1] Término empleado en pedagogía para indicar el conjunto de doctrinas que se desarrollaron en la primera mitad del siglo XX, en polémica con la educación huma- nística tradicional, con el objetivo de promo- ver una participación activa de los jóvenes en el proceso de aprendizaje, organizado alre- dedor de proyectos operativos preparados de tanto en tanto a partir de las indicaciones teóricas de J. Dewey, contra el autoritarismo didáctico y la inserción de la escuela en un contexto social más amplio. Las aplicaciones escolares más significativas con esta orientación fueron experimentadas por M. Montessori para quien la escuela debe tener como objetivo crear las condiciones que permitan la exteriorización de energías creativas y de las disposiciones afectivas con frecuencia reprimidas por las estructuras educativas deseadas por los adultos; O. Decroly que, contra la adquisición nocio- nística, introduce los conceptos de “método global” y de “centros de interés” de los que es necesario partir para promover una enseñanza eficaz; E. Claparède que subrayó la exigencia de la enseñanza individualizada regulada no por el programa, sino por el currículum (v.
currículo) del alumno, y de J. Piaget que hizo
del activismo una teoría pedagógica dotada de métodos adecuados científicamente (v.
epistemología genética).
2] El término activismo tiene también un segundo significado, con una connotación sustancialmente negativa, cuando se refiere al interés prevalente por la acción, cualquiera que ésa sea, sin una clara identificación de los
objetivos o de adecuadas estrategias, con el único objetivo de distraer la atención de sí y de los propios conflictos, suprimiendo toda ocasión de autorreflexión que podría llevar a redefinir la dirección y la modalidad de la propia existencia.
BIBLIOGRAFÍA: E. Claparède (1909); O. Decroly y J. Boon (1921); J. Dewey (1982); M. Montessori (1916); J. Piaget (1970).
acto (al. Akt; fr. acte; ingl. act; it. atto)
En psicología con este término se hace referen- cia: 1] al contenido específico de una corriente de pensamiento denominada psicología del ac-
to; 2] a una manifestación diversamente eva-
luable de una intención consciente o incons- ciente. Con esta acepción se habla de “acto de estima”, “acto de amistad”, “acto de justicia”, “acto heroico” y semejantes. Siempre en el te- rreno psicológico, al término acto se prefiere el término acción (v.), con excepción de algunos usos específicos adoptados en psicoanálisis, re- flexología y sexología.
1] PSICOLOGÍA DEL ACTO. Iniciada por F. Brenta- no con la obra Psycologie vom empirischen
Standpunkt (1874), la psicología del acto indi-
ca, con la intencionalidad (v.), el carácter es- pecífico de los fenómenos psíquicos cuya na- turaleza es la de “tender hacia”, de “referirse a”. De este modo Brentano sobrepasa el sub- jetivismo kantiano, para quien el conocimien- to es una construcción del sujeto que deja las cosas en su incognoscible en sí, e inicia el mo- delo de conciencia, ya famoso con la escolás- tica tardía y después retomado por la fenome- nología de E. Husserl, según la cual la con- ciencia es una apertura original al mundo, o sea un acto intencional. Deteniéndose en el plano psicológico, sin llevar hasta sus últimas consecuencias las implicaciones gnoseológi- cas que introducía la noción de intencionali- dad, Brentano evidencia tres clases de repre- sentaciones que se diferencian por la natura- leza del acto intencional que las constituye: el concepto, gracias al cual un objeto está sim- plemente presente; el juicio, gracias al cual una cosa es afirmada o negada; el sentimiento, por el cual una cosa es amada u odiada. Todos estos actos se refieren a un “objeto inmanen-
te”, así llamado porque no está más allá del fe- nómeno psíquico que le concierne sino que se hace uno con éste, pues no se puede constituir un fenómeno psíquico sino como inmediata y original relación con el objeto.
La fenomenología de Husserl (v. fenome-
nología) y la psiquiatría de L. Binswanger (v. análisis existencial), que retoman el concep-
to de intencionalidad de la conciencia intro- ducido por B. Bolzano, crearán un contexto problemático alrededor de algunos conceptos fundamentales del psicoanálisis, como el de
proyección (v.) y el de transferencia (v.),
que, en armonía con los modelos tomados de la física en la que se inspiraba S. Freud, pre- suponen la existencia de sentimientos en sí, independientes de las cosas sentidas o de los hombres percibidos. En efecto, sólo asumien- do los sentimientos objetivamente aislados y autónomamente existentes como elementos no intencionales de un aparato físico se pue- de imaginar, por ejemplo, que un sentimien- to de amor se desprenda de la madre y “se transfiera”, durante el curso del tratamiento, hacia el analista. Cuando la fenomenología recupera la psicología del acto de Brentano, volviendo a poner en juego la intención origi- nal de la conciencia, la diferenciación entre fenómeno psíquico y fenómeno físico, que ha- bía introducido R. Descartes (v. dualismo
psicofísico), revelará toda su dimensión de
aporía y hará problemático tratar los actos
mentales como se tratan las cosas del mundo,
que se pueden “desplazar” o “transferir” a pla- cer (v. análisis existencial, § 1).
2] PSICOANÁLISIS. En este terreno se usa la pa- labra acto en las siguientes acepciones:
a] Acto casual: acción privada de intencio-
nalidad que, realizada por pura casualidad y sin el control del sujeto, favorece la realiza- ción de una finalidad inconsciente. Freud di- ferencia el acto casual del acto fallido: “por desdeñar [las acciones casuales] apuntalarse en una intención consciente y no hacerles fal- ta entonces aquel disimulo. Aparecen por sí, y se las acepta porque no se sospecha en ellas un fin ni un propósito. Se las ejecuta ‘sin in- tención alguna’, de manera ‘puramente ca- sual’, ‘como para tener ocupadas las manos’, y se da por sentado que con ese informe se pondrá término a toda busca de un significa- do de la acción. A fin de gozar de esa excep-
cionalidad, estas acciones, que ya no pueden apelar a la torpeza como disculpa, han de lle- nar obligatoriamente ciertas condiciones: no
deben ser llamativas, y es preciso que sus
efectos sean desdeñables. He recopilado gran número de estas acciones casuales observa- das en mí mismo y en otros, y tras indagar a fondo cada uno de los ejemplos opino que merecen más bien el nombre de acciones sin-
tomáticas” (1901 [1976: 188]). Se clasifican
en estos actos: acciones habituales como ju- gar con la cadena del reloj, mesarse la barba, y en general las acciones que se repiten regu- larmente en determinadas situaciones, como garabatear con el lápiz que se tiene en las ma- nos, hacer tintinear las monedas en los bolsi- llos, amasar el migajón y todos aquellos actos esporádicos que, descuidados o no advertidos por la conciencia, sirven, según Freud, para manifestar tendencias inconscientes reprimi- das, así como fantasías y deseos.
b] Acto fallido: expresión introducida por
Freud para definir manifestaciones típicas del inconsciente como los lapsus (v.), los errores de lectura y de escritura, el olvido de los nom- bres, el descuido, la pérdida de objetos y simi- lares. El acto fallido tiene el valor de un sínto- ma porque revela la existencia de un conflicto entre la intención consciente y la pulsión su- primida. Aprovechando la reducción de la vi- gilancia del yo, la pulsión suprimida logra manifestarse alterando el comportamiento consciente. El acto fallido está entre los meca- nismos de desplazamiento (v.).
c] Acto sintomático: cuando no es tratado
como sinónimo de acto casual o de acto falli- do, el acto sintomático manifiesta una cosa que el sujeto no sospecha y que de cualquier modo no desea comunicar. Aunque quien lo cumple no advierte haber introducido varian- tes en el modo habitual de actuar, y en gene- ral no ve y no siente los efectos de este acto, Freud afirma que “al observador de los seres humanos [estos actos] le delatan a menudo todo cuanto desea saber” (1901: 228). 3] REFLEXOLOGÍA. En este ámbito se habla de
acto reflejo en referencia a las respuestas con-
secuentes a una estimulación. A diferencia del reflejo condicionado, que es una respuesta adquirida (v. aprendizaje, § I, 1), el acto re- flejo es una respuesta automática e involunta- ria (v. reflejo).
4] SEXOLOGÍA. En este ámbito el término acto, adoptado genéricamente para cualquier mani- festación sexual, tiene un empleo específico a propósito del acto breve caracterizado por la obtención inesperada y repentina del orgasmo que puede manifestarse tanto en el hombre (v.
eyaculación) como en la mujer. Causas deter-
minantes pueden ser la excesiva tensión, la acumulación de ansiedad o la prolongada ela- boración fantasiosa antes del contacto físico. Según una interpretación psicoanalítica, sub- yacente al acto breve habría un rechazo in- consciente hacia la pareja.
5] LINGÜÍSTICA. En este ámbito se habla de ac-
to lingüístico en referencia a la acción que
acompaña la emisión (v. lingüística, § 1, g). BIBLIOGRAFÍA: Abraham, G. y W. Pasini (1975); Binswanger, L. (1936); Brentano, F. (1874); Bren- tano, F. (1911); Freud, S. (1901); Galimberti, U. (1979); Husserl, E. (1912-1928); Pavlov, I.P. (1927).