1.3. TEORÍA DE LA AUTODETERMINACIÓN
1.3.2. INVESTIGACIONES QUE RELACIONAN TEORÍA DE METAS Y
1.3.2.2. Relación entre los Climas Motivacionales y la Teoría de la
Al igual que se han realizado numerosos estudios que han relacionado las orientaciones con los tipos de motivación, los climas también han sido utilizados para comprobar esta cuestión. Los resultados obtenidos en este sentido son más consistentes que los desarrollados con las orientaciones, encontrándose en la mayoría de trabajos una relación positiva entre el Clima implicante a la Tarea y los mayores niveles de autodeterminación, siendo esta relación negativa respecto a los menores niveles de autodeterminación (motivación externa y amotivación). El Clima implicante al Ego, por su parte, se relaciona positivamente con los tipos menos autodeterminados de motivación y negativamente con mayores niveles de autodeterminación, como son la Motivación Intrínseca e identificada (Cury y cols, 1996; González-Cutre, 2006; Moreno y cols, 2006; Ntoumanis, 2002; Ntoumanis, 2005; Ntoumanis, Pensgaard, Martin y Pipe, 2004; Pelletier, Fortier, Vallerand, y Brière, 2001; Reinboth y Duda, 2004; Reinboth y cols, 2006; Sarrazin, Vallerand, Guillet, Pelletier, y Cury, 2002; Spray y cols, 2006; Standage y cols, 2000; 2003a, b; Standage y Treasure, 2002)
Una vez comentado esto, vamos a pasar a analizar diferentes trabajos que han relacionado los Climas Motivacionales con la Teoría de la Autodeterminación. Como algunos autores han postulado (Vallerand y Losier, 1999) hay numerosos factores sociales en la actividad física qué puede jugar un papel importante determinando la motivación del sujeto. Por ejemplo, estos autores consideran que la cooperación que se perciba en el clima motivacional va a aumentar los comportamientos autodeterminados.
Esto estaría en consonancia con la propuesta de Ames (1992a) que sugiere que los climas que dan énfasis a la cooperación, hacen la actividad inherentemente más interesante considerando que la competición entre los sujetos puede minar su motivación intrínseca hacia el la actividad.
En un trabajo anterior, Ames y Archer (1988), hallaron que la percepción de un clima tarea facilitaba la aparición de motivación más intrínseca.
Otros resultados asociados con un clima tarea, que demuestran el aumento la motivación intrínseca y la creencia que el esfuerzo lleva al éxito, fueron obtenidos por Mitchell, (1996) y Solmon, (1996). Por el contrario, se han encontrado indicios de que un clima ego se relaciona con disminuciones en la motivación intrínseca (Papaioannou, 1995; 1998)
Cury y cols (1996), con 700 estudiantes franceses de secundaria, intentaron comprobar en un modelo estructural cuales de los constructos de la Teoría de Metas, tenía más importancia en la motivación intrínseca. Para ello introdujeron los Climas, la Orientación y la Habilidad percibida. En sus resultados encontraron que los climas fueron los predictores más importante de la motivación intrínseca, de forma positiva en el caso del Clima implicante a la Tarea y de forma negativa en el Clima implicante al Ego.
Goudas y Biddle (1994a), con 254 estudiantes ingleses que practicaban actividad física, trataron de analizar las propiedades psicométricas del PECCS, y su relación con la motivación intrínseca para comprobar su validez de constructo. En sus resultados comprobaron que el Clima implicante a la Tarea era el mejor predictor de la Motivación Intrínseca, no encontrando relación entre ésta y el Clima implicante al Ego. Asimismo, también descubrieron que la interacción entre los dos climas motivacionales puede provocar que un elevado Clima implicante al Ego no sea perjudicial si va asociado a un elevado Clima implicante a la Tarea, aunque esto no ha sido comprobado en otros estudios.
Posteriormente, Goudas (1998), utilizando el PMCSQ-1, con una muestra de 100 jugadores de baloncesto griegos, encontró que el Clima Implicante a la Tarea, predecía la motivación intrínseca de manera positiva, mientras que el Clima implicante al Ego no tenía ningún tipo de relación. Además, comprobó la interacción entre los climas y la habilidad percibida, concluyendo que no existían relaciones entre ambas variables, al contrario de lo que sucedía con las orientaciones. En esta línea, Liukkonen y cols (1998), con 557 jugadores de fútbol adolescentes, comprobaron que el Clima implicante a la Tarea era el que se relacionaba de manera más significativa con la diversión y satisfacción intrínseca, independientemente del nivel de habilidad percibida.
Newton y Duda (1999), analizaron además de las Orientaciones, los Climas percibidos en jugadoras de voleibol, descubriendo que la percepción de un Clima Tarea predecía mayor diversión y Esfuerzo, mientras que el Clima Ego se relacionaba de forma negativa con una mayor Motivación Intrínseca.
Respecto a trabajos en los que se hayan valorado el resto de tipos de motivación y no solo la motivación intrínseca, podemos destacar los
desarrollados por Ntoumanis (Ntoumanis, 2002, 2005). En ambos trabajos, el autor valora los tipos de motivación y el clima motivacional que perciben los sujetos, entre otras variables. En el primero de ellos, la muestra estuvo formada por alumnos de dos institutos. En el primer instituto participaron 236 alumnos y en el segundo 192 alumnos. Tras realizar un análisis de conglomerados para determinar los perfiles motivacionales en función de los tipos de motivación y de otras variables como esfuerzo o diversión, comprobó que existían diferencia en los climas percibidos entre los sujetos con un perfil más autodeterminado, respecto al menos autodeterminado, percibiendo los sujetos con mayor autodeterminación un clima más implicante a la tarea. En su segundo estudio, utilizando una muestra de 460 estudiantes de Educación Física, comprobó que los aspectos relacionados con un clima implicante a la tarea (aprendizaje cooperativo, autonomía, mejora personal…), se relacionaban positivamente de forma significativa con la motivación intrínseca, identificada e introyectada. Por el contrario, esa relación era negativa con la motivación extrínseca externa y con la amotivación.
En la línea de estos estudios, varios trabajos llevados a cabo por Standage y algunos colaboradores (Standage, Butki, y Treasure, 1999; Standage, Duda y Ntoumanis, 2003a, b; Standage y Treasure, 2002; Treasure, Standage, y Lochbaum, 1999), encontraron resultados que confirman que el Clima implicante a la Tarea se relaciona positivamente con mayores niveles de autodeterminación, mientras que el Clima implicante al Ego se relaciona con bajos niveles de autodeterminación y con la Amotivación. En alguno de estos trabajos (Standage y cols, 2003 a, b), utilizaron la valoración de las tres necesidades básicas, además de los climas y los tipos de motivación, cuestión importante que también ha generado diversos estudios.
Según Ntoumanis y Biddle (1999b), un clima tarea puede satisfacer las tres necesidades básicas que postula la Teoría de la Autodeterminación. En primer lugar, el clima tarea proporciona libertad de decisión y optar por diferentes tareas con tiempo adecuado (ver dimensiones TARGET; Ames, 1992) nutriendo así la necesidad por la autonomía (Sarrazin, Guillet, y Cury, 2001). En contraste, un sujeto que se encuentre en un clima ego está muy limitado y sin satisfacer esta necesidad.
Además, un clima tarea también es asociado con percepciones más elevadas de competencia y éxito (Sarrazin et cols, 2001) que es otra necesidad humana básica según la SDT. Esto es porque anima a los individuos a usar criterios autorreferenciales (es decir el esfuerzo individual y mejora) para juzgar su competencia. Así, el criterio es más controlable y, por consiguiente, es más fácil conseguir éxito comparado al criterio normativo que aparece en un clima ego. Con respecto a la afinidad, la tercera necesidad básica, es lógico asumir que la comparación constante entre sujetos que promueve un clima ego, va a dificultar la optimización de las relaciones sociales entre ellos (Newton y cols, 2000).Por el contrario, el clima tarea evita las comparaciones normativas y promueve la cooperación entre atletas, facilitando las relaciones. En este sentido, los resultados obtenidos en diversos trabajos (Ntoumanis, Pensgaard, Martin y Pipe, 2004; Ntoumanis, 2005; Pelletier, Fortier, Vallerand, y Brière, 2001; Sarrazin, Vallerand, Guillet, Pelletier, y Cury, 2002; Standage y cols, 2003 a, b), han aportado más información que demuestran estas proposiciones.
Así por ejemplo, Reinboth y Duda (2006), utilizando como muestra a 128 atletas universitarios, encontraron resultados respecto a la relación entre el clima motivacional y los mediadores. Así, el clima implicante a la tarea se relacionaba de forma positiva con mayores niveles de autonomía, competencia y relación con los compañeros y con el entrenador. Por el
contrario, el clima implicante al ego se asociaba negativamente a la mejora de estas necesidades básicas.
En un trabajo anterior, Reinboth, Duda y Ntoumanis (2004), con 266 jugadores de fútbol y críquet, descubrieron que aspectos relacionados con el comportamiento del entrenador hacia la posibilidad de autonomía y apoyo social en sus deportistas, facilitaba la aparición de los mediadores o necesidades básicas, tan importantes para que existan mayores niveles de autodeterminación.
Por último, nos gustaría señalar la realización de algunos trabajos de intervención, aunque al igual que pasa en otras variables, estos son escasos. Así, Wallhead y Ntoumanis (2004), llevan a cabo un trabajo de corte experimental en el que modifican el clima percibido y comprueban su efecto en el tipo de motivación de los participantes en las clases de Educación Física. En sus resultados, se comprueba que el grupo experimental (n=25), con el que se habían desarrollado estrategias para optimizar la percepción de un clima implicante a la tarea, poseía mayores valores en los mediadores y en la motivación intrínseca que el grupo de control (n=26).
En otro trabajo que hemos comentado, Spray y cols (2006), desarrollan un estudio experimental en el que se modifican las condiciones de realización de una tarea en golf, planteando un escenario implicante a la tarea y otro implicante al ego. Sus resultados comprueban que los sujetos que habían participado en el escenario implicante a la tarea poseían mayores niveles de autonomía percibida, competencia percibida y persistían más en la tarea manifestando una mayor diversión.
También es interesante destacar el trabajo de Prusak, Treasure, Darst, y Pangrazi (2004). En el que se establecen estrategias para desarrollar mayores niveles de Autodeterminación a través del clima
motivacional. Para ello, los autores plantean una serie de aspectos que el profesor o el entrenador debe tener en cuenta para conseguir mayores niveles de motivación intrínseca a partir del clima contextual y que se tratarán en profundidad en las prospectivas de futuro de este trabajo.
En nuestro país se han llevado a cabo en los últimos años, diversos trabajos que relacionan los climas motivacionales y aspectos relacionados con la motivación intrínseca, Cecchini y cols (2004, 2005), Escartí y Gutierrez, (2006), García Calvo y Cervelló, (2002), y con la Teoría de la Autodeterminación, González-Cutre (2006).
Cecchini, González, Carmona y Contreras (2004), en un estudio con 96 deportistas pertenecientes a Clubes de Atletismo de categoría cadete en el que incluyeron medidas de Clima Motivacional, Orientaciones, Motivación Intrínseca y otras variables, comprobaron a través de un análisis de varianza y de correlaciones canónicas, que la Orientación a la Tarea se relacionaba positivamente con el Clima Tarea y con mayores niveles de esfuerzo y diversión, componentes de la Motivación Intrínseca. Resultados similares fueron encontrados en un trabajo con estudiantes de Educación Física (Cecchini, González, Carmona, Arruza, Escartí y Balagué, (2001).
En un estudio reciente, Cecchini, González, Prado y Brustad (2005), examinaron la relación entre el Clima Motivacional Percibido, Orientación, Motivación Intrínseca y comportamientos de fair play en jugadores jóvenes de fútbol participantes en la liga de División de Honor. La muestra estaba formada por 82 futbolistas y los resultados demuestran que el Clima implicante a la Tarea es el que mejor predice la motivación intrínseca y la realización de comportamientos de fair play.
En otro trabajo que ya hemos comentado, Escartí y Gutiérrez (2006), utilizando como muestra casi mil alumnos de educación física,
descubrieron que los criterios de éxito percibidos en padres y profesores se relacionaban de manera directa con la motivación intrínseca, aunque sus resultados fueron contradictorios ya que tanto los criterios orientados al ego como a la tarea mostraban relación con la motivación intrínseca.
García y Cervelló (2002), han comprobado con 117 jugadores de fútbol que el Clima motivacional y los Criterios de éxito percibidos hacia la tarea en el entrenador y compañeros de equipo, adquieren una importancia fundamental para determinar el nivel de motivación intrínseca, siendo predictores de ella y correlacionando de forma positiva.
Respecto a los trabajos que han relacionado los climas motivacionales con los diferentes constructos de la teoría de la Autodeterminación, encontramos el llevado a cabo por Gonzalez-Cutre (2006). En este estudio, se obtuvieron datos de 413 deportistas adolescentes de diferentes modalidades de la Región de Murcia, comprobando que el clima implicante al ego no poseía una relación significativa con ninguno de los componentes de la motivación intrínseca, y se relacionaba positiva y significativamente con los tres factores de la motivación extrínseca y con la amotivación. Respecto al clima tarea, su relación fue significativa y positiva con todas las dimensiones motivacionales, excepto la amotivación, que no tuvo relación.