Me gustaría empezar, redactando una historia que recoge Ernst Samhaber: cuando el hambre una vez azotó a China, el emperador envió a su funcionario más inteligente a la provincia afectada. – el comerciante Wang es el culpable de todo, decía la gente. Ha comprado el trigo y lo ha almacenado en sus inmensos graneros para venderlo a precios abusivos. Encolerizado, el mandarín hizo que encadenaran al desalmado y lo condujeran a su presencia. -¿Cómo te has atrevido a acaparar el trigo para venderlo con pingües ganancias a los hambrientos? ¡tú has sacado provecho de la miseria de los desesperados!- permíteme que te relate la historia de mi negocio; contesto Wang el comerciante. La cosecha del año pasado fue excepcionalmente buena. El trigo se hallaba aún en los campos y muchos campesinos no querían segarlo, pues su precio era tan bajo que no compensaba el esfuerzo. El hombre menospreciaba el pan cuando le sobra. Entonces empecé yo a comprar trigo. Lo compraba barato es cierto pero al menos se desembarazaban de él. ¿Debería haberlo pagado mejor? Todos estaban contentos con que yo se lo comprase. De pronto escaseó el trigo y nadie, sino yo, lo había previsto, pues todos confiaban que la abundancia fuera eterna. Y así fue como apareció el hambre. Se me acercaba el pueblo y me decía: “tú tienes todavía los graneros repletos, danos trigo”. Pero aún tenían de que comer y no se daban cuenta de que solo una rigurosa economía podría evitar lo peor. Los precios no eran aún lo bastante crecidos para que aprendieran a soportar el hambre. ¿Debía abrir mis graneros? En pocas semanas se habrían agotado mis modestas existencias y la gente se habría acostumbrado a vivir como en el año anterior, el año de la buena cosecha. Por eso no quise vender, a
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JOSÉ CARLOS FERNÁNDEZ ROZAS.: “Derecho Internacional Privado”, Thomson Reuters, 2009, pg.
73 pesar de que fui insultado. Calumniado, cubierto de amenazas. Y aumento el hambre. Sólo cuando los precios subieron, abrí el primer granero, que fue rápidamente liquidado, con buena ganancia lo confieso. El pueblo se hizo a la idea pronto a la idea de que quedaban todavía grandes reservas. “Wang tiene trigo suficiente decían “. Pero las necesidades crecieron y los precios volvieron a subir. Abrí el segundo granero. Esta vez beneficio fue mayor, ¿estaba yo obligado a mantener bajos los precios? El pueblo debía de comprender que no había suficiente trigo, que tenía que ahorrar más, ser todavía más previsor, y esto solo se aprendería cuando los precios fueran aún más elevados55… posiblemente por primera vez había comprendido el funcionario imperial lo que era un comerciante.
El comercio se puede considerar como una de las actividades humanas más antiguas56. La constancia histórica de su práctica es una realidad. En palabras de Platón somos seres indigentes necesitados de los demás y esto nos hace relacionarnos y convivir, podríamos afirmar que el comercio procede de la debilidad del hombre. Nadie puede vivir solo, porque nadie se basta por sí mismo ni tiene la autarquía suficiente57.
La época medieval hace referencia al período de la historia europea que transcurrió desde la desintegración del Imperio romano de Occidente, en el siglo V, hasta el siglo XV. Para abordar la situación del comercio en estos años debemos de partir de un pequeño estudio acerca del período anterior. Se produce en ellos la ruptura del equilibrio económico de la antigüedad.
Los reinos bárbaros fundados en el siglo V en Europa habían conservado el carácter más patente y esencial de la civilización antigua: el carácter mediterráneo. Para los bárbaros establecidos en Italia, África, España y Galia, el Mediterráneo era aún la gran vía de comunicación con el Imperio Bizantino, y las relaciones que mantuvieron con éste permitieron que subsistiera una vida económica en la que se puede ver una prolongación directa de la antigüedad. Fue precisa la brusca irrupción del Islam durante el Siglo VII y su conquista de las costas orientales, del sur y del oeste mediterráneo para poner a éste en una situación nueva. En lo sucesivo, en vez de seguir siendo el vínculo que había sido entre Oriente y Occidente, este mar se convirtió en una barrera. El equilibrio económico que había resistido a las inversiones germánicas, se derrumbó ante la irrupción del Islam. Los carolingios impidieron que el Islam se extendiera al norte de los Pirineos, pero no pudieron arrebatarle el mar. El imperio de Carlomagno, en contraste con el de Galia romana, sería puramente agrícola o si se quiere, continental. De este hecho fundamental deriva por necesidad un orden económico nuevo que es propiamente el de época medieval58.
Respecto al movimiento global del comercio, no parece que se pueda hablar de crisis bajomedieval. El proceso de crecimiento se produce, siguiendo un ritmo marcado por las coyunturas, desde los primeros siglos medievales hasta finales del siglo XV, en que
55ERNST SAMHABER.: “Historia del comercio”, 1963, pags.7-9.
56 JORGE GARCÍA HERNANDEZ: “Aspectos relevantes de las sociedades mercantiles”. Acervo de Biblioteca Jurídica Virtual del Instituto de Investigaciones jurídicas de la UNAM; pág. 61. <http://www.juridicas.unam.mx>.
57J.ÁNGEL SESMA MUÑOZ: “El comercio en la Edad Media”, XVI semana de estudios medievales, Logroño 2006. Pág. 15.
74 quizá alcanza una nueva dimensión. El desarrollo se produce como consecuencia del aumento de beneficios, rentabilidad, en todos los aspectos posibles no sólo económicos sino también políticos, sociales y espirituales.