la personería jurídica con el objetivo de coordinar las políticas económicas, financieras y de infraestructura de cada uno de los países. Luego se sumaron al bloque Venezuela y países asocia- dos: Chile, Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia.
Esta integración se venía realizando con la movilización de po- blación de inmigrantes entre estos países, buscando mejores posibilidades de trabajo y vida. El Gran Buenos Aires es una de las zonas donde se produjo mayor aglomeración de estos gru- pos. En varios partidos dentro de los barrios periféricos, los in- migrantes se asocian entre sí según su lugar de origen, creando núcleos cerrados, que impiden la integración con otros vecinos generando una confrontación. Se establece el “nosotros” contra los “otros” culturalmente diferentes. El único espacio viable de integración es la escuela.
Ésta como institución comienza a expandirse a fines del siglo XIX, con el objetivo de crear una identidad nacional, un senti- miento de “argentinidad” en una población urbana mayoritaria- mente extranjera. Esta era la herramienta de disciplinamiento y homogeneización social que necesitaba la Argentina aluvial. Con la ley 1420 se garantiza la obligatoriedad de la enseñanza primaria y laica. La función de la secundaria era específica y únicamente apuntaba a formar a la nueva dirigencia política de nuestro país. Hoy, con la nueva ley que establece la obligato- riedad de la secundaria, se redefinen sus objetivos: la inclusión, la permanencia y finalización con calidad educativa, generando las posibilidades deingresar en el mercado laboral y continuar estudios universitarios.
A diferencia de la antigua Ley de Educación, la Ley Nacional 26.206 está pensada para todos y todas, respetando las identida- des culturales de cada uno, dando prioridad a esta construcción desde las singularidades, propiciando el pluralismo heterogéneo de la región y permitiendo la consolidación de la patria grande proyectada por Bolívar.
Dentro del partido de Moreno, en el barrio Satélite, se encuentra la EES N° 7. Allí la mayoría de su población proviene de provin- cias del interior y de países tales como Paraguay, Bolivia y en menor medida Perú. La comunidad paraguaya es la más numero- sa. Tienen una vinculación basada en una red de lazos familiares consanguíneos y políticos. Muchos estudiantes no conviven con sus familiares directos ya que los padres están en sus países de origen o, en otros casos, vinieron aquí en busca de mejores opor- tunidades económicas.
La escuela es el espacio donde se integran y conviven estos jóve- nes, donde se dirimen los conflictos, se generan nuevos vínculos y se adquiere prácticas democráticas y de revalorización de las singularidades y los pluralismos.
Un claro ejemplo es el de María, una estudiante de esta escuela, de origen paraguayo. Cuando era una niña de tres años, su mamá vino al país tras de una propuesta de trabajo. Luego de varios años trajo a María a vivir con ella y con su nueva pareja.
Según su propio testimonio, lo difícil fue la integración a una nueva cultura. Cuenta que la mayor dificultad, en su nuevo ba- rrio, se debió a la barrera que constituía el idioma. Un mecanismo
de defensa que creyó encontrar útil para protegerse de esta si- tuación fue usar su propia lengua de origen, que los “otros” chi- cos desconocían. Esta situación cambió cuando en la escuela un compañero le respondió en guaraní y destruyó la única arma que ella creía tener como defensa de las agresiones; entonces comprendió cómo la escuela podía convertirse en un elemento de integración, ya que encontró que su caso no era el único, y que muchos chicos de la comunidad escolar pertenecían al mismo terruño. Ella reconoce que la escuela fue el espacio donde pudo encontrar la aceptación y la integración para construir la sociali- zación necesaria.
El caso de María muestra esta dualidad de reconocer y defender una identidad que se recibe por herencia y la pertenencia a un grupo identitario, cargado de un conjunto de influencias de múl- tiples orígenes, y cómo a partir de estas diferencias es posible construir una nueva identidad. En este caso, la escuela fue un pilar fundamental para que María pudiera sentirse integrada en este nuevo camino de vida que comenzó a recorrer en esta gran nación que es la Argentina.
ca, ayudan a entender lo que pasó en aquellos primeros años de la década del noventa.
Una voz en off va narrando los acontecimientos mientras el mon- taje de imágenes y música (la voz de Mercedes Sosa), trabajado con excelencia, despierta la emoción del espectador.
El trabajo también se enriquece con el material de archivo que encontraron, fotos y diarios de la época que ayudan a conocer el clima de aquel tiempo. Para completar la narración, entrevistan a la madre de María Soledad Morales que dice de forma contun- dente “la juventud no está perdida”.
El documental narra cómo vivió la provincia de Catamarca el caso María Soledad Morales: el dolor, las marchas del silencio, la lucha de la familia, la intervención, las nuevas elecciones y lo que que- dó en la memoria de aquel episodio. Los dos objetos elegidos, las Marchas del Silencio, creadas para exigir el esclarecimiento de este crimen, y la intervención Federal de la provincia de Catamar-