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El “acto social” de Mead se produce entre dos o más personas que interactúan en presencia física inmediata, es decir, en encuentros “cara a cara”, lo que permite “estimular” la conducta del interlocutor, a través de hechos objetivos de la realidad y la subjetividad del otro, “que se hace accesible” sólo en este tipo de relación (Berger y Luckmann, 2006: 45). Así ocurre con los inmigrantes y los autóctonos, quienes se enfrentan “cara a cara” permanentemente, y en el ámbito específico del sistema escolar, la relación docente-alumno es mediada por este tipo de encuentros durante toda la jornada escolar porque solamente así, se logra un “vínculo exclusivo (docente/alumno), aunque sea rápido y fugaz” (Gijón, 2012: 110. 119).

Erving Goffman, el sociólogo que más ha sobresalido en este ámbito de análisis de la interacción social, agrega que los encuentros “cara a cara” son esenciales para que la “sociedad no se disgregue”, pues la influencia que se busca lograr en la conducta del otro tiene como objetivo mantener el orden social donde se está inserto porque todo estaría determinado socialmente.

En este sentido, los individuos no se presentan en las interacciones como hojas en blanco sino que portando experiencias previas de tratos anteriores con otros participantes y una amplia gama de supuestos culturales que se han adquirido a través de la socialización primaria y las diferentes socializaciones secundarias (Goffman, 1983: 4 citado en Sebastián de Erice, 1994: 245). Por ello, para entender la actuación de los individuos hay que enfocarse en la interacción cara a cara propiamente tal y también considerar el mapa conceptual que porta cada persona, que es el origen de la definición/selección de las conductas que se realizan en cada interacción y que reproducen el orden social.

Desde esta mirada, Goffman responde a las críticas sobre que su enfoque centrado en las relaciones cotidianas deja de lado las macroestructuras sociales pierde fuerza

85 porque ha quedado demostrado que la sociedad puede y debiera ser estudiada a partir de las perspectivas particulares, propias de los miembros de la sociedad.

Para él las interacciones “cara a cara” son como obras de teatro, pues las personas hacen una representación de sí mismo frente a sí mismas y a los otros de la relación, asumiendo roles que suponen la preexistencia de normas a las que los individuos deben adecuarse en su actuación. En sus propias palabras: “Consideraré: de qué manera el individuo se presenta y presenta su actividad ante otros en situaciones de trabajo corriente, de qué forma guía y controla la impresión que los otros se forman de él; y qué tipo de cosas puede o no puede hacer mientras actúa ante ellos (...). En el escenario teatral, un actor se presenta, bajo la máscara de un personaje, ante los personajes proyectados por otros actores; el público constituye el tercer partícipe de la interacción (...). En la vida real, las tres partes se condensan en dos; el papel que desempeña un individuo se ajusta a los papeles representados por los otros individuos presentes, y sin embargo estos también constituyen el público”. A través de estas representaciones, que pueden ser conscientes o inconscientes, las personas buscan influir en la conducta de los otros participantes de la interacción, llamados audiencia, observadores o coparticipantes (Goffman, 2001: 11 y 28).

En estas representaciones “cara a cara” suele ocurrir que cuando no hay

información previa acerca de los actores que participan en ella, los datos se recogen de conductas y fenotipos que permitan aplicar “experiencias previas con individuos aproximadamente similares al que tienen por delante”, tomando la interacción una función de estereotipificación o estigmatización, proceso que ya fue presentado en los apartados anteriores respecto de los inmigrantes y los alumnos de origen inmigrante (Goffman, 2001: 13).

El planteamiento dramatúrgico posibilita analizar los encuentros “cara a cara” que se producen entre las educadoras con los alumnos inmigrantes o hijos de inmigrantes: (1) el objetivo principal de la educación es modificar las conductas de las generaciones jóvenes por los docentes en las normas y comportamientos

86 definidas por la sociedad para mantener el orden social; (2) la definición social de roles del profesor y alumno, donde el primero es de autoridad transmisora de la pauta cultural hegemónica y el del segundo, someterse al rol de los docentes porque están en una situación de aprendizaje tanto a nivel instructivo como regulativo; y ambos actores asumen otro rol, más latente, pero igualmente importante, el “nosotros” (profesores) y el “otro” (estudiantes).

Las representaciones “cara a cara” se realizan en un contexto ordenado que Goffman llama “fachada”, que está compuesto por la “fachada social”, que es el espacio físico en el que se desempeña un rol (decorado, herramientas para desempeñar su rol); y la fachada personal, que el modo idiosincrásico de desempeñar el rol (apariencia, modales, uniformes, característica raciales, gestos corporales). En el caso de las docentes, la fachada social son los elementos que les permitan desarrollar su misión pedagógica como sillas, mesas, material educativo. En tanto, la fachada personal involucra elementos que las diferencien de los alumnos y de los funcionarios del jardín infantil como los delantales verdes de las profesionales y azules, de las técnico; impostaciones de voz para llamar la atención de los niños, distintos tonos para transmitir alegría cuando se logra un objetivo pedagógica o pesadumbre cuando un niño no hace lo correcto (Caballero, 1981:137).

Las interacciones se realizan en un escenario, que está compuesto por la región frontal (frontstage), donde los actores hacen su representación al público, preocupados por realizar correctamente el rol que exige la situación concreta a través de una “comunicación intencional” que “acentúe” los aspectos más propios de la actividad y “descarte” aquellos que se oponen a la imagen idealizada de él; y la posterior (backstage), donde las conductas y discursos públicos son contradichos “conscientemente, de una forma natural” porque es aquí donde se expresan los verdaderos sentimientos y emociones sobre el rol y el público, por medio de

87 conversaciones informales y más íntima entre los interlocutores” (Goffman, 2001: 127; Sebastián de Erice, 1994: 118 y 119 ).

En el caso de los jardines infantiles, el frontstage es el aula, los espacios recreacionales y el backstage, la oficina de la directora del jardín, sala de reuniones de profesores o comedores propios de las docentes.

VII.1.- Expresiones que se dan y expresiones que emanan

Un aspecto esencial de las representaciones “cara a cara” es que las personas se conducen a través de un lenguaje verbal que todos los involucrados en la relación debieran entender lo mismo, es decir, la comunicación en el sentido tradicional; y de uno no verbal o involuntario, gestos faciales y movimientos corporales que probablemente se hayan realizado por razones ajenas a la información transmitida de esa forma.

El enfoque dramatúrgico de Goffman permite analizar ambas expresividades, que son conceptualizadas como “expresiones que se dan” y “expresiones que emanan”, respectivamente. Las primeras son manejadas a voluntad por el actor porque en ella hay aspectos que puede “gobernar” como el tipo de información que se quiere entregar e incluso los tonos particulares que deben acompañar esa transmisión (ironía, tristeza, rabia). Las segundas, presentan matices que son “ingobernables” y que “no querrían ser controlados por los actores”, pese a que el otro interlocutor o público los usa para comprobar la validez del discurso verbal, por lo que se accede a ellas sólo a través de “confesiones o conducta expresiva involuntaria” (Goffman, 2001: 14).

De esta forma, la interacción se convierte en un “juego de información” en el que se busca controlar las propias impresiones para que el interlocutor no pueda acceder a los verdaderos sentimientos e intenciones. Aunque Goffman sostiene que hay una disposición a aceptar entre las partes las expresiones que se dan “de los labios hacia afuera”, pese a que en la realidad ello no ocurra (Goffman, 1970: 18).

88 Las “expresiones que se dan” tienen relación directa con el rol de los individuos en las representaciones porque hay conciencia del contexto en que éstas se desarrollan y de asumir conductas coherentes con él, pues sólo así se dará la impresión correcta al interlocutor. Sin embargo, las “expresiones que se emanan” pueden poner en jaque ese rol porque develan en el “aquí” y “ahora” de la interacción cara a cara, las reales actitudes y creencias sobre el objeto del encuentro, que provienen de experiencias decisivas del pasado.

En el campo de las migraciones esto tiene relación con las respuestas políticamente correctas, en el sentido que en la actualidad no es bien visto tener un discurso público o privado que tienda a reproducir manifestaciones negativas explícitas o prácticas de rechazo abiertas contra los grupos minoritarios, pero lo cual no significa que no se mantengan prejuicios y estereotipos hacia ellos, sólo que ahora éstos se disfrazan de explicaciones no raciales como la violación de determinados valores nacionales o implicación en actos delictivos (García et al, 2003:138).

En los docentes este conflicto es aún mayor porque se supone, al menos desde la expresión que se dan, que deben tratar a todos los niños por igual (“no hacemos diferencias”) bajo la lógica homogeneizante, como se mostró en una cita anterior de una jefe de UTP de un colegio subvencionado de Recoleta. A esta situación hay que agregar que cotidianamente enfrentan a sus alumnos a través de estos dos tipos de comunicación: instruir a los alumnos y transmitir la pauta cultural hegemónica de manera pública o expresa a través del currículum oficial, y de manera latente o emanada por medio del currículum oculto.

VII. 2.- Identidad social virtual e Identidad social real

Como se expuso anteriormente, tanto los estereotipos como los estigmas fijan ciertas imágenes, es decir, presentan un seudoindividuo (seudoentorno) y no el individuo completo (entorno), pero que afectan al todo. Por lo tanto, en su enfoque dramatúrgico, los encuentros “cara a cara” donde no hay información previa de los

89 actores, la relación es entre significaciones sociales que construyen lo que Goffman llamó una “identidad social virtual” del interlocutor, a partir de su vestuario, modales, fenotipo. Esta identificación puede estar muy alejada de la “identidad real social”, que son las particularidades propias que porta cada persona y que la hace ser única, pero que puede quedar supeditada a la virtual.

En los inmigrantes, adultos y niños, la identidad social virtual es la que domina los encuentros “cara a cara” porque al ser un extraño cercano, la forma de aprehenderlo es a través de estereotipos y estigmas que definen a priori una posición en el mapa social y por ende, se esperan de ellos ciertas conductas y no otras, lo que se grafica en la afirmación de Bauman que “desde la perspectiva de la población nativa, todos los extranjeros son lo mismo” (Bauman 1996: 117 citado en Thayer, 2007: 50).

En el ámbito escolar, investigaciones han arrojado que algunos profesores consideran que los alumnos de origen peruano “son tontos” porque no siempre manejan adecuadamente las materias del sistema escolar chileno y por tanto, en las primeras interacciones con niños de ese origen son tratados desde esa inferioridad intelectual (Cortez, 2004). Así le ocurrió a una niña en su primer día de clases con la profesora de lenguaje, a quien le preguntó si podía entregar un trabajo que fue dado a sus compañeros antes que ella se integrara al colegio “y ella me dijo que no, que no iba a retroceder ni por mí ni por nadie. Y entonces, como que en ese momento, me sentí un poco mal porque nunca nadie me había dicho las cosas así (…) Pero luego yo le demostré que podía hacer muchas cosas bien y que no necesitaba ser ni peruana ni chilena para hacerlas bien y entonces, como que ahora me trata mejor” (Kasumi, 13 años citada en Pavez, 2013: 199).

En esta afirmación la niña peruana quiere mostrar que su identidad social real está por sobre cualquiera virtual que esté construida desde las nacionalidades, sea la de ella o la chilena, pero como se evidenció en el apartado sobre estereotipo y estigma, no siempre esto es posible porque estas categorizaciones son muy difíciles de cambiar.

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