Al seguir por la senda de las palabras y la vida social, nos detendremos en los
intercambios lingüísticos para ver que allí hay relaciones de poder (Cf. Bourdie, 2001). Dicho de
otra manera, el discurso no es solamente una forma y un contenido que deba ser comprendido y descifrado sino que el discurso también viste lo que es la autoridad que en situaciones de la vida social y cultural significa que hay signos que han de ser obedecidos. Así, de manera general, diremos que el trabajo de Bourdieu se inscribe en el mismo marco anterior, es decir, Bourdieu reflexiona las palabras en el marco de la vida social, para lo cual y al igual que otros autores, critica la separación que hace la lingüística de Saussure entre lingüística interna y la lingüística externa y a su vez, Bourdieu muestra cómo la distinción entre lengua y habla no es suficientemente clara. Esa distancia que se ubica entre el sistema de signos y la actualización de dichos sistemas por un locutor es algo que vale la pena seguir pensando. Por decirlo en la línea del trayecto que llevamos, diremos que la crítica fundamental es el uso de la lengua en contexto, ausente en los trabajos de Saussure.
La siguiente cita puede ayudarnos a comprender mejor este asunto. Veamos:
Todo acto de habla y, de manera más general, toda acción, es una conjuntura, un encuentro de series causales independientes: de un lado las disposiciones, socialmente elaboradas, del habitus lingüístico, que implica una cierta propensión a hablar y a decir cosas determinadas (interés expresivo) y una cierta capacidad de hablar define inseparablemente como capacidad lingüística de engendramiento infinito de discursos gramaticalmente conformes y como capacidad social permitiendo utilizar adecuadamente esta competencia en una situación determinada; de otro lado, las estructuras del mercado lingüístico, que se imponen como un sistema de sanciones y de censuras específicas (Bourdieu, 1982, p. 14)
La postura de Bourdieu constituye una crítica a la lingüística centrada en su propia lógica interna, para desplazarse a una postura de lenguaje en el centro de la sociedad, por lo cual diremos que se inscribe en la línea de la pragmática heredada por Austin, pues fue éste quien indicó que decir es hacer, que con las palabras no solamente constatamos y describimos, sino más bien que las palabras son el motor de la acción más allá de aquello que consideramos verdadero o falso. Así, con Bourdieu podemos decir que las relaciones comunicativas no son otra cosa que intercambios lingüísticos, son también relaciones de poder simbólico que ponen en movimiento las relaciones de fuerza de los interlocutores.
Para el caso del epidíctico, del elogio, de la censura, de la valorización, del reconocimiento, del desconocimiento, de la motivación, sin duda que cobra importancia la idea según la cual el acto de autoridad no es más que el límite de la lengua legítima, es decir, la autoridad reside en las condiciones sociales de producción y reproducción del conocimiento, o sea, la fuerza que vehiculan las palabras se encuentra en las palabras mismas pero también cobra
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mucha importancia quien porta o da la palabra, no solamente el qué dice, sino mucho más el
quién, cómo, dónde se dice (Cf. Bourdieu, 2001). Para el caso que nos ocupa, esto se puede reflejar en la figura del maestro que sin duda es autoridad en el aula de clase, es un porta-palabra, es quien representa a un grupo, a una comunidad, en este caso a la comunidad de maestros y a la vez a la comunidad interpretativa de los fenómenos del lenguaje como lo es profesores y directivas del Proyecto Curricular de Licenciatura en Educación Básica con Énfasis en Humanidades y Lengua Castellana. Si aceptamos con Bourdieu que el lenguaje se inscribe en relaciones de poder, estamos diciendo también que con la palabra podemos influenciar, transformar, motivar, a quien escucha, a nuestro interlocutor.
Sin duda, en el ámbito educativo cobra importancia la mirada de Bourdieu, si reconocemos que el discurso, cualquiera que sea, no es más que la convergencia de dos cosas elementales: competencia técnica y social de hablar, es decir, capacidad de hablar y capacidad de hablar de una cierta manera en un contexto social y, de otro lado, el sistema de reglas que orientan desde siempre la producción lingüística (Cf. Eribon, 1982). Para encarar la tarea de una interpretación del fenómeno lingüístico, Bourdieu tiene como techo los conceptos de campo62, mercado63y habitus.64
Así que si entendemos que todo intercambio lingüístico funciona retóricamente en el sentido que siempre hay una estrategia para usar, intercambiar, jugar con palabras, podemos indicar que uno de esos juegos es el discurso epidíctico, es decir, aquellas interacciones donde alabamos o censuramos. Quizá sea en estas interacciones en donde el precio de los productos sea más inestable o también puede suceder que se dé el fenómeno marcado de la especulación. Por ejemplo, cuando alabamos demasiado podemos caer en la fatua tarea de construir héroes y también mecenas o mundos hechos de mermelada, en una época donde no hay héroes y no hay paraísos; también podemos caer en la censura radical que nos ubica en el plano de la indignación, la acusación o la denuncia. Pero es justamente este mercado, este comercio con las palabras en situación, es decir, el discurso en interacción lo que nos interesa estudiar. Sin duda, esto cobra mayor importancia si seguimos a Bourdieu cuando dice que en dicho mercado hay una anticipación de los precios, es decir, que toda interacción, toda comunicación, toda producción y recepción de discurso contiene en sí una cierta aceptabilidad, pues jamás se
62 La noción de campo es fundamental para Bourdieu. El campo es realmente la construcción de un espacio social en donde los
agentes, en donde los participantes tienen intereses comunes y a la vez intereses propios dependiendo del lugar que ocupen en el campo. Para dar un caso, en el campo del arte habrá intereses generales, por ejemplo, para lo que es el arte contemporáneo. Sin embargo, unos son los intereses del artista, otros los intereses del espectador, otros los del curador, otros los que administran el arte y así sucesivamente. Así, pues, en tanto sociólogo la sociedad es para Bourdieu una interrelación de campos (lo cultural, lo religioso, lo económico, lo deportivo, lo artístico, lo científico). Lo interesante es ver aquí que las interacciones se organizan de acuerdo con los recursos que cada agente tenga, dicho en palabras de Bourdieu, el capital económico, cultural, social y simbólico estructura toda interacción.
63 El discurso cualquiera que sea, es el producto del encuentro entre un habitus lingüístico, es decir, una competencia inseparablemente
técnica y social (a la vez la capacidad de hablar y la capacidad de hablar de una cierta manera, socialmente marcada) y de un mercado, es decir, el sistema de "reglas" de formación de los precios que van a contribuir orientando de antemano la producción lingüística. Esto vale para el parloteo con amigos, para el discurso elevado de las intervenciones públicas, o para la escritura filosófica como traté de mostrarlo a propósito de Heidegger. Pues bien, todas estas relaciones de comunicación son también relaciones de poder y, en el mercado lingüístico, siempre ha habido monopolios, sea que se trate de lenguajes secretos hasta los lenguajes científicos (Eribon, 1982).
Le discours quel qu’il soit, est le produit de la rencontre entre un habitus linguistique, c’est-à-dire une compétence inséparablement technique et sociale (à la fois la capacité de parler et la capacité de parler d’une certaine manière, socialement marquée) et d’un marché, c’est-à- dire le système de « règles » de formation des prix qui vont contribuer à orienter par avance la production linguistique. Cela vaut pour le bavardage avec des amis, pour le discours soutenu des occasions officielles, ou pour l’écriture philosophique comme j’ai essayé de le montrer à propos de Heidegger. Or, tous ces rapports de communication sont aussi des rapports de pouvoir et il y a toujours eu, sur le marché linguistique, des monopoles, qu’il s’agisse de langues secrètes en passant par les langues savantes (Eribon, 1982).
64 Como lo indica el título del trabajo Lenguaje y poder simbólico, Bourdieu se ocupó del fenómeno del lenguaje pero lo extendió al
campo de lo simbólico, lo que exigió construir una teoría del poder simbólico que para el caso de nuestro autor se aplicó a la política, a la representación política. Vale decir que el contenido de este libro son los escritos más importantes de Pierre Bourdieu sobre el lenguaje y el poder simbólico en el campo político y se convierte, así, en una versión corregida y aumentada del libro publicado en 1982 con el título de Ce que parler veut dire (Bourdie, 1982). Traducción al español Lo que significa hablar: economía de los intercambios lingüísticos (1999).
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aprende el lenguaje sin aprender también las condiciones de aceptabilidad de dicho lenguaje o, en otras palabras, sabemos perfectamente cuándo el lenguaje será ventajoso o desventajoso en tal o cual situación (Cf. Eribon, 1982).
Vemos nuevamente la idea de que el lenguaje usado en una situación, se fuga de la lingüística interna o, mejor, no depende de la competencia de quien habla, del locutor en el sentido chomskiano, sino más bien como lo indica Bourdieu, depende también de lo que él llama el mercado lingüístico. También volvemos a la co-construcción del discurso en tanto que para este autor el discurso es un resultado que depende del locutor y sus competencias y de los circuitos o rutas de intercambio en el que se mueva dicho discurso, el comercio de las palabras. El discurso depende en cierta proporción de las condiciones de producción y de recepción que tenga (Cf. Eribon, 1982).
En educación, en el mercado escolar, este planteamiento de Bourdieu se hace patente y desde el discurso epidíctico podemos encontrar una situación ideal para el análisis, si aceptamos que en este discurso los interlocutores están evaluando permanentemente el intercambio mismo, y, a la manera de una subasta se le da el valor o el peso a cada una de las palabras, a cada uno de los momentos de la interacción. Pensemos, por ejemplo, lo que puede significar una alabanza al profesor por parte de un estudiante o del profesor al estudiante; también lo que podría significar una censura de varios estudiantes al profesor o la censura de varios estudiantes a otro estudiante65; lo que significa la palmada en la espalda, la felicitación, el reconocimiento, la autoridad, la demagogia, la provocación, el carisma y, como ya se dijo antes, la indignación, la acusación y la denuncia.
Diremos entonces que efectivamente la comunicación es un fenómeno complejo que se asemeja o, mejor, que además de ser fenómeno comunicativo es siempre una relación comercial en donde hay productores y consumidores muy atentos a los productos, pues se está en constante evaluación y valoración porque en este intercambio de palabras, en el juego de la comunicación, como en cualquier juego, no se quiere perder. Por lo mismo, en dicho juego las emociones también tienen un papel decisivo, pues sabemos que hay palabras y situaciones que nos enfadan, nos dan alegría, nos parecen feas, buenas, nos tranquilizan, nos motivan, nos seducen, nos exhortan, nos lastiman…
Ahora, en ese intercambio el tema de la valoración es fundamental pues siempre estamos como espectadores o como receptores co-constructores del discurso en el plano de revisar muy bien los productos: ¿tiene autoridad académica quien habla?, ¿qué valor tiene lo que dice?, ¿es brillante y buen orador?, ¿tiene buen registro?, ¿habla bien?, ¿habla mal?, ¿es carismático?, ¿es una víctima?, ¿es un farsante?, ¿es serio?, ¿es simpático o bonita?, entre tantas cosas que se valoran a la hora de intercambiar palabras en situación.
Así que en este contexto del discurso, de las series epidícticas y su correspondencia con el intercambio comercial el receptor funciona siempre como juez. Normalmente si es el estudiante quien evalúa no tiene mayores posibilidades de sanción ni corrección frente a lo que dice el profesor, pero si el receptor es el profesor y es él quien evalúa, tiene todas las posibilidades y también el derecho o la responsabilidad de sancionar y corregir a sus estudiantes. Algo semejante sucede en las relaciones comerciales. Sin duda aquí vemos nuevamente la importancia que tiene
65 En esta época cobra tanta importancia el matoneo que se traduce como acoso escolar, intimidación o bullyng. Se trata de un tipo de
violencia escolar que incluye diversas conductas de maltrato verbal, físico, social, electrónico y psicológico. Una investigación sobre este fenómeno revisado desde las secuencias epidícticas podría arrojar resultados interesantes.
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para el análisis del discurso adoptar una perspectiva interactiva, en donde la imagen de sí y del otro son fundamentales a la hora de co-construir el discurso o, dicho de otra manera, los interlocutores interactúan y en tanto tal la noción de ethos participa de ese intercambio comercial, de esa interacción lingüística y las posibles redes que puedan surgir de ella. En esos mercados, en esas interacciones juegan un papel fundamental las jerarquías sociales que circulan, el poder simbólico que se pone en juego.
Bourdieu nos indica que el individuo social es un agente que se mueve por interés
personal o colectivo (su grupo, su familia) en el marco elaborado por su habitus. Dicho de otra
manera, se mueve a partir de algunos principios normativos y a algunas condiciones sociales, materiales. Es con esto que se mueve estratégicamente (retóricamente podríamos decir si entendemos la retórica como la estrategia que utilizo para persuadir y convencer) para alcanzar sus objetivos. En tal sentido el habitus tiene diversas características como la hystérésis del habitus66, la transportabilité del habitus67, el carácter generador del habitus.68 De este último se desprende lo que Bourdieu llama el sentido práctico69 que es más desarrollado con lo que denomina la illusio.
Detengámonos un poco en este punto. Nos dice Bourdieu que es la creencia la que hace que los individuos piensen que una actividad social es importante, por lo que existen diversos intereses sociales y en la construcción del espacio social, cada uno de estos es una apuesta específica para cada uno de los agentes. Para dar por caso nuestro corpus, las clases con los estudiantes de primer semestre de la Carrera no son iguales, cada una pone en escena, por ejemplo, en el plano disciplinar, aspectos específicos pues no es lo mismo lo que persigue el profesor de ética que el de pedagogía. Realmente lo que propone este autor es sustituir el término interés por illusio, con lo cual quiere indicar que no hay interés que no sea una creencia, una
illusio. ¿En qué consiste esta creencia o illusio? Creer que una puesta social específica es
importante como tal y que es necesario seguirla. En palabras de Bourdieu “la illusio es el hecho
de ser tomado en el juego, de ser tomado por el juego, de creer que el juego vale la pena, o, para
decir las cosas simplemente, que vale la pena jugar” (Bourdieu, 1996, p. 153). Así que la illusio
da cuenta de un proceso de socialización en donde alguien cree que tal situación social es
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Una de las disposiciones del habitus es ser durable. Así, el habitus es un concepto para designar un fenómeno por el que un agente que se socializa en determinado mundo social, conserva en gran medida estas disposiciones. Esto se da incluso en situaciones en donde estas disposiciones no encajan bien. El ejemplo que nos da Bourdieu es el del Quijote (Bourdie, 1980, p. 104), que siendo un caballero en un mundo donde no hay caballeros y sin las fuerzas suficientes para hacer frente al hundimiento de su universo, viene para cazar los molinos de viento que toma por tiranos inmensos.
67 La transportabilité del habitus significa que las disposiciones adquiridas en una determinada actividad social, por ejemplo de la
familia, son transportadas a otra actividad, por ejemplo el mundo profesional. Da por caso las prácticas sociales de los obreros en donde se puede encontrar una relación directa entre la alimentación y la aprehensión que ellos hacen del arte (Cf. Bourdie, 1979, p. 197). Por decirlo de alguna manera, todos estamos en la misma puesta en escena y por razones de economía nos toca actuar o representar diversos personajes a la vez. Esto está en cierta proximidad con la imagen del mundo como teatro de Goffman, pues allí podemos estar encarnando un personaje cualquiera, pero en la interacción podemos dejar ver, asomar otros personajes que forman parte de mí. Por ejemplo yo juego el rol de profesor. Sin embargo, en tanto profesor también, allí, en esa interacción como profesor, también puedo hablar como deportista, como padre, etc.
68 Una de las críticas más fuertes a los conceptos de Bourdieu es lo referido al determinismo. La respuesta que nuestro autor da a esta
problemática es la de afirmar que el habitus es una potencia generadora y de invención por lo que no podemos perder de vista que el habitus es “una estructura estructurada predispuesta a funcionar como estructura estructurante”, es decir, el habitus funciona como una propiedad que da origen a una infinidad de prácticas posibles.
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Una propiedad que se desprende del habitus como generador, como potencia generadora, es lo que denominó sentido práctico. El
habitus refleja el mundo social y los agentes se adaptan a ese mundo social sin necesidad de estar siempre en el marco de una estrategia milimétrica en cada una de las actividades de la vida cotidiana, de la vida social. Con esto, lo que quiere mostrar Bourdieu es que los agentes no calculan todo el tiempo, para buscar con ello maximizar sus intereses de acuerdo con unos criterios racionales explícitos. Esto hace que algunas veces actuemos aparentemente de manera mecánica. Esto se logra justamente cuando el saber-hacer está inscrito en el cuerpo de tal forma que “el habitus encierra la solución de las paradojas del sentido objetivo sin intención subjetiva: éste está a la base de estos encadenamientos que son objetivamente organizados como estrategias sin ser el producto de una verdadera intención estratégica” (Bourdieu, 1980, pp. 103-104). « (…) l´habitus enferme la solution des paradoxes du sens objectif sans intention subjective: il est au principe de ces enchaînements de coups qui sont objectivement organisés comme des stratégies sans être le produit d´une véritable intention stratégique » (Bourdieu, 1980, pp. 103-104).
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importante porque justamente ha sido educado para creerlo, es decir, los intereses sociales son
creencias socialmente inculcadas y validadas.70
Así que la realidad social está tejida por creencias y esas creencias hacen referencia a realidades. Si es la realidad que nos han inculcado normalmente es la que valoramos positivamente, es la que defendemos y construimos permanentemente. Es como tratar de fijar aún más la creencia o en términos retóricos se trataría de aumentar la adhesión que es la tarea del epidíctico en la perspectiva de Perelman (1994). Sin duda, para el caso de la carrera, para el caso de las interacciones de primer semestre, para las primeras clases que son las introductorias en donde se presenta la Institución y la disciplina, el sentido de la illusio es muy fuerte, pues se trata de mostrar las creencias, los valores que movilizan a la Institución así como también las