1.6. Metáforas
1.7.2. Coerción Aspectual
1.7.3.4. Síndrome de Asperger y coerción aspectual
El SA es definido –por el DSM y la ICD– como un TGD, clasificándose (según el borrador del DSM-V) dentro de los TEA. Dentro de ellos, el SA es considerado el grado de autismo menos severo, por cuanto la población portadora del síndrome posee una alta capacidad de adaptación y no presenta retrasos clínicamente significativos en cuanto al desarrollo de habilidades cognitivas ni lingüísticas generales. No obstante, es indispensable considerar los ineludibles efectos que los problemas a nivel de interacción social deberían provocar en el correcto desarrollo del lenguaje.
La pragmática lingüística propone una perspectiva de estudio en la cual se observa el uso en contexto que los usuarios dan al lenguaje, de modo que las habilidades lingüísticas podrían comprenderse como todas aquellas que sean necesarias para lograr una comunicación efectiva, en términos de ‘requerimientos pragmáticos’ (v. gr., atribución de estados mentales, reconocimiento de intenciones, cumplimiento de las máximas conversacionales). Desde la perspectiva de Green (1996), la comunicación lingüística se define como un proceso que implica el logro de un efecto intencionado sobre el oyente, el cual se concretaría mediante la interpretación exitosa de la intención comunicativa del hablante. Dadas las características inferenciales de dicha actividad, se torna imposible que esta se logre mediante el exclusivo intercambio de expresiones simbólicas (es decir, la codificación y decodificación de secuencias fonéticas), sino que depende de múltiples
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factores pragmáticos que funcionan en directa relación con las dos características esenciales de la comunicación humana propuestas por Tomasello (2008), a saber, a) la motivación pro- social que la impulsa y b) la base conceptual compartida que la hace posible. De acuerdo con el carácter interaccional de estas dos características elementales, parece evidente que el desarrollo de las habilidades necesarias para responder a los requerimientos del nivel pragmático del lenguaje será desfavorecido si no existe un dominio adecuado de las habilidades sociales.
En este punto, es menester considerar la caracterización hecha por Green (2007) de lo entendido por ‘información pragmática’, quien propone que esta corresponde a toda aquella que funcione como información ‘indexical’, esto es, que esté relacionada con deíciticos acerca del hablante, el oyente, el tiempo y el lugar del acto de enunciación. En este sentido, la información pragmática no es algo que resida en las formas lingüísticas, sino que, más bien, corresponde al plano de la relación entre el usuario de dicha forma y el acto en sí de utilizarla. Consecuentemente, si consideramos que la base de la comunicación es un proceso inferencial (cuyo fin último está mediado por el reconocimiento de intenciones) y que sus dos rasgos esenciales son la motivación pro-social y la base conceptual compartida, es posible afirmar que la información pragmática será aquella concerniente a las representaciones mentales que tanto hablante como oyente tienen del modelo mental de su interlocutor y que, concretamente, rige la comprensión y producción discursiva, mediante el manejo y la interpretación de deícticos.
Luego, en el proceso de reconocimiento y manejo de información pragmática, será necesario identificar intenciones y atribuir estados mentales, por lo cual el desarrollo de la TdM constituirá una base esencial para lograr una comunicación efectiva, que responda al principio cooperativo básico exigido por su carácter pro-social y atienda a la base conceptual compartida por los interlocutores. En este punto, es menester traer a colación la propuesta de Baron-Cohen y col., quienes postulan que la principal característica del SA sería la ausencia de TdM, es decir, que el síndrome impediría el desarrollo de la habilidad heterometacognitiva que consiste en la capacidad de explicar y predecir el comportamiento de terceros mediante la atribución de conocimientos, intenciones, emociones y creencias (Riviere 2003:3). A la vez, la causa del SA se explicaría mediante un desarrollo cerebral
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distinto, presentando desde diferencias citoarquitectónicas y concentraciones anormales de sustancias bioquímicas, hasta procesos inusuales de desarrollo cerebral.
En cuanto a lo propiamente citoarquitectónico, Attwood (2007) afirma que existe una disfunción en lo que él llama el “cerebro social”, presentándose daños en zonas que están involucradas en el procesamiento de información pragmática, como son los LF, el HD y estructuras del sistema límbico. Además, se ha propuesto que presentan un menor desarrollo de materia gris en la región talámica izquierda y en el núcleo caudado (McAlonan et al., 2008), así como hipoactivación de la región amigdaloide y anormalidades en el funcionamiento del HD (O’Brien et al., 2010).
O’Brien et al. (2010) comprueban que no existe mayor diferencia entre el volumen total de la amígdala de los sujetos con SA y de los sujetos control, pero sí afirman que habría diferencias de desarrollo –en relación a la edad– del complejo amígdala-hipocampo. En concreto, los sujetos jóvenes con SA (en contraposición a los sujetos adultos y a los sujetos control de todas las edades) presentan concentraciones anormales de NAA y de colina. Los autores concluyen que estas diferencias de madurez del complejo amígdala-hipocampo se relacionarían con un funcionamiento anormal de esta zona, que se extendería desde la niñez hasta la etapa adulta del sujeto (afectando las funciones cerebrales y el comportamiento de los sujetos con SA a lo largo de toda su vida). Por último, nos parece importante destacar nuevamente el trabajo de Thompson et al. (2010), donde se revela que las bases anatómicas del SA involucran áreas temporales, parietales, el cíngulo anterior, la región órbitofrontal y la zona frontal ventromedial.
Si bien los estudios neurológicos revelan que la población con SA presenta un desarrollo diferencial de amplias zonas cerebrales –incluidas áreas temporales, vinculadas con el procesamiento léxico– tanto la caracterización del DSM como la del ICD dan cuenta de que ello no afectaría el desarrollo lingüístico general (es decir, el procesamiento sintáctico y semántico de las oraciones). Por el contrario, las diferencias de desarrollo de áreas del cerebro pragmático (a saber, LF, HD y estructuras límbicas) podrían explicar fehacientemente el desarrollo anormal de las habilidades interaccionales y pragmáticas de los sujetos con SA. Específicamente, en este punto destaca la importancia de que se encuentre involucrada la zona frontal ventromedial (Thompson et al. 2010), por cuanto en esta se ubica
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el campo anterior medial y, desde la perspectiva de Brennan y Pylkkänen (2008) y Pylkkänen et al. (2009), se situaría el correlato neuronal de la coerción.
En definitiva, las personas con SA se caracterizarían como sujetos [+Sem] [-TdM], es decir, según lo expuesto en 1.7.2.2.1, deberían rendir de forma insuficiente en pruebas de coerción aspectual.
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2.METODOLOGÍA