Más allá de la minuciosa elaboración de los principios anunciados, de la complejidad de los métodos o de la trascendental finalidad última o de las finalidades básicas que se han mencionado, y más allá de la profundidad escurridiza y a veces intangible de los estados al que se aspira abordar con la puesta en práctica de cada una de las artes, incluyendo la antifilosofía del pensamiento taoísta, se encuentra la invariable compenetración espiritual (sin vínculo con la religiosidad) con la simplicidad como fin en sí mismo.
El retorno a la simplicidad resume el trasfondo espiritual del camino taoísta como el más profundo de sus postulados.
De existir una palabra clave para los taoístas, ésta sería justamente: “Simplicidad”, al igual que el Tao, cuya función es desenredar lo enmarañado y allanar lo escarpado, dicho por el propio Laotse.
Entonces, la simplicidad es el alma del taoísmo, y todo aquello que por complicado que parezca ha de ser contemplado desde la perspectiva de la Simplicidad.
De este modo, el retorno a la simplicidad ha de ser el carácter manifiesto de todo caminante, practicante o adherente al taoísmo.
Y la simplicidad es una sola, por eso se dice que es invariable, es lo simple de lo más simple, lo más simple de todo.
A partir de esta simplicidad, las metas ya no son metas sino que constituyen el propio “Estar”, el propio “Ser” aunado con el “noSer”.
Con esta triple identidad: “EstarSernoSer”, naturalmente integradas con el devenir de la existencia, sin aferrarse a nada, ni a los objetos ni a las ideas, el espíritu (Shen) saborea el exquisito manjar de la simplicidad.
En la simplicidad no hay ganancias ni pérdidas, no hay triunfos ni derrotas, no hay propósitos ni intensiones, y ni la vida ni la muerte son causales de preocupación alguna.
En la simplicidad no existen los condicionamientos de “como habría que ser” o de “lo que se tendría que hacer” según las reglas de las imposiciones culturales y los mandatos de la tradición familiar estructurados por cada sociedad de diversas maneras, porque la simplicidad y vivir la simpleza significa que la escala de valores, sea cual fuera, desaparece, y el espíritu en la simplicidad de su SerEstarnoSer es completamente libre, libre de verdad, de sentir lo que sea, de pensar lo que fuera, de no anudarse en la secuencia lógica de la coherencia establecida, porque el espíritu se encontraría centrado en lo simple de vivir, sin intenciones ni propósitos, nutriéndose de la belleza incomparable de lo simple, en la pureza de lo codificado, no rotulado, no encasillado.
De este modo, en la hondura de lo simple, no hay nada que alcanzar, nada que lograr, nada que demostrar o aparentar, nada que razonar o especular, nada que cuestionarse o replantearse, porque la simplicidad es un estado de total aceptación y de total entrega al fluir inevitable de los acontecimientos, al constante fluir de la existencia que no se rige por ninguna medida de valoración.
Por cierto que, incluso la simplicidad puede ser compleja para algunas personas, pero no porque la simplicidad sea compleja, sino, porque esas personas son complejas, pues, ya están intoxicadas por la complejidad instaurada por esas mismas personas complejas que han ido codificándolo todo en innumerables escalas de valores, y, como una droga adictiva todo lo ven complejo, no pueden ver la vida de un modo simple, precisan de la complejidad, y entonces sufren la necesidad de tornarla cada vez más compleja y hacerla lo más compleja posible.
De todos modos y a pesar de todo, la realidad es, que en su estado natural, ni la vida ni la existencia son complejas, sino, por el contrario, bien simples; sin embargo, el ser humano se ha encargado de convertirlas en algo muy complejo, tan complejo que se ha vuelto esclavo de su propia complejidad.
De aquí que la sugerencia más extraordinaria del taoísmo sea la de retornar a la invariable simplicidad para recuperar la libertad natural de la que toda persona se nutre en la substancia primordial de su espíritu (shen).
El Retorno a la Simplicidad es lo primero y último de la filosofía taoísta.
La Alquimia del ChingChiShen no depende de un trabajo forzado colosal científicoarquitectónico para provocar una verdadera transformación, sino, antes bien, requiere de la capacidad de retornar a la simplicidad.
Quien retorna a esta simplicidad ya no es un caminante o un practicante (aún siéndolo), ni recorre ningún camino (aún estando en él), ni es afectado por ninguna metamorfosis porque el hecho de retornar a la simplicidad es la transformación más extraordinaria que pueda vivenciar una persona... y para ello no hay que hacer nada más que volver a la fuente, al estado del infante, al estado de nuestra alma antes de ser manipulada y acondicionada con los vicios de toda sociedad a lo largo de la historia de la humanidad.
Las clasificaciones en el taoísmo son tan sólo una herramienta metodológica para poder traer de nuevo a la persona que se ha complejizado al seno de la simplicidad.
Toda la parafernalia de las teorías taoístas no tiene otro sentido que desarmar la estructura que ha consolidado cada individuo de su propia persona y de la interpretación que ha construido acerca de la vida.
Por lo tanto, la complejidad de la metodología taoísta es simplemente para ir deshaciendo las complejidades del razonamiento lógico que ha anudado al ser humano, por el que está estancado en una especie de autoesclavitud a lo complejo.
Así, la complejidad de la metodología taoísta induce al individuo a centrarse en otra complejidad que está encaminada hacia la simplicidad.
Por eso es que, lo que era un camino complejo en un principio, termina siendo un nocamino, y lo que era una gran realización que debía alcanzarse termina siendo la norealización, y la filigrana de un conocimiento complejo terminan siendo un noconocimiento; entonces, todo lo que había que asimilar y madurar en el taoísmo no era otra cosa que la noción del vacío.
He aquí la mayor simpleza, la simplicidad de todas las simplicidades, la simpleza por excelencia: el Vacío.
Si estás realmente consciente del vacío y experimentándolo como tu propia vivencia, y puedes captar el vacío de lo lleno, el vacío de lo completo, el vacío del novacío, entonces te has sumergido en la inmensa simpleza de Tao.
Y hay que atravesar todo el proceso de esta metodología depuradora, porque no alcanza con el entendimiento intelectual de la simplicidad. Alguien podría decir que ya entiende lo de la simplicidad por lo cual no precisa del proceso metodológico para llegar a la simplicidad, y, sin embargo, esa persona seguirá siendo compleja y viviendo la complejidad, porque no ha atravesado el proceso depurador de toda complejidad.
Con decirlo mentalmente una y otra vez no alcanza para entrar en la profunda corriente de la simplicidad, porque las neuronas funcionan de un modo complejo, los sentimientos se han enredado en la complejidad, el individuo vive sometido a la complejidad del sistema, del medio, por lo tanto hay que ir muy a fondo para disolver esta patología de la complejidad.
La mentalidad humana es compleja, por eso todo lo ha complejizado, las sociedades se han complejizado, el mundo está complejizado, la vida globalizada se ha complejizado al extremo de toda complejidad; y todo a causa de la mentalidad compleja de los seres humanos, no obstante, esta mentalidad no era compleja en sus orígenes, sino que se ha ido complejizando junto con la decadencia... (ésta es una conclusión bien taoísta relatada claramente en el Taoteking cuando Laotse dice que al perderse el Tao surgen todas las normas), de aquí que el taoísmo apunta a descomprimir lo complejo, a descomplejizar la mentalidad mediante una tecnología compleja que desemboca en la simplicidad de lo natural.
SEGUNDA PARTE