D. La Ley del Antiguo Testamento en la Era del Nuevo Testamento
13. Los juicios morales del Nuevo Testamento
LOS JUICIOS MORALES DEL NUEVO TESTAMENT0 APOYAN LA LEY
____________________________________________________________ "El intento hecho por algunos maestros cristianos hoy
en día de rechazar o limitar la autoridad de le Ley del Antiguo Testamento se encontrará refutado una y otra vez frente al texto del Nuevo Testamento?
La Ley de Dios en el Antiguo Testamento sustancia definiti- vamente muchos de los temas centrales de la ética del Nuevo
Testamento ― como hemos demostrado antes. Cuando nos pregun - tamos que significa el seguir la voluntad de Dios o ser santo,
como el Nuevo Testamento requiere, encontramos que la Ley de Dios define estos temas éticos. De la misma manera, La Ley de Dios se da por sentado en los conceptos de la justicia del reino o la regla de oro. La Ley funciona como estándar y guía cuando nos sometemos a las exhortaciones del Nuevo Testamento para llegar a la estatura de Cristo o demostrar el fruto del Espíritu. Los temas éticos del Nuevo Testamento repetidamente dan por sentado la validez de los mandamientos de Dios en el Antiguo Testamento. La validez completa, continua, y por ende, contemporánea de la Ley del Antiguo Testamento la cual se presupone sin oposición en muchos de los temas de la ética del Nuevo Testa- mento se explica explícitamente en los juicios morales que llenan las páginas del Nuevo Testamento. En circunstancias particulares, 95
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cuando se necesita alguna clase de evaluación moral, dirección, o exhortación, los predicadores y escritores del Nuevo Testa― mento suelen mostrar que están firmemente arraigados en la Ley del Antiguo Testamento al hacer sus juicios, Tratan y utilizan las reglas permanentes de la ética que se encuentran en el Antiguo Testamento como si estas reglas fuesen para guardare a pesar de que estas reglas fueron dadas hace muchos años, antes de la venida de Cristo nuestro Salvador. Los casos particulares de la toma de decisiones éticas del Nuevo Testamento prueban un vez mas que los mandamientos de Dios del Antiguo Testamento no se han descartado, repudiado, o pasado por alto como algo sin autoridad ni validez.
El Uso y la Validez
Imagínese que se despierta una mañana frente a un problema exasperante: la tubería debajo el fregador de platos necesita re- paración, y hay un charco de agua en el piso. Después de secar el piso usted se detiene para pensar lo que tiene que hacer para resolver su problema de plomería. Considera llamar un plomero, pero descarta ese plan como demasiado caro y tal vez innecesario. Al reflexionar, llega a creer que usted podría reparar la tubería ― si sólo tuviese una buena dirección. Por lo tanto, llega a la con— clusión de que irá a la biblioteca pública a sacar un libro sobre cómo arreglar la plomería de la cocina. Vamos a agregar un detalle más al drama, a saber, usted está suficientemente infor- mado en cuanto al funcionamiento correcto de la biblioteca pública. Es decir, usted se da cuenta de que la biblioteca no está abierta todo el tiempo y que sólo los que tienen tarjetas pueden tener el privilegio de sacar libros.
Así que, regresemos a la decisión que tomó esa mañana de sacar un libro de la biblioteca sobre plomería. ¿Qué nos dice su decisión acerca de sus creencias corrientes? Entre otras cosas nos dice que usted cree (ya sea correcta o incorrectamente) que la biblioteca pública está abierta por las mañanas, que tiene una tarjeta, y que ésta es válida. Si usted se decidiese a usar el libro de plomería esa mañana sabiendo que la biblioteca está cerrada,
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o que su tarjeta está vencida, sería probablemente o un loco o embustero. Normalmente la gente no usa las cosas que están cerradas (por ejemplo, la biblioteca), no-existentes, o vencidas (como por ejemplo, tu tarjeta).
De la misma manera cuando usted espera en la fila de la
gasolinera, llena el tanque de tu automóvil, y luego da su tarjeta de crédito al encargado, lo hace esperando que su tarjeta es válida todavía. Ya sea que examinó escrupulosamente la fecha de expi― ración de la tarjeta de crédito antes de entregarla al encargado o no, el acto mismo de usar la tarjeta revela la supuesta validez de esa tarjeta. Y la aceptación del encargado de la tarjeta mues- tra que el también cree que es algo válido. Cuando algo se ha vencido o ya no es válido, nosotros no tenemos la autoridad de usarlo. Aparte de la deshonradez, una tarjeta vencida o una tar- jcta de crédito inválida es inútil. Por otro lado, el uso de algo indica su validez.
Las reglas
Se puede decir lo mismo en cuanto a las reglas. Las reglas inválidas o vencidas han perdido su autoridad y como tal son inútiles (salvo para propósitos de ilustración histórica). Un profesor puede causar risas en su clase al leer las ordenanzas municipales que estaban en vigor hace un siglo, pero un policía estaría equivocado al intentar asegurar su cumplimiento. Una regla revocada, enmendada, o sustituida no es autoritativa por lo tanto no puede ser usada más. Así que, cuando se usa la regla, tiene que existir la presuposición de que es válida. Cuando un árbitro de baloncesto declara válida una canasta y luego asigna un tiro libre al jugador porque se cometió una falta personal contra él, es inútil que el otro equipo proteste el tiro libre en base a que era ilegítimo hacerlo en baloncesto algunas décadas atrás. Las reglas anteriores han sido revocadas y actualmente se juega con reglas un tanto diferentes.
El uso de una regla particular en vez de reglas opcionales
demuestra la autoridad y validez actual de esa regla. Por eso un auto— movilista cuando es parado por un policía de tránsito por haber
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corrido a más de 120 kilómetros por hora no evitará la multa por apelar a la ley anterior que fijaba la velocidad máxima a cien. El uso de la ley de velocidad de noventa kilometres por hora por las cortes y la policía establece la valida de esta ley en vez de la ley anterior. Nosotros no usamos leyes vencidas si estamos bien infor— mados y si somos honestos. Usando las tarjetas de biblioteca y de crédito, y reflexionando sobre las leyes civiles y las reglas deportivas, hemos visto que el uso de ellas presupone su validez. Las tarjetas y las reglas vencidas no son autoritativas.
Podemos aplicar estas ilustraciones razonables a la práctica de los oradores y escritores del Nuevo Testamento. Como policías y árbitros, los oradores y escritores inspirados del Nuevo Testa- mento tenian la obligación de tomar decisiones en base a reglas; ellos necesitaban promulgar juicios morales en situaciones par- ticulares. Cuando llegaba el momento, ¿que reglas utilizaban? ¿Pasaban por alto —siendo infaliblemente informados en sus pro- mulgaeiones - las reglas (mandamientos) morales del Antiguo Tes- tamento como si fuesen vencidos, inaplicables, o inválidos? ¿Qué nos dice el uso del Nuevo Testamento de la Ley del Antiguo Testamento acerca de la autoridad de esa Ley hoy en día? Doctrinas anti-nomianas
Muchos dentro de la Iglesia cristiana de nuestro tiempo se oponen o reducen drásticamente la validez presente de las reglas permanentes de moralidad del Antiguo Testamento. Encontramos a algunos que enseñan que el cristiano del Nuevo Testamento no tiene absolutamente nada que ver con la Ley del Antiguo Testa- mento; el creyente, dicen ellos, no está obligado a la Ley en absoluto. Encontramos otros que pondrían límites rigurosos a la extensión de la validez de la Ley del Antiguo Testamento; el creyente, dicen ellos, está obligado a seguir sólo una porción del código moral del Antiguo Testamento (generalmente los Diez Mandamientos).
¿Pero qué revela la práctica de los oradores y escritores del Nuevo Testamento al respecto cuando se la investiga inductiva― mente? ¿Cierran sus ojos a la Ley en los juicios morales? ¿Se
Los Juicios Morales del Nuevo Testamento Apoyan La Ley 99 limitan al Decálogo en la toma de decisiones éticas? Sencillamente, la respuesta es "NO." Los oradores y escritores del Nuevo Testa- mento están listos a poner en servicio tanto el Decálogo como el extra-Decálogo ― en los graves juicios morales. Ellos no tratan los mandamientos como una tarjeta de biblioteca vencida o un límite de velocidad revocado. Es exactamente lo opuesto! Ellos hacen uso libre sin explicaciones de la Ley del Antiguo Testamento, y de este modo presuponen su autoridad moral para la era del Nuevo Testamento (que se extiende desde Cristo hasta la con- sumación de los tiempos).
Además, el uso de la Ley del Antiguo Testamento en los juicios morales del Nuevo Testamento es bien completo. No se limita a un solo escritor neo-testamentańo (aunque eso sería sufi- ciente para establecer la autoridad de la Ley), o a un solo libro del Nuevo Testamento (aunque, otra vez, la autoridad de un solo documento infalible es suficiente), o a una sola fuente del Antiguo Testamento. En los contextos de la aplicación moral, las citas y alusiones del Nuevo Testamento son sacadas de porciones de Génesis, Proverbios, Salmos, Isaías, Jeremías, Habacuc, y Zacarías; sin embargo, con aun mas frecuencia y mas consistente- mente el Nuevo Testamento hace juicios morales en baso a la parte de la Ley del Antiguo Testamento, que reproducen Éxodo 20, 21, 22, 23. Levítico 11, 18, 19, 20, 21, 24, 25, Números 18, 30, y Deuteronomio l, 4, 5, 6, 8, 13, 15, 17, 19, 21, 22, 23, 24, 25, 27. El uso moral de estos pasajes del Antiguo Testamento se encuen- tra esparcido a través de Mateo, Marcos, Lucas, Juan, Romanos, 1a y 2a a los Corintios, Gálatas. Efesios, la a Timoteo, Hebreos, Santiago, 1a de Pedro,1a de Juan, y Apocalipsis. Por lo tanto, el intento hecho por algunos maestros cristianos en la actualidad de rechazar o reducir la autoridad de la Ley del Antiguo Testa mento encontrará desconciertos una y otra vez ante el texto del Nuevo Testamento.
Los Juicios Morales del Nuevo Testamento
Vamos a examinar algunos textos del Nuevo Testamento donde se hacen juicios morales; ellos ilustran cómo la Ley del Antiguo
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Testamento fue considerada como un estándar ético válido. Específicamente, podemos ver cómo la autoridad corriente de la Ley no fue vista por ellos como limitada al Decálogo (los Diez Mandamientos).
Jesús frente a Sus enemigos
Podemos comenzar por conveniencia con la discusión de Jesús y Sus antagonistas e interrogadores. Desde luego, Su an- tagonista mayor fue Satanás, el tentador quien descarrió a Adán de la obediencia de Dios. Cristo, el segundo Adán, encontró a Satanás directamente en un período de tentación de cuarenta días en el desierto. Satanás tentó a Jesús repetidas veces para que se desviase del camino de la redención que Su Padre había es- tablecido, y cada vez Jesús superó la tentación repitiendo la Palabra autoritativa de Dios. Por ejemplo, Satanás intentó se- ducir a Jesús a poner en prueba la protección y fidelidad de Dios, retándole a que se tirase del pináculo del templo. Muchos años antes, Israel ― también en el desierto- había sido incitado a com- probar la protección y fidelidad de Dios (Éxodo l7:1-7). Como resultado, la Ley de Dios estaba inscrita: "No tentareis a Jehová nuestro Dios, como lo tentasteis en Masah” (Deuteronomio 6:16). Tal Ley seguramente parecería condicionada por su trasfondo histórico y restringido a sus recipientes judíos. Pero frente a la tentación satánica Jesús repitió este mandamiento mismo para impedir Su adversario: Jesús le digo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios" (Mateo 4:7). Claramente la Ley de Dios fue considerada válida y no fue limitada a los Diez Man- damientosl
Desde luego, Jesús también estimó que los Diez Mandamien- . tos eran autoritativos—pero no sólo ellos. Cuando se le pidió que juzgase cuáles de los mandamientos se debiera guardar a fin de entrar en la vida eterna, Él se valía de la porción del Decálogo (Mateo 19:16-19; Marcos 10:17-19). Pero a la misma vez también incluía una ley de aplicación del Decálogo "No defraudes" (Marcos 10:19, de Deuteronomio 24:14), y el mandato de resumen, "Amarás a tu projimo como a ti mismo" (Mateo 19:19, de Levítico 19:18).
Los Juicios Morales del Nuevo Testamento Apoyan la Ley 101 Èl usó los mandamientos extra-decalógicos tan autoritativamente como los requerimientos del propio Decálogo. De cierto, cuando se le pidió que juzgase cuál fue el mandamiento mayor del An- tiguo Testamento entero, Jesús no se dirigió a los Diez Man- damientos de ninguna manera, sino eligió mas bien dos leyes fuera del Decálogo: amar a Dios con todo tu corazón, y amar a tu prójimo como tí mismo (Marcos 12:28-31, de Deuteronomio 6:4--5 y Levítico 19:18).
La destilación de la demanda moral del Antiguo Testamento en estas dos leyes extra-decalógicas particulares aparentemente ya se había conocida y discutida en los tiempos de Jesús (Lucas 10:25-28). Era común entre los rabinos distinguir entre los man- damientos "pesados" y "livianos" del Antiguo Testamento, las leyes mas pesadas eran aquellas de las cuales se podían sacar principios morales mas detallados. Tales esfuerzos rabínicos se pueden trazar en el Antiguo Testamento mismo, donde sus preceptos son re- sumidos en un número diferente de principios por varios escri- tores: once por David (Salmos 15), seis por Isaías (Isaías 33:15), tres por Miqueas (Miqueas 6:8), uno por Amos (Amos 5:4) y uno por Habacuc (Hahacuc 2:4).
Según Jesús los mandamientos "mayores" -"el primero"- sobre el cual descansa "la ley entera" eran los mandamientos extra- decalógicos del amor (Mateo 22:33, 36; Marcos 12:28, 31). El problema con los fariseos, dijo el Señor, era precisamente que ellos atenían a los detalles menores de la Ley (el diezmo) y "dejáis lo mas importante de la ley; la justicia, la misericordia y la fe" (Mateo 23:23), es decir, “el amor de Dios" (Lucas 11:42). Es importante exactamente en este punto que prestemos atención a las palabras de Jesús, porque Él no enseña la atención exclusiva de los mandamientos mas pesados acerca del amor y de la Ley del Antiguo Testamento. Él dice con exactitud. “Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello." Nuestra obligación para con los asuntos mas pesados de la Ley no anula nuestra obligación para con los por menores.
Por consiguiente, la práctica de Jesús no estimula a desatender los detalles de la Ley de Dios, como si el deber moral del Nuevo
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Testamento fuese limitado a una sub―división pequeña de la Ley del Antiguo Testamento. Los tradicionalistas (quienes tomaban su autoridad de fuentes extremas a las Escrituras) solían oponerse a Jesús con respecto a Sus actividades el dia Sábado. En defensa propia Él respondía, "¿No habéis leído en la ley. . .?" (Mateo 12:5; Juan 7:23), citando la actividad sabatina de los sacerdotes. Si la Ley hubiese pasado de moda por Su venida, desde luego, tal vindicación de Su conducta hubiese sido sin base. Una y otra vez Jesús podía mostrar que los tradicionalistas―cuya jactancia se basaba en los detalles de la Ley — estaban realmente violando y distorsionando las demandas de la Ley (por ejemplo, Mateo 5:21-48). Hubo una ocasión cuando los fariseos acusaron a los discípulos de Cristo de violar sus tradiciones, Cristo respondió que los tradicionalistas realmente transgredieron los mandamientos de Dios a fin de hacer preservar sus tradiciones (Mateo 15:3, 6-9). Es sorprendente notar la ilustración especifica que Jesús eligió (entre muchas otras) en este juicio moral particular. El dice que mientras la Ley de Dios requiere honor para nuestros padres y muerte para los que los deshonran, los fariseos permiten un sub- terfugio por el cual uno puede negar ayuda económica a sus padres (Mateo 15:46). La Ley mosaica que Cristo apoyó como valida - el estándar con el cual juzga la actuación farisaica - !es el detalle de la Ley (comúnmente ridiculizado hoy en día) que re- quiere la pena de muerte por maldecir a nuestros padres! Las instrucciones de Jesús a la Iglesia
Otra ilustración de Jesús acerca de los patrones morales del Antiguo Testamento (fuera del Decálogo) se puede encontrar cuando Él establece instrucciones para la nueva organización del pueblo de Dios. Como la Iglesia sustituyo al Israel nacional en el plan de redención, ésta necesita sus propias instrucciones, para la práctica de la disciplina por ejemplo. En el juicio moral dado por Cristo con respecto a este asunto Él afirmó la demanda de la Ley del Antiguo Testamento: "en boca de dos o tres testigos conste toda palabra" (Mateo 18:16, véase Juan 8:17, están basa- dos en la Ley de Deuteronomio 17:6 y 19:15) —la misma Ley del
Los Juicios Morales del Nuevo Testamento Apoyan La Ley 103 Antiguo Testamento de la evidencia legal fomentada por Pablo (1a a Timoteo 5:9).
La ética sexual
El uso de la Ley del Antiguo Testamento en asuntos de
relaciones sexuales, salarios a obreros, y venganza hacia los ene- migos comprueba aun mas la dependencia del Nuevo Testamento en la validez de la Ley. Cuando Pablo prohíbe que se casen con un
incrédulo, él repite el requisito del Antiguo Testamento de que los animales diferentes no se deben juntar en yugo para arar (2a
a los Corintios 6:14, de Deuteronomio 22:10). “No os unáis en yugo desigual" es un versículo bien conocido y usado por muchos pas tores para desanimar a los jóvenes a que no se casen fuera de la fe, no obstante, !muchos de estos mismos pastores insistirán en otro lugar que el creyente no está bajo los requisitos de la Ley del Antiguo Testamento!
Cuando Pablo fue confrontado con la situación impía del incesto dentro de la Iglesia, su juicio moral sobre el asunto fue sacado de la prohibición veterotestamentaria (1a a los Corintios 5:1, basado en Levítico 18:8 y Deuteronomio 22:30). Casi cualquier pastor hoy en día de preguntársele si el incesto es inmoral desde una perspectiva bíblica, seguramente insistirá en que sí lo es — Así él se apega a los principios morales del Antiguo Testamento, aunque el puede proclamar en otro lugar (inconsistentemente) que son revocados e inválidos. O pregúntamele acerca de la homo— sexualidad. Es posible que se refiera a las palabras de Pablo en Romanos. Sin embargo, cuando Pablo dio este juicio apostólico en cuanto a la inmoralidad de la homosexualidad, el sencillamente repitió el principio del Antiguo Testamento (Romanos 1:26-27, 32, de Levítico 18:22 y 20:13).
La ética económica
Cambiando el tema de la ética sexual al ética económica
encontramos otra vez que el Nuevo Testamento se vale sin límites de los mandamientos del Antiguo Testamento en los juicios mo― rales cristianos. El argumento de Pablo de que las congregaciones
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debieran pagar a sus pastores es especialmente iluminador en cuanto a la extensión de la validez de la Ley. Él sostiene esto basándose en el principio de una de las leyes de juicio del Antiguo Testamento que diré "No pondrás bozal al buey que trilla" (1a a los Corintios 9:9, de Deuteronomio 25:4), de tal modo que revela la autoridad contemporánea presupuesta de las leyes fuera del
Decálogo. Una regla inválida sería inútil aquí. ;Pero aún mas sorpren- dente es la disposición de Pablo de apelar al principio moral
incorporado en una de las leyes ceremoniales¡ Los pastores debieran ganar su subsistencia del ministerio del evangelio porque los sac- erdotes derivaban su vida del altar (1a a los Corintios 9:13-14, basado en tales textos como Levítico 6:16, 26; 7:6, 3lss.; Números 5:9-10; 19:8-20, 31; Deuteronomio 18:1). Los pastores que quieren enseñar consistentemente la invalidez de la Ley del Antiguo Testa- mento deben dejar de cobrar un sueldo a sus congregaciones.