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La interdisciplinariedad en la atención a los casos de violencia sexual

MArÍA gABrielA cAstro soto

la violencia es un fenómeno social que tiene efectos preocupantes en todos los ámbitos: personal, familiar, comunitario, social, cultural e internacional. si entendemos la violencia como una forma en que se expresa el poder como dominio; es decir, el uso de una fuerza abierta u oculta con el fin de obtener de un individuo o grupo lo que estos no quieren libremente, se está hablando de coerción, negación de la dignidad y libertad humanas para decidir sobre los propios compor- tamientos. la organización Mundial de la salud (oMs) define la violen- cia como “el uso intencional de la fuerza o el poder físico [de hecho o como amenaza] contra uno mismo, otra persona o un grupo o comuni- dad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muer- te, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones” (2002: 5). en las ciencias sociales existen múltiples teorías que intentan ex- plicar el surgimiento de la violencia, y ofrecen explicaciones diversas que dan cuenta de la complejidad del fenómeno, ya que en él parti- cipan muchos factores que interactúan entre sí y, por tanto, ofrecen infinidad de matices para su estudio, abordaje y comprensión. esto da por resultado diversos aportes disciplinares que pretenden no solo la comprensión del fenómeno mismo sino una intervención que disminuya las interacciones violentas que afecten la integridad de las personas.

las interacciones humanas están hechas de reconocimientos mutuos en los que se juegan relaciones de dominio, razón por la que el fenó-

meno de la violencia está estrechamente vinculado con el poder; toda situación de violencia es una situación de poder, y esta dimensión ha llegado a ser parte de la experiencia cotidiana, circula en el entorno y acompaña la mayor parte de las relaciones cotidianas. Al presentarse como un fenómeno multicausal en el que interactúan muchos facto- res, representa un desafío para la búsqueda de tentativas de solución desde el ámbito de lo interdisciplinar; pues frente a estas situaciones nuestra sociedad no ha encontrado caminos de solución suficientes, y las causas remiten a explicaciones parciales que también resultan insuficientes y entrañan un nivel de complejidad que revela la necesi- dad de un diálogo entre diversas racionalidades (najmanovich, 2011), pues no basta el aporte de una sola disciplina o tratamiento para hacer frente a estas realidades.

entre las múltiples dimensiones de la violencia, podríamos men- cionar a la dimensión social y antropológica que remite a la mayoría de los aspectos de la experiencia humana. desde estas perspectivas, nuestra sociedad está atravesada por la violencia, como en toda so- ciedad de clases en la que se establecen relaciones de poder entre dominadores y dominados; donde aparece la opresión, el autorita- rismo y la discriminación que desembocan en distintas formas de violencia en el mundo: guerras, asesinatos, torturas, desapariciones, para las cuales se han buscado diferentes formas de combatirla. sigmund Freud, en sus intentos de comprensión de la psique hu- mana, expresó que “los conflictos de intereses entre los hombres se zanjan en principio mediante la violencia [...] vence quien tiene mejores armas o las emplea con más destreza” (1991: 188). del mismo modo, la sociedad convive con otro tipo de violencia que se desarro- lla en silencio, que promueve cierto grado de inconsciencia, donde “ya no es la violencia de un individuo la que se impone sino la de la comunidad” (Freud, 1991: 189) y que, por tanto, ya no suele ser noticia, como la mortandad infantil, la desocupación, la carencia de buenos servicios sanitarios, los salarios paupérrimos, la escasez de vivienda, etc. en definitiva, el ser humano experimenta la vio-

lencia actuada, hablada y silenciosa de modo individual y a nivel de grupo social en el que se ve inserto.

los orígenes de la violencia como contexto actual pueden remitirnos a aspectos históricos, antropológicos y culturales en mutua interacción con conflictos intrapsíquicos en los seres humanos, mismos que reto- maremos solo para fundamentar y analizar la necesidad del trabajo interdisciplinar en los casos de violencia sexual. Aunque es importante distinguir conceptualmente la violencia, del conflicto, la agresividad y la agresión, estas distinciones, según Jorge corsi, proporcionan al menos una primera consideración bidimensional del fenómeno y su tratamiento, es decir, la consideración de sus causas y efectos como un abordaje inicial que se va enriqueciendo con múltiples factores que lo influyen. las primeras nos conducen a la interacción de factores psíquicos y sociales en la historia de cada sujeto violento o violentado, y los segundos a los efectos relacionales en la vida del sujeto (corsi, 1994: 15–26). sin embargo, en el tratamiento ambas dimensiones son abordadas en orden diverso y por distintas disciplinas, lo que en oca- siones puede producir confusión si estas no consideran su abordaje dentro de una visión interdisciplinar.

en la actualidad, al pasar de la era industrial a la de la informa- ción globalizada, se hace notar la gran capacidad de influencia de los medios y las redes sociales para la trasmisión de información. en el análisis realizado por giovanni sartori (1997) sobre el desarrollo de la tecnología de las comunicaciones en la sociedad actual, se hace patente este paso y se confirma cómo este tipo de progreso, sin prever las consecuencias, ha llegado hasta la digitalización de todos los me- dios, cuya compleja red ofrece la trasmisión de cosas y sucesos reales, pero también imaginados o virtuales; avance tecnológico que puede favorecer el progreso científico y la convivencia humana, pero, como arma de doble filo, también trasmitir como algo normal la violencia y sus consecuencias.

y ante el fenómeno de la violencia, por su complejidad, nos provoca interrogantes continuas sobre el origen de la conducta agresiva y vio-

lenta, sus consecuencias en la psique y comportamiento humanos, así como intentos de explicación. por un lado, resalta nuevamente la teoría del aprendizaje social de Albert Bandura (1983) sobre las conductas agresivas aprendidas por imitación, en el que los medios juegan un pa- pel importante en la promoción de los actos violentos que se trasmiten tan repetitivamente, que llegan a provocar indiferencia o progresiva aceptación, y donde sus efectos son vistos como si constituyesen un hecho normal. y, por otro, resaltan los factores psíquicos que sigmund Freud profundiza y que se entrelazan para dar una mayor complejidad a las interrelaciones y generar conductas teñidas de agresividad: “en todos los seres humanos están presentes unas tendencias destructi- vas, vale decir antisociales y anticulturales, y que en gran número de personas poseen suficiente fuerza para determinar su conducta en la sociedad humana” (1992c: 7); conductas que potencializan actos agre- sivos y violentos que preceden a una violencia sistemática y que recla- man “el gobierno sobre la propia vida pulsional” (Freud, 1992d: 79). es decir, factores internos y externos de diversa índole y actualidad que promueven las conductas agresivas y violentas.

estas influencias promueven en la actualidad una creciente oleada de violencia social que se da en todos los aspectos de la vida de la persona, y permea sus niveles más íntimos, en especial cuando se trata de violencia sexual. la violencia actúa silenciosa y sutilmente en todas las interrelaciones cotidianas, en los distintos niveles de vio- lencia intrafamiliar y diversos tipos de violencia sexual; lo que nos hace confirmar con Freud la existencia de una pulsión de agresividad y destrucción como parte de la naturaleza humana, pero que en acción conjugada con la pulsión de conservación, surgen los fenómenos de la vida, misma que presenta el reto de conciencia, dominio, sublimación y manifestación cultural sustitutiva. las relaciones entre los seres humanos están plagadas de necesidad de reconocimiento y, por ello, de poder y sometimiento, que dan origen a formas de abuso en las que existen al menos dos participantes: el agresor y la víctima, cada uno con su propia historia y contexto social, que desempeñan el papel de

dominio y sumisión, respectivamente; roles influenciados también por las condiciones sociales que promueven este tipo de interaccio- nes. la cultura misma es fuente social de sufrimiento, pues aunque promueve el progreso y la felicidad humana a través de satisfacciones sustitutivas (como la ciencia, el arte, el orden social y la belleza) de los impulsos agresivos, exige sacrificios que no apagan del todo el malestar (Freud, 1992d) donde anida e impulso hacia la destructividad.

entre los factores sociales que mayor malestar provocan, y que influ- yen en los roles de agresor y víctima, están la desigualdad de género, económica, política y legal, así como la desorganización social y la legitimización de la violencia en donde la cultura y las leyes la permi- ten. también se dan factores culturales propios de la época, como los divorcios y segundas nupcias, los matrimonios precipitados, el cambio de valores y costumbres sexuales, aislamiento social y la confusión de roles. del mismo modo, una dinámica familiar poco clara, confusa o con características incestuosas en las relaciones, revela la dificultad de los padres de llevar a cabo sus roles como tales y de poner límites en sus interacciones mutuas, donde los factores emocionales adquie- ren relevancia pues se dan siempre unidos a alguno de los anteriores; donde el abusador repite una conducta aprendida en la infancia;1 donde existe carencia de satisfacciones emocionales y necesidad de ser cu- biertas de alguna manera, aunque sea agradando a un adulto que pide una práctica de tipo sexual a cambio de un poco de atención y cariño (sullivan y eversrine, 1997).

el tema de la violencia sexual es también un problema social que afecta principalmente a las mujeres, y es de suma relevancia al igual que otros problemas sociales, que en México tiene un número im-

1. Freud plantea la sexualidad como raíz de las neurosis traumáticas, las cuales se manifiestan de ma- nera repetitiva en la historia del sujeto: “con harta frecuencia son sucesos de la infancia los que han producido para todos los años subsiguientes un fenómeno patológico más o menos grave” (Freud, 1992a: 30). se ha corroborado, desde la experiencia clínica, que el abusador generalmente repite una conducta de la infancia, que puede ser recordada o no, pero que constituye el motor de la repetición.

portante de víctimas, mujeres y niños en su mayoría; donde la fuerza y el poder, como elementos ejercidos y valorados negativamente, se encuentran inmersos en un sistema ideológico que los tipifica como delito, debido a que se atenta contra la libertad e integridad personal, física y psicológica de quienes lo viven.

es relevante mencionar el estudio realizado por el observatorio ciudadano de Violencia de género para el distrito Federal (garda y Martínez, 2005), que arroja estudios y estadísticas del instituto nacio- nal de estadística y geografía (inegi) de 1999 a 2005, el cual revela que el maltrato emocional constituye el tipo de agresión más frecuente: 99.2% de las encuestadas lo reportó. la intimidación se manifiesta en 16.4%; la violencia física en 11.2%, y el abuso sexual en 1.1% de los hogares. Además, este estudio señala que la violencia se presenta en 32.5% de los hogares dirigidos por hombres, en tanto que en aquellos encabezados por mujeres la frecuencia es de 22%. por otra parte, la se- cretaría de salud señala en la encuesta nacional sobre Violencia contra las Mujeres 2003, que 21% de las mujeres encuestadas asegura que ha vivido violencia solo en el último año de relación; 35% señaló que ha tenido más de una relación violenta, y 60% comenta que ha tenido violencia toda su vida, desde la infancia hasta haber tenido una o varias relaciones de pareja violentas (insp y secretaría de salud, 2003). los estados de México donde se ejerce violencia con mayor frecuencia son los del norte: coahuila, sinaloa, Baja california sur, nayarit y nuevo león; hasta los estados del centro y sur, como tlaxcala, Michoacán, el distrito Federal, puebla, guerrero, yucatán, quintana roo y campe- che. Así, independientemente del desarrollo rural o urbano, la violencia contra las mujeres se ejerce con las mismas características en cualquier latitud del país.

los actos de violencia sexual no son privativos de una clase social determinada, y aunque por lo común la vemos asociada a sectores marginales de la sociedad, pueden ocurrir en cualquier clase social, en ambos sexos, en todos los niveles educacionales y en cualquier ámbito familiar (Blanco et al, 1983). en general, se cree que, al desa-

rrollarse en el ámbito privado de las interacciones, es una cuestión de cada uno; pero si consideramos que cualquier acto de violencia de una persona contra otra es un crimen, este problema deja de ser privado para ser social, donde las relaciones de poder y sumisión dan pie al origen del acto sufrido pasivamente, lo que no necesa- riamente niega el rol activo de los participantes. las personas so- metidas a situaciones crónicas de violencia sexual presentan, en cuanto a su funcionamiento social, debilitamiento progresivo, lo que se traduce en enfermedades psicosomáticas, depresión, disminución en el rendimiento laboral; en cuanto a su estructura psíquica, se ven muy afectadas en su posición emocional y subjetiva, desarrollan actitudes que van desde convertirse en agresores en la edad adulta, influir en conductas de rechazo al sexo opuesto, y de inversión en la elección de objeto sexual posteriormente, o mantener una posición subjetiva de victimización que se expande a todos los ámbitos de su cotidianidad.

es entonces que la violencia social revela el contexto en que se ejerce, además de otros tipos de violencia, la violencia sexual. Al mismo tiempo que es un fenómeno social, en las familias es donde nacen y maduran los sentimientos más intensos, y se realizan los aprendizajes sociales básicos. del mismo modo, la tendencia a la violencia sexual nace en el mismo núcleo familiar, lo que se ve re- forzado por el origen intrapsíquico, el contexto social y cultural, que plantea un desafío a su abordaje; ya que los factores socioculturales que dan la bienvenida a un nuevo sujeto, y determinan su lugar en la sociedad, se entrelazan con su capacidad de respuesta psíquica y relacional, lo que deriva en variaciones y adecuaciones particulares en el tratamiento. considerar la complejidad del fenómeno de la violencia sexual conlleva el reto de la interdisciplina, debido a que la presencia de cada una de las disciplinas involucradas no presenta soluciones suficientes y tampoco podría justificarse por sí misma sino en relación con el aporte que algunas de sus teorías, conceptos y enfoques pueden hacer a la comprensión de dicha problemática.

otro de los retos en la comprensión interdisciplinar del fenómeno es clarificar si es pertinente la preocupación por definir los límites de cada una de las disciplinas que intervienen directamente en cada caso, cuando está en juego el bienestar de una persona violentada, a fin de no generar situaciones que provoquen una victimización secundaria.

los eJes de lA ViolenciA

el abordaje de la violencia sexual se plantea desde tres ángulos: tipos de violencia sexual (a los que nos limitaremos en el presente análisis), actores involucrados y niveles de victimización.