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IRRADIA Y ATRAERÁS

Emerson había descrito esta ley de dar y recibir, o irradiación y atracción, cuando escribió, “Los grandes corazones envían constantemente las fuerzas secretas, que incesantemente producen grandes eventos” y, ¿quienes son los “Corazones grandes?” Esas personas que se

atreven a irradiar pensamientos y expectativas de éxito y prosperidad, en vez de fracaso, molestia y limitación. No hay nada grande, inusual o digno de alabanza acerca del fracaso, molestias y limitaciones. Cada uno puede experimentar esas cosas al seguir la línea de menor resistencia, al alimentar pensamientos constantes de fracaso, como se oye constantemente cada día.

Cuán a menudo se oye la queja; “Todas las cosas me suceden a mí. No puedo ganar para perder. Este es un mundo duro. El vecino está en Bancarrota”. Generalmente, este es el comienzo de una conversación

de experiencias desagradables del día, con críticas sobre el trabajo, los compañeros y familias, los gobiernos, líderes del mundo, guerra, crimen, enfermedades o tiempos difíciles, tiempos difíciles, tiempos difíciles.

Cada uno de nosotros usa la ley de irradiar y atraer, seamos o no conscientes de ellos. Pero, si deseas gozar de más prosperidad y éxito en la vida, tienes que ser consciente, atrevido y deliberadamente sostener sentimientos y pensamientos y dirigirlos hacia la prosperidad y el éxito. Depende de ti, es tuyo sólo, el atreverte a escoger e irradiar a través de tus

pensamientos, lo que realmente deseas experimentar en la vida, en vez de empantanarte en el fracaso y en las experiencias desagradable del momento. Estas condiciones pueden cambiar tan rápidamente como cambies tu modo de pensar acerca de ellas.

Un amigo con una empresa de relaciones públicas usó recientemente la ley de irradiación y atracción, con resultados maravillosos. Durante algún tiempo había deseado una cuenta de negocios fuera de su ciudad, y había hecho todos los esfuerzos razonables para obtenerla. Por fin, decidió irradiar mentalmente el deseo, con fuerza, audacia y

deliberadamente, sintiendo que de seguro, en tiempo oportuno recibiría, la cuenta o una más grande.

Se sentó y en quietud pensó acerca de la cuenta como si ya la estuviera manejando. En su pensamiento volvía sobre la cuenta y de qué modo serviría a los clientes en sus intereses si él tuviera que ver con relaciones públicas. Pensaba sobre la cuenta y de las personas involucradas en sus negocios por largo rato y con gran detalle, y decía una y otra vez: “NO ESTOY DESALENTADO, PERSISTO,

SIGO ADELANTE. HE

DETERMINADO OBTENER EL ÉXITO DEL MARAVILLOSO

MODO QUE DIOS SEÑALE PARA MÍ”. Luego, vino un sentimiento de paz en él, y descartó el asunto de su mente.

Unas semanas más tarde asistió a una convención en la cual una cantidad de sus clientes estaba involucrada. Mientras nadaba con algunos de ellos en una piscina de un motel, encontró a un señor con quien deseaba encontrarse desde hacía meses, y quien estaba a cargo de las cuentas fuera de su ciudad, allí mismo, en la piscina negociaron satisfactoriamente.

Cuando con alegría me contó él su experiencia, decía: “No hay duda que la ley de irradiación y atracción produce buenos

resultados”.

He observado al hablar con cientos de personas que han pasado del fracaso al éxito, qué es lo que pensamos con profundidad dentro de nosotros la mayor parte del tiempo, en vez de “pensar en grande” nosotros tenemos otros pensamientos que inconscientemente nos produce resultados similares. Hay una vieja máxima que dice: “Estamos donde estamos, porque somos lo que somos, y somos lo que somos, a causa de nuestro habitual modo de pensar”.

Muchas personas trabajan duro para atraer mayor bien en forma superficial, sin primero habituarse a irradiar su

equivalente mental, y luego se encuentran adoloridos y en desacuerdo al ver que sus grandes esfuerzos se convierten en fracasos.

Una vez hablé con una dama que sentía debería casarse; le sugerí la ley de irradiación y atracción. Después de explicarle que ella debería irradiar antes de poder atraer, le sugerí que orara e irradiara éstas ideas una y otra vez: “EL AMOR DIVINO QUE SE EXPRESA A TRAVÉS DE MÍ AHORA ME ATRAE TODO LO QUE NECESITO PARA HACERME FELIZ Y COMPLETAR MI VIDA”.

Un poco más tarde recibí comunicación de sus amigos de

que ella estaba trabajando fuertemente desde un ángulo de atracción, pero sólo estaba irradiando nada más que conversaciones telefónicas y algunas invitaciones a todos los hombres que le eran familiares. Más tarde, ella vino a contarme que su método de irradiar no le había servido. Gentilmente le recordé que ella no irradiaba el método de orar, que le había sugerido, sino que ella había irradiado el método del miedo. El método había trabajado al contrario porque ella había reversado el proceso.

Una viuda de mediana edad hace poco resolvió practicar el método de irradiación con el

mismo propósito. Mientras flotaba en una piscina y afirmaba silenciosamente una y otra vez: “EL AMOR DIVINO QUE SE EXPRESA A TRAVÉS DE MÍ, AHORA ATRAE HACIA MI CUANTO NECESITO PARA HACERME FELIZ Y LLENAR MI VIDA”. En ese momento oyó la voz de un señor llamándola desde la orilla de la piscina y preguntándole acerca del agua, a lo cual le aseguró que estaba deliciosa. Pronto, él estuvo en el agua y más tarde este hombre entró en su vida como su esposo.

LA PREPARACIÓN MENTAL

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