2.2.3.7 ¿Por qué algunos jóvenes consumen drogas?
2.2.4. Los medios de comunicación y la adolescencia
2.2.4.1. Jóvenes, drogas y comunicación.
Desde hace unos años se ha vuelto a instalar en España una cierta preocupación por los consumos de drogas y por los peligros que éstos pueden implicar para la sociedad en general, y para los jóvenes en particular. Preocupación que empezó a ser recogida por los medios de comunicación. Los profesionales de la comunicación eran conscientes del impacto de su trabajo, porque de qué y cómo se hable dependía en gran parte el posicionamiento del conjunto de una sociedad frente a un fenómeno. Y las drogas no eran una excepción en este sentido.
Surgieron informaciones acerca de los niveles de consumo de muchos grupos de la sociedad española, especialmente de grupos juveniles y adolescentes. Las drogas asociadas a los momentos de diversión, presentes en nuestra realidad cotidiana, han terminado por abrirse paso en los estilos de vida de muchos ciudadanos y, en muchos casos, han llegado a formar
“Estamos transmitiendo una imagen de la adolescencia tenebrosa, violenta, incontrolada y peligrosa. Eso no es verdad, pero puede acabar
parte de la conducta normalizada, sobre todo de la conducta que se desarrolla en los espacios de diversión. Y en los últimos años, los problemas derivados de los consumos de drogas han ido desapareciendo progresivamente de los medios de comunicación. Pero, paradójicamente, los datos nos indican que nos encontramos en el momento histórico en el que más drogas se consumen en España.
Sin embargo, tal y como afirma el director general de la FAD, Ignacio Calderón, “son problemas que se han metido debajo de la mesa, que la
sociedad -y los medios de comunicación- ya no ve con alarma y que, en definitiva, ya no preocupan en exceso más allá de las manifestaciones políticamente correctas. Las drogas han llegado a convertirse en un producto de consumo más, sintónico con los valores presentistas imperantes y cuyo uso en los tiempos de ocio está normalizado”, (FAD,
2005).
Surge entonces el I Foro de Jóvenes, Drogas y Comunicación en donde se aprecia una crítica constante y profunda hacia la labor que realizan los medios de comunicación en su conjunto, (Ministerio de Sanidad y Consumo, 2005, 12). Los podríamos resumir en los siguientes puntos:
• Superficialidad en el tratamiento del problema: Los medios no cumplen con su labor formativa ni con su función social.
• La mayoría de informaciones sobre consumos de drogas se refieren a muertes y delitos: Es decir, se da una primacía casi absoluta de la vertiente jurídico-policial y una escasa presencia de informaciones sobre el consumo en sí, que es el verdadero problema social.
• Se habla del problema de las drogas de forma genérica: Hay una escasez de reflexión que coincide con una visión estereotipada del mundo de las drogas.
• En algunas ocasiones los medios añaden un valor positivo a determinadas sustancias, especialmente el alcohol, con lo cual se dificulta que los jóvenes perciban el alcohol como una sustancia de riesgo. • Los medios, en general, carecen de periodistas especializados, lo que
se traduce en importante lagunas en la dimensión formativa sanitaria. • Y por último, existe una tendencia a asociar el binomio jóvenes-drogas
como una relación inevitable, lo cual condiciona la propia imagen que los jóvenes tienen de sí mismos.
Prevención de consumo de drogas como objetivo de las empresas de comunicación: Es importante resaltar también el importante papel preventivo que los medios de comunicación pueden jugar, tanto en el tratamiento adecuado de la información sobre drogas y drogodependencias, como en la difusión de servicios y programas preventivos. Por el contrario, la publicidad sobre el alcohol y el tabaco, la permisividad social o la aceptación del consumo por parte de la sociedad parecen tener una capacidad de influencia como factores de riesgo. Algo similar ocurre con la difusión de contenidos violentos o agresivos a través de los medios de comunicación. La especial influencia de la televisión en la difusión de este tipo de imágenes y escenas pueden promover el aprendizaje de conductas agresivas de diverso tipo, especialmente si estas conductas son exhibidas por personas o personajes con un importante peso afectivo para el grupo de adolescentes. La aparición frecuente de escenas violentas, especialmente en aquellos medios con una mayor capacidad de influencia, puede producir una mayor “tolerancia” social hacia la violencia (lo frecuente tiende a transformarse en lo normal), dando como resultado una desinhibición de este tipo de conductas. Todo esto nos lleva de nuevo a reflexionar acerca de la necesidad de poner al servicio de la prevención el enorme potencial que los medios de comunicación tienen a la hora de promover actitudes y conductas contrarias a las descritas.
En el I Foro Jóvenes, Drogas y Comunicación se definieron una serie de propuestas de actuación para conseguir establecer la prevención del consumo de drogas como unos de los objetivos de las empresas de comunicación. Estas propuestas las subdividieron en dos apartados, el conceptual y el técnico, (Ministerio de Sanidad y Consumo, 2005, 17). Las propuestas de actuación en el ámbito conceptual fueron las siguientes: Las empresas de comunicación y periodistas deben adoptar una actitud responsable y activa en el fomento de la “promoción de
valores educativos, formativos y preventivos”. Es preciso que los
periodistas posean los conocimientos necesarios para informar correcta y responsablemente sobre las drogas. Hay que “extremar la precaución en
todos los contextos informativos”, dado que indirectamente se pueden
estar asentando valores y actitudes poco favorecedoras del adecuado tratamiento informativo de los consumos de drogas. Deben evitar el trato de favor que se dispensa, por inercia o desconocimiento, a determinadas drogas (drogas lúdicas). Por ejemplo, el trato concedido a las drogas de síntesis que en numerosas ocasiones han sido representadas prácticamente como drogas inocuas, “casi virtuosas”, dado que generaban las energías necesarias para aguantar una diversión prolongada. Tienen que evitar las asociaciones inadaptados-drogas, marginados-drogas, rebeldes-drogas, clases dirigentes-drogas. Deben informar de los efectos negativos de las drogas, pero también de las actividades positivas, que instituciones y ciudadanos realizan para frenar su consumo y ayudar a los consumidores. Tienen que analizar los hechos desde todos los puntos de vista. No es suficiente la visión exclusivamente judicial y/o policial. Habría ocasiones en que podrían ser los jóvenes los mejores portavoces para comunicar mensajes a su propia generación. No se puede generar una imagen alarmista que afecte de manera global a la juventud. La mayoría de los jóvenes no son consumidores de drogas.
Las propuestas de actuación en el ámbito técnico periodístico fueron las siguientes: Que los periodistas usen adecuadamente el lenguaje y las expresiones relacionadas con los consumos de drogas. Utilizan vocablos cuyo significado inicial y connotaciones se han ido alterando: “Flipar”,
“alucinar”, etc. Deberían evitar la mezcla de datos procedentes de estudios
relevantes con otros de escasa relevancia. Deben adecuar la información y el modo de ser contada, incluido el lenguaje, al público afectado. En el caso de las informaciones referidas a jóvenes, deberían valorar como más cercana una información sobre los efectos inmediatos del consumo de drogas que los posibles daños que genera a largo plazo. Tienen que evitar que el paradigma del joven con éxito aparezca vinculado, ni siquiera eventualmente, con las drogas: Deportistas de élite que aparecen consumiendo alcohol en alguna celebración, estrellas musicales fumando distintas sustancias, actores en cuya biografía se destaca casi como un mérito el consumo habitual de determinadas drogas, etc. Y deberían incluir en las informaciones los problemas relacionados con los consumos de drogas: Violencia, accidentes, etc.
Propuestas de prevención específicas para televisión: En el I Foro Jóvenes, Drogas y Comunicación se establecieron una serie de propuestas de actuación específicas sobre televisión: Dadas las características intrínsecas del relato informativo en televisión (brevedad de las noticias, supresión de determinados datos contextuales, primacía de los elementos llamativos, etc.), consideran conveniente “aplicar otras fórmulas y esquemas narrativos
que contrarresten la posible superficialidad de determinadas informaciones sobre drogas”, (Ministerio de Sanidad y Consumo, 2005, 21). Existen
fórmulas como la elaboración de piezas o informaciones de apoyo que complementan una noticia, serie de pequeños reportajes para ser emitidos en un periodo determinado, creación de reportajes informativos de gran formato, etc.
Es también recomendable vigilar la eventual aparición de publicidad indirecta de bebidas alcohólicas cuya marca aparece en determinadas ocasiones como fondo en ruedas de prensa y entrevistas. Hay que vigilar el orden de emisión de la noticia para evitar el “efecto contaminación” o “efecto dominó” relacionado con la noticia anterior o posterior. Y en cuanto a las imágenes: Deben corresponderse con la noticia de la que se está informando. No se debe abusar de imágenes de archivo para hablar de drogas, y menos aún de imágenes macabras, sensacionalistas o de gran impacto visual. Hay que vigilar la emisión de imágenes en las que se asocian las drogas con la diversión o con el éxito. Y hay que evitar que la imagen refuerce otros estereotipos: Heroína- marginalidad, cannabis-normalidad, éxtasis-éxito laboral o social. Es preciso evitar los estereotipos de asociar determinados consumos con determinadas clases sociales, circunstancias coyunturales o status.
Propuestas de prevención específicas para prensa: Las propuestas de actuación sobre prensa que se establecieron en el I Foro Jóvenes, Drogas y Comunicación, (Ministerio de Sanidad y Consumo, 2005, 22), fueron las siguientes: Ofrecer informaciones más amplias y reflexivas. Establecer accesos, vínculos y otro tipo de recursos que permitan llamar la atención sobre determinados temas. Y en cuanto a la fotografía: Deben corresponderse con la noticia de la que se está informando. No abusar de fotografías de archivo para hablar de drogas, menos aún de imágenes macabras, sensacionalistas o de gran impacto visual. Vigilar la publicación de fotografías en las que se asocian las drogas con la diversión o con el éxito. Evitar que la imagen refuerce otros estereotipos: Heroína- marginalidad, cannabis-éxito laboral o social, etc. Es preciso evitar los estereotipos de asociar determinados consumos con determinadas clases sociales, circunstancias coyunturales o status. Del mismo modo, no cabe establecer visualmente como vínculo indisoluble el de la juventud con las drogas.
Propuestas de prevención específicas para radio: El relato informativo en radio, al igual que el televisivo, basado en la brevedad, implica a menudo un tratamiento superficial en el que priman los elementos más llamativos. Por este motivo, el I Foro Jóvenes, Drogas y Comunicación considera conveniente animar a los editores y presentadores de los informativos más extensos (habitualmente los nocturnos) a dedicar periódicamente (una vez a la semana o cada quince días) “un espacio específico que aborde con
mayor reflexión y profundidad las informaciones relativas a los consumos de drogas”. (Ministerio de Sanidad y Consumo, 2005, 23).
Propuestas de prevención específicas para publicidad: Teniendo en cuenta que la publicidad tiene una destacada presencia en los soportes informativos, es interesante y oportuno destacar una serie de consideraciones que el I Foro Jóvenes, Drogas y Comunicación hace sobre la publicidad: Empresas de publicidad y anunciantes están capacitados para trabajar en la idea de “incrementar los compromisos éticos con el objetivo
de que las campañas publicitarias no favorezcan la normalización del consumo de sustancias adictivas por parte de los jóvenes”. (Ministerio de
Sanidad y Consumo, 2005, 23).
Se propone extremar la precaución en el lenguaje audiovisual y en los valores implícitos y explícitos que promueven los anuncios publicitarios. Se propone también que los patrocinios de alcohol y/o tabaco no aparezcan asociados a actividades deportivas o a determinados personajes-icono para la juventud. Y por último, se pretende que las empresas de publicidad, anunciantes y cadenas de televisión estudien la posibilidad de que en las franjas televisivas destinadas al público infantil y juvenil se inserte algún elemento gráfico (logo) que muestre el rechazo al consumo de drogas.