionar para sus clientes únicamente algunos datos disponibles” (1957: 223). La información obtenida y presentada en torno a algún suceso no es puramente objetiva, hay previamente una selección de datos y un análisis de presentación de los mismos. Los métodos de selección dependen de los objetivos de cada uno.

Aunado a esto se debe hacer notar que “los medios de comunicación se hallan en muchas democracias en manos o dominados más por los intereses de los grupos de renta elevada que por los grupos de renta baja, los ciudadanos pertenecientes a estos son los que con mayor probabilidad recibirán datos seleccionados de acuerdo con principios discrepantes de los suyos” (Downs, 1957: 253). En efecto, debido a que la lógica de la industria informativa es una lógica de mercado, la finalidad última es obtener ganancias por medio de la publicidad de marcas y objetos de compra. Así, en principio los medios de

comunicación están dentro de la lógica del capitalismo a la vez que las empresas no comprarán espacios publicitarios en un medio que se muestre renuente o directamente contrario al capitalismo o a los factores reales de poder dominantes en un contexto nacional determinado, de aquí que de la misma manera que no hay opciones programático- electorales distintas al proyecto capitalista, tampoco hay medios de comunicación anticapitalistas y es prácticamente nulo el debate en torno a medios en política económica. Se permite la crítica pero siempre será una crítica acotada que no busque romper el esquema de acción capitalista ni minar los puntos estructurales de los recursos políticos de los actores sociales dominantes.

Todo lo anterior conlleva a la posibilidad de que la información del votante no provenga de contrastar sus intereses reales con las decisiones del gobierno en turno y las plataformas políticas de la oposición, sino de los temas que a partir del manejo de medios y la construcción de campañas se establezcan como principales generando un silencio político elaborado por la estructura de poder que delimita la reflexión ciudadana, lo que Norbert Lechner (1995) denomina “la democracia posible”. Un punto importante es que “Muchos ciudadanos delegan incluso las fases evaluativos de la votación y siguen consejos ajenos al emitir su voto” (Downs, 1957: 322). En efecto, hay costos transferibles e intransferibles en el proceso señalado por Downs como fases de la decisión racional, mientras el votante transfiera más fases a otros individuos o corporaciones, menos costos soportará directamente pero mayor posibilidad habrá de que sus intereses o principios de selección no se relacionen con los utilizados en la determinación de los datos finalmente consultados por una persona o corporación distinta a él10.

Sólo por dar algunas cifras, de acuerdo con un encuesta realizada por Gallup (Carballo, 1987: 49) sólo el 6% de los argentinos en 1987 decía nunca ver televisión, quienes más tiempo pasaban delante de un televisor eran los menos interesados en política caracterizados por: identificarse en el centro, tener poca instrucción, menor nivel socioeconómico, mayor edad y ser amas de casa. En cambio, quienes más leen periódico son quienes se dicen más interesados en la política, el 85% de los interesados lee un

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Sin duda este tema es mucho más complejo. Incluye la forma de asimilar e internalizar la información, la socialización de la misma, los preconceptos y precomprensiones establecidas para saber hasta donde hay o no variación por la sola emisión del mensaje, etc. Lo que aquí hago es sólo exponer brevemente una posible falla del mecanismo de representación-responsabilidad de la DPR.

periódico con asiduidad y 56% de los no interesados lee periódico con asiduidad. El 85% de quienes se identifican con la derecha y 74% de quienes se dicen de izquierda leen el periódico de forma cotidiana.

Por su parte Manuel Mora y Araujo (2002: 13-16) identifica seis segmentos económico-poblacionales que se especifican en el cuadro 214. De esos segmentos el 99% del ABC1 cuenta con televisión y sólo el 81% con computadora personal, el 97% del C2 cuenta con televisión y sólo el 57% con computadora personal, el 96% del C3 tiene televisor contra el 26% con computadora, el 94% del D1 tiene televisión con sólo el 12% con computadora, el 90% del D2 cuenta con TV con sólo el 7% con computadora y el 88% del E tiene TV con sólo el 2% con computadora. Con estos datos concluye Manuel Mora y Araujo (2002: 19) que la sociedad argentina está expuesta

de forma homogénea a los medios de comunicación de masas uniformando su papel de receptores pero se encuentra desigualmente diferenciada en su potencialidad de constituirse como emisores o sujetos de acción con recursos y capacidades propios. Paralelamente Alberto Quevedo (1999: 221) nos da cifras obtenidas por la encuestadora Mori-Argentina respecto de la confianza que se tiene a diversas instituciones. De entre el congreso, la justicia, los partidos políticos y la televisión esta última es la que tiene mejores índices de confianza (cuadro 215).