1. Aproximación al concepto de ironía
1.3. La ironía desde otras perspectivas
La ironía ha sido tratada también desde otros puntos de vista no lingüísticos. Con el fin de alcanzar una mayor clarificación, se presentan aquí algunas de estas concepciones que se han formulado en torno a la misma.
Para Schlegel, la ironía es una interrupción del significado (apud De Man 1996:18). El problema de esta definición, según Hernández Sánchez (2002:66), es que la ironía amenaza con romper todo sistema y toda sistematicidad. Utilizando las palabras de De Man, “cualquier teoría de la ironía es la ruptura, la necesaria ruptura, de cualquier teoría narrativa”. Un postura conciliadora sería aquella que apuesta que la ironía es un caos, pero un caos sistemático.
El mismo Schlegel en su libro Poesía y filosofía (1800), versión castellana de 1994, ve en la ironía la forma de lo paradójico, la conciencia clara de la agilidad eterna, del caos y de su infinita plenitud. En su opinión, es una parábasis permanente. Y la filosofía es la auténtica patria de la ironía (apud Hernández Sánchez, 2002:65). De hecho, la ironía conlleva en sí una cierta actitud filosófica ante la vida y ante los demás. El hombre, al no poder enfrentarse a la realidad, se ríe de ella.
Por su parte, Jankelevitch (1982:142) analiza filosóficamente el fenómeno de la ironía manteniendo que “ironizar es comprender y ampliar el propio horizonte para absorber el carácter “esporádico” de la evolución y resolver las disonancias de la vida. En opinión de Deweese (2002), los críticos señalan el hecho de que la ironía es un proceso que pone de relieve la ambigüedad del mundo en que se vive y quizá sea ésta la razón por la cual la ironía mantiene su fuerza como proceso comunicativo.
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Otro enfoque de la ironía es el expuesto por el profesor Pere Ballart (1994). Este autor ha realizado un análisis psicológico de la figuración irónica en la literatura moderna en su ensayo “Eironeia” y ha llegado a la conclusión de que “la ironía es una modalidad de pensamiento y de arte que emerge sobre todo en épocas de desazón espiritual, en las que dar explicaciones a la realidad se convierte en un propósito abocado al fracaso. La orfandad existencial y moral en que Occidente se encuentra después de la caída del Antiguo Régimen explica el que la ironía se haya convertido en uno de los distintivos de la modernidad, si por este incómodo y voluble concepto se entiende la tradición de imaginación y pensamiento que inauguró el Romanticismo y que la entrada del siglo XX no hizo más que agudizar. Desde una perspectiva intelectual, si algo caracteriza a la era moderna es la pérdida del sentido unívoco de lo real” (apud Turpin, 2002).
Ironía es la actitud del distanciamiento del enunciador respecto a lo que se dice. Gil de Biedma, amigo del autor de un artículo con el título “La ironía en París”, llega a una sencilla pero precisa definición del término: ‘asumir una distancia entre lo que uno dice y el medio con que lo dice’, (Vila Matas, 2002). El irónico se siente superior a las cosas y a las situaciones, las mira desde arriba e ironiza sobre ellas. Veres Cortés (2002), por su parte, apuesta porque la ironía supone el ridículo del que hablaba Cicerón, un descreimiento de la realidad, una distancia que quizás las personas necesitan para soportar esa misma realidad. Pues, la realidad está llena de sutilezas y paradojas que la convierten en algo tan complejo que resulta imposible hacerse con ella.
La ironía es también una forma de hacer arte. Gombrowicz señala que la sinceridad y la verdad son algo muy detestable en la Literatura, mientras que Nabokov afirma que “la literatura es invención” (apud Turpin, 2002).
El escritor catalán Vila Matas (2002) identifica ironía con mentira. Para él, ser irónico es mentir. De hecho, asegura que no ha querido escribir en catalán, su lengua materna, porque ha querido practicar la ironía y escribir en catalán supone, para él, decir la verdad. Dice: “a la pregunta de por qué no escribo en catalán […] porque quiero practicar la ironía”. También se ha identificado ironía con falsedad,
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pensando que “en realidad la ironía no es más que hipocresía con estilo”. Esta aserción se basa, como bien se puede observar, en el origen etimológico del término griego, que significa “disimular” y, especialmente, “disimular que se ignora algo”.
De todo lo anteriormente expuesto se llega a la conclusión de que la ironía no es un fenómeno exclusivamente lingüístico; también es un fenómeno sociolingüístico, sociológico, fisiológico y filosófico. La ironía abarca un abanico de aspectos que serían difíciles de agrupar bajo una única definición. Habrá que dar muchas definiciones. Pero, también se demuestra que ninguna de las definiciones y caracterizaciones vistas hasta el momento consigue dar una respuesta definitiva a la pregunta qué es la ironía. En este sentido, cabe recordar las palabras de De Man cuando decía que iba a dar una definición de la ironía, pero que con ello no ayudaría a aclarar el caso. Aún así, todas las definiciones de la ironía son válidas, pero eso sí, todas incompletas. Cada autor entresaca de la ironía la definición que más le corresponde para su demostración.
En este sentido, esta investigación propone una definición de la ironía que podría ser útil para el objetivo de la misma. La ironía es un enunciado con doble sentido, uno literal y otro no literal al mismo tiempo, por el cual se presenta un pensamiento bajo la forma de otro con el que guarda relación y adecuado para volverlo más sensible y más impactante en un contexto favorable a la captación del sentido no literal a partir del significado literal.