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6. Marco teórico

6.1 Capítulo 1: Sociopragmática

6.1.2 Estudios de la cortesía En las últimas décadas, la imagen y la cortesía han sido conceptos ampliamente debatidos por investigadores tanto de la Pragmática como de la

6.1.2.2. La ironía M Belén Alvarado Ortega (2005) define la ironía como: “(…) un

proceso pragmático en el que el significado viene dado por el contexto en el que se produce y por la respuesta que causa en su oyente” (p. 43). La interpretación de la ironía por parte del destinatario puede desencadenar efectos tales como placer, complicidad o burla como consecuencia de su carácter lúdico – semántico. Por tanto, la manifestación de la ironía verbal tolera en los interlocutores la creación de juegos con el lenguaje, los cuales tienen como finalidad suscitar, en alguna parte de la audiencia, un efecto humorístico.

Este fenómeno pragmático se reitera en varios campos del saber, incluidos la conversación, la literatura, la oratoria, etc. Por tanto, cabe resaltar que la ironía no es un concepto unidireccional sino que expande su influencia a diversos contextos situacionales de la vida diaria. El ironista pretende, con su registro lingüístico, desviarse de las expectativas

de sentido que podrían ser reconocidas en el primer plano de significación de los enunciados. Existen ejemplos muy evidentes de esta situación. Tal es el caso de un adulto que sorprende in fraganti a un niño que acaba de romper un vidrio con el balón. Aquí la persona mayor suele utilizar la expresión irónica “que bonito” para dar a entender su desaprobación por lo que ha hecho el menor. El efecto de desviación se da por utilizar una frase de valoración positiva para dar a entender un reproche negativo y por la entonación propia de la expresión irónica.

De otro lado, el efecto de los enunciados irónicos se evidencia en el concepto de implicatura conversacional, la clase de inferencia que permite darle al contenido explícito del enunciado un valor humorístico, reconocido por el destinatario. Por supuesto, esta impresión solo se ve enriquecida en el nivel metafórico del enunciado y no en el nivel semántico. El proceso de desambiguación dependerá del conocimiento compartido entre el hablante y el oyente. Sobre la relación entre ironía y relevancia, Sperber y Wilson (2.004) afirman:

El uso interpretativo tácito es fundamental en la conceptualización de la ironía desde la teoría de la relevancia, si la ironía es una variedad de uso interpretativo tácito, es aquí donde el hablante hace uso del eco en el pensamiento y que de manera tácita atribuye a otra persona. (p. 59)

En relación con la ironía humorística, Raskin (citado en Raymundo Casas, 2004) plantea un modelo para esa competencia lingüística. Reinterpretando el principio de cooperación de Grice, estructura el principio de cooperación humorístico a partir de la distinción entre dos tipos de comunicación, bona fide y non bona fide, los cuales aluden respectivamente al cumplimiento del principio de cooperación griceano y a dos desviaciones del lenguaje: el humor y la mentira. En consecuencia, la comunicación non bona fide

requiere del enunciatario un mayor esfuerzo interpretativo. Casas (2004) comenta la propuesta de Raskin sobre el proceso de desambiguación de la ironía humorística así:

(…) el oyente transforma la información que considera fidedigna (esto es, de bona fide) en comunicación de non bona fide, al percatarse de la intención humorística del texto. Es decir, el oyente procesa el texto, nota la violación del principio de cooperación de buena fe, retrocede mentalmente y reinterpreta el texto como una broma. De ese modo, Raskin establece un principio de cooperación del humor sobre la base de la lógica de la conversación de Grice. (p. 123)

Por tanto, se puede afirmar que la ironía es una estrategia conversacional que usa el hablante para enviar al destinatario, de manera indirecta, un propósito comunicativo. Lo más interesante de esta práctica conversacional, como afirma Haverkate (2004, p.58), es que los interlocutores manipulan el valor veritativo de cada enunciado. Como fenómeno pragmático, afirma María Belén Alvarado (2004), en su trabajo La ironía y la cortesía: Una aproximación desde sus efectos, el valor retórico de la ironía es “decir lo contrario de lo que se quiere decir”. Es, entonces, expresar de manera indirecta un acto ilocutivo el cual se espera sea interpretado por su interlocutor.

Además, la ironía no cuenta con estructuras lingüísticas irónicas, esta depende del uso descriptivo (veracidad del contenido) e interpretativo (la actitud). Al respecto, Alvarado (2004) afirma:

En primer lugar la ironía verbal supone la expresión de una actitud tácitamente disociativa hacia un enunciado o pensamiento tácitamente atribuido. Y en segundo lugar, establece que ciertas estructuras lingüísticas categorizadas como irónicas, si son usadas con mucha frecuencia se reconocen como expresiones irónicas como el caso de los diminutivos, cambios en el orden de las palabras, al igual que las manifestaciones kinestésicas (miradas, sonrisas, guiños, entre otras) y las marcas fónicas o, paralingüísticas en la comunicación oral son índices contextuales que ayudan al oyente a interpretar correctamente los enunciados irónicos. (p. 34)

En efecto, como lo afirma Suárez (2009) en su trabajo de investigación, la palabra o expresión irónica solo se percibe en contexto y depende de las intenciones del locutor y de las capacidades interpretativas del interlocutor. Haverkate (2004) sostiene que el papel pragmático de la ironía: "radica en que el hablante manipula el valor veritativo de lo que asevera" (p.58). Por tanto, esta estrategia conversacional permite establecer un juego interpretativo en el cual, la decodificación es un proceso complejo por tratarse de una forma de defraudar inicialmente al interlocutor, a sabiendas de que este posee los indicios necesarios que le llevan a la comprensión del texto irónico. Por tanto, a pesar de no ser explícito, el mensaje es reconocido por el oyente, quien le da su valor de verdad.

Adicionalmente, los estudiosos de la ironía afirman que existe la posibilidad de que esta funcione como una estrategia que hace eco de un enunciado previo, generalmente como respuesta a un acto irónico anterior. Desde el punto de vista de la relevancia, Wilson y Sperber (2004) sostienen que:

Un enunciado es ecoico cuando alcanza la mayor parte de su relevancia no mediante la expresión de las propias opiniones del hablante, ni informando de los enunciados o pensamientos de otro, sino expresando la actitud del hablante hacia las opiniones que atribuye tácitamente a otro. (p. 263).

En otras palabras, el eco se manifiesta como una actitud valorizante emitida por el locutor, como reflejo de su posición crítica ante un suceso previo acaecido en la forma de una acción o una manifestación verbal. La mayoría de las veces la situación que origina la respuesta ecoica hace parte de conocimientos compartidos por los hablantes de una determinada lengua en una sociedad o grupo social específico. Sperber y Wilson (2004) afirman que: "un enunciado es irónico porque es ecoico: la ironía verbal consiste en hacerse

eco de un pensamiento o emisión que se atribuye de modo tácito, mediante una actitud distante y también tácita respecto a ella" (pp.264-265). El destinatario de la enunciación irónica debe, entonces, estar en capacidad de recuperar el verdadero sentido del acto de habla irónico a partir de ideas previas conocidas tanto por el locutor como por el oyente.

Entre hablantes en edad adolescente, la aparición de enunciados irónicos en conversaciones coloquiales es bastante común. Generalmente entre miembros de un grupo con afinidad social, son utilizados para darle un toque de humor a la conversación. La finalidad de estas actuaciones lingüísticas es, por una parte, demostrar conocimiento mutuo de la situación discursiva, del enfoque ideológico de los interlocutores y de sus intereses emocionales.

Por otra parte, juegan un papel humorístico que permite mantener relaciones de confianza y solidaridad entre los interactuantes. Kotthoff, (como se citada en Marimón Llorca, 2006), atestigua, en relación con las reacciones de los hablantes ante enunciados irónicos, que:

(…) el hablante no siempre responde a lo implicado en el enunciado irónico sino que, en ciertos contextos, responde sobre todo a lo dicho dando lugar a una broma continuada que estrecha lazos, lima diferencias y de la que todos los interlocutores pueden sentirse cómplices. (p.36)

Es así como, a lo largo de las grabaciones que sustentan el presente trabajo sobre las estrategias conversacionales, los jóvenes acuden con naturalidad a la ironía como parte de sus manifestaciones lingüísticas, ejemplo:

148. A: Y siii, quedó asombrado de lo que levanta ese carro. Guevóooon. más que la otra camioneta.

Aquí, la intervención 149 surge como respuesta ecoica al comentario que emite A en relación con la adquisición de un nuevo vehículo. La pretensión de B es promover en A una sensación de orgullo personal por las posibilidades que plantea la calidad del nuevo automóvil en la apreciación que las mujeres le brinden. A pesar de poder darse una interpretación negativa por parte de A, debido a que se le plantea la imposibilidad de conseguir una novia sin valerse del nuevo carro, su reacción no es defensiva o de contraataque. Por el contrario, la conversación sigue adelante sin que se presente conflicto.5

Los autores, Ruíz y Padilla (2007) hacen alusión al término ironía como parte de la existencia del ser humano, esta estrategia del lenguaje, afirman, se presenta en las conversaciones con la intención de enfrentar estados de ánimo de los interlocutores, como la tristeza, la euforia, o simplemente situaciones que no nos gustan.

Lo que aquí se aclara es que la ironía se entiende desde el contexto lingüístico y el contexto situacional o circunstancias externas. Este fenómeno lingüístico como hecho pragmático, deja ver que el hablante tiene la firme intención de comunicar un enunciado haciendo uso de la ironía y su pretensión es que quien lo escucha infiera lo que no se ha dicho. Ante un enunciado irónico, es el tono de burla, el que define el efecto positivo o negativo de la ironía y su impresión en la imagen de los interlocutores.

Asimismo, desde la interpretación que Alvarado Ortega (2005) hace de la ironía, esta hace parte del fenómeno de la cortesía. A propósito de lo anterior, la cortesía, como lo afirma Bravo (2003): “(…) es siempre una estrategia para quedar bien con el otro...” (pp. 101-102). Por tanto, la ironía manifestada como un objetivo primordial, una forma de suavizar la rudeza o descortesía del hablante frente a su oyente o como querer ser muy amable con quien lo escucha, trae a los interlocutores beneficio propio.

Por el contrario, si el efecto de la ironía es dirigido hacia la propia imagen, se hablará de una auto-ironía, donde se pretende conservar la imagen social y ser reconocido como es por los demás miembros del grupo, mientras que si el efecto es positivo lo usa como recurso lingüístico para integrarse en el grupo conversacional. Para Alvarado Ortega (2005):

Cuando la ironía tiene efecto positivo se distinguen dos variables: según se centre la ironía en el hablante o en la integración del mismo en un grupo, dando pie a la auto-ironía con efecto positivo y de imagen negativa o como elemento integrador a un grupo, resultando ironía con efecto positivo y de imagen positiva. (p. 44)

6.1.3 Estudios de descortesía. Es importante recordar que la descortesía verbal es un