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INVESTIGACIONES PRECEDENTES

1. INVESTIGACIONES EN LA ZONA DE ESTUDIO

Las primeras expediciones

Entre los siglos XIX y XX se llevaron a cabo varias expediciones, prospecciones, recolecciones superficiales de artefactos arqueológicos y tareas de excavación en el valle de Hualfín, otorgándole al mismo una gran relevancia dentro de la arqueología argentina, particularmente dentro de la región del Noroeste argentino.

Francisco Pascasio Moreno, primer director y fundador del Museo de La Plata, a fines del siglo XIX y principios del siglo XX, contrata a diferentes profesionales extranjeros para trabajar en las distintas ramas de especialización científica. Entre ellos, designó a Adolfo Methfessel para acompañar a Ten Kate en sus viajes del año 1886. Methseffel recorre diferentes zonas de Catamarca, entre ellas el valle de Hualfín, en donde realiza la recolección de artefactos arqueológicos. Luego, estos objetos junto a otros pertenecientes a las colecciones del Museo de La Plata serán descriptos y referenciados espacialmente en un trabajo realizado por Félix Outes (1907), durante su gestión como secretario de esa institución. Tal obra aborda la caracterización, en base a la forma y decoración, de urnas recuperadas en contextos funerarios, entre las cuales se tratan las urnas de tipo Belén de La Ciénaga (Catamarca), así como las recuperadas en otras localidades del Noroeste argentino.

las mismas, el investigador recolecta objetos arqueológicos de diferentes lugares y describe sitios arqueológicos, información que se encuentra referida en su libro

Exploraciones Arqueológicas en las provincias de Tucumán y Catamarca (Bruch 1911). En 1908 Bruch visitó La Ciénaga, reuniéndose con pobladores y obteniendo datos sobre sitios arqueológicos de la localidad. En el libro mencionado dedica capítulos a diversos pueblos estudiados y describe, en La Ciénaga de Abajo, un grupo de construcciones, sin proporcionar mayores detalles sobre su localización. Los trabajos realizados por el equipo del LAC en la primera década de los 2000 permitieron identificarlo como el Cerro Colorado. En esta misma localidad recolectó objetos líticos y cerámicos proporcionados por los habitantes locales, que luego fueron publicados por Outes (1907) y Lafone Quevedo (1908).

A principios de los años veinte, Salvador Debenedetti, investigador del Museo Etnográfico, visita la localidad de La Ciénaga y realiza exploraciones que servirían luego de base para las tareas de excavación desarrolladas en esa zona entre los años 1920 y 1929, financiadas por Benjamín Muñiz Barreto. Las excavaciones estuvieron orientadas fundamentalmente a la recuperación de ajuares de tumbas antiguas; en un primer momento, las tareas fueron dirigidas por el ingeniero Wladimiro Weisser y luego fueron continuadas por Federico Wolters. Estos expedicionarios registraron exhaustivamente las labores, lo cual permite que hoy poseamos información detallada en libretas de campo y diarios de viaje, tales como dibujos en planta y perfil de las tumbas intervenidas junto con datos detallados sobre la cantidad de cuerpos registrados por tumba, objetos recuperados, así como la localización y disposición espacial de los mismos. Además, se describen las modalidades de entierro y se hace referencia a las características superficiales de los mismos y se observan efectos postdeposicionales. Weisser también levantó los primeros planos de los poblados arqueológicos descubiertos en esos años (Weisser y Wolters 1920-1929), entre los que se destaca la Loma de los Antiguos de la localidad de Azampay.

En diciembre de 1927 y enero de 1928, Eduardo Casanova junto con Salvador Debenedetti, en el marco de una expedición organizada por el Museo Etnográfico, recorren y realizan tareas de excavación en el valle de Hualfín. Posteriormente se publican los resultados de las excavaciones de algunas tumbas de los cementerios de La Ciénaga, en donde Weisser había trabajado anteriormente (Casanova 1930).

Fernando Márquez Miranda, en 1946, publica su trabajo sobre los diaguitas, en el que hace mención a las distintas áreas que componen “el mundo diaguita” y

proporciona información y fotografías sobre distintos tipos de materiales -líticos, cerámicos, textiles, metales, madera-, entre los que se hallan objetos recuperados en el valle de Hualfín por varios expedicionarios. No obstante, Márquez Miranda no reconoce diferencias entre estos restos, englobando artefactos que luego fueron atribuidos a distintos momentos y/o culturas.

Investigaciones arqueológicas realizadas durante las décadas de 1950-1980

En 1951, Osvaldo Menghin y Alberto Rex González recorren la zona comprendida entre los ríos Hualfín y Güiliche, dando a conocer materiales superficiales constituidos por instrumentos y desechos de material volcánico (basalto) que se encontraban en la superficie y que asocian a las anteriores excavaciones de Debenedetti (Menghin 1956).

A partir de 1952, Alberto Rex González se propone formular una secuencia cronológica para el NOA, para lo cual se centra en tareas de prospección y excavación en el valle de Hualfín. La elección del valle como lugar propicio para tal tarea es argumentada por el investigador a partir de varias razones, entre las cuales enumera: que el valle de Hualfín se encuentra geográficamente bien definido, dado que se halla cerrado por cadenas montañosas en casi todo su perímetro; que ocupa el centro de la denominada Área Diaguita (Bennett et al. 1948) y por la gran cantidad de hallazgos e información de que se dispone para el área, entre las cuales se encuentra un importante volumen de objetos arqueológicos pertenecientes a la colección Muñiz Barreto, alojada en el Museo de La Plata.

Durante sus investigaciones, González (1955, 1957a, 1957b, 1979) relevó una gran cantidad sitios con diferentes características, realizó excavaciones en distintos tipos de asentamientos, llevó a cabo diversos sondeos estratigráficos en basureros y viviendas y analizó los objetos pertenecientes a la Colección Muñiz Barreto.

Sobre la base de sus estudios, la cultura Belén fue dividida en tres fases: Belén I presentaba grandes casas-pozo de tipo comunal (de aproximadamente 17 por 15 m) que podían ubicarse en grupos, a veces de tres o cuatro recintos. En momentos de desarrollo de esta fase, propone relaciones entre los grupos Belén y la cultura Sanagasta de La Rioja. La presencia de Sanagasta en el valle de Hualfín se pondría de manifiesto a través de grandes urnas de paredes gruesas, decoradas con pintura negra, roja o crema, para

En la fase Belén II se levantan paredes de piedra y se construyen unidades más o menos independientes, hallándose cerámica Belén Negro sobre Rojo. La fase Belén III se caracteriza por presentar pueblos fortificados y materiales de influencia inkaica, cuyo registro fue hallado en viviendas excavadas en Quillay y en tumbas de La Aguada y Palo Blanco.

Con respecto a la producción alfarera, González aduce que en tiempos Belén desaparece la cerámica reductora, lo cual sería indicador de la existencia de hornos diferentes a los de épocas anteriores. Atendiendo a su organización social, en Belén II y III se pasaría de la convivencia entre grupos familiares que habitaban las casas comunales, a grupos capaces de construir obras agrícolas que implicarían cantidades importantes de población y niveles superiores de organización (González 1954). En forma contemporánea a la aparición de la cultura Belén, en el valle de Hualfín se estaría desarrollando la cultura Santa María, lo cual se postula a partir de asociaciones cerámicas entre ambos tipos, en distintos sitios.

Posteriormente, González y Cowgill (1975) publican su secuencia cronológica para el NOA, sobre la base de evolución de estilos artísticos y fechados radiocarbónicos. En ella ratifican la periodificación propuesta previamente, añaden algunas características arquitectónicas y proponen sitios para representar a cada una de las fases. La fase más antigua se adjudica al sitio Corral de Ramas, en el que aparecen varias casas-pozo. El sitio tipo para la fase II fue representado por Cerrito Colorado de La Ciénaga de Arriba. La Fase III, en la que se manifiesta la influencia inkaica, se corresponde con el sitio El Shincal.

En el trabajo se publican fechados, que González y Cowgill utilizan para proponer la siguiente cronología:

BELEN I: 1100 – 1300 DC BELEN II: 1300 – 1480 DC BELEN III: 1480 – 1535 DC

Si bien al contrastar los fechados que se enumeran en la publicación se puede advertir que varios de ellos no se ajustan fehacientemente a las fases propuestas, los autores mantuvieron las divisiones cronológicas de las secuencias, que fueron nuevamente ratificadas por A. R. González en 1977, en que vuelve a poner especial

énfasis en las modalidades de asentamiento para establecer las distinciones cronológicas.

Investigaciones arqueológicas realizadas desde 1980 hasta la actualidad

A partir de la década de 1980, María Carlota Sempé inicia una serie de excavaciones en el valle de Hualfín, varias de ellas vinculadas a la cultura Belén y publica un fechado radiocarbónico sobre una muestra de marlos carbonizados recuperados en el Cerro Colorado de La Ciénaga de Abajo (Sempé y Pérez Meroni 1988).

Balesta y Zagorodny publican resultados de investigaciones sobre el sitio formativo Barrealito de Azampay y presentan la primera descripción completa del sitio Loma de los Antiguos, ambos de la localidad de Azampay (Balesta y Zagorodny 1999a, 1999b). En el mismo año, Sempé (1999) presenta un análisis general de la cultura Belén, describiendo a las poblaciones que conformaron esta unidad socio-cultural ocupando los Departamentos de Belén y Tinogasta, de Catamarca, durante el Período de Desarrollos Regionales. En el mismo argumenta que dichos pueblos conformaban una organización socio-política de señorío o cacicazgo con una jerarquización en los poblados. Caracteriza a los mismos como: pueblos aglomerados sobre cerros defendidos con murallas de piedra (eg. Cerro Colorado de La Ciénaga de Abajo, Loma de los Antiguos de Azampay y Eje de Hualfín); pueblos abiertos sobre las terrazas altas de los ríos principales, sin obras de riego ni de defensa (eg. Corral de Ramas, Hualfín) y aldeas formadas por recintos entre sistemas de andenes de cultivo y obras de irrigación como boca-tomas, acequias y estanques (eg. Carrizal de Azampay).

En el mismo trabajo, la Dra. Sempé propone que desde su territorio nuclear -el valle de Hualfín-, estos grupos se expandieron hacia valles aledaños tales como Abaucán, así como a otros ambientes más altos (Puna), generando situaciones de conquista u ocupación, mientras que en otras zonas como el valle de Santa María, encontraron resistencia. Sostiene que durante su época de expansión en la zona, los inkas trasladaron mitimaes Belén hacia Tucumán.

Con respecto a la tecnología agrícola, plantea que la misma estaba basada en la agricultura bajo riego, en espacios abiertos en el fondo de los valles o con grandes obras agro-hidráulicas. En estos sitios se hallan restos asociados con el procesamiento y

aspectos funerarios, clasifica las tumbas Belén a partir de sus características constructivas en: sepulcros bajo bloques grandes y pircados, tumbas en media cista combinadas con bloques, infantes en urnas y entierros en cista de piedra con techo en falsa bóveda (Sempé 1999).

También a finales de la década de 1990, integrantes del equipo del LAC dan a conocer los primeros resultados realizados sobre estudios comparativos entre materiales cerámicos recuperados en la localidad de Azampay en las décadas de 1980 y 1990 y aquéllos procedentes de la misma zona que forman parte de la Colección Muñiz Barreto del Museo de La Plata (Canal et al. 1999).

Posteriormente, Zagorodny y Balesta (2000) propusieron una reconstrucción histórica sobre el uso del espacio, la arquitectura y las técnicas constructivas, tanto de las unidades de habitación como de las estructuras funerarias características del pueblo de Azampay y su zona de influencia. En el trabajo también se analizaron los modos de subsistencia de la población de la zona, buscando detectar similitudes y diferencias entre el pasado y el presente.

A principios del nuevo siglo se trabajó sobre restos forestales del sitio Campo de Carrizal (Capparelli et al. 2003), procediéndose a la identificación de un poste de madera fragmentado y desecado hallado dentro de una vivienda. Los resultados obtenidos confirman el uso prehistórico de Prosopis como recurso maderero y la utilización de este género como postes dentro de las estructuras de vivienda. En el año 2007 se presentaron los resultados de los estudios antracológicos realizados a una pala y dos trozos de postes recuperados en el mismo sitio, también identificados como género

Prosopis (Zagorodny et al. 2007).

Sempé y colaboradores (2005), editaron una publicación en la que se da cuenta de diez años de investigaciones en la localidad de Azampay por parte de un equipo interdisciplinario. Los aspectos arqueológicos abordados comprenden distintos momentos de la historia prehispánica del valle; con respecto al período que aquí se estudia, se formula un modelo geopolítico, en el cual se establece el papel de Azampay dentro del señorío Belén (Sempé). También se realiza el análisis espacial de los conjuntos arquitectónicos de la Loma de los Antiguos (Wynveldt), se lleva a cabo un estudio paleodemográfico (Salceda y Sempé) y se analizan los fechados obtenidos hasta ese momento (Dulout).

En el mismo tomo, Tobisch y colaboradores (2005) excavaron tres entierros asociados en la Mesada de Carrizal. Se trata de un entierro directo y dos individuales en

urnas de tipo Belén. Los restos óseos corresponden a un individuo adulto-joven de sexo femenino y dos infantiles sepultados en la oquedad de una roca, que corresponden a lo que se ha denominado como sepulcro bajo bloque grande y pircado (sensu Sempé 1999).

Alosilla y colaboradores (2006) llevaron a cabo, en la localidad de La Ciénaga, un análisis sobre el estado de conservación del patrimonio arqueológico. Detallan tanto los procesos culturales como no culturales vinculados con el deterioro de varios sitios arqueológicos de esa localidad y señalan las principales causas relacionadas con la preservación, uso y administración del patrimonio arqueológico.

Posteriormente, Iucci y colaboradores (2006) publican los primeros resultados de las prospecciones y excavaciones desarrolladas en los sitios ubicados al pie del Cerro Colorado de La Ciénaga de Abajo, caracterizando los sitios y los materiales arqueológicos recuperados en ellos.

En 2006, Wynveldt, Zagorodny y Morosi llevaron a cabo la identificación composicional de las pastas usadas para la manufactura de vasijas Belén.

Wynveldt defendió en 2007 su tesis doctoral sobre el sitio Loma de los Antiguos, en la cual consideró aspectos funcionales del mismo y su vinculación con otros sitios del valle, correspondientes al mismo lapso temporal; asimismo, llevó a cabo una definición integral de lo que se ha conocido habitualmente como el tipo Belén Negro sobre Rojo (Wynveldt 2009, ver Capítulo II). En ese mismo año, realiza un estudio sobre la estructura del diseño decorativo en la cerámica Belén (Wynveldt 2007b) y el análisis contextual de las piezas Belén de la localidad de Azampay (Wynveldt 2007c). Posteriormente, presenta la caracterización macroscópica de la cerámica Belén (Wynveldt 2008) y trata los contextos funerarios de Azampay para el período de Desarrollos Regionales/Inka (Wynveldt 2009).

En 2009 Wynveldt y Balesta estudian varios sitios del valle de Hualfín y formulan una definición operativa del paisaje, concebido tanto en su materialidad como en su capacidad para significar y direccionar relaciones sociales. El análisis, focalizado principalmente en la dimensión espacial, refleja una construcción del paisaje por parte de sus habitantes en el período de Desarrollos Regionales/Inka, que privilegia los elementos vinculados con situaciones de conflicto.

En ese mismo año, Iucci presenta el análisis de piezas cerámicas tardías procedentes de contextos domésticos y funerarios de la localidad de Puerta de Corral

descripción de las formas y tamaños de las piezas estudiadas se busca dilucidar aspectos funcionales (Iucci 2009). Más tarde junto a Wynveldt, reconstruyen la historia del concepto de cerámica Belén a lo largo del tiempo, identificando las distintas etapas de su estudio, su asociación con lo diaguita y con la definición de la cultura Belén (Wynveldt y Iucci 2009).

Valencia y colaboradores (2009) describen e identifican restos de madera recuperados en el sitio Campo de Carrizal y los comparan con los obtenidos en Loma de los Antiguos. A partir de los resultados y del contexto de hallazgo se realizan interpretaciones que los vinculan con incendios y procesos de formación de sitio.

Posteriormente, Balesta y Wynveldt (2010) llevan a cabo un estudio teniendo en cuenta las nuevas perspectivas sobre la guerra en arqueología y considerando la presencia del sitio Loma de Ichanga en el contexto de beligerancia propio de esos momentos de la historia precolombina. Sobre la base de análisis espaciales, arquitectónicos, cronológicos y de los materiales de excavación de Loma de Ichanga, proponen reconstruir la funcionalidad del sitio y su relación con el paisaje socio-político del valle de Hualfín para el Período de Desarrollos Regionales. A pesar de la ausencia de arquitectura defensiva, tanto el emplazamiento sobre una lomada como la visibilidad lograda desde la cima de la Loma de Ichanga, permiten asignarle un rol defensivo dentro de un sistema de líneas de visión que involucraría varios sitios del valle. Los contextos de excavación de dos recintos llevan a inferir que el abandono del sitio incluyó el incendio de los techos y que posiblemente tuviera un carácter ritual. Las características del abandono se corresponden con las evidencias de muchos de los sitios de la región y mueven a considerar un probable abandono regional, quizás relacionado con los momentos de la conquista inkaica.

Iucci y colaboradores (2010) caracterizan la cerámica del sitio El Molino (Puerta de Corral Quemado) en base a la relación entre un análisis textural por porosimetría de mercurio, caracterización macroscópica de las piezas y análisis petrográfico de las pastas.

En el mismo año se presentan los resultados del estudio composicional de pastas de piezas cerámicas Belén y Santa María del valle de Hualfín, trabajo llevado a cabo por Zagorodny y colaboradores (2010).

También en 2010 el equipo del LAC publica una edición (Balesta y Zagorodny 2010) en la que se da cuenta de los resultados obtenidos a partir de 2004 sobre los estudios en La Ciénaga; el mismo contiene un capítulo introductorio con información

general sobre el valle de Hualfín y La Ciénaga, antecedentes de los estudios en el pasado y por parte del grupo del LAC y caracterización de los sitios relevados y excavados (Balesta y Zagorodny) y capítulos sobre: estudios de materiales antracológicos recuperados en la localidad de La Ciénaga (Valencia, Fernández y Barberis); observaciones e interpretaciones tecnológicas, composicionales y de porosimetría en cerámica (Zagorodny, Volzone y Morosi); análisis del material cerámico de Loma de Ichanga (Iucci); investigaciones sobre tecnología lítica y procedencia de materiales de la localidad de La Ciénaga (Flores); estudios de restos esqueletales humanos y su significación en Cerro Colorado de La Ciénaga de Abajo (Balesta y García Mancuso); análisis de fitolitos del Cerro Colorado y Barranca de La Ciénaga de Abajo (Osterrieth, Balesta y Zagorodny) y evaluaciones de sitios en altura en la localidad de La Ciénaga y su vinculación con la beligerancia atribuida al Período de Desarrollos Regionales (Wynveldt y López Mateo).

Entre las últimas producciones del equipo del LAC se puede citar el estudio comparativo de restos vegetales carbonizados -restos de postes, vigas y otros elementos de sostén del techo- procedentes del recinto 6 de Loma de Ichanga y del recinto 4 de Lajas Rojas (Valencia y Balesta ms). A través del mismo se constató la presencia en ambos sitios de Prosopis sp. y de Geoffrea decorticans, el primero de ellos empleado principalmente para postes y vigas mayores, mientras que el segundo se vincula a la manufactura de vigas de menor envergadura.

2. ESTUDIOS DE MATERIALES LÍTICOS EN EL NOROESTE ARGENTINO