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Antecedentes

Los padres de la Compañía de Jesús fundaron hacia el año 1610, la reducción de Loreto y San Ignacio Mini, al norte del río lguazú, en la región del Guayrá. Pero luego, ante los ataques de las bandeiras paulistas, las doctrinas fueron trasladadas alrededor de 1632, al actual territorio de la Provincia de Misiones, donde sub- sistieron hasta que debieron ser abandonadas en 1817, por decisión de las autoridades de los Cabildos respec- tivos de los Pueblos ante los reiterados y sangrientos ataques de los paraguayos, gobernados por Gaspar Ro- dríguez de Francia. Que lo hacían en coordinación con los ataques de los portugueses, comandados por Fran- cisco Das Chagas Santosha, ha sido documentado suficientemente por autores de la seriedad y solvencia co- mo Jorge Francisco Machón, donde queda expresada por parte del Brigadeiro Chagas su sorpresa por lo san- guinario de los ataque de los paraguayos a los Guaraníes misioneros en sus Pueblos. Cómo serían de violentas para que el apodado “Atila del río Uruguay” quedara asombrado de tanta violencia desatada contra estos Pue- blos.

Arriba: Monumento a Andrés Guacurarí, Santo Tomé, Misiones.

En cuanto a la explotación económica citaremos que en el Guairá, estos pueblos presentaban la sínte- sis de dos desarrollos complementarios: Loreto, con su especialidad ganadera, ampliada por nuevos pastizales y San Ignacio con su producción agrícola de algodón y cereales. El ganado vacuno era una novedad en el Guayrá, donde los españoles de Villa Rica sólo habían logrado criar caballos, cerdos, ovejas y cabras. La difusión del ganado vacuno y caballar sirvió para la expansión e integración económica. A medida que fueron existiendo las condiciones apropiadas los misioneros fueron creando estancias para cada pueblo.

De las trece reducciones fundadas en la región del Guayrá, solo lograron salvarse Loreto y San Igna- cio Mini, gracias a la protección del padre Antonio Ruiz de Montoya, quién decidió evacuar estos pueblos y conducir el primer éxodo, logrando desembarcar en Misiones, donde iniciaron la nueva fundación conservan- do los antiguos nombres. Asentados sobre la margen izquierda del arroyo Yabebiry, cerca de su desembocadu- ra con el río Paraná, decidieron que era el lugar para el nuevo asentamiento de Nuestra Señora de Loreto. Una legua al norte, en la margen derecha del Yabebiry se refundó San Ignacio Miní. Hacia 1633, el padre Ruiz de Montoya encargó a un escultor italiano una imagen de la Virgen de Loreto. La misma fue traída al Río de la Plata y recibida en el puerto de Buenos Aires por una gran cantidad de canoas de peregrinos de la reducción de Loreto, que hablan partido desde Misiones. La trasladaron por el río Paraná hasta el nuevo asentamiento de Loreto, donde participaron varios miles en la ceremonia de instalación de la imagen de la Virgen de Loreto en la Reducción (esta impresionante escultura es la que actualmente se venera en la Parroquia de Nuestra Señora de Loreto).

Arriba: Localización de las Misiones jesuíticas, primera mitad del s. XVIII, en los actuales territorios de Paraguay, Argentina y Brasil.

En 1768, por la Real Pragmática de Carlos III del año anterior, las Reducciones fueron abandonadas- por los jesuitas que, apresados y engrillados, fueron extrañados a los más diversos rincones del mundo en situación de castigo, tan severo como injusto, lo que a la postre derivaría en severas pérdidas para la corona española. Dejaron así a las poblaciones de Guaraníes misioneros sin sus sacerdotes y por ello sin sus principa- les guías en todo lo concerniente a las relaciones con el resto del mundo colonial externo a las Reducciones.

La primera consecuencia de una importante pérdida territorial se verifica en 1801, a raíz de la guerra con Portugal, cuando la antigua Provincia de Misiones perdió los Siete Pueblos del oriente del río Uruguay, con sus Iglesias, capillas, estancias, caleras, ganado, platería, tallas, ornamentos y campanas de Iglesia, etc.,que pasaron a dominio de Portugal, por desidia del entonces Virrey del Pino, que no reclamó la devolu- ción de los territorios, una vez finalizado el conflicto llamado “la guerra de las naranjas”, como así lo estable- cía el respectivo tratado de paz del breve conflicto peninsular, pero con graves derivaciones coloniales.

El período previo a la Revolución de Mayo

Intentando volver atrás con las nefastas consecuencias de dejar prácticamente abandonados a los Gua- raníes misionerosa expensas de la voracidad de Asunción y Buenos Aires, el Rey Carlos IV crea la Goberna- ción de Misiones con fecha 17 de mayo de 1803, con expresa independencia de los gobiernos mencionados, enviando al poco tiempo como gobernador a Santiago de Liniers y Bremond para el cumplimiento de tan deli- cada misión. La jurisdicción que involucraba la nueva Gobernación de Misiones constaba de treinta Doctrinas (asimiladas luego a treinta Pueblos), ubicadas éstas, geográficamente, en la actualidad ocho en los departa- mentos de Misiones e Itapúa en el Paraguay; once en la actual Provincia de Misiones y cuatro en la actual provincia de Corrientes en Argentina; siete Pueblos en Rio Grande do Sul, Brasil. Entre los que la gobernaron, se destaca el español peninsular Bernardo de Velazco y, ya hacia 1809-1810, el español nicaragüense Tomás de Rocamora, el primer Gobernador en adherir el 18 de junio de 1810 a la Revolución de Mayo.

Es conocida la presencia del General Manuel Belgrano en la región por comandar la Expedición Auxi- liadora al Paraguay en 1810-1811 a pedido del Gobernador Rocamora, por los ataques de los paraguayos y el peligro permanente de los portugueses. Es bueno recordar que el Cabildo Extraordinario de Candelaria, del 8 de julio de 1810, donde sesionaron cabildantes de Pueblos de ambas márgenes el Paraná, avala y ratifica la decisión de Rocamora en cuanto a la adhesión de Misiones a la causa de Mayo.

Ello provocaría la ira del Gobernador de Asunción Bernardo de Velazco, quien no adhirió a la Junta de Buenos Aires y permaneció dependiente del Consejo de Regencia de España. Como represalia a Misiones, Velazco organizó una expedición militar contra los Guaraníes misioneros, atacando los Pueblos de ambas márgenes del Paraná y llegando hasta Concepción de la Sierra, confiscando pólvora, armas y todo lo que pudo entre lo que se destacaron 2.000 cabezas de ganado “por ser propiedad del Rey”, llevándose todo el botín a Asunción.

La guerra

Entre 1812 y 1819, los quince pueblos del actual territorio argentino sufrieron el saqueo y la destruc- ción por paraguayos y portugueses, en el marco de una lucha que el artiguismo, conducido especialmente por el Comandante General Andrés Guacurarí y Artigas(que resistirá valientemente estos embates hasta que caer prisionero de las fuerzas portuguesas el 24 de junio de 1819).En enero de 1817, el Brigadier Francisco Chagas dos Santos cruza el rio Uruguay, después de ocupar y destruir La Cruz y Yapeyú, enviando parte de su tropa al norte con el fin de completar el saqueo y la destrucción de los restantes pueblos misioneros de la banda occidental del Uruguay. Al mismo tiempo, esta situación fue aprovechada por Rodríguez de Francia para ata- car a los Guaraníes misioneros de Candelaria y de los pueblos de la costa oriental del Paraná, ya que los de la banda occidental estaban en custodia del Paraguay.

El Éxodo

Andrés Guacurarí y Artigas, Comandante General de Misiones, en una compleja y delicada maniobra de auxilio de los Pueblos ante la maniobra de Chagas, se fue retirando con la gente, primeramente hacia el sur al campamento del Miriñay para, luego, rodeando la laguna Iberá, dirigirse al norte, continuando la protección y buscando mejorar la defensa, así como una oportunidad propicia para una batalla decisiva. Se sucedieron varias acciones, como la que libró Vicente Tiraparé en el Paso del Aguapey(cerca del actual Alvear) frente a las superiores fuerzas de Chagas, protegiendo la retirada del “Comandante Andresito”, como también se lo llamaba, en su retirada.

Arriba: Mapa de la campaña de 1817 (Cantero, Oscar Daniel; Ignacio Mbaibe, Comandante de Candelaria, en misionestienehistoria.com.ar).

La Cruz y Yapeyú fueron destruidas en 1817 por los portugueses; entretanto un lugarteniente de Cha- gas, el teniente Carvalho, superó las líneas de la guardia correntina de Caá-Catí sin mayores inconvenientes y atacó por sorpresa a Ignacio Mbaibé que, procedente de Candelaria, intentaba reunirse con Andresito. El ata- que se produce en febrero en la Guardia de Ibiratingay, la última de Misiones antes de pasar el río Santa Lu- cía, límite con Corrientes. Mbaibé es derrotado sufriendo graves bajas, debiendo huir hacia el sur, hacia Co- rrientes, buscando primero refugio en la mencionada Guardia de Santa Lucía, para luego dirigirse hasta Itatí a pesar de la oposición de los correntinos, que le exigían que se detuviera en Itáibaté. Correspondencia que lo documenta prueba la connivencia entre los hermanos Esquivel de Caá-Catí (familia prominente de esa locali- dad, cuyo uno de sus miembros, Bernabé, sería soldado de Lavalle, Paz y Joaquín Madariaga) con portugueses y paraguayos para no auxiliar a los Guaraníes misioneros, adheridos al artiguismo. En ese marco se producía simultáneamente el “Éxodo Misionero” de los Pueblos del Paraná hacia el sur; éste se efectuó con la protec- ción de setenta milicianos, que fueron seleccionados y entrenados porque no se podía distraer a la tropa que combatía en esos momentos contra los portugueses.

Ante el retiro de Ignacio Mbaibé y su posterior derrota en Ibiratingay, el comandante paraguayo Cas- tro se asentó en Candelaria, desde donde procedió a tomar Santa Ana, Loreto, San Ignacio, Corpus y las guar- dias hasta la Tranqueras de Loreto. Previamente, y dando muestras de una sabiduría innata, los Guaraníes misioneros, conducidos por el Corregidor del Cabildo de Corpus Christi, Don Blas Chapay, inician el citado éxodo: marcharían por las noches para ocultarse de sus enemigos en los montes durante el día, conducidos por baqueanos aliados en cada zona que cruzaban, con todos sus enseres, elementos de culto como tallas e imáge- nes (entre las que se destaca la italiana Virgen de Loreto), misales, incensarios, piras bautismales, etc., ele- mentos de labranza, animales de cría y cuanto pudieron salvar de las tropelías de losatacantes paraguayos. El número de integrantes del éxodo está estimado por Jorge Francisco Machón en unas 1.700 familias, en su mayoría mujeres y niños, ya que los hombres integraban las fuerzas de combate.

Las familias abandonaron sus Pueblos para llegar a Yatebú Loma entre los últimos días de agosto y los primeros de setiembre, donde se asentarían primeramente los provenientes de la anterior Loreto, mientras que un grupo más heterogéneo continuaría hasta la Estancia San Miguel Trinidad, importante estancia jesuíti- ca, ubicada a unos pocos kilómetros del lugar, en una pronunciada loma. Los primeros, al poco tiempo se mudarían de Yatebú Loma hasta el asentamiento definitivo donde se halla hoy Loreto, actual Provincia de Corrientes que, por entonces, se hallaba en la zona sur de la Provincia de Misiones, antes del río Santa Lucía, al igual que San Miguel Trinidad. Allí funcionarían los últimos Cabildos Guaraníes Misioneros hasta muchos años después, cuando ya anexados a la Provincia de Corrientes, dejarán de existir por disposición del gober- nador correntino Pedro Ferré, a partir de 1 de enero de 1835.

En tanto, luego de mucho andar y vivaquear con su tropa, el Comandante Andrés Guacurarí asestará un duro golpe al Brigadier Chagas el 2 de julio de 1817, en la fiera batalla de Apóstoles, donde los guaraníes misioneros levantaran bandera encarnada, que en la heráldica de la guerra significaba que no se tomarán pri- sioneros. En el marco de un día lluvioso y frío, hacia las dos de la tarde resultó herido Chagas, lo que determi- nará a la postre el abandono por su parte del escenario de la contienda. A finales de ese año, con la toma y

recuperación de las guarniciones de la costa del río Uruguay, quedará para siempre sellada la frontera este de la futura Argentina, hasta donde los valientes defensores lograron instalarla en el río Uruguay. Otros capítulos se escribirían luchando por los territorios al oriente del río de los Pájaros, pero ya no podría torcerse las con- secuencias de aquel descuido del Virrey Del Pino, a pesar de la sangre de los Guaraníes misioneros comanda- dos por Andresito, Pantaleón Sotelo, Francisco Javier Sity, Perú Cuty o, más adelante, el mismo Fructuoso Rivera con su marcha al sur con los Siete Pueblos en 1827.

Bibliografía

Trabajo original del Sr. Juan Manuel Sureda, 2010.

No es el motivo de este trabajo hacer una exhaustiva descripción de los bienes celosamente guardados, trasladados y preservados por los Guaranies misioneros que hoy se encuentran principalmente en Loreto, pero si debemos consignar brevemente que, en la Iglesia, se halla la inmensa talla de la Virgen de Loreto confeccionada primorosamente; la Virgen de La Candelaria se halla actualmente en una Capilla propia a cargo de la familia Umbert. Muchas otras tallas como las de San Miguel Arcángel y San Carlos se encuentran en el Museo local de Loreto, como así una multiplicidad de tallas en casas y estancias de la zona. La otra posibilidad es la visita en el lugar donde nos permitimos recomendar al Profesor Miguel Ojeda como instructor y guía histórico social de la ciudad de Loreto, en la Provincia de Corrientes y a partir de allí efectuar la necesaria visita a San Miguel Trini- dad y otros reservorios de gran valor histórico y religioso.

La caída de Buenos Aires ante la nimia expedición británica de 1806, en comparación con crecida población porteña, demostró la ineficacia de las milicias regladas hispánicas, sea por falta de instrucción, armas o dirección. Además, la posterior derrota de aquella, dejó claro el nervio de los criollos de ambas bandas del Plata en la defensa de la urbe. El Cabildo porteño asumió la tarea de reforzar el sentimiento recién descubierto y, en asamblea, el 14 de agosto se decidió formar una Junta de Guerra que estudiara la mejor manera de preparar a la ciudad para el casi seguro arribo de una se- gunda expedición enemiga.

Las milicias, dadas a cumplir, según la ordenanza, un papel de mero apoyo a los veteranos, se trastocaron entonces en protagonistas de la fuerza armada capitalina: doce batallones o “Tercios” se formaron, entre españoles americanos y europeos. El entusiasmo “aldeano” motivó que no se siguiera la reglamentación de 1801, último reglamento sobre el rubro; cada unidad formó con las compañías que se lograron integrar y armar.

En la infantería, por los americanos fueron el Cuerpo o Legión de Patricios (de a 3 batallo- nes), el Batallón de Arribeños (denominado por acta de la Junta de Guerra de marzo de 1807 como

“Batallón de americanos forasteros voluntarios de Infantería”), el Batallón de Naturales, Pardos y

Morenos de Infantería y la Compañía de Granaderos de Infantería. En tanto, por los europeos, se con- formaron el Cuerpo de Gallegos, el Tercio de Andaluces, el Tercio de Catalanes (o Miñones), el Tercio de Vizcaínos (con el agregado de una Compañía de Cazadores Correntinos) y el Tercio de Montañeses ( o “Cantabros de la Amistad”).

Algunos de estos cuerpos son reflejados en la soberbia lámina de Jorge Fernández Rivas, ilu- minada por Rodrigo Galeano (tras un proceso de limpieza de la imagen). A pesar de una primera ca- racterización acerca de la originalidad del vestuario, los uniformes confeccionados (y saldados en muchas oportunidades por sus comandantes) seguían los lineamientos de los trajes militares españoles del período; claramente se nota la preponderancia del azul con divisa roja, en alguna de sus tonalida- des, grana o encarnado. Por otro lado, la característica “galera” (que utilizando términos de época sería “sombrero redondo”) tampoco fue una invención de estos lares: ya en 1805 comenzó a llevarse en España por las tropas ligeras y de milicias, con penacho sobre la izquierda, donde el ala también se llevaba levantada y sujeta por cucarda. Se puede decir, en general, que el estilo adoptado por la mayo- ría de los voluntarios fue el de tropas ligeras, con chaquetas o casaquillas, galera y, en vez de botines, medias botas de cuero.

Bibliografía

Beverina, J.; El Virreinato de las Provincias del Río de la Plata. Su organización militar, Circ. Militar, Buenos Aires, 1992.

Sonntag, G., Fernández Rivas, J.; La Expedición Británica de 1806-7 al Río de la Plata. Según el

diario del Tte. John Bent, Libros de Hispanoamérica, Buenos Aires, 1987.

Villegas, A., de Beaufort, L.; “Los uniformes militares usados en el Río de la Plata (1702-1810)”, en

Cuerpos de Milicias Voluntarias de Infantería de Buenos Aires

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