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Interpretación y discusión de los resultados

In document procesamiento pragmático (página 157-161)

3. PRESENTACIÓN Y ANÁLISIS DE LOS RESULTADOS

3.2. Análisis particulares

3.2.1. Pruebas de actos de habla

3.2.1.4. Interpretación y discusión de los resultados

En resumen, se encontró que el rendimiento de G1 fue significativamente menor que el de G2 en la prueba de AHI; además, rindió significativamente mejor en la prueba de AHD que en la de AHI. Contrariamente, aunque las diferencias no llegan a ser estadísticamente significativas, se encontró que G2 rindió mejor en la prueba de AHI que en la de AHD.

La comprensión de un AHD implica un entendimiento literal del enunciado, mientras que las tareas de AHI requieren del desarrollo de habilidades pragmáticas para su correcta ejecución, debido a que indiscutiblemente los AHI son de naturaleza pragmática (véase apartado 1.5.1.).

Como se ha descrito en el apartado 1.3., el circuito neurológico de procesamiento de información pragmática, que se ha caracterizado como ‘cerebro pragmático’, se compone de áreas de los LF, zonas del sistema límbico –principalmente, el tálamo y la amígdala–, y el HD –en tanto controla el procesamiento emocional–.

En el apartado 1.4. se ha precisado que las principales características diferenciales del cerebro de los sujetos con SA están dadas por algunas diferencias citoarquitectónicas con respecto al cerebro neurotípico, además de que hay áreas que volumétricamente no se distinguen, pero que se desarrollan mediante procesos que difieren temporalmente de los procesos neurotípicos –lo que se puede observar en el tamaño de las zonas en distintas etapas

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del desarrollo y en los niveles de concentración de acetil aspartato, creatina y colina. Asimismo, se ha observado que el principal daño del cerebro de los sujetos con SA se encuentra en lo que Attwood (2007) ha denominado ‘cerebro social’, y que incluye zonas de las cortezas temporal y frontal, disfunción de la amígdala, los ganglios basales y el cerebelo, disfunción cortical del HD y anomalía del sistema dopaminérgico.

Las evidencias anteriores permiten concluir que los sujetos con SA presentarán fallas en el procesamiento de información pragmática, y, en específico, en la interpretación de AHI, puesto que poseen compromiso de los LF, del HD y del sistema límbico –en específico, de los ganglios basales y de la amígdala–. Por ello, el rendimiento observado de G1 es esperable.

Respecto de las teorías de funcionamiento cognitivo que se revisan en el apartado 1.4.3. y de las evidencias encontradas en las pruebas de actos de habla, es posible caracterizar el funcionamiento de algunos sistemas, que se revisarán a continuación. Antes de ello, es necesario precisar que se efectuarán dos caracterizaciones, puesto que las pruebas fonoaudiológicas realizadas han dado cuenta de que S1, S2, S3 y S4 poseen desarrollos cognitivo, sintáctico y semántico normales, mientras que S5 presenta deficiencias en el comportamiento cognitivo y semántico –lo que indica que el funcionamiento cognitivo de este sujeto es diferente al de los demás–.

En la mayoría de los sujetos se observa, por una parte, una tendencia a aplicar las reglas de interpretación literal de las situaciones de manera generalizada, llegando a hacerlo, en algunos casos, cuando no corresponde. Además, se observa que los mismos sujetos intentan dilucidar los mecanismos de interpretación indirecta de los actos de habla, logrando a veces identificar la necesidad que el hablante de la situación buscaba solucionar, y en otras ocasiones identificando de manera exitosa las peticiones indirectas. Los errores observados en estos sujetos se explican por la aplicación de reglas de manera generalizada de interpretación literal y de identificación de una necesidad sin efecto en el receptor de la emisión. De esta manera, se observa que la mayoría de los sujetos informantes muestra una actitud hipersistematizante en la interpretación de actos de habla. Es posible que la puesta en funcionamiento de un sistema hipersistematizante haya recaído en la consideración de todos los detalles de los enunciados de los actos de habla, lo que impide la discriminación de la información y, por lo tanto, la determinación de la coherencia central (puesto que en las

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pruebas fonoaudiológicas se observa un desarrollo lingüístico y cognitivo normal de los sujetos) de la misma –lo que, al mismo tiempo, ocasionaría la aplicación indiscriminada de reglas constituidas por patrones rígidos que impiden la adecuación pragmática de las interpretaciones–.

Contrariamente, en S5 no se observa una actitud hipersistematizante, ya que resulta ser el único sujeto informante que no presenta consistencia entre las interpretaciones verbales entregadas y la posterior elección de alternativas. Además, este sujeto no utiliza un patrón en sus respuestas, puesto que los errores que comete atenderían a deficiencias del sistema ejecutivo (a saber, posibles problemas en la memoria de trabajo y en la conservación de la atención). Con estas evidencias, es posible que el bajo rendimiento obtenido por S5 atienda a un problema en las funciones ejecutivas, puesto que los errores dan cuenta de un problema de integración tanto de información pragmática como de otros tipos de información cognitiva.

Por otro lado, en la prueba de AHI se observa una dificultad generalizada de los sujetos informantes respecto de la TdM, pues en todos los errores encontrados se observa una incapacidad para establecer el estado mental de los hablantes de las situaciones, lo que recayó en que los sujetos no fuesen capaces de determinar la motivación de los mismos, sin lograr identificar las peticiones que contenían las emisiones. Un caso especial es S4, quien no presentó problemas de funcionamiento de la TdM, lo que podría deberse a que el desarrollo de esta habilidad, además de ser más lento en los sujetos con SA, es también más prolongado en el tiempo.

Interesantemente, los resultados de G2 podrían sugerir una mayor disposición de los sujetos neurotípicos a procesar AHI antes que AHD –tal como sugieren las teorías presentadas en 1.5.1.2.2.2.–. De comprobarse esta tendencia, los procesamientos que realizan sujetos con SA y neurotípicos resultarían opuestos, dado que mientras los primeros optan por asignar en primer lugar una interpretación literal a la emisión, para luego desentrañar el contenido indirecto, los segundos optarían por identificar con inmediatez un contenido indirecto, pasando por alto el contenido literal de la emisión.

Además, se observa que la frecuencia de uso es un factor importante a la hora de procesar los AHI. Como se vio en el apartado 1.5.1.2.2., los AHI son muy frecuentes, y es mediante el acceso de los sujetos a su experiencia con cada tipo de AHI que pueden

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procesarlos y producirlos con facilidad. Este tipo de procesamiento es el que ha sido estudiado en sujetos neurotípicos, donde se ha llegado a encontrar que, en las expresiones más convencionales, los sujetos realizan la interpretación indirecta con mayor rapidez que la interpretación directa.

Los resultados de la presente investigación sugieren que G1 realiza un procesamiento diferente al de los sujetos neurotípicos, puesto que la alta frecuencia inherente a los AHI no los ayuda a resolver exitosamente las tareas planteadas. Una explicación para aquello es que los sujetos con SA resuelven problemas aplicando reglas rígidas (que funcionan exitosamente en interpretaciones literales y de contenido explícito), y los enunciados que cobran sentido en el uso distan de ser rígidos. Por esta razón, G1 opta por dar más interpretaciones literales en ambas pruebas de actos de habla que el G2.

Es claro que los integrantes de G1 –sabiendo que todos los sujetos que participaron de este estudio son adultos–, por su experiencia, tienen conciencia de que en muchas ocasiones la interpretación literal de los actos de habla no basta para comprender el discurso. Posiblemente debido a ello, en G1 nace una actitud lingüística que busca resolver la interpretación indirecta del AHI. De esta manera, es posible que los sujetos con SA integren de manera tardía en su procesamiento la frecuencia de uso de los actos, para lograr determinar exitosamente el contenido ilocutivo de cada uno de los actos de habla de las situaciones planteadas. Siendo esto cierto, sería recién después de un proceso de prueba y fallo de las interpretaciones directas de los AHI, que los sujetos con SA comienzan a fijarse en la frecuencia de uso que poseen los actos. Así, sería a través de la experiencia (de manera tardía, en comparación con los sujetos neurotípicos) que los sujetos con SA comienzan a integrar la información pragmática en sus interpretaciones. Por lo mismo, resulta esperable que S4, de más edad que los otros sujetos informantes, resuelva correctamente las tareas de AHI.

Sin embargo, las evidencias encontradas no son suficientes para respaldar del todo este razonamiento, puesto que, por un lado, la muestra es muy pequeña, y, por otro, no hay un estudio que considere comparación de distintos rangos etarios –desde niños anteriores al razonamiento abstracto hasta adultos maduros–. Por otro lado, un estudio comparativo entre adultos neurotípicos y con SA del rango de edad de S4 podría comprobar el funcionamiento de los procesamientos planteados, al indagar en los tiempos de reacción de los sujetos al

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momento de realizar en los AHI tanto la interpretación directa como la indirecta. Los sujetos con SA deberían demorar más tiempo que los neurotípicos en identificar la interpretación indirecta.

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