1.2. TEORÍA DE METAS DE LOGRO
1.2.2. INVESTIGACIONES MÁS RELEVANTES CON LA TEORÍA DE
Como hemos argumentado anteriormente, la Teoría de Metas de Logro ha sido una de los marcos teóricos más utilizados en los últimos años entre los estudiosos de la psicología del deporte. Según una revisión realizada por Castillo, Álvarez y Balaguer (2005), son más de 500 artículos los que se han llevado a cabo en este ámbito durante los últimos 15 años, lo que da una idea de la importancia que ha adquirido este modelo conceptual en el estudio de la motivación deportiva. Para una mayor comprensión de las variables que la componen y las relaciones empíricas que se han encontrado entre ellas, así como su relación con otros constructos, vamos a pasar a exponer los principales resultados obtenidos en diversos trabajos.
Muchos de los estudios llevados a cabo con la Teoría de Metas de Logro (Balaguer y cols, 2002; Biddle y Ntoumanis, 1999a, b; Cury, Biddle, Famose, Goudas, Sarrazin y Durand, 1996; García Calvo y Cervelló, 2002; Spray, 2000; Santos-Rosa y Cervelló, 2001; Skjesol y Halvari, 2005; Treasure y Roberts, 2001) han tratado de comprobar si son las orientaciones o los climas los que tienen una mayor capacidad para explicar las cogniciones, emociones y comportamientos. Cury et al., (1996) y Spray (2000) concluyen que en la mayor parte de las ocasiones, la participación en una actividad, formando parte de un grupo social que está inmiscuido en el mismo contexto, y poseyendo en muchas ocasiones cierta obligatoriedad (externa o interna), como es el caso del Deporte, hace que el clima motivacional sea más influyente en relación a la explicación de las consecuencias aparecidas. Por su parte, Biddle (2001) añade que el hecho de que los estudios hayan medido las metas como orientaciones
disposicionales y no como medidas del estado de implicación específico del contexto de estudio, puede haber afectado a los resultados obtenidos.
Duda y Hall (2001) postulan que si la variable dependiente es más específica de la situación (por ejemplo, la diversión en los entrenamientos o el estado de ansiedad) entonces la percepción del clima motivacional es más importante, mientras que si la variable dependiente es más disposicional (como por ejemplo, las creencias de las causas de éxito) serán las orientaciones de meta las mayores predictoras.
Respecto a las orientaciones motivacionales, diversos autores han debatido sobre la ortogonalidad o independencia de ambas orientaciones, sobre todo en las primeras etapas del desarrollo de este marco teórico (Dweck, 1986; Nicholls, 1989). Sin embargo, en los últimos años han sido más los trabajos que han demostrado que los constructos orientación a la tarea y orientación al ego son ortogonales entre sí (Duda, 2001; Duda y Whitehead, 1998; Harwood, Hardy y Swain, 2000; Roberts et al, 1998), frente a la creencia de otros autores, como Dweck (1986), que los consideraban dicotómicos.
Por lo tanto, una persona puede presentar una baja orientación al ego y una alta orientación a la tarea, presentar una baja orientación en ambas o estar muy orientada a una perspectiva y muy poco a la otra (Duda, 2001).
En esta línea, Duda y Whitehead (1998), analizaron 71 estudios en los que se valoraban las orientaciones motivacionales de participantes en programas de actividad física y deporte, descubriendo que las orientaciones a la tarea tienen habitualmente puntuaciones más elevadas que las orientaciones al ego. Estos datos han sido encontrados en numerosas revisiones y estudios llevados a cabo en diferentes culturas y contextos físico-deportivos (Cervelló, 1996; Cervelló, Escartí y Guzman,
2006; Fonseca y de Paula, 2000; Jimenez, 2004; Roberts y Walker, 2001, Santos-Rosa, 2003).
La explicación a esta diferencia en las puntuaciones de los dos tipos de orientación motivacional puede deberse a diferentes causas.
Por un lado, según Roberts y Walker (2001), debido a que en las primeras etapas no existe una diferenciación entre esfuerzo y habilidad, y a que el éxito y el fracaso tienen una importancia relativa, esto conlleva a que los participantes estén más preocupados y sientan una mayor motivación por la tarea en si, por tratar de superarse, que por compararse con los demás. A medida que se va evolucionando, esta orientación a la tarea se irá haciendo menor aumentando su importancia la orientación al ego.
Por otro lado, consideramos que en los instrumentos utilizados para valorar las orientaciones motivacionales existe un sesgo de deseabilidad social que favorece las puntuaciones más elevadas en la orientación a la tarea, ya que ese tipo de comportamiento sería socialmente más aceptable que el comportamiento que se refleja en la orientación al ego.
Otra cuestión muy estudiada es la relación entre la teoría de metas y la competencia o habilidad percibida. En esta línea, diversos estudios han analizado la relación entre las orientaciones de metas y el rendimiento deportivo, bien de forma directa o a través de las consecuencias derivadas de la percepción de habilidad por parte de los deportistas. A este respecto, Van Yperen y Duda (1999) con una muestra de futbolistas masculinos holandeses, encuentran que los jugadores con alta orientación a la tarea eran valorados antes de iniciarse la temporada y al finalizar la misma por sus entrenadores por tener grandes habilidades futbolísticas. Por su parte Kingston y Hardy (1997) evaluaron las orientaciones de metas disposicionales en jugadores de golf, encontrando que los jugadores con
alta orientación al ego y baja orientación a la tarea tenían peores resultados en competición que aquellos que presentaban altos valores en ambas orientaciones o alta orientación a la tarea y baja orientación al ego.
Sarrazin, Roberts, Cury, Biddle, y Famose (2002), en una prueba de escalada con diferentes niveles de dificultad, realizada con una muestra de 78 participantes en clases de educación física con edades entre los 13-16 años, dan soporte a las ideas defendidas por Cervelló, Escartí y Balagué (1999), Duda (2001) ó Roberts (2001), sobre el papel adaptativo de la orientación a la tarea. Así los escaladores implicados a la tarea desarrollaron mayor esfuerzo en los niveles de dificultad que contemplaban como "desafío" para su habilidad percibida, mientras que aquellos con baja percepción de habilidad lo hicieron en los niveles de moderada dificultad, y aquellos con alta percepción de habilidad lo hicieron en el nivel de máxima dificultad. Por el contrario, los escaladores implicados al ego con alta percepción de habilidad ejercieron la mayoría del esfuerzo en los niveles de mediana y máxima dificultad, mientras que aquellos con baja percepción de habilidad ejercieron la mayoría del esfuerzo en los niveles más fáciles y pequeños esfuerzos en los niveles medios y máximos. Los resultados de este estudio confirman que la implicación al ego puede desarrollar conductas poco adaptativas y limitar el esfuerzo de los deportistas. En este sentido, los sujetos orientados a la tarea se esfuerzan y rinden bien en tareas desafiantes, mientras que los sujetos orientados al ego se preocupaban por exhibir bajos niveles de habilidad y sólo ejercían esfuerzo en aquellas tareas que ellos pensaban que les permitiría demostrar competencia.
Independientemente de su valor adaptativo, hay que dejar claro que en muchos estudios se ha encontrado que tanto los sujetos Orientados al Ego, como los Orientados a la Tarea, pueden poseer niveles de habilidad
percibida elevados, siendo ambas orientaciones predictoras de esta variable (García Calvo, 2004a).
A modo de conclusión, los resultados de los estudios sugieren que el uso de una concepción indiferenciada de habilidad (implicación a la tarea de la concepción de logro) es más adaptativo para juzgar la competencia, aunque ello no implique que una elevada orientación al ego disminuya la percepción de habilidad. Las implicaciones de estos hallazgos son particularmente interesantes en contextos de aprendizaje deportivo y de rendimiento, dado que una orientación a la tarea contribuye a valorar la percepción de competencia, esfuerzo y persistencia, y por consiguiente a que el deportista valore su éxito en la actividad. En este sentido una alta orientación a la tarea permite desarrollar percepciones de competencia y de éxito en deportistas con alta o baja percepción de competencia, facilitando el esfuerzo. Por el contrario una orientación al ego, puede disminuir las percepciones de éxito, la competencia percibida y el esfuerzo a realizar, sobre todo en aquellos deportistas inseguros de su nivel de habilidad.
De este modo, trabajos recientes (Biddle, Wang, Chatzisarantis y Spray, 2003; Cury, 2004; Cury, De Tonac y Sot, 1999; Elliot y Church, 2002; Middleton y Midgley, 1997; Roberts, 2001) indican que los sujetos con alta orientación al ego y baja percepción de capacidad poseen una tercera meta o incluida dentro de la orientación al ego, denominada meta de evitación del esfuerzo (performance avoidance goal), meta que ya había sido citada en estudios anteriores (Duda y Nicholls, 1992; Thorkildsen, 1988), con lo que como Skaalvick (1997) apunta, se trataría de dos dimensiones de la orientación al ego (de evitación y de aproximación al ego), independientemente de la nomenclatura que los diferentes autores adopten, y que estaría mediada por la habilidad percibida por el sujeto.
Además, diferentes estudios (Biddle, Soos y Chatzisarantis, 1999; Biddle, Wang, Chatzisarantis y Spray, 2003; Dweck, 1999; Li y Lee, 2004; Sarrazin, Biddle, Famose, Cury, Fox y Durand, 1996) exponen que las metas de logro de los sujetos pueden reflejar una representación del desarrollo de la habilidad (si es estable o modificable, general o específica) y de sus determinantes (si es innata o producto del aprendizaje). De manera que un concepto de habilidad como una entidad fija, innata y general se asociaba a sujetos que se encontraban orientados al ego y definida como modificable o que podía mejorarse mediante el aprendizaje y específica se asociaba a sujetos orientados a la tarea (Figura 4).
Figura 4. Relación entre las orientaciones de metas disposicionales y el concepto de habilidad.
Orientación
Ego
Tarea modificable Habilidad
Habilidad fija Mejora Estable Innata Aprendizaje
Por tanto, Nicholls (1989), considera que la orientación motivacional de los sujetos guarda estrecha relación con los criterios y con la concepción que éstos tienen sobre lo que es habilidad.
Respecto a la relación entre clima motivacional y orientación de metas, diversos estudios dan soporte a la misma. Así Newton y Duda (1993), con una muestra de 202 jugadoras de voleibol y de baloncesto, encuentran que la percepción de un clima implicante a la tarea se
relaciona de forma positiva con la orientación a la tarea y que la percepción de un clima implicante al ego se relaciona de forma positiva con la orientación al ego. Resultados similares se han obtenido en multitud de trabajos como por ejemplo los desarrollados por Ebbeck y Becker (1994), García Calvo y Cervelló (2002), Gano-Overway y Ewing (2004) y White (1996).
Ebbeck y Becker (1994), con una muestra de 166 adolescentes jugadores de fútbol, muestran que altas puntuaciones en la percepción de un clima implicante a la tarea y bajas puntuaciones en la percepción de un clima de rendimiento, se asocian con una mayor orientación a la tarea, mientras que el clima motivacional percibido no se relacionó con la orientación al ego. No obstante hay que señalar, en relación a este estudio, que la orientación de metas percibidas a través de los padres y los climas motivacionales eran los predictores dominantes del tipo de orientación de metas de los jugadores.
Por su parte, White (1996) con una muestra de 204 jugadoras de voleibol femenino, encuentran una correlación significativa entre la percepción de éxito sin un clima implicante al ego y la orientación al ego, y entre la percepción de un clima de aprendizaje y diversión y la orientación a la tarea.
García y Cervelló (2004a) con una muestra de 117 jugadores de fútbol masculino, empleando correlaciones y un modelo de ecuaciones estructurales, encuentran que la orientación de metas disposicional de los jugadores está en consonancia con el clima motivacional percibido, tal y como ya se ha señalado en otros estudios en el ámbito deportivo (Cervelló y Santos-Rosa, 2001). Además, se observa que la orientación presenta altas correlaciones con el clima percibido en entrenadores. Estos resultados están acorde con los obtenidos por Newton y Duda (1999), en
los que relacionaron los climas y las orientaciones con la motivación intrínseca. No obstante el modelo de ecuaciones estructurales, muestra que la capacidad de predicción del clima ego siempre es mayor que la del clima tarea, contrariamente a lo obtenido por Willians (1998) con deportista recreacionales y por (Cervelló y Santos-Rosa, 2000) en Educación Física. Los autores señalaron que posiblemente es consecuencia de las características propias del deporte del fútbol, en el que hay que competir tanto en los partidos (contra el rival) como en los entrenamientos (contra los compañeros para conseguir ser titular) y por tanto, el clima ego tiene mayor peso predictivo.
Finalmente, Gano-Overway y Ewing (2004), realizan un interesantísimo trabajo, con un diseño longitudinal, en el que se valoran las orientaciones y los climas motivacionales de 162 adolescentes participantes en un programa de actividad física a lo largo de cuatro meses. En sus resultados comprobaron que existía una gran relación entre el clima percibido y las orientaciones motivacionales, correlacionando el clima ego con la orientación al ego y el clima tarea con la orientación tarea. Igualmente, descubrieron que la percepción de un determinado tipo de clima puede modificar a largo plazo la orientación motivacional, sobre todo cuando el clima percibido es diferente a la principal orientación motivacional.
En esta línea Ntoumanis y Biddle (1999b), consideran que investigaciones futuras deben determinar las variables personales y circunstanciales que pueden moderar el efecto de tal la relación. Además, proponen que se contemple una perspectiva más amplia, para entender la creación de climas motivacionales percibidos, que incluya la influencia de entrenadores, padres, fenómenos culturales y políticos. No obstante estudios como los de White (1998), ya contemplaron la importancia del clima percibido, por parte de los jugadores, procedente de los padres. Así
con una muestra de 279 adolescentes practicantes de varios deportes, encuentran que los sujetos con alta orientación a la tarea y baja orientación al ego, percibían un clima implicante a la tarea procedente de los padres, mientras que aquellos con alta orientación al ego y baja orientación a la tarea percibían un clima implicante al ego procedente de los mismos.