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ACIÓN
Pasito 1:Ese último punto llamó muchísimo mi atención debido a que, según lo que había leído en los Manuales de urbanidad, el hombre y la mujer son categorías que no se pueden mezclar y que están absolutamente diferenciadas entre ellas. Así llegué al postulado del género binario y quise investigar más al respecto. Me sorprendí al darme cuenta que entre lo que se supone que “es” un hombre y lo que “es” una mujer, yo encajo mucho mejor en lo masculino pues varios comportamientos de lo femenino o nunca los he adoptado o nunca quisiera ni siquiera adoptarlos. Pensé: ¿acaso esto me hace menos mujer que otras que sí lo cumplan? Por supuesto que no, el género es fluido, neutro, cada quien toma cosas femeninas, masculinas, de por aquí y por allá para construirse a sí mismos y su identidad. Es algo que va muchísimo más allá de lo binario y no tiene categorización.
Finalmente, como mi proyecto estaba tomando un rumbo de inconformismo y luchas feministas, empecé a investigar un montón sobre la historia de los feminismo. Eso me explicó muchísimas cosas que antes no sabía: de dónde viene la subyugación de la mujer frente al hombre, por qué se ha formado una sociedad androcentrista en la que los hombres han estado siempre dirigiendo y en los entes de poder, de dónde nació el ideal de la mujer sumisa a la que había que cuidar y proteger, cuándo comenzaron como tal las luchas feministas y como fue el avance de las causas y en qué estamos ahora. Teniendo todo eso, se volvió importante para mí revisar también cómo se habían vivido los feminismos en Colombia y ahondé en la historia de la mujer en el país. Descubrí mujeres increíbles, ejemplos a seguir de feministas que pocos conocen.
Ese momento fue crucial porque empecé a pensar en la importancia del referente feminista cercano. ¡Conocemos un montón de mujeres muy barracas pero la mayoría son extranjeras! ¿Y las de acá? Mi generación se limita a conocer a La Pola y hasta ahí llegamos, y de repente, yo estaba leyendo páginas y páginas de mujeres tremendas. Y volví a pensar… ¿Yo de quiénes aprendo? De las mujeres de mi familia. En ese momento se formuló totalmente el rumbo del proyecto: haría un libro sobre ellas, contaría sus historias, sus hazañas, sus logros y derrotas y mostraría muchas formas de ser mujer y de ser feminista.
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Entrevistas
Pasito 2:
e reuní con las mujeres de mi familia para hacerles una entrevista y recopilar la información que usaría, más adelante, para escribir la prosa del libro. A todas les hice el mismo cuestionario:
Cuéntame un poquito de ti. ¿Quién eres, cuántos años tienes, qué haces, qué te gusta? ¿Qué tanto influyó en tu manera de ser la educación que te dieron en la casa y en el colegio? ¿por qué?
¿Cuál fue la idea de mujer que te inculcaron? ¿Cómo se refleja en ti el feminismo? ¿A qué mujeres has admirado/admiras? ¿Alguna vez te han subestimado por ser mujer? ¿Cuáles han sido los “NO” que te ha impuesto la sociedad por ser mujer? ¿Cómo los has asumido? ¿Sientes que alguna vez, por algo que hiciste, lograste tacharlos? ¿Cuándo sientes que te revelaste a esos “NO”? ¿Qué te motivó? ¿Quién te inspiró a hacer lo que hiciste?
¿Qué cambió? ¿Qué se alteró cuando lo hiciste? Cuando, por el contrario, decidiste no hacer nada, ¿qué te detuvo?
¿Por qué otras cosas lucharías para ser la mujer que quieres ser?
¿Qué le dirías a tu “yo” chiquita sobre los cánones de comportamiento femenino a los que se enfrentaría más grande?
¿Cuál sientes que ha sido tu mayor logro? ¿Qué no has logrado aún?
¿Para lograr lo que has logrado hasta ahora, sientes que has tenido que salirte de la norma y del molde que te ha impuesto la sociedad?
¿Crees que haces cosas que se consideran “típicamente masculinas”? ¿Crees que eso te hace menos mujer?
¿Alguna vez te has sentido incómoda por las casillas definidas de lo que es “ser mujer” para la sociedad colombiana?
¿Cómo respondes a actitudes o comentarios machistas o sexistas?
¿Te sientes orgullosa de ser mujer? ¿Por qué? ¿y mujer de esta familia?
¿Qué te hace poderosa?
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Hubo tres tipos de entrevistas: grupales, personales, anecdóticas y digitales. Las
grupales fueron ocasiones en las que varias de mis familiares hablaron conmigo al
tiempo y simultáneamente iban respondiendo a las preguntas. Fue presencial. Fue una dinámica muy chévere que sirvió de “terapia grupal”. Siento que fue el tipo de entrevista más emotivo de todos porque en la conversación entre varias se daban momentos emocionales en los que una completaba lo que otra estaba diciendo o en donde oír a las demás, antes de responder la pregunta, ayudaba a ver caminos que quizás estando sola no se hubieran abarcado.
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Las entrevistas personales, también fueron presenciales y se dieron de tú a tú. Una de mis familiares y yo, solas y sin interrupciones. Lo que permitió esa dinámica fue un espacio de reflexión más introspectiva, donde las entrevistadas se tomaban el tiempo para pensar sus respuestas antes de hablar. Igualmente, al ser sólo una de ellas y yo, permitió una conexión especial entre las dos mientras conversábamos.
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Las anecdóticas fueron entrevistas en las que me reuní con algunas de las mujeres de mi familia para que me hablaran de las que ya no están y de quiénes no tengo recuerdos o los que tengo son vagos porque era muy chiquita. Fueron las entrevistas que me ayudaron a darle forma a los personajes de mi bisabuela y de mi abuela materna. Para eso, algunas de mis familiares me ayudaron contándome cosas sobre ellas y anécdotas de sus vidas que pudieran servirme para el libro. Esas entrevistas fueron muy especiales porque nos permitieron un espacio de reminiscencia, un momento para recordar a aquellas que murieron pero de quienes seguimos aprendiendo un montón.
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El último tipo de entrevista fueron las digitales. Fueron las entrevistas que se hicieron vía “chat” porque fue imposible cuadrar un encuentro presencial, ya fuera por agendas ocupadas o porque alguna de ellas no estaba en la ciudad en el momento de la entrevista. En estos casos, yo les mandé el listado de preguntas y ellas respondieron cada una con “voice notes”. Cuando había necesidad de completar alguna información o de hacer contrapreguntas, yo les respondía y ellas volvían a contestar. Esta dinámica, lo que permitió, fue que quienes estaban siendo entrevistadas se tomaran todo el tiempo que quisieran para leer el cuestionario e ir respondiendo pregunta por pregunta. Incluso, si se enredaban o no les gustaba la respuesta que estaban dando, podían borrar ese mensaje y comenzar a grabar uno nuevo.
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Yo siempre había sentido que conocía de pies a cabeza a las mujeres de mi familia. Sabía quiénes eran, lo que hacían, lo que les gustaba y creí que las tenía definidas en mi cabeza. Este proceso me mostró que no y que estaba lejos de hacerlo. El valor del sentarse a conversar con alguien es grandísimo. Me di cuenta que siempre las veía en reuniones familiares y hablaba con ellas sobre la universidad, los novios, chistes del pasado pero jamás conversamos realmente sobre nosotras. Con estas entrevistas des- cubrí unas mujeres nuevas, unas mujeres que tenían historias y anécdotas de victorias y tropezones que desconocía. Es decir, si antes las admiraba, después de las entrevis- tas esa admiración aumentó exponencialmente. Si antes dudaba de lo que podrían decirme mis primas más chiquitas, después de la entrevista me di cuenta que hasta debería ir a pedirles consejos a ellas cuando no sé qué hacer, porque todas son muy sabias y todas entienden la vida a su manera. Son tan únicas, que eso es lo valioso. Si en el proyecto me hubiera limitado a hablar de lo que antes de las entrevistas sabía de ellas (porque pensaba saberlo todo), el resultado no hubiera sido el mismo y hubiera podido caer en generalizaciones y banalizaciones de ciertas situaciones. A la larga, no hubiera mostrado mujeres reales. Lo que permitieron estas entrevistas fue que ellas mismas contaran su historia a través de mi voz narrativa. Ellas me dieron las frases que sentaron las bases de la prosa, de los títulos de los capítulos y de todo el libro en general. Sin ellas, este proyecto no existiría y, sin ellas, quien soy yo hoy, tampoco existiría.
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Curaduría
Pasito 3:
na vez que terminé de entrevistarlas a todas, llegó el momento de transcribir las conversaciones. Aproximadamente, las entrevistas duraron entre 40 minutos y una hora. Lo que quiere decir que todo el material que había reunido duraba más de 10 horas. ¡10 horas de conversaciones valiosísimas! Obviamente, no podía usar toda la información para el libro… Así que tocó comenzar un proceso curatorial para definir los contenidos más relevantes para la prosa de la publicación.
Después de transcribir la información y tener consciencia absoluta de los contenidos comunes que se habían tratado en todas las entrevistas, definí los capítulos del libro para saber qué podría entrar y qué quedaría por fuera. El capítulo 1 trataría los anécdotas de las veces que hemos sido subestimadas por ser mujeres, en qué ámbitos ha pasado eso, por qué razones. El capítulo 2, sería de los momentos en los que nos hemos salido del molde establecido de lo que es “ser mujer”, las veces que hemos adoptado comportamientos que, tradicionalmente, se considerarían “masculinos”. El capítulo 3, hablaría de las luchas ganadas, de la fuerza interna, las peleas contra la adversidad, lo femenino entendido en su rol social, personal, cultural, económico, laboral y maternal. El capítulo 4, mostraría la importancia del admirarse a sí misma, de reconocer el poder que tenemos cada una. Finalmente, el capítulo 5 estaría reservado para las luchas que quedan por delante.
Una vez definidos esos contenidos, fui al documento con la transcripción de las entrevistas y empecé a subrayar, con distintos colores, los anécdotas que entraban en cada uno de los capítulos. De esa manera, fue mucho más fácil ubicarme en el documento y empezar a hacer un boceto general de lo que pondría, definitivamente, en los capítulos. Todo lo que había hablado con ellas parecía importante y no quería dejar nada por fuera. Sin embargo, como no podía usarlo todo, decidí quedarme únicamente con los anécdotas que reflejaran mejor lo que quería decir de cada una en mi libro y que no resultaran repetitivos.
Después de hacer el listado de lo que pondría de cada una en cada capítulo, me di cuenta que había ocasiones en las que lo que le había pasado a una, se repetía en otras. Esos contenidos fueron agrupados para presentarse juntos y poder empezar a hilar esas redes de aprendizaje, luchas, valoraciones, victorias y derrotas que no es cronológica sino atemporal y se mueve de una mujer a otra. Ahí fue cuando me di cuenta que, en mi familia, pasaba lo que Carol Hanisch había explicado en Lo perso- nal es político, que la genealogía de las mujeres de construye en un tiempo no líneal.