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Jesús en Cachemira

In document JESÚS MURIO DE VIEJO (página 144-150)

Si después de su crucifixión Jesús vivió durante un tiempo prolongado en Cachemira, deberían existir rastros en alguna parte de la antigua literatura hindú. Dado que se cree que el Mesías murió pasados los ochenta

años en la ciudad de Srinagar, los treinta o cuarenta años de su vida trans- curridos desde los episodios en Palestina deberían haber encontrado su tes- timonio en alguna forma.

El problema es que los escritores hindúes de la antigüedad sentían una gran aversión hacia toda influencia extranjera sobre su cultura. Así, por ejemplo, la invasión de Alejandro el Grande, que tuvo tanta importancia y consecuencias para el país, no dejó un sólo testimonio escrito de origen hindú, y los indólogos coinciden en que, antes del asalto islámico a la India, no existía una historiografía sistemática.

Los antiguos libros de los hindúes se llaman Purána o Puránas (antiguas obras de relatos) y han sido, acorde con su nombre, ampliados cada tanto mediante "historias" complementarias. Ese sistema de ampliación se practicó desde el siglo IV ó V a.C, hasta bien entrado el siglo XVII.(1) La colección completa comprende actualmente dieciocho tomos, y el noveno tomo, llamado "Bhavishyat-Maha-Purana" , informa en un complemento que data del siglo V sobre las circunstancias de la llegada de Jesús a la India. La descripción es tan clara que no queda ninguna duda de quién se trata. El Purana cuenta que se habían establecido colonias israelitas y en los versos 17-32 menciona la aparición de Jesús (véase la foto de pág. 138):

"Shalivahan, quien fuera el nieto de Bikrama Jit, se hizo cargo del gobierno. Él batió a las hordas atacantes de chinos, partos, escitas y baetrianos. El estableció una frontera entre los aryan y los mleacha (no hindúes), y ordenó a los últimos retirarse hacia la otra ribera del Indo.

El texto del Bhavishya Maha Purana (aquí en una traducción más reciente), que confirma la presencia de Jesús en Cachemira.

Un día, Shalivahan, el jefe supremo de los sakyas, se fue al Himalaya. Allá, en el país de los hun (Ladakh, que pertenecía entonces al imperio Kushan), el poderoso Rey vio a un hombre de buen agüero sentado junto a una montaña. El tenía la piel color claro y estaba vestido de blanco.

"El Rey preguntó al Santo quién era. El otro le contestó: Me llaman un hijo de Dios, nacido de una virgen, predicador de los infieles, buscador constante de la verdad.

Entonces el Rey le preguntó: ¿Cuál es tu religión? El otro respondió: Oh, gran Rey, vengo de un país muy lejano, en el que ya no existe la verdad y donde el mal no tiene límites. En aquel país de los infieles aparecí como el Mesías. Empero, la diosa 'Ihamasi' de los bárbaros (dasyu) manifestóse en una imagen terrible; me ofrendaron a ella al modo de los infieles y llegué a la región de Ihamasi. Oh, Rey, escucha la religión que ofrecí a los infieles; tras la rectificación de nuestro ser y la purificación de nuestro cuerpo impuro y después de acogerse en las oraciones del "naigama", el hombre venerará a lo Eterno. Con la justicia, la verdad, la meditación y la unidad del espíritu, el hombre encontrará el camino a Isa, en el centro de la luz. De tal manera, Dios, quien está tan firme como el sol, terminará siempre por reunir en sí el espíritu de todos los seres extraviados.

De esta manera, oh Rey, "Ihamasi" será destruida; y la bienaventurada imagen de Isa, el dispensador de la bienaventuranza, quedará para siempre en el corazón, y a mí me llamaban "Isa-Masih" . Cuando el Rey hubo escuchado estas palabras, tomó al maestro de los infieles y lo colocó en el despiadado país de los infieles."

Lo más importante de esta historia, parcialmente traducida en forma literal, es que ese "maestro de los infieles" se llama a sí mismo "Isa- Masih ", lo cual significa, ni más ni menos, "Jesús, el Mesías".

La diosa "Ihamasi" parece representar en forma genérica todo lo malo y la maldad en sí misma, pero no ha sido posible hallar esta palabra en otra parte de la literatura hindú. En cuanto a "naigama", designa en apa- riencia alguna escritura santa, aunque su significado tampoco pudo ser confirmado por ninguna otra referencia.

Según el profesor Hassnain, el rey Shalivahan reinó en el período Kushan (o Cushan) del año 39 al 50 d.C.

Otro indicio de la presencia de Jesús en el Himalaya es una tumba que el profesor Nicolás Roerich menciona en su obra The Heart of Asia,

publicada en el año 1930. Esta tumba se encuentra al norte de Ladakh, en la vecina provincia tibetana de Sinkiang (hoy Yinjian, en China), unas seis millas distante de la capital provincial Kashgar; es atribuida a una María, integrante de una comunidad de seguidores de Jesús. El apócrifo Evangelio de Felipe nombra a tres mujeres que, tras la crucifixión, no se alejan del lado de Jesús. Las tres se llaman María: su madre, la hermana de ésta (¿la esposa de Clofás?) y María Magdalena, a la cual "llaman su compañera". Por lo tanto la tumba de María en Kashgar podría tener un origen histórico real.

Es difícil imaginar que Jesús permaneció en un solo lugar durante su vida en la India. Es casi seguro que, siendo como era un inquieto y nómade predicador ambulante, iba de pueblo en pueblo, mientras su salud se lo permitió. Sin embargo existen múltiples datos que hacen suponer que él regresaba siempre a Cachemira.

A unos 60 km. al sudeste de Srinagar y a 12 Km de Bijbihara (el lugar de "la piedra de Moisés") se encuentra una montaña en la que hay

El supuesto bastón de caminante de Jesús, guardado como reliquia valiosísima en la cueva de Aish-Muquam.

una cueva de 12 m de profundidad, alrededor de cuya entrada se construyó un magnífico edificio. El nombre de este santuario es "Aish-muquam".

El edificio, parecido a un templo, contiene el armario de reliquias de Zainudin Wali, un santo islámico que vivió en la cueva durante el reinado del sultán Zainul Aabidin Budsha (1408-1461). Ese santo tenía como su propiedad más preciada un bastón de caminante, regalo del Shaikh Noor Din Wali. Los cuidadores de la tumba custodian con celo increíble a ese bastón, considerado como una valiosísima reliquia a la que se mantiene siempre cubierta con un paño verde. Cuando los creyentes de la región se ven amenazados por grandes penurias o enfermedades contagiosas, peregrinan hacia Aish-muquam y esperan la ayuda del poder de esta vara milagrosa. La vara tiene 2,5 m de largo y su diámetro es de unos 2,5 cm. De color marrón oscuro y madera de olivo, llaman a este bastón la Vara de Moisés o la Vara de Jesús. Los que la veneran están firmemente convencidos de que perteneció primero a Moisés y le sirvió de apoyo en su camino a Cachemira. Después la habría usado Jesús como señal de su sucesión mosaica y la continuación de su misión. Al principio guardaban la vara en Khangahi Moulla (Srinagar), pero luego recibió un digno lugar en Aish-Muquam (véase la foto en la pág. 140).

El nombre de Aish-Muquam podría originarse en Jesús. Según estas explicaciones, "Aish" se derivaría de Isha-Isa, y "Muquam" significa algo así como un lugar de parada o de reposo. Esta interpretación permite la conclusión de que esta solitaria cueva sirvió alguna vez a Jesús para retirarse y dedicarse a una larga pausa de meditación. Por supuesto hoy en día resulta imposible demostrar que tales tradiciones se basan en hechos reales.

Una página de la obra de historia de Mullah Nadiri, que data del año 1413.

Mucho mayor que la tradición oral es la fuerza probatoria de los testi- gos pétreos que lograron sobrevivir a las turbulencias de los siglos. Uno de los testigos pétreos de la presencia de Jesús en Cachemira es una inscripción en el Trono de Salomón que se refiere a Jesús. Durante el gobierno del sultán Zaimul Aabidin, en el año 1413, el historiador Mullah Nadiri se refirió a este "trono".

En su libro sobre la historia de Cachemira (Tarikh-i-Kashmir) infor- ma que Gopananda, el hijo del Rajah Akh, quien reinaba en Cachemira bajo el nombre de Gopadatta, ordenó restaurar el Templo de Salomón (que a comienzos del siglo I tenía la respetable edad de 1000 años); este trabajo se realizó bajo la supervisión de un arquitecto persa. Los hindúes se dieron cuenta de que el persa era un infiel que profesaba una religión extraña. Durante los trabajos de restauración se grabaron en los muros de la caja de la escalera cuatro inscripciones en persa antiguo cuyos textos son (véase la foto de pág. 45):

1. “Maimar een satoon raj bihishti zargar, sal panjah wa challar". (El constructor de esta columna es el humildísimo Bihishti Zargar. en el año 50 y 4)

2. "Een satoon bardast khwaja rukun bin murjan".

(Khwaja Rukun, hijo de Murjan, mandó construir esta columna)

3."Dar een wagat yuz asaf dawa-i-paighambar-i mikunad. Sal panjah wa chahar".

(En este tiempo proclamó Yuz Asaf su misión profética. En el año cincuenta y cuatro)

4. "Aishan yuzu paighambar-i-bani israil ast". (Él es Jesús, profeta de los hijos de Israel)

Después el historiador Mullah Nadiri sigue escribiendo: Durante el tiempo del reinado de Gopadatta llegó Yuz Asaf, procedente de Tierra Santa, a este valle y anunció que él es el profeta. Él bendijo las alturas de la devoción y de la virtud y declaró que él mismo es el mensaje, día y noche en Dios, y que él hizo que el pueblo de Cachemira pueda llegar a Dios. Él llamó al pueblo hacia sí y la gente del valle creyó en él. Cuando los hindúes se presentaron con quejas ante Gopadatta, solicitándole tomar una decisión, éste los rechazó.

También leí en un libro de los hindúes que este profeta es realmente Hazrat Isa, el Espíritu de Dios (La paz y el saludo de Dios esté con él), y él había asumido el nombre de Yuz Asaf. El verdadero saber es con Dios. Él pasaba su vida en este valle.

Después de su ida, lo colocaron en el Mohalla Anzimarah para que descanse en paz. También se dice que la luz de la profecía se irradia del se- pulcro de este profeta. El rey Gopadatta reinó 60 años y 2 meses antes de morir. Después de él llegó su hijo Gokarán al trono y reinó 58 años (Takht-i- Kashmir, pág. 69).

El rey Gopadatta comenzó a reinar en Cachemira en el año 53. El año indicado —54 del reinado del Raja Gopadatta— corresponde al año 107 de nuestra cronología. Esto quiere decir que su reinado coincidió con el del emperador Kanishka, de la dinastía Kushan. El texto no revela si en aquel momento Jesús vivía aún.

En total, hasta ahora se conocen veintiún documentos históricos dis- tintos que certifican la presencia de Jesús en Cachemira. También los nombres de lugares y pueblos en Cachemira ofrecen un testimonio geo- gráfico indudable. Tales nombres son, por ejemplo:

Arya-Issa-Brari; Yuzu-dhara; Yuzu-dha; Yuzu-gam; Yuzu-hatpura; I- yes-Issa; Yuzu-kun; Issa-kush; Yus-mangala; Yuzu-maidan; Yus-marg; Yuzu- para; Yuzu-raja; Issa-Ta; Yuzu-varman; I-yes-th-Issa-vara; Yusu.

En la época en la cual Jesús vivía en Cachemira, el "valle feliz" era el centro de una gigantesca renovación espiritual, religiosa, cultural y política. El reino de Cachemira constituía el centro del enorme imperio Indo-Escita, cuyo gobernante, durante la segunda mitad del siglo I, fue el gran príncipe de la dinastía Kushan, Kanishka I (78-103 d.C). Kanishka fue un extraordinario estadista y un gobernante bondadoso y sabio que intentó unificar la gran cantidad de razas que convivían en su país a través de una política tolerante y progresista. El enlace entre la cosmovisión de la India y la griega encontró su apogeo en la cultura Gandhara. El centro espiritual de esta unión intercultural era la famosa universidad de Taxila.

Kanishka basaba sus ideas y proyectos en el budismo y buscó consejo y enseñanza entre los monjes budistas. Pero le molestaban las distintas escuelas y sectas que se habían formado en el transcurso de los 500 ó 600 años anteriores, y por eso, según el consejo del filósofo "Parshwa", convocó al Concilio de Harán (Harwan), al que acudieron más de 1500 sabios budistas. El Concilio de Harán, en Cachemira, fue el cuarto que, tras 300 años, se hacía necesario para lograr que el todavía joven Mahayana pudiese convertirse en una religión aceptada masivamente por el pueblo. Los establecidos maestros del Hinayana se resistían a compartir sus privilegios con la mayoría de la población e intentaron en el concilio una última oposición, pero fracasaron, y así el Concilio de Harán plasmó la reforma que convirtió al budismo en una religión popular. Las condiciones geográficas locales —Harán dista 12 km. de Srinagar— permiten suponer que quizá Jesús pudo asistir a este concilio y hasta es posible que le haya tocado

jugar un papel importante(véase la foto de pág. II).

El resultado del concilio impresionó al rey Kanishka y los participan- tes se ganaron su respeto. El rey se convirtió al budismo, se apartó de la in- fluencia mundana y transfirió la administración de su reino a la comunidad de los monjes budistas cuyo jefe era el filósofo Nägardjuna.

La obra Raja Tarangininos ofrece otro testimonio sobre la presencia de Jesús en Cachemira. Este escrito en versos es una historia de Cachemira, redactada en el siglo XII por Pandit Kalhana, en idioma sánscrito. Para esa época constituye lo más cercano a un verdadero libro de historia. Compendia numerosas narraciones legendarias transmitidas desde la antigüedad por tradición oral. Los hechos o datos históricos han sido, en el transcurso de las generaciones, algo distorsionados y el verdadero núcleo de las historias ha recibido más de un agregado para embellecer el relato correspondiente. En ese "Raja Tarangini" se habla de un beato que realizó milagros muy similares a los hechos por Jesús. El nombre del Santo es "Isana". Ese Isana habría salvado al influyente hombre de Estado "Vazir" de morir en la cruz y lo habría despertado de nuevo a la vida. Después Vazir se convirtió en gobernante de Cachemira y reinó 47 años. Según Kalhana, ese beato "Isana" fue el último reformador en Cachemira, y el período de su acción corresponde al primer siglo de nuestra era. La conclusión más lógica es que aquel santo Isana no fue otro que Isa-Jesús.

La tumba de Jesús en

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