• No se han encontrado resultados

Analizamos en este apartado distintas tipologías de conflictos. Viñas (2004) afirma que en un centro educativo existen diversos tipos de conflictos. Este autor distingue cuatro grandes categorías: conflictos de poder, conflictos de relación, conflictos de rendimiento y los conflictos interpersonales:

1. Por conflicto de poder se entiende todos aquellos conflictos que se dan en relación a las normas (cuando un alumno reacciona contra el sistema se encuentra con unos mecanismos de poder que limitan su libertad y que aseguran la estabilidad del sistema).

2. Respecto a los conflictos de relación, son aquellos en los que una de las partes en conflicto es superior jerárquicamente o emocionalmente al otro. Estamos hablando de casos de “bullying”.

3. Los conflictos de rendimiento son todos aquellos relacionados con el currículum.

4. Los conflictos interpersonales, van más allá del hecho educativo y se dan en el centro en cuanto que en él se reproducen las mismas relaciones que en la sociedad.

Siguiendo a Puig Rovira (1997), podemos destacar la siguiente tipología de conflictos escolares:

1. Conflictos interpersonales:

Ruptura de la armonía entre las personas.

Conflictos psico-sociales.

2. Conflictos de adaptación a la escuela:

Expectativas equivocadas: malestar e indisciplina.

Conflictos pedagógicos.

3. Conflictos de sentido de la educación:

Distancia insalvable entre escuela y alumnado.

Conflictos socio-políticos.

De manera general, en los centros escolares, podemos destacar que nos encontramos los siguientes tipos de conflictos (Torrego, 2006):

Violencia general, psicológica, física y estructural: incluye la violencia psicológica que puede expresarse con conductas como falta de respeto, maltrato, exclusión, motes, intimidación….Incluye también la violencia física contra uno mismo y contra las personas, también la violencia que la estructura del propio sistema ocasiona a las personas que habitan en ella, la organización deficiente del centro y del currículo que pueden generar procesos de exclusión (currículo como instrumento a modificar).

Disrupción en las aulas: es un conglomerado de conductas inapropiadas que se producen en el aula y que impiden el normal desarrollo de la actividad educativa, pérdida de tiempo, falta de disciplina. Se trata del tipo de violencia que ocasiona mayor índice de fracaso escolar.

Vandalismo: violencia física contra el centro y sus instalaciones.

Bullying: maltrato reiterado y permanente dirigido a un compañero que es incapaz de defenderse.

Acoso y abuso sexual.

Absentismo y deserción escolar: no ejercer las tareas como estudiante o como profesor.

Fraude-corrupción: trasgresión de los comportamientos socialmente reconocidos y aceptados en la vida escolar: copiar, tráfico de influencias…

Problemas de seguridad en el centro escolar: miedo a sufrir daños de diverso tipo, por parte de miembros de la comunidad educativa o fuera de ella.

Por último, queremos recoger la clasificación que realizan Martín et al. (2006) que nos sirve para describir más detalladamente algunos de los conflictos más habituales en los centros educativos. Estos autores señalan que existen seis tipos de conflictos de convivencia: disrupción, agresiones de los estudiantes hacia el profesorado, agresiones de los docentes al alumnado, maltrato entre iguales, vandalismo y absentismo, que analizamos a continuación.

De la lectura de las propuestas de diferentes autores se desprende que lo que entendemos por “disrupción” o por “conductas disruptivas” depende mucho de la

apreciación de cada profesor. Cada ser humano percibe una misma situación de manera distinta, por eso a la hora de interpretar qué conductas resultan molestas, cada persona puede interpretar de manera diferente los hechos.

Gotzens (1986) habla de indisciplina o comportamiento indisciplinario, disruptivo o inapropiado refiriéndose a toda actividad del alumno que transgrede, viola o ignora la normativa disciplinaria establecida.

Sanders y Hendry (1997) destacan que “la conducta disruptiva es cualquier conducta que entorpece el orden y la disciplina en la escuela y el bienestar educativo de los alumnos escolarizados en ella”. (Citado en Marchesi, 2004, p. 128).

Desde el modelo integrado de gestión de la convivencia, tal y como recoge Torrego (2006), se definen las conductas disruptivas como “un conglomerado de

conductas inapropiadas que se producen en el aula y que impiden el normal desarrollo de la actividad educativa (boicot, ruido permanente, interrupciones, etc.)” (p. 20).

Se puede considerar el absentismo como un conflicto de convivencia, tal y como recogen Martín et al. (2006), aunque esta apreciación puede resultar polémica. El inicio del absentismo puede partir de las malas relaciones interpersonales, en particular con los docentes. Muchos profesores consideran que, independientemente de la causa, las ausencias de algunos alumnos hacen muy difícil sacar adelante la clase.

Las agresiones de estudiantes a docentes, aunque son poco frecuentes, en algunos centros sí se han convertido en un problema importante. Incluimos aquí faltas de respeto, agresiones verbales y físicas. Este tipo de agresiones son más difíciles de solucionar a través de procedimientos participativos, como es la mediación.

En cuanto a las agresiones de docentes a estudiantes, tampoco son frecuentes, por lo menos en su vertiente más explícita (agresión física o agresión verbal). Pero sí resulta más frecuente que el profesorado ridiculice a los alumnos o les “coja manía”.

Otro tipo de conflicto de convivencia es el vandalismo, se trata de una conducta antisocial contra la institución educativa; en ocasiones refleja problemas de relación interpersonal con miembros de la comunidad educativa, y en ocasiones un rechazo generalizado contra el sistema escolar. Hay un tercer tipo de situación, y es cuando el vandalismo es un desajuste social que no tiene que ver únicamente con el centro, sino que se produce en otros contextos.

Por último, destacamos el maltrato entre iguales. Este tipo de conflicto de convivencia fue investigado en los años 70 de forma pionera por Olweus. En este tipo de conflictos lo que se produce es una pérdida de la simetría entre los iguales dando lugar a una dinámica de dominación entre agresor y víctima.

Fernández (1998) explica este tipo de situaciones señalando que son:

Aquellas en la que uno o varios escolares toman como objeto de su actuación injustamente agresiva a otro compañero y lo someten, por tiempo prolongado, a agresiones físicas, burlas, hostigamiento, amenazas, aislamiento, etc. y se

aprovechan de su inseguridad, miedo y dificultades personales para pedir ayuda o defenderse. (p. 47)

Como hemos destacado, Olweus (1998) fue uno de los primeros en estudiar este fenómeno y elaboró una serie de criterios para detectar el problema de forma específica. Para que una agresión se considere abuso y/o maltrato se deben cumplir los siguientes requisitos:

1. La acción tiene que ser repetida, ha de haber ocurrido durante un tiempo prolongado.

2. Existe una relación de desequilibrio de poder, de indefensión entre la víctima y el agresor. Es decir, no puede referirse a una pelea concreta entre dos individuos en igualdad de condiciones.

3. La agresión puede ser física, verbal o psicológica. Física, se refiere a agresiones del cuerpo; verbal, a insultos, motes, burlas, etc. y psicológica, se refiere al aislamiento, rechazos, chantajes…

Queremos terminar destacando por su frecuencia en los centros escolares un tipo de conflicto que creemos que responde muy bien a la mediación entre iguales, se trata de los conflictos interpersonales. Torrego y Funes (2000) señalan que el conflicto interpersonal hace referencia a:

Aquellas situaciones en las que dos o más personas entran en oposición o desacuerdo porque sus posiciones, intereses, necesidades, deseos o valores son incompatibles, o son percibidos como incompatibles, donde juegan un papel muy importante las emociones y los sentimientos y donde la relación entre las partes en conflicto puede salir robustecida o deteriorada en función de cómo sea el proceso de resolución de conflictos. (p. 37)