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PARAMÓRFICA

3.2. Clasificación de los fenómenos de interferencia paramórfica 1 Por el grado de estabilidad

3.2.1.1. Interferencia paramórfica accidental

3.2.1.1.4. Juegos de palabras efímeros

El juego de palabras es radicalmente diferente de todos los fenómenos hasta ahora citados, por cuanto lo que tiene lugar en este no es un accidente fortuito que escapa al control del sujeto, sino una desviación consciente y voluntaria con respecto al mensaje que por sentido común se esperaría . Puede darse el caso de que la emisión que contiene el juego de palabras coincida totalmente a nivel fonológico con una palabra o serie de palabras aceptable para el contexto, pero que sugiera un segundo sentido, menos convencional (p.e. “We‟ll dye for you”; “batalla nabal”); este es el juego de palabras que Hockett denomina “exact pun” (1967) y que en el artículo de Zwicky y Zwicky se etiqueta como “perfect pun” (1986: 93). Además, puede diferenciarse este juego de ambigüedad fonológica, como hace Hockett, de la emisión con doble sentido por ambigüedad semántica, conocida en inglés como “double entendre” (p.e. “MacArthur flies back to front”; “el burro del alcalde”). Todo caso que no muestre este tipo de ambigüedades sería, lógicamente, un juego de palabras “imperfecto” (Zwicky y Zwicky 1986: 93; p.e. “Tolkien is hobbit-forming”; “Oedipus was a nervous rex”;

“Confieso que he bebido”), ya que la coincidencia no es total, aunque la diferencia esté sólo en un fonema o grafema20.

El juego de palabras no se suele tratar en psicolingüística más que de forma marginal y a título anecdótico (p.e. en Cutler y Butterfield 1992). Por ello, no se ha considerado apenas su relación con otros fenómenos accidentales. Una curiosa excepción es el artículo de Hockett “Where the tongue slips there slip I” (1967), que incluye, aunque sin justificación teórica, una sección sobre “puns” entre varias dedicadas al error involuntario. En cualquier caso, si incluimos el fenómeno en esta categoría es porque un juego de palabras que surge por inspiración espontánea en un momento concreto es un fenómeno de interferencia paramórfica accidental, ya que no tiende a estabilizarse en el sistema de la lengua.

Por otra parte, aunque la relación del juego de palabras con las desviaciones involuntarias obedezca más que nada a características superficiales, no debemos descartar la posibilidad de que todos estos fenómenos tengan algo en común en cuanto a mecanismos de procesamiento verbal implicados. En este sentido es especialmente interesante el artículo de Zwicky y Zwicky (1986), que compara juegos de palabras “imperfectos” con lapsus auditivos y de producción oral, llegando a la conclusión de que es muy frecuente, en todos estos tipos de desviación, que la diferencia entre la forma correcta (“target”) y la desviada esté en un solo rasgo fonológico, si bien los patrones de sustitución fonológica, esto es, la tendencia de un fonema concreto a reemplazar a otro, varían de uno a otro caso (1986: 500-501).

Por lo demás, la cuestión de si este tipo de juegos de palabras entran o no en el ámbito de la etimología popular ha generado, como veremos en los capítulos siguientes, cierta controversia, que se remonta prácticamente al origen oficial del concepto, esto es, a la obra seminal de Förstemann (1852). Lo cierto es que, desde la teoría lingüística en general, y desde el estudio de la “etimología popular” en particular, el tema no se ha

20 Zwicky y Zwicky , en su estudio del juego de palabras imperfecto se limitan a dobletes fonológicos que tienen un solo fonema de diferencia (o un solo rasgo distintivo, en muchos casos), pero hay numerosos juegos de palabras formados con una similitud formal menor entre la palabra “target” y la “desviación”, así como otros recursos retóricos que conllevan, por ejemplo, el uso de variantes dialectales o no estándar (“What did the ear „ear?”; “Think or thwim”; “aceros inoxidables”), o incluso un reanálisis, o

redistribución de las divisiones entre palabras. Este es el caso del clásico calambur (p.e. “plata no es” / “plátano es”; “sólo porque rías” / “sólo porquerías”; “Josechu Letón” / “José Chuletón”; “Eileen Dover” / “I leaned over”). En cualquier caso, es sumamente difícil elaborar una clasificación de juegos de palabras que incluya todas las modalidades posibles, ya que la inventiva humana ha dado lugar a un número enorme de posibilidades, más o menos complejas, y además, las posibilidades varían considerablemente de una lengua a otra (p.e. “El elefante es paquidermo y la cama es pa qui duermas”; “Dyslexics rule, K.O.” ; “Rooner Spules, O. K.”; “We‟ve been having a bad spell of wether”; “I‟d rather have a full bottle in front of me than a full frontal lobotomy”).

tratado aún con el debido rigor, y las opiniones al respecto son más especulativas y subjetivas que científicas.

Es más, aun en nuestros días se ve que algunas personas no diferencian bien el juego de palabras de otros fenómenos de interferencia. Así, por ejemplo, cuando se creó un sitio web sobre el “egg corn” (una categoría de error, recientemente bautizada, consistente en cambiar la grafía de ciertas palabras de modo que se reinterpreta su forma, p.e. “acorn” > “egg corn”; “free rein” > “free reign”), un internauta publicó el siguiente comentario crítico: “Anyone ever heard of a pun? That‟s what most of these seem to be, in one form or another. That or typos …” (http://egg corns/lascribe.net/about/; 17 de mayo de 2005). Aunque esto pudiera parecer un simple dato anecdótico aislado, es en realidad la versión última de una confusión ancestral que se ha manifestado en innumerables ocasiones durante los más de 150 años en que ha estado vigente el concepto de etimología popular.