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Jesús Eucaristía: culmen del encuentro con Él 143 Si bien, en las pequeñas meditaciones del tiempo de Navidad, objeto de estudio de este trabajo no se emplea la

TOTAL ALUSIONES

3.1. ALEGRÍA CRISTOLÓGICA: trato íntimo con Jesús.

3.1.7. Jesús Eucaristía: culmen del encuentro con Él 143 Si bien, en las pequeñas meditaciones del tiempo de Navidad, objeto de estudio de este trabajo no se emplea la

palabra la Eucaristía, propiamente dicha, sino algunas palabras alusivas144. No puede desconocerse que esta cuestión es de vital importancia, pues se trata de la ―fuente y cima de toda la vida cristiana‘ (LG 11), y el centro de la espiritualidad de las Hermanas del Niño Jesús Pobre145.

Por esta razón, en este numeral se hará la presentación en cuatro momentos:  una concreción con respecto a la espiritualidad de la Congregación,  la comprensión de la Eucaristía que tenía la Madre Clara,

 medios para vivir la comunión,  los frutos que de ello se derivan.

En primer lugar, en cuanto al espíritu que mueve a la Congregación, es bueno aclarar que en el estatuto vigente para 1981 la alegría de poseer a Jesús se coloca al mismo nivel que el espíritu de la simplicidad infantil, que ha de determinar la actitud con respecto a Dios y a los hombres. Desde ahí puede entenderse que la vida en la presencia de Dios, sea comprendida posteriormente como consecuencia del espíritu de alegría. Mirar a Jesús, querer ser cada vez más uno con Él, tiene como consecuencia dirigir la mirada hacia Dios. No obstante, deberá entenderse la alegría más bien como fruto de la vida con y en Dios146, es decir, de vivir el Manete In Me147.

Para la Madre Clara, la forma de alcanzar este gran ideal de vivir en la presencia de Dios era evidente. ―Tan íntimamente debemos estar unidas al Señor y esto por la fuerza de su

143 En las pequeñas meditaciones para el tiempo de Navidad la Madre Clara se refiere a la Eucaristía usando tres palabras: ―sacramento‖ (5 veces), Cordero (8v.), Pan (6).

144 Ya para entonces se estaba reforzando la fuerte devoción a la Eucaristía. Ver 2.2.2.2

145 ―La Madre Clara sacó su fuerza sobre todo de la Eucaristía. En ella experimentó el amor de la Palabra hecha carne y su cercanía consoladora. La comunión era para ella el eje de su permanente diálogo con el Señor.‖ Regla de Vida. Redacción de 1982. Art. 75

146 Cfr. Ensayo de una visión crítica retrospectiva en Nuestra Regla de Vida. Origen y desarrollo. Hna. Clara Ángela Kempen P.I.J. julio 1981. Simpelved. Pág. 15 TIENE EN TOTAL 27 PÁGINAS.

147 Manete In Me, significa: permaneced en mí. Resume la espiritualidad de la Congregación de las hermanas del Niño Jesús Pobre, y es la inscripción que lleva su medalla.

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Sacramento. Por Él habita el Señor en nosotras y nos llena de vida.‖148 De ahí que sean

incontables las meditaciones, conferencias, amonestaciones y cartas donde desarrolle esta idea y la ponga en diálogo con la vida comunitaria y el apostolado, pues no concebía permanecer delante del Señor, si no era desde la comunión con Jesús. Ella ―bajo la dirección del Padre Sartorius, buscaba la cercanía permanente de Dios en el misterio de la Eucaristía, lo que ella llamó sencillamente ―La práctica‖149.

En segundo lugar, veamos la comprensión que tiene la Madre Clara de la Eucaristía. Haciendo uso del lenguaje eclesial, podemos afirmar que entiende este sacramento como: banquete, sacrificio y anticipación de la gloria celestial. Ahora bien, por tratarse de un eje temático transversal a la alegría cristiana, estos tres aspectos se expondrán en los apartados 3.2., 3.3., 3.4, respectivamente. Y a continuación trataremos brevemente la Eucaristía en relación con la encarnación.

Consideremos lo que significa Emmanuel y el amplio significado que esta

palabra tiene para nosotros. Emmanuel significa Dios con nosotros. (…) ¡Oh

dulce palabra! Dios con nosotros por su encarnación. Dios con nosotros por su presencia continua en el Santísimo Sacramento. Dios con nosotros a cada hora, en cada instante. Dios con nosotros en todas partes y en todos los lugares. Dios con nosotros en la vida y en la muerte. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios nos ha visitado el Sol que nace de lo alto (Lc 1, 78) y ahora es Dios con nosotros.150

Sin duda alguna, para ella la Eucaristía era la concreción del misterio de la encarnación pues una vez ha muerte Jesús en la cruz, su presencia real queda en este sacramento. Por él verdaderamente se puede afirmar que no se ha ido, permanece ―con nosotros‖ y ―en

148 Fey, Clara. Pequeñas meditaciones, tomo III, 1846, pág. 230.

149 ―La Práctica‖ es el estilo de vida espiritual, mediante el cual la persona hace pequeños ejercicios durante todo el día para conservar la mirada puesta en Jesús. La Madre Clara decía que por medio de prácticos recursos, como por ejemplo el timbre de la puerta, el teléfono, la puesta de sol, las estrellas, y otros que cada uno puede buscar, se traía a la mente la presencia de Jesús y por ello, le ―lanzaba‖ un pensamiento de amor. 150 Meditaciones II, pp. 20-22

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nosotros‖. Pero así mismo, sin encarnación no habría posibilidad de la comunión con Cristo desde la Eucaristía. Ella exhortaba constantemente a sus hermanas a que gustaran del misterio de la revelación del Señor en el tríptico: nacimiento, muerte y resurrección expresada en la Eucaristía:

“¡Amémosle como a nuestro Rey! ¡Amemos su pesebre, su cruz, su

Sacramento! ¡Que estas tres palabras tengan para nuestros labios la dulzura de la miel, para nuestro oído la más suave armonía y para nuestro corazón superabundancia de júbilo! ¿Acaso no es allí donde Él nos manifiesta un

amor que apenas suponemos y que no comprenderemos jamás?” (1.11.8)

Así, el Padre envió a su Hijo por Amor, y Jesús, a su vez, entregó su vida libremente, por amor. Un amor que resulta difícil entender y por eso lo único que se puede hacer es acoger y corresponder.

En tercer lugar, detengámonos en los medios para vivir la comunión. La Madre Clara tenía la certeza que ―Nuestro Señor continúa su vida oculta entre nosotros en su Sacramento de Amor. ¡Si deseáramos haber estado entonces en el templo de Jerusalén, alegrémonos

porque entre nosotras habita el mismo Señor!” (1.20.4) La fe en la presencia real de Jesús en la Eucaristía es el primer paso para poder vivir la comunión con el Señor.

La disposición de corazón es un segundo aspecto para que Jesús pueda entrar y hacer morada en cada uno: ―Hagamos hoy otra vez el firme propósito de ir al Santísimo Sacramento en todo y con todo y allí a los pies del Señor, abrirle nuestro corazón y

confiarle todo. Entreguémonos a Él totalmente.‖151 De ahí que con frecuencia dirigiera su

mirada al Señor presente en el sagrario152 e insistiera en aumentar el número de visitas al Santísimo Sacramento, pues reconocía que era la forma como se iba configurando, poco a poco, con el Señor. En Él estaba puesta toda confianza.

151 Fey, Clara. Conferencias, tomo V, 04 de junio de 1861. Pág. 80 – 82 152 Regla de vida. Redacción de 1982. X.

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Otra forma, era conversar con Él durante las tareas, pues ―tan pronto como recibimos la Sagrada Comunión Jesús nos sale al encuentro en el camino de nuestra vida. Allí conversa con nosotras, nos consuela e instruye. Si le hablamos confiadamente nos dará a conocer su voluntad, nos encomendará a veces éste o aquel asunto o nos confiará los deberes de

nuestra profesión.”153 Por ello, acercarse constantemente al Señor y alegrarse cada vez más de su santa presencia, debe ser tarea de todos los días en cada instante, principalmente cuando parece que no tenemos tiempo por las ocupaciones.

Como cuarto y último aspecto, veamos cuáles son los frutos de la vida eucarística. Desde el momento mismo de comulgar, se goza de la recepción de muchos dones, el propio Jesús dijo: ―Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí.‖ (Jn 6, 57). Por eso, ―regocijémonos considerando que toda

nuestra vida, (…) todo cuanto somos y tenemos, tiene su fuente en este Pan Celestial.

Regocijémonos de que no podamos vivir sino por Él‖ ya que sin Él nada podemos hacer. Él

es nuestra vida.

Por la santa comunión nos unimos tan estrechamente con Él que nos convertimos a la vez

en un mismo cuerpo del cual Cristo es la cabeza.‖154 De tal manera, que cuando el

sacerdote afirma: ―Cuerpo de Cristo‖ y la persona responde ―Amén‖, está aceptando, en primer lugar, ser uno con todos los hermanos que comulgan. Pero en segundo lugar, se compromete a ser también Cuerpo de Cristo para los demás, hacer realidad las palabras del Señor en el lavatorio de los pies: ―vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros‖. De esta manera se asume la dimensión joánica de la Eucaristía: ser para los demás, como Jesús lo fue para nosotros.

Finalmente, quien ha escogido al Señor como su único Tesoro, encontrará la alegría, pero no la alegría mundana, sino aquella que brota de la profunda paz del corazón. ―Si una persona llega hasta el punto de que no busque nada y no desee nada más que el Señor,

153 Fey, Clara. Pequeñas meditaciones, tomo IV, 23 de octubre de 1846. Pág 90 – 91. 154 Pequeñas meditaciones, tomo IV, 10 de agosto de 1847.

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paulatinamente se convertirán esta paz y esta alegría en su posesión.‖ 155 Y si durante el

día “están alegres, acudan a este Pan, ¡Reciban fuente de la más viva alegría; regocíjense

en el Señor! Sí, sean felices ya que enteramente tienen razón para regocijarse.‖156Él es la

salud, la vida y la dicha (1.5.1).

En suma, para la Madre Clara, Jesús mismo, es la alegría, la felicidad de todo creyente que pone su vida en las manos divinas y lo busca de todo corazón (Sal 119, 10). Su precioso nombre, así como el pesebre, la cruz y el sacramento de la Eucaristía, invaden la vida de alegría por tanto amor derramado. Nada fuera de Él es posible. De esta manera, Cristo ha de ser el centro de todo cristiano, para que siendo iluminado, colmado y sostenido por Él, dé frutos abundantes de alegría y amor. El encuentro personal y la celebración eucarística serán el camino para lograr una vida en su presencia.

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