B. Otros horizontes sobre la neoconversión
IV. EL INVENTOR DEL MÉTODO 78 (PÁG 121)
A los cuarenta y ocho años, este profesor de gimnasia que ejerce su trabajo con placer e interés tuvo que pedir una licencia por enfermedad larga a consecuencia de dolores que se hicieron más agudos a partir de lo que él llama «el incidentes o «el accidentes, y que consistió en una caída sin gravedad en la
que cayó hacia atrás arrastrando a uno de sus alumnos, que se encontraba detrás de él y sobre quien aterrizó.
Sin embargo, no fue esta la razón que lo llevó a consultar. Se queja primero a la enfermera que recibió su pedido por teléfono de una reanudación importante de una actividad onírica que le parecía preocupante e insoportable a la vez. Se le ocurrió que su inconsciente tenía que decirle algo, pero que, sin la ayuda de un analista, no podía saber qué.
Esta vez estaba decidido a buscar a un freudiano, y por eso eligió dirigirse a la Escuela de la Causa Freudiana. En efecto, ya había tenido un análisis de ocho años con un analista jungiano. Ese tratamiento se había interrumpido con la muerte del terapeuta. Intentó luego, durante dos años, continuar con una mujer, pero le pareció que con ella la empresa no podría llegar a nada.
Al primer terapeuta le profesaba gran admiración, aunque notaba cierta insatisfacción en la manera de interpretar sus sueños. Sobre los resultados obtenidos por el análisis no logré más información que el bienestar que le había aportado y que lo satisfacía.
Vive solo. Mantiene relaciones sociales regulares con su hermana gemela y su cuñado. Siempre se llevó bien con esta hermana. También tiene un hermano unos diez años mayor que él, a quien ve raramente.
No tiene un lazo afectivo duradero con una mujer. Tuvo oportunidades de conocer algunas y de tener relaciones sexuales con ellas, pero no extraña su ausencia; declara no tener tiempo para eso.
Se relaciona además con colegas -deportistas como él-, particularmente con una pareja de jóvenes profesores con los que se lleva bien y a quienes prodiga consejos. Practica danza con ellos y se entrena en deporte con el hombre. Es muy dado y se relaciona con facilidad -últimamente con curas de su parroquia, con los que habla sobre la Biblia-, pero la mayoría de las veces sus relaciones son tan superficiales como ocasionales.
Entre los acontecimientos destacables de su vida figura el deceso de su madre a los once años. Dice no haber hecho nunca el duelo, a pesar de su terapia. La reciente muerte accidental de su sobrino adolescente -hijo de su hermana- también lo conmovió mucho, hasta tal punto que lo convirtió en el desencadenante de sus preocupaciones corporales y de sus dolores. No se lo contó a nadie porque en ese momento ya había dejado de ver a su terapeuta.
En nuestro primer encuentro se mencionan inmediatamente los dolores corporales: de entrada, me señala que no hay que apretarle la mano muy fuerte, porque puede ocasionarle dolores en todos los músculos del brazo y los pectorales. Se preocupa mucho por que yo lo sepa y me lo recordará en su oportunidad.
Esos dolores son descriptos siempre con precisión, en términos de anatomía, atañen sobre todo a los músculos de la espalda, los miembros o los músculos pelvianos. También tiene neuralgias varias o dolores articulares. El paciente
consulta a numerosos osteópatas o kinesiólogos, que nunca lo satisfacen, pero cuyos nombres circulan en el medio deportivo.
Aunque no cree en el origen médico de esos dolores, tiene una teoría precisa sobre su aparición. Tiene una idea muy precisa de que esos dolores se desarrollaron debido al fracaso de su «búsqueda». No está lejos de pensar que son los «sueños» los que perturban lo que él llama su «obra».
Efectivamente, desde la muerte de su analista jungiano, empezó a desarrollar lo que llama un entrenamiento o un método o también una búsqueda. Esta sucedió a su «análisis». Se trata de una secuencia de movimientos que inventó y que puede hacer a cualquier hora del día o de la noche -esto puede durar de una a dos horas y tiene para él la propiedad de brindarle sosiego y contención de los dolores.
Ahora bien, desde hace algún tiempo, esta búsqueda ya no da resultado y entonces aparecen los dolores. Vuelve, pues, al análisis, invadido por sueños, que son esencialmente pesadillas o que incluyen fantasmas de exhibición de contenido homosexual.
Retoma el análisis con la idea de encontrar lo que él llama una «conversión», es decir, poder fabricar aquí el equivalente de sus prácticas corporales a partir del saber contenido en sus sueños. Espera poder hacer el gran invento, y no duda de que yo sabré mantenerme en el lugar que él me indicará. Me comunica cuál debe ser, según él, la posición del analista, e insiste en particular en que quiere un analista que no dudará en infringir las reglas. Yo le aseguro que está en el lugar indicado. ¿Se trata de un caso de histeria o de una psicosis taponada sucesivamente por una terapia, después por una invención del sujeto destinada a localizar el goce en el cuerpo, apoyándose en el imaginario de ese cuerpo y en cierta simbolización apuntalada por el reconocimiento en lo social del ejercicio de la profesión de profesor de gimnasia? Preferimos la segunda hipótesis, aunque este hombre esté perfectamente integrado en el tejido social.
V. FENÓMENOS CORPORALES PSICÓTICOS: LAS
TRADICIONES PSIQUIÁTRICAS Y SUS PROBLEMATIZACIONES