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LA CAÍDA DE ROMA Desprecio por el comerciante:

El comienzo de la época medieval la encontramos en la caída del imperio romano. Cabe recordar que los senadores romanos y los generales amasaron en poco tiempo colosales fortunas. Cesar, que convirtió gracias a su victoria en las Galias en uno de los hombres más acaudalados de Roma; sus oficiales y funcionarios se enriquecieron, e incluso los soldados regresaron a la patria con considerables fortunas. Buscaban administradores competentes. Por este motivo los traficantes de esclavos recibían siempre el encargo de proporcionarles comerciantes hábiles y expertos a quienes confiar la administración de sus cuantiosos bienes. El oro, el poder se hallaba en manos de unos pocos grandes

59J.ÁNGEL SESMA MUÑOZ: “El comercio en la Edad Media”, XVI semana de estudios medievales, Logroño 2006. Pág. 21-22.

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JORGE GARCÍA HERNANDEZ: “Aspectos relevantes de las sociedades mercantiles”. Acervo de

Biblioteca Jurídica Virtual del Instituto de Investigaciones jurídicas de la UNAM. Pág. 62. http://www.juridicas.unam.mx/.

61 JOSÉ MORALES: “La valoración trascendente de la actividad económica”. Revista empresa y Humanismo, ISSN 1139-7608, Vol. 5, Nº. 2, 2002, pág. 345.

75 señores romanos que no tenían experiencia mercantil alguna, acabando los negocios en manos de los esclavos.

El señor romano daba sus órdenes al esclavo y lo amenazaba con castigarle severamente si se equivocaban; ellos no tenían idea del comercio pero para ello habían contratado a los esclavos que le habían recomendado como expertos comerciantes. Cuando acertaban en el primer encargo, pronto le recomendaban otros de mayor envergadura. Ofrecían la libertad a los esclavos y le entregaban una parte de su inmensa fortuna, a crédito o para su administración. Así fue como los desamparados por la ley empezaron a acceder a la libertad, al poderío. Desde luego, no eran casos aislados.

En el primer siglo que siguió la conquista del poder por Augusto, roma estuvo prácticamente gobernada por esclavos, que aparecían instalados en todas las posiciones claves, no con su propio nombre, como es lógico, sino con el de sus señores, que no se preocupaban por nada ni estaban tampoco en condiciones de hacerlo. Las empresas comerciales ostentaban un nombre romano, en su mayor parte de senadores de antiguos linajes. Pero en sus talleres trabajaban miles de esclavos. Las alfanerías de Arretium, el actual Arezzo, ocupaba en ocasiones hasta 40 esclavos que trabajaron en su arte originaria de Grecia y Asia Menor a occidente. Por ello entre los orgullosos romanos que no estimaban necesario ocuparse del comercio debieron medrar con gran rapidez los hábiles y expertos orientales. Así, una clase característica de antiguos esclavos y vasallos de las provincias asiáticas dominaba el comercio, toda la economía del Imperio romano. Los nuevos comerciantes habían modificado por completo el panorama mediterráneo. Las grandes propiedades se dedicaban al cultivo de aceite y del vino, que, en primer lugar, exportaban a las provincias conquistadas de Occidente, pero pronto se empezó a comercia en España y las Galias, arruinando a los campesinos romanos, así como sus latifundios. Por ello los campesinos romanos emigraban a las provincias conquistadas para disfrutar en ellas de una privilegiada situación, adquirir a buen precio fincas y terrenos y hacerse pronto ricos gracias a sus conocimientos en el cultivo de la vid y del olivo.

El dinero es y era el medio más decisivo para brillar en sociedad. El acceso a los puestos del Senado, en un principio se encontraba reservado a la nobleza romana, pero esto cambió y paso a exigirse una cantidad mínima de dinero para poder acceder. Fue con esta reforma, con la que los hijos de libertos consiguieron llegar a esos puestos, gracias a su fortuna. Sin embargo tal ascensión no era muy frecuente, pues la opinión pública no lo veía de todo bien. Por otro lado a los advenidos los privó de la fuente de sus riquezas, al no permitirles seguir comerciando. De una parte el dinero lo era todo, su poder no tiene barreras y de otro, las actividades económicas y comerciales se consideran indignas y prohibitivas a los senadores. La sociedad se dividía en dos grupos: el de funcionarios, senadores y soldados, y el de los comerciantes, banqueros e industriales. Esto muestra una división muy peligrosa, pues la época de las grandes conquistas ya había terminado y los soldados no podían hacerse ricos con el oro y la plata y por consiguiente, creció el comercio en un primer momento, pero pronto cambio la cosa. Como medida para obtener una administración eficaz al imperio de Roma se procedió a crear una organización burocrática que descansaba de forma muy significativa en los libertos. Quienes dictarían las leyes de ahora en adelante no serían los representantes del emperador o del procónsul romano, sino funcionarios del Estado.

76 Esta nueva orden suponía la victoria definitiva de los libertos. Representaba la victoria de los comerciantes frente los soldados y terratenientes.

Como consecuencia de todo lo expuesto, y las pocas posibilidades de competencia en materia del aceite y del vino con otros territorios se dispuso que se eliminase en lo posible al intermediario, pues la agricultura se estaba yendo al fin y lo único que mejoraba era el comercio. Se exigió a los funcionarios que cuidarán de la distribución de los bienes en el Imperio. En un principio estas disposiciones eran positivas y el Estado podía pagar todo cuanto le solicitaban a los comerciantes, pero pronto esto se tornó en algo insostenible. El campo se desplomó y Roma ya no recaudaba por sí misma los tributos de los contribuyentes, carecía del necesario aparato burocrático para hacerlo, lo hacían los delegados de contribuciones que no son más que las clases pudientes, los cuales luego lo recuperaban cobrando a los campesinos como arrendatarios de contribuciones.

La situación con la que termina Roma, es en lugar de intercambio de mercancías, con la autarquía de las grandes propiedades. Cada uno producía aquello que necesitaba, las monedas perdían valor, su significado, nadie tenía bienes que vender. Tan solo florecía el comercio de los artículos de lujo, porque la corte aparecía como comprador, pero había que pagar oro. Sin el estamento comercial, el Imperio interiormente debilitado, con sus finanzas minadas, se derrumba ante la embestida de los bárbaros.

Por la contra, si analizamos los diversos sectores de la actividad económica caen algunos de los perjuicios sobre la supuesta decadencia del Bajo Imperio y se afirma la idea de que, en realidad, se han producido modificaciones e innovaciones llenas de posibilidades cara el futuro62. Si bien, la técnica de producción no ha cambio mucho, el tratado de agronomía de Palladius, en el siglo IV, sólo anota dos novedades que tienden a liberar energía humana: el molino de agua y la segadora mecánica.

Cabe concluir lo referente a esta primera etapa con una visión de Piganiol63, para quien el Imperio no sucumbió víctima de una “enfermedad interna” sino de un asesinato desencadenado más allá de sus fronteras, pues una cosa es evolucionar y otra muy distinta, desparecer bajo la presión bélica a que se vio sometido el Occidente romano en el siglo V.

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