• No se han encontrado resultados

JORGE RODRIGUEZ

In document El pueblo antioqueño (página 167-176)

Ahora, cuando va a celebrarse el IV centenario de la fundación de la noble ciudad de Santa Fé de Antioquia, cuna de la raza antioqueña, no son extemporáneas algunas consideraciones demográficas que muestren el desarrollo y las principales características de este pueblo nuestro.

Solicito de mis oyentes un poco de atención y un mucho de benevolencia, pues bien sé que estas cuestiones de estadística, erizadas de cifras, son de suyo áridas y de seguro poco amables para la mayoría de mi auditorio.

Veámos, en primer término, cuál ha sido el desarrollo de la raza antioqueña, tomando para ello como base algunos censos de población, espaciados entre sí alrededor de 30 años:

1.778 46.446 habitantes 1.808 110.662 habitantes 1.843 189.534 habitantes 1870 74 habitantes

1.905 877.421 habitantes (Antioquia y Caldas) 1.938 1.958.555 habitantes (Antioquia y Caldas)

Se deduce de estas cifras que la población antioqueña se multiplicó por 42 en el transcurso de 160 años. Cierto es que en el dato del último censo se incluyen los extranjeros (apenas 5.081) y algunos habitantes procedentes de otras secciones del país, pero son muy pocos y, en cambio, ¿cuántos antioqueños habrá fuera de los departamentos de Antioquia y Caldas?

La población de Antioquia representaba en 1778 el 5.5% de la Colombia, en 1870, el 13,5% (excluyendo a Panamá), y en 1938 la de los departamentos antioqueños alcanza ya al 22,6% de los habitantes del país. Y, si se tiene en cuenta la emigración de la raza antioqueña, me quedo bajo si asevero que de ella proviene, por lo menos, el 25% de la población de Colombia. En otros términos: la población antioqueña era, aproximadamente, la vigésima parte de la del país en 1.778, la séptima parte en 1870, y es más de la cuarta parte en la actualidad.

Ese rápido crecimiento, que duplica la población en el transcurso de 28 años, se debe a la elevada fecundidad de la raza, de que hablaré adelante.

Con respecto a los sexos, la población antioqueña se descompuso así, en el último censo:

Hombres Mujeres

Caldas 395.150 374.818

Da suerte que en Antioquia hay un excedente de 36.311 mujeres, en tanto que en Caldas, al contrario, el excedente es de 20.332 hombres. Tan notable diferencia proviene, sin duda, de la emigración del primer departamento al segundo, pues sabido es que en ella predomina el elemento masculino. Tomados en conjunto los dos departamentos antioqueños, se encuentra casi un completo equilibrio en los sexos, pues no llega a 2% el excedente de mujeres (1.016 mujeres por 1.000 hombres).

En cuanto a su estado civil, los habitantes mayores de 15 años de los dos departamentos antioqueños se distribuyeron en la siguiente proporción, en 1938:

Solteros 47,9%

Casados 45,2%

Viudos 6,9%

Si se exceptúa Boyacá, ningún otro departamento de Colombia tiene tan alta proporción de casados. A ello se debe, en parte, el que en Antioquia y Caldas se registren los más bajos porcentajes de hijos ilegítimos en el país.

Otra clasificación importante es la de los habitantes por edades. Me haría muy largo si entrara en detalles a este respecto y me limitaré, por lo tanto, a unas pocas consideraciones.

Debido a nuestra alta natalidad, predomina en los departamentos antioqueños el elemento joven: el 30% de sus habitantes lo constituyen menores de 10 años, y más de la mitad de la población es menor de 19, porcentajes muy altos comparados con los de otros lugares.

En el último censo se registraron 314 centenarios en Antioquia, y 186 en Caldas. Del total eran 142 hombres y 358 mujeres. Cifras estas un poco inciertas, por la tendencia que tienen los ancianos de aumentarse la edad, orgulloso de su longevidad. Enteramente lo contrario de lo que pasa con las mujeres de cierta edad, cuya maní innocua y pueril de disminuírse los años a nadie engaña.

Según el censo de 1938 había en Antioquia y Caldas 438.566 hombres mayores de 21 años (250.686 y 187.880, respectivamente), en su totalidad con cédula de ciudadanía, pues en las elecciones para consejeros municipales de 1939 había un total de 431.520 cedulados. Los 7.000, en números redondos, sin cedular corresponden a unos 5.000 extranjeros y a colombianos que carecían de derechos políticos. Tan alto número de sufragantes explica la influencia política de los departamentos antioqueños en los destinos del país.

Si se acepta, con algunos autores, que la población activa es la de edad de 15 a 60 años, los habitantes de los dos departamentos se descomponían así, en 1938, por cada 1.000 habitantes:

Población activa 529

Población inactiva 471

De donde se deduce que cada 1.000 habitantes de 15 a 60 años tienen que atender a la subsistencia de 891 inactivos (niños y ancianos), cuando en Europa, antes de las últimas guerras, las cifras análogas eran muy inferiores, variando entre 641 en Francia y 808 en Irlanda. La necesidad de atender a numerosa familia es, sin duda, un factor importante en la idiosincracia del antioqueño, como trabajador incansable en la lucha por a vida.

El 72% de las habitantes de Antioquia y el 68% de los de Caldas constituyen la población rural, considerándose como urbana la que reside en núcleos de más de 1.500 habitantes. La proporción de la población rural es, próximamente, la misma de la república en conjunto.

De acuerdo con la clasificación del último censo, en cuanto a las ramas de actividad económica, próximamente la mitad de los habitantes de Antioquia y Caldas constituyen la población activa, que se reparte así:

El 79,8% en la producción primaria (agricultura, ganadería, minería, etc.); El 8,3% en las industrias de transformación;

El 8,3% en los servicios (transportes, comercio, instrucción pública, fuerza pública, etc.); El 0,5% en profesiones liberales; y

La población inactiva la constituyen los niños, los estudiantes, las mujeres de casa que no devengan salario, los asilados, etc., y representa, como ya lo dije, la mitad de la población antioqueña.

Otra característica de nuestro pueblo en su unanimidad en materia religiosa. En el censo de 1938 apenas se registraron 1.527 habitantes no católicos en los departamentos de Antioquia y Caldas, es decir, menos del uno por mil de la población total. Y no hay que olvidar que en los dos departamentos residen un poco más de 5.000 extranjeros.

También se distingue la raza antioqueña por su marcado interés por la instrucción pública. Antioquia y Caldas son en el país los departamentos de mayor porcentaje de alumnos respecto a la población, y, correlativamente, los de menor proporción de analfabetos. Según el censo de 1928, en los habitantes mayores de 10 años eran analfabetos el 28,1% en Antioquia y el 25,4% en Caldas, cuando en Colombia, en conjunto, el coeficiente análogo de analfabetos fue el 43%, y hay departamentos en los cuales excede el 60%. Con todo, la proporción de analfabetos entre nosotros es muy elevada y de allí que se requiera, todavía, una mayor ampliación en la instrucción elemental. Por fortuna, el analfabetismo viene reduciéndose de censo a censo, lo que se debe a la difusión de la enseñanza primaria, y a que vamos descargándonos de los viejos iletrados, a quienes tocó levantar cuando esa enseñanza estaba menos extendida. Aunque nuestro porcentaje de analfabetos es elevado, resiste favorablemente la comparación con el de otras regiones: es más bajo que favorablemente la comparación con el de otras regiones: es más bajo que los de todos los países de la América Latina, excepto la República Argentina, y que los de algunas naciones europeas, como España, Portugal, Rusia, Polonia y Yugoeslavia.

Cierto es que los estudiantes de las escuelas primarias de Antioquia y Caldas, aun siendo numerosos, apenas alcanzan a la mitad de la población de edad escolar –de 7 a menos de 15 años-. Pero, como lo observé y a en otra ocasión, eso no quiere decir que la mitad de los niños que actualmente no asisten a la escuela vaya a quedar analfabeta, y que se requiera, como algunos creen, duplicar el número de escuelas para que todos los antioqueños adquieran instrucción elemental. Es que la totalidad de los niños no tienen que estar simultáneamente en la escuela durante los 8 años de edad escolar. La mitad de ese tiempo parece más que suficiente ara adquirir los conocimientos de la enseñanza primaria; luego, teóricamente, debería ser suficiente el que haya escuelas para la mitad de los habitantes de edad escolar. Si no es suficiente, ello depende de la dispersión de la población campesina, que no permite reunir en algunos parajes los alumnos necesarios para una escuela, y de deficiencias de orden pedagógico, especialmente la mucha pérdida de tiempo, ya que, por ejemplo, en nuestras escuelas rurales alternadas los niños apenas utilizan en la enseñanza 90 días de todo el año.

Analizadas ya, someramente, las características de la composición de la raza antioqueña en sus principales aspectos, veamos ahora cuál es el movimiento de su población. Los datos numéricos que siguen corresponden únicamente al departamento de Antioquia, pues no he tenido a la mano los de Caldas, los cuales deben ser, prácticamente los mismos de Antioquia en relación con el número de habitantes. Los datos que voy a citar se refieren al último decenio 1931 a 1940.

Se efectuaron en Antioquia 6 matrimonios anuales por cada 1.000 habitantes, coeficiente un poco más elevado que el de la mayoría de los otros departamentos, pero bajo, si se le compara con los de los países europeos. Se explica lo último por nuestro mayor número de niños respecto al total de la población y porque en Colombia no existe el divorcio vincular.

No sobra anotar, sin embargo, que nuestro coeficiente podría ser más elevad, ya que, según el último censo, la octava parte de los hombres mayores de 60 años y la cuarta parte de las mujeres mayores de 50 son solteros.

Es interesante observar la estrecha relación que existe entre la nupcialidad y la situación económica, lo que es muy notorio en Antioquia: en la crisis pasada nuestro coeficiente bajó al 4,3 por 1.000.

Naturalmente, la gran mayoría de los cónyuges fueron solteros (el 92% de los hombres y el 97% de las mujeres) y muy pocos viudos (el 8% de los hombres y el 3% de las mujeres). Para apreciar mejor el fenómenos de la mayor nupcialidad de los viudos que de las viudas –contrario a lo que pasa en Europa-, conviene mostrarlo en otra forma, con los datos de 1938: en ese año de cada 1.000 viudos menores de 60 años se casaron 104, mientras que de 1.000 viudas sólo 18 contrajeron segundas nupcias. De donde se deduce que a los hombres les va muy bien en el matrimonio, pues las mujeres antioqueñas son buenas, virtuosas y sufridas hasta el sacrificio, y por eso los viudos reinciden. No así las viudas, las cuales muy rara vez contraen segundas nupcias, porque quedan escarmentadas en la cabeza propia, aunque algunos crean que, si no recaen en el séptimo, es porque no encuentran quien cargue con ellas.

Legendaria es ya la fecundidad de las mujeres antioqueñas: nacen anualmente en el departamento 4º niños por cada 1.000 habitantes, coeficiente alzado por muy pocos lugares en el mundo. Y, en rigor, la natalidad es un poco más alta, porque, como aquí no se cumplen las leyes del registro civil, lo que se cuenta no es el número de nacimientos sino el de bautizos, tomados de los libros parroquiales, y no se computan, por lo tanto, los no católicos, ni los niños que

mueren antes de ser bautizados. Por fortuna, el sentimiento religioso está tan arraigado entre nosotros que, sin error muy apreciable, puede aceptarse el registro de bautizos como registro de nacimientos.

Creen que la natalidad de Antioquia ha disminuído un poco, pues, aparentemente, ya son de tan frecuentes como antes, las familias demasiado numerosas. No hay modo de comprobarlo, porque se carece de datos estadísticos de tiempo viejos, pero esa disminución, si realmente existe, sería explicable, teniendo en cuenta que nuestras abuelas se casaban a la edad de 14 o 15 años, cuando ahora las mujeres contraen matrimonio a los 22 años, en promedio. No es, pues, que la fecundidad de la raza haya disminuído, sino que lo tardío de los matrimonios rebaja, naturalmente, el número de hijos.

En el año pasado nacieron en Antioquia 50.554 niños, es decir, 138 por día, o uno cada 10 minutos. Se registraron 513 partos dobles y cuatro triples, lo que está, próximamente, acorde con las proporciones universales (uno doble en cada 100 y un triple en cada 10.000). También hubo un caso de cuádruples en el municipio de Montebello, pero desgraciadamente, todos murieron, entre otras causas, por los nombres con que los bautizaron: Fabio, Fabiola, Juan y Juana.

En cuanto al sexo de los nacidos se encuentra en Antioquia la proporción universal, 105 hombres por 100 mujeres. Nacen, pues, mayor número de varones que de mujeres, pero la mortalidad de los primeros es más alta que la de las segundas en todas las edades. Esto se explica en los adultos, por los trabajos más fuertes en que se ocupan y, principalmente, por sus vicios y excesos, pero también mueren más los niños que las niñas, y, así mismo, en los nacidos muertos predominan los varones. Lo que quiere decir que las mujeres, y no los hombres, constituyen el “sexo fuerte”. A la mayor mortalidad de los hombres y a la emigración se debe el excedente de mujeres en este departamento.

Otro aspecto digno de estudio, desde el punto de vista moral, es el de la legitimidad e ilegitimidad de los niños que nacen. En el último decenio fueron ilegítimos el 13½% en Antioquia, que es el porcentaje más bajo del país, en el cual alcanza el 28% en conjunto, habiendo departamentos con mayor número de hijos ilegítimos que legítimos. Pero nuestro coeficiente es elevado, si se le compara con la mayoría de los países europeos, aunque no hay que olvidar que aquí no se efectúan, como allá, abortos provocados, los cuales, naturalmente, son más frecuentes en las gravideces ilegítimas. Como esos abortos son clandestinos, porque los prohibe la ley en todos los países civilizados, es imposible calcular su número. Sin embargo, en la Rusia Soviética sí fueron autorizados por la ley, siempre que se verificaran en

hospitales oficiales y su número en un solo año alcanzó a 57.000 en Leningrado y a 80.000 en Moscú. Entiendo que esa ley fue derogada posteriormente.

Puesto que la fecundidad es una de las características de la raza antioqueña, conviene insistir un poco al respecto. De cada 100 mujeres casadas aptas para la concepción nacen 30 niños anualmente, lo que equivale casi a un hijo cada tres años. Ya vimos que las mujeres se casan aquí alrededor de los 22 años de edad, luego, mientras dura su capacidad generativa –hasta los 46 años, próximamente- dan a luz de 7 a 8 hijos en promedio, cifra elevadísima comparada con la de otros lugares. En Europa no llega a 4 ese promedio y es frecuente el régimen de uno o dos hijos, mediante reprobables prácticas neomalthusianas.

La mortalidad en Antioquia alcanzó a 17,3 por 1000 anualmente, proporción próximamente igual a la de la república. Es una mortalidad elevada, si se la compara con la de los países civilizados, en algunos de los cuales han logrado rebajarla hasta el 10 por 1.000. Pero hay que tener en cuenta que vivimos en la zona tórrida, menos propicia para la vida humana, y que la mortalidad infantil eleva el coeficiente de la mortalidad general, aquí, donde l natalidad es tan alta.

Como ya lo vimos, en todas las edades la mortalidad de los hombres es mayor que la de las mujeres: en Antioquia fallecen 104 hombres por 100 mujeres. En el año pasado, que fue de escasa mortalidad, murieron en el departamento 10.229 personas, esto es, 53 por día, o una cada 27 minutos.

Influye, también, en la mortalidad el estado civil de las personas. Con datos de 1938 encontré, en otra ocasión, que en Antioquia, como en todas partes, es mayor la mortalidad de los hombres solteros que la de los casados, lo que se explica, porque estos llevan, por lo general, una vida más arreglada. Pero llama la atención que los viudos mueran en mayor proporción que los solteros y los casados. Así, en el grupo de 40 a 60 años de edad la mortalidad de los viudos es 75% más que la de los casados, y en los mayores de 60 años el 67%. Preguntando alguna vez a un notable hombre de ciencia la causa de este singular fenómeno, me contestó que se debía a que los hombres, al enviudar, se encuentran libres y caen con frecuencia en toda clase de excesos, que minan su salud. Quizá, pero es el caso que esa explicación no es admisible respecto a las mujeres y también en ellas la mortalidad de las viudas es mayor que la de las casadas, aunque en menor grado que en los hombres: excede en 14% para las de 40 a 60 años y en 35% para las mayores de 60. en el grupo de mujeres de 20 a 40 años sí es un poco más alta la mortalidad de las mujeres casadas que la de las solteras, debido, probablemente, a los peligros de la maternidad.

La edad de las personas tiene, como es natural, gran influencia en su mortalidad. Es esta muy alta en los primeros años, disminuye rápidamente hasta llegar a un mínimo a los 12 o 13 años, para subir después y ser muy elevada en los ancianos. Con las cifras de 1938 y las de funciones de 1936 a 1939 cualculé una tabla de mortalidad de Antioquia, de seguro poco exacta, a causa de la deficiencia de los datos primarios de que puede disponer, pero que, al menos, “despeja la incertidumbre” en este país, en donde no se han hecho trabajos análogos, que buena falta hacen, entre otras cosas, para el cálculo equitativo de las primas de los seguros de vida.

De esta tabla se deduce que la vida media al nacimiento es de 45,2 años, y a los 20 años de 41. En Europa, en tiempo normal, la primera de esas cifras variaba de 40,7 a 55,6 y la segunda entre 40,9 y 45,3. La vida media en Antioquia al nacimiento es, pues, más corta, debido a la alta mortalidad infantil, pero a los 20 años es, prácticamente, igual a las más larga de Europa. La raza antioqueña tiene, según esto, una gran vitalidad, después de pasar los peligros de la niñez.

En extremo interesante es el análisis de mortalidad infantil, entendiéndose por tal la de los niños menores de un año. En el decenio pasado alcanzó en Antioquia el 14,2% de los niños nacidos, coeficientes bastante alto, si se tiene en cuenta que con la difusión de la higiene, los países civilizados han logrado reducirlo hasta el 3 o 4% en Nueva Zelanda, en Holanda y en Australia. Por lo tanto, no debe omitirse esfuerzo alguno para disminuír nuestra mortalidad infantil, ya qe de nada sirve, sino de tormento para los padres, que nazcan hijos, si la muerte ha de arrebatarlos a los pocos días. En rigor, el coeficiente de mortalidad infantil en Antioquia debe ser más bajo que el indicado, porque los nacimientos son un poco más numerosos que los bautizos, y la cifra de estos es la que ha servido como divisor para hallar tal coeficiente. Por otra parte, la estadística ha demostrado que la mortalidad infantil aumenta con el número de hijos, y ya vimos cuán elevada es la fecundidad de la raza antioqueña. No conozco datos recientes sobre la mortalidad infantil en otros departamentos. En el país, en conjunto, el coeficiente fue 15,6 en 1938.

Una de las faces más importantes en la demografía es el análisis estadístico de las enfermedades y causas de muerte. Pero en ese particular poco se ha hecho en Colombia, debido a que no merecen confianza algunas las declaraciones de las causas de muerte que constan en los boletines de defunción. Basta decir al respecto que, en los

In document El pueblo antioqueño (página 167-176)